Caminando en solitario junto a fotogénicos lagos de origen glacial y pasando la noche en el monasterio más sagrado del país
Con sus 810km2 de superficie, Rila National Park es la reserva natural más grande de Bulgaria. Fue inaugurada en 1992 y está formada por una serie de profundos valles, lagos glaciales y bosques habitados por osos pardos y ciervos. El parque se ubica a tan solo 70km de Sofia y se divide en dos sectores. El oriental, donde se encuentran el monte Musala (2.925m), la cima más alta de los Balcanes; y las pistas de esquí de Borovets. Y el occidental, con el Monasterio de Rila y el circuito de los Siete Lagos, una popular ruta de senderismo. Yo visité está última parte y realicé un recorrido a pie de 3 días, accediendo en telesilla desde Pionerska Hut y alojándome en un hotel de montaña y en una habitación dentro del recinto del Monasterio, rodeado de una gran atmósfera.
La mejor época del año para explorar las montañas de Rila son los meses de julio y agosto, cuando la nieve desaparece de los senderos y las temperaturas son más agradables. Aunque no hay que confiarse porque el tiempo cambia con rapidez y las tormentas son habituales. Yo visité el parque en el mes de julio y por suerte disfruté de un tiempo genial, con cielos despejados y un sol radiante.
VIAJE: SOFIA – PIONERSKA HUT
La forma más sencilla de acceder a las montañas de Rila es contratando una excursión con alguna agencia de viajes de Sofia. Pero yo decidí llegar en transporte público y el trayecto se convirtió en una auténtica odisea que consumió buena parte de la jornada.

Estas fueron las etapas para alcanzar el sector occidental de Rila:
1. Taxi a la Terminal Central de Autobuses: está situada a 2km del Hostel Mostel, así que tras dejar parte de mi equipaje en una habitación del alojamiento paré un taxi en la calle y el conductor me llevó por 4L. También hubiera podido ir en Metro pero los precios son baratos y no me compliqué la vida.
2. Autobús hasta Dupnitsa: al llegar a la Estación pregunté en el punto de Información y la chica me envió a la taquilla de la compañía Union Ivkoni. Allí compré el billete (6L) y me senté a esperar en una pequeña sala. Por suerte llegué a tiempo para el autobús de las 10.10h porque el siguiente era a las 12.10h y me hubiera arruinado el día. A la hora prevista apareció el vehículo; guardé mi mochila en el maletero inferior (llevaba entre otras cosas mi tienda de campaña, saco de dormir y comida para un par de días); y ocupé mi asiento junto a un puñado de lugareños.
El trayecto duró hora y media y fue muy tranquilo. Al principio el tráfico complicó salir de Sofía. Después paramos unos minutos en la Estación Ovcha Kupel, ubicada al sur de la capital (según dónde esté ubicado tu alojamiento puede que te interese más viajar a Dupnitsa desde aquí). Y a continuación cubrimos kilómetros a buen ritmo dejando atrás las montañas de Vitosha y recorriendo un valle con campos de cultivo y casas de tejados rojos. El día amaneció espectacular, con sol y un cielo azul. Y llegamos a la Terminal de Autobuses de Dupnitsa.
3. Autobús a Sapareva Banya: tras recuperar mi mochila pregunté a un par de lugareños y conseguí la información que necesitaba. Mi autobús no salía hasta las 13h (tenía que esperar más de una hora); y el billete se pagaba directamente al conductor. Mientras daba vueltas conocí a Charles, un francés de Isla Reunión que se dirigía al Monasterio de Rila (a él le tocaba esperar un par de horas). El chaval me cayó muy bien y decidimos buscar un lugar para comer algo. Al final entramos en un pequeño local de comidas junto a la Terminal y pedimos un plato de sopa con patata, verduras y trozos de carne de ternera. Estaba deliciosa. Además la camarera hablaba inglés; comimos en una terraza rodeados de lugareños; y solo nos costó 3L.
Minutos antes de las 13h me despedí de Charles y fui al andén, donde ya estaba mi autobús esperando. Después compré el billete (1,2L), ocupé un asiento y nos pusimos en marcha. Este viaje solo duró media hora, avanzando hacia el este por un valle con unas vistas impresionantes de las montañas de Rila cubiertas de bosques.
4. Marshrutka hasta Pionerska Hut: al bajar del autobús un abuelete salió a mi encuentro. Era el conductor de la furgoneta que cubre este trayecto pero había un problema: el vehículo tiene capacidad para 8 pasajeros y solo se pone en marcha cuando está lleno; yo era el único cliente; se hacía tarde (ya eran casi las 14h); y las probabilidades de que aparecieran más turistas eran muy escasas. Así que acepté a regañadientes pagar el precio de los 8 asientos (20L) y arrancamos sin perder tiempo.

Pronto comprobé que el importe estaba más que justificado, porque el camino consiste en una estrecha carretera que se adentra en las montañas con 18km de fuertes pendientes y curvas cerradas. Cualquier error o accidente con otro vehículo nos enviaba al fondo de un barranco que ponía los pelos de punta. Eso sí, el paisaje era magnífico, y atravesamos bosques de coníferas con ríos de aguas cristalinas. El abuelete no hablaba ni una palabra de inglés pero intentaba dar conversación (sin mucho éxito). Y en menos de media hora llegamos al destino final del día.
Nota: en Dupnitsa pregunté a un par de taxistas cuánto me cobrarían por llevarme directamente a Pionerska Hut y me pedían 40L (casi no había turistas y tenían complicado conseguir clientes de regreso). Yo no acepté porque viajo solo pero si vas acompañado es una opción a tener en cuenta (son 20€ por un viaje de una hora y casi 40km).
TENSION EN UN TELESILLA
Pionerska Hut está situado a 1.585m de altura y para continuar hay 2 opciones:
*Subir a pie por una pista de tierra: se tarda unas 2 horas pero hay que encarar un desnivel de +500m y el paisaje no es nada del otro mundo.
*Utilizar un Telesilla: el trayecto cuesta 12L (o 20L ida y vuelta) y dura 20 minutos.
Yo elegí la segunda opción y me dirigí a la taquilla. En plena crisis del coronavirus no tenía muy claro que el Telesilla estuviera en funcionamiento pero cuando llegué me encontré el parking lleno de vehículos. Tras comprar el billete me subí a una silla, y lo que en principio iba a ser un trayecto relajado se convirtió en toda una aventura por varios motivos:
*El Telesilla está en continuo movimiento y cuando subí desconocía que yo era el encargado de bajar las barras que protegen de una caída. El operario me avisó a gritos cuando ya estaba a varios metros de altura; y encima las barras no bajaban del todo porque tocaban con la mochila, que iba a mi lado.
*Cuando la silla pasaba por alguna torre se zarandeaba de forma peligrosa.
*Aunque lo peor con diferencia fue cuando el Telesilla se detuvo de repente mientras sobrevolaba el tramo ubicado a mayor altura. Ya he hablado en alguna ocasión de mi vértigo, y en el caso de los Telesillas lo llevo bien si no pasan cosas raras. Pero quedarme colgado allí arriba, completamente solo y sin saber qué ocurría casi me provoca un ataque de ansiedad. Al final ya no sabía hacia dónde mirar. Fueron unos minutos para olvidar, hasta que por fin el Telesilla continuó su recorrido.
Al menos durante el viaje contemplé unas vistas épicas del parque de Rila, con extensos bosques y afiladas cumbres de fondo (algunas todavía con placas de nieve). Yo aproveché para hacer bastantes fotos, cruzándome de vez en cuando con alguna silla ocupada por turistas. Por suerte al llegar al final del recorrido un operario me ayudó a bajar la mochila de la silla porque aquello no paraba y hubiera tenido problemas. Desde allí caminé unos minutos hasta el hotel más importante de la zona, situado a 2.150m de altura.
ALOJAMIENTO: RILA LAKES LODGE – 25L/Noche
*Puntos a favor: dormitorio de 8 plazas para mí solo; buena limpieza; ubicación espectacular, en pleno Parque Nacional de Rila, justo donde comienza el Circuito de los Siete Lagos; tranquilidad total por la noche; ventana con vistas geniales; personal muy amable; restaurante con servicio de comidas a precios correctos.
*Puntos en contra: la puerta del dormitorio no se cerraba con llave (me tuve que fiar).
Como había pocos turistas por el coronavirus no sabía si el hotel estaría abierto, pero al final me pude alojar sin problema a pesar de no haber reservado. Yo elegí la opción más económica, aunque el Rila Lakes Lodge cuenta con apartamentos que valen hasta 180L por noche. Una vez instalado en el dormitorio piqué unas galletas y un zumo de manzana; y salí a caminar equipado solo con mis cámaras de fotos. Eran las 15h y todavía tenía 6 horas de luz por delante, tiempo más que suficiente para una buena excursión.
LOS SIETE LAGOS DE RILA
El circuito de los Siete Lagos de Rila es la ruta de montaña más popular de Bulgaria. Consiste en un sendero circular que empieza y acaba en el Rila Lakes Lodge y durante 10km pasa junto a 7 lagos de origen glaciar que ofrecen imágenes de postal. El punto más alto está a 2.535m, por lo que el desnivel positivo de la ruta es de +400m. En total se tardan unas 5 horas en completar el recorrido y la gente lo suele realizar en el sentido contrario a las agujas del reloj. En teoría hubiera podido completar el circuito, pero sin tiempo para hacer fotos y disfrutar del paisaje. Así que decidí realizar solo una parte (la izquierda), visitando 4 lagos, y dejar el resto para la siguiente jornada, de camino al Monasterio de Rila.

Los inicios fueron muy agradables, caminando cuesta abajo por un sendero bien marcado entre montones de coloridas flores; y cruzando pequeños arroyos saltando de piedra en piedra. Aunque poco a poco el cielo se fue cubriendo de nubes que proyectaban molestas sombras. En este tramo me crucé con bastantes lugareños que me saludaban con un Dobar Den (buenas tardes) o un Zdravej (hola). Estos fueron los lagos que visité:
1. Lower Lake: como su nombre indica es el que se encuentra a menor altitud. Intenté acercarme a la orilla pero el terreno estaba inundado y no lo conseguí. En su lugar continué la ruta y llegué hasta un mirador que me permitió observar el lago desde arriba, con un río en primer plano creando pequeñas cascadas y el Rila Lakes Lodge en la distancia. A continuación seguí subiendo y me caí al suelo al tropezar con una raíz (un francés que caminaba con su familia vio la escena y acabamos charlamos unos minutos). Menos mal que no me hice daño.
2. Fish Lake: es el menos profundo y en su orilla se levanta el Chalet Seven Lakes. Yo me detuve un rato para hacer fotos pero el sol había desaparecido, tiñendo las aguas del lago de color oscuro. Además las cimas de algunas montañas estaban ocultas por la niebla. Las condiciones eran nefastas.
3. Trefoil Lake: se llama así porque tiene forma de trébol. De camino pasé junto a la Giving Hands Fountain, con un chorro de agua helada que me devolvió la vida (me había dejado la cantimplora en el hotel). También vi otro chalet con pinta de estar cerrado; y tuve que cruzar un río infestado de tábanos que se lanzaban a picarme.
4. Twin Lake: son dos lagos conectados que forman el más grande de los siete. Nada más llegar apareció el sol y disfruté de una panorámica inolvidable, con el monte Haramiyata (2.490m) reflejado en sus aguas transparentes; cimas cubiertas de nieve; y una vegetación de color verde intenso. Fue el mejor momento de la excursión y lo pude saborear en solitario. La mayoría de turistas ya se habían marchado y únicamente se escuchaba el sonido del río.
REGRESO AL HOTEL
A las 18.30h decidí volver a mi habitación siguiendo una ruta de maps.me que no forma parte del circuito estándar de los Siete Lagos (ataja por el centro). Pero me equivoqué porque el sendero desaparecía cada pocos metros y tuve que consultar el móvil en infinidad de ocasiones para poder orientarme. De camino vi montones de pájaros revoloteando a mi alrededor; varias ranas (incluido un sapo enorme); y crucé zonas de arbustos de donde emergían nubes de mosquitos (acabé con el chubasquero puesto, capucha incluida). Oficialmente anochecía a las 21h, aunque dos horas antes el sol desapareció tras las montañas y cada vez había menos luz. Pero bueno, al final conseguí regresar al Rila Lakes Lodge sin incidentes.

Nada más llegar al hotel pregunté en la recepción dónde podía sentarme a cenar con mis víveres y una chica me condujo a un sótano con mesas y una cocina. Allí cayó una lata de albóndigas con patatas (bastante aceptable), dos plátanos y unas galletas. Sobra decir que estuve solo. De hecho creo que a parte de mí había dos o tres huéspedes en todo el hotel. Después de cenar me fui a la habitación a descansar. En el exterior el cielo todavía estaba muy nublado y peligraba la segunda jornada de mi ruta. Pero poco antes de meterme en la cama volví a mirar por la ventana y lucía una luna llena espectacular rodeada de brillantes estrellas. La cosa prometía…
COMPLETANDO EL CIRCUITO DE LOS SIETE LAGOS
Al día siguiente me desperté a las 6h y desde la ventana vi un bonito paisaje iluminado con los primeros rayos de sol. Lo ideal hubiera sido vestirme y salir a aprovechar el buen tiempo, pero el día era muy largo y se estaba genial en la cama así que seguí durmiendo hasta las 7.30h. Una vez en pie desayuné galletas y un zumo de manzana; preparé la mochila; me despedí de la encargada del Rila Lakes Lodge; y me puse a caminar. En esos momentos era el único montañero del Parque (el Telesilla no comienza a funcionar hasta las 8.30h) y me dirigí hacia el resto de los Siete Lagos de Rila.

Estos fueron los lagos que visité:
5. Kidney Lake: de entrada tuve que hacer frente a un duro ascenso hasta la parte superior de una cadena montañosa, aunque después el sendero avanzó por una pradera sin apenas desnivel. En la zona había grupos de caballos, algunos con un cencerro en el cuello. Una pareja y su cría se interpusieron en mi camino y en un par de ocasiones se me acercaron emitiendo bufidos, así que yo me alejé por si acaso y di un rodeo para evitarlos (algunos caballos tienen malas pulgas). También escuché una avioneta sobrevolando las montañas (las vistas tienen que ser increíbles).
Un rato más tarde llegué a Kidney Lake, un lago con forma de riñón que en mi opinión es el más bonito. A continuación bordeé la orilla sin parar de hacer fotos, con las cimas de los alrededores cubiertas de placas de nieve en pleno mes de julio. Como me tomé lo tomé con calma al final me alcanzó un lugareño y charlamos un momento. Se llamaba Ivan y había pedido el día libre en el trabajo para hacer la ruta de los Siete Lagos de Rila. Él se sentó a descansar pero yo decidí continuar porque todavía me quedaban muchos kilómetros por delante.
6. Eye Lake: alcanzar la orilla de este lago (el más profundo de Rila) implicó otra empinada subida, pero el esfuerzo me regaló una espectacular panorámica de Kidney Lake; una fuente donde pude llenar mi cantimplora de agua fría; y un río que bajaba de las montañas formando cascadas.
Desde Eye Lake el circuito estándar de los Siete Lagos continúa por la orilla izquierda hasta Tear Lake, pero yo decidí seguir un sendero alternativo que sube por la orilla derecha para coronar la cordillera que se levantaba frente a mí, a más de 2.600m de altura, en busca de las mejores vistas de los lagos. Eso sí, este desvío añadió unos cuantos kilómetros a una jornada ya de por sí bastante exigente (en ese momento no sabía cuánto…).
7. Tear Lake: el desvío constó de tres partes. Un sencillo ascenso inicial; un tramo donde caminé por una pradera prácticamente llana hasta un monumento en homenaje a Nestor Nestorov; y una subida brutal casi en linea recta que me dejó sin fuerzas. Tanto que hacia la mitad tuve que parar a picar unas galletas y beber agua. Ya en lo alto de la cordillera avancé por un sendero que sigue la cresta y me preparé para disfrutar de las vistas. Al principio se me quedó cara de tonto porque el cielo se había llenado de nubes y mi llegada coincidió con una espesa niebla que no me permitía ver nada. Con lo que me había costado subir hasta allí…
Por suerte al cabo de unos minutos la niebla desapareció y pude contemplar una gran panorámica de los Siete Lagos distribuidos en diferentes niveles con las montañas de fondo. Es sin duda la imagen icónica de Rila. Aunque para conseguir buenas fotos hay que acercarse bastante al borde del barranco y yo tenía el corazón en un puño. A la derecha del mirador se extiende un valle donde vi manadas de caballos pastando.
Tras un rato caminando por la cresta llegué a la zona de Tear Lake, el lago más alto de los Siete, con forma de lágrima. El circuito estándar pasa por una colina situada a menos altura que ofrece unas vistas correctas y estaba llena de gente gritando. Nada que ver con mi experiencia en el mirador completamente solo. Por cierto, mientras hacía fotos de la colina me encontré con Charles, el francés que conocí el día anterior (había viajado por la mañana desde Sofia) y estuvimos hablando unos minutos. Vaya casualidad… Después bajé de las montañas.
CAMINANDO POR LAS ALTURAS
A las 12.30h decidí comenzar la segunda etapa del día: descender hasta el Monasterio de Rila. Según mis mapas tenía por delante 11km y 4,5 horas de recorrido, algo que cuadraba bastante con lo que había leído en un panel informativo del parque (7 horas entre el Rila Lakes Lodge y el Monasterio). Así que me puse a caminar confiando en que acabaría la ruta a buena hora. Al principio recorrí un valle sin apenas desnivel, con caballos; un pastor que conducía su rebaño de ovejas; y una bonita panorámica de la cordillera que había cresteado.
Yo pensaba que el sendero continuaría llaneando hasta llegar a un punto donde bajaría sin parar hasta el Monasterio, pero de repente el camino se desvió a la izquierda y tuve que encarar una dura subida. A continuación, cuando vi que se avecinaba otro ascenso aun peor, decidí sentarme un rato a comer algo y reponer fuerzas. Cayó medio fuet, unos cacahuetes y un plátano. No me imaginaba que después llegaría una tercera subida, y de repente me vi avanzando en solitario a más de 2.500m de altura, con una masa de amenazantes nubes grises en la distancia. Aunque el paisaje era una maravilla, con el monte Maliovitsa (2.729m) y su característica forma de mesa; imponentes paredes de roca; y lagos de aguas azules.

En ese tramo me alegró encontrarme con una pareja de búlgaros que venía de coronar el monte Maliovitsa y charlé con ellos un momento (al menos no me sentí como un bicho raro). Poco después alcancé la cima del monte Dodov (2.661m), donde hay una placa conmemorativa. La verdad es que no entendía nada. A fecha de hoy todavía no estoy seguro pero yo diría que me equivoqué de camino. Antes de la primera subida los carteles del parque indicaban seguir por el fondo del valle pero yo preferí hacer caso a maps.me porque estaban en búlgaro. Y durante el resto de la ruta ya no vi más carteles (solo marcas de pintura).
Desde el monte Dodov vi la continuación del sendero y se me heló la sangre. Discurría por una estrecha cresta muy aérea que iba a poner a prueba mi vértigo, así que guardé la cámara de fotos en la mochila, preparé los bastones, y me armé de valor. Fueron momentos de tensión en los que caminé poco a poco, midiendo cada paso para evitar resbalones o tropiezos tontos. Por suerte más adelante retomé la ruta al Monasterio (el edificio aparecía al fondo del valle rodeado de bosques); y de regalo apareció un Rebeco de los Balcanes que salió corriendo al verme (no tenía mi cámara a mano y solo pude hacerle una foto lejana).

UN VERTIGINOSO DESCENSO
Antes de empezar a bajar hacia el Monasterio ya era consciente de que aquello no sería un simple paseo. Por delante tenía un desnivel de -1.300m, pasando de una altura de 2.500m a 1.200m, y la situación se podía complicar en cualquier momento. Aunque no esperaba que tanto… Al principio todo transcurrió con normalidad, con el sendero bien marcado perdiendo altura en zig zag. Pero poco a poco aumentó la inclinación y desapareció bajo la maleza, complicándome la vida.
Fueron incontables las veces que tropecé con piedras y ramas. Otras pisé mal y casi me tuerzo el tobillo. Y en una ocasión resbalé y me caí al suelo (tuve suerte porque caminaba justo al borde del barranco). También me tocó adentrarme en zonas cubiertas de plantas igual de altas que yo, con el riesgo de encontrarme alguna serpiente o un jabalí. Algo más que probable teniendo en cuenta que estaba en un lugar deshabitado en medio de la montaña, a bastante distancia de Rila.
Mientras atravesaba una de esas zonas de plantas perdí el sendero (lo raro es que no ocurriera antes) y reconozco que me puse nervioso, rodeado de espesa vegetación y pendientes imposibles. Menos mal que recuperé la calma y conseguí orientarme gracias a maps.me. Bueno, y que pasé junto a un arroyo donde pude llenar mi cantimplora porque de lo contrario no llego al Monasterio. El paisaje era épico y crucé un manto de coloridas flores con magníficas panorámicas del Valle de Rilska. Eso sí, hacía mucho tiempo que no pasaba por allí un montañero…
En el tramo final del descenso me interné en un bosque donde continuaron los obstáculos. Aquí el sendero ya era visible pero estaba lleno de hojas secas y piñas que me hacían resbalar; o de fuertes desniveles que me obligaban a avanzar con lentitud, apoyándome en mis bastones. Además el calor era asfixiante (iba empapado en sudor); me moría de sed (tras el arroyo no encontré más agua); y unas avispas la tomaron conmigo y no paraban de acercarse a mi cara. Fue un auténtico suplicio… Cubrí los últimos kilómetros de la ruta en un estado lamentable, con las piernas temblando por el esfuerzo realizado; la piel quemada por el sol; una mano llena de sangre y arañazos, y montones de insectos. Cuando llegué a la puerta del Monasterio, 2,5 horas más tarde de lo previsto, casi no me lo podía creer. Reto superado.
RILA MONASTERY’S ROOMS – 30L/Noche
*Puntos a favor: habitación espaciosa; baño privado con ducha de agua caliente; buena limpieza; ubicación genial, dentro del Monasterio de Rila, con una gran atmósfera; tranquilidad total por la noche; precio.
*Puntos en contra: camas individuales con sábanas minúsculas; sin wifi ni cobertura; hay que desalojar la habitación a las 10h (demasiado temprano).
En el patio del Monasterio me abalancé sobre una de las fuentes y bebí sin parar. Estaba agotado, respiraba con dificultad, y me movía lentamente porque casi no me aguantaba en pie. Hacía mucho tiempo que no me encontraba tan mal. Tras buscar sin éxito la recepción del hospedaje me dirigí a la garita del vigilante de seguridad. La verdad es que el hombre se portó genial. La recepción cierra a las 19h y yo llegué al Monasterio media hora tarde, pero llamó por teléfono al encargado, esperé sentado, y a los pocos minutos apareció el chaval. Menos mal, porque si tengo que salir en busca de alojamiento me quedo por el camino… Además la habitación fue toda una sorpresa (me esperaba algo más básico).
Una vez instalado me estiré en la cama unos minutos para recuperarme. A continuación me hubiera encantado salir a cenar un plato local acompañado de un par de jarras de cerveza fría. Pero las puertas del Monasterio cierran por la noche y a partir de las 21h está prohibida la entrada (incluso a los huéspedes). Así que me tuve que conformar con medio fuet, un plátano y un zumo de manzana. Después no tardé en quedarme dormido.

EL MONASTERIO DE RILA
La jornada comenzó con mi alarma sonando a las 7.30h tras una noche de sueño impecable. De buena gana me hubiera quedado un par de horas más en la cama, pero tenía que aprovechar el tiempo. Así que me vestí; piqué unas galletas; y salí a explorar el Monasterio de Rila. Por suerte me había recuperado bien de la odisea del día anterior, y a parte de las piernas agarrotadas no tenía más secuelas físicas. En el patio del Monasterio reinaba una paz absoluta. Los monjes (vestidos de negro) caminaban rumbo a sus tareas diarias; un grupo de señoras barría el suelo; y un lugareño abría lentamente la tienda de objetos religiosos. Todavía no habían aparecido los primeros turistas y tenía todo el lugar para mí solo (otra de las ventajas de alojarse aquí).
El Monasterio de Rila fue fundado en el siglo X por los seguidores de San Iván de Rila, un monje eremita que vivía en una cueva cercana al que se le atribuían docenas de milagros. Con el tiempo el Monasterio prosperó hasta ser el más importante de Bulgaria, recibiendo donaciones de los diferentes Zares del Imperio. Y durante la ocupación otomana, a pesar de ser saqueado en varias ocasiones, Rila se convirtió en el guardián de la lengua y cultura del país. La mayor parte del complejo actual data del siglo XIX, cuando se reconstruyó tras el devastador incendio de 1833. Rila continúa siendo el principal Monasterio de la Iglesia Ortodoxa Búlgara, con San Iván de Rila como patrón, y constituye una de las mayores atracciones turísticas del país.

Esto fue lo más destacado de mi visita:
1. Iglesia de Rozhdestvo Bogorodichno: se trata de un espectacular templo rematado por tres cúpulas de color amarillo. La estrella de Rila es el pórtico de la entrada, cubierto de coloridos frescos que representan todo tipo de escenas de la Biblia, con demonios acechando a la gente y torturando a los pecadores en el Infierno. Están muy bien conservados y me tiré más de una hora examinando cada detalle. Me encantaron. Como no había casi nadie aproveché para hacerme alguna foto utilizando mi GoPro con el trípode, aunque al cabo de unos minutos un vigilante me dijo que estaba prohibido (qué manía le tienen a los trípodes en muchos sitios).
El interior de la iglesia también está lleno de frescos aunque la iluminación es escasa y cuesta distinguirlos. Y hay una enorme lámpara que cuelga del techo decorada con imágenes de santos y huevos de avestruz. Aquí la fotografía no está permitida. A continuación desalojé la habitación y devolví la llave en el Museo tal y como me había indicado el chaval de la recepción. Mi idea era visitar el Museo y Hreliova Tower, pero el billete combinado que incluye todos los lugares de interés del Monasterio solo costaba 3L más (16L), así que opté por el tour completo. Para evitar cargar con la mochila se la dejé a la encargada del Museo.

2. Museo de Historia: consiste en un par de salas donde se exhiben diferentes objetos religiosos relacionados con el Monasterio. Hay regalos procedentes de Rusia, hábitos de los monjes, documentos antiguos, iconos… Destaca la Cruz de Rafail, de madera tallada, con sus dos caras llenas de relieves con escenas de la Biblia y un grado de detalle asombroso. Una auténtica obra maestra… que no pude fotografiar porque está prohibido. En la iglesia lo entiendo, pero en un museo prácticamente vacío…
A continuación pensaba que podría visitar el resto de lugares por mi cuenta, pero están cerrados con llave y la encargada del Museo llamó a una señora para que me acompañara. La pobre se tiró conmigo hora y media subiendo y bajando escaleras por todo el Monasterio. Y encima no hablaba inglés así que solo se limitaba a abrir puertas y esperar. Bueno, y a repetir varias veces “no pictures”. La anécdota se produjo cuando al cruzar el patio nos encontramos con el abad del Monasterio. La señora le saludó con una reverencia y me lo presentó, pero yo no supe qué hacer y le dije “hi” poniéndome la mano en el corazón (¡?). La cara del hombre era un poema…
3. Hreliova Tower: es el edificio más antiguo del Monasterio, construido durante el siglo XIV. Aquí la señora se quedó esperándome en la planta baja de la torre y yo empecé a subir niveles. La gracia era alcanzar la parte de arriba, que prometía unas vistas excelentes del Monasterio y las montañas de los alrededores. Pero para mi sorpresa la puerta estaba cerrada. Fue una decepción porque en el interior de la torre no hay nada que ver.
4. Icon Gallery: una sala con una serie de cuadros de temática religiosa que incluye los retratos de los últimos abades del Monasterio.
5. Museo Etnológico: se compone de varias estancias entre las que destacan dos salas de reuniones lujosamente decoradas con techos de madera tallada. En el resto hay exposiciones de ropa tradicional, joyas y alfombras de diferentes regiones de Bulgaria.
6. Antiguas Cocinas: hay todo tipo de utensilios de la época, además de un horno, una bonita chimenea, y un caldero gigantesco en el que se cocinaba para los cientos de peregrinos que acudían al Monasterio utilizando enormes cucharas de madera. Cuando acabé la última visita me despedí de la señora y me quedé un rato más paseando por el patio del Monasterio en busca de nuevas imágenes, aunque a esas horas ya había un flujo constante de turistas.
COMIDA: DRUSHLIAVITZA RESTAURANT
Después de dos días alimentándome mal necesitaba pegarme un homenaje y me acerqué a este local situado a escasos metros de la entrada del Monasterio. Tiene una agradable terraza sobre un arroyo que baja con fuerza, creando un ambiente genial. Al llegar ocupé una mesa y tras revisar la carta (en inglés) pedí una Ensalada Shopska; y Kavarma de Cerdo, un delicioso estofado con trozos de carne, champiñones, puerro, tomate y otras verduras, además de un huevo frito, que se convirtió en mi plato preferido de Bulgaria. Para acompañar cayó una cerveza Kamenitza de 0,5l. Acabé como nuevo. A mi alrededor había un par de mesas con lugareños y la camarera fue muy simpática. Precio: 20L.
Tras la comida pasé por una panadería tradicional donde había bastante gente haciendo cola y compré Mekitsas (masa de churro frita) que solo costaban 0,5L cada una. También vendían yogur artesano. Como todavía faltaba hora y media para iniciar mi regreso a Sofia me senté a la sombra en un banco junto a la entrada del Monasterio y me entretuve escribiendo. Mientras, no paraban de entrar y salir visitantes; y dos perros de gran tamaño deambulaban en busca de comida.
REGRESO A SOFIA
La gran noticia del día fue descubrir que hay una marshrutka diaria que cubre el trayecto entre Sofia y el Monasterio. Así me ahorraba tener que hacer transbordo en Dupnitsa, con la consiguiente pérdida de tiempo. Además la furgoneta sale a las 15.30h (no muy tarde); apareció puntual en el parking del Monasterio; y el billete solo me costó 11L (poco más de 5€). Yo ocupé un asiento en la fila individual y nos pusimos en marcha. Primero viajamos hacia el oeste atravesando una zona de bosques espectaculares, pasando por los pueblos de Rila y Stor. Hasta que llegamos a la carretera principal y pusimos rumbo a Sofia. El trayecto duró 2,5 horas que pasaron volando mientras contemplaba el paisaje y echaba alguna que otra cabezada.
La marshrutka me dejó en la Terminal Ovcha Kupel, a 4,5km del Hostel Mostel. Cuando me disponía a parar un taxi vi un tranvía que iba en la misma dirección y decidí subirme. Al no tener tarjeta de transporte no pude pagar, pero en Sofia las estaciones de tranvía no cuentan con tornos de acceso así que pude entrar y salir sin problema. De esta forma acabó mi recorrido por las montañas de Rila.
CONCLUSION
En Rila viví las aventuras más intensas de mi viaje por Bulgaria. Un laborioso trayecto en transporte público; un telesilla que se detuvo a mitad de recorrido; senderos de alta montaña que desaparecían señalizados con carteles en búlgaro; incertidumbre por no saber dónde iba a dormir… Aunque a cambio disfruté de momentos únicos, como la panorámica de los Siete Lagos o alojarme en el interior del famoso monasterio. El tiempo necesario para esta zona dependerá de tus ganas de complicarte la vida: si te apuntas a una excursión organizada o tienes vehículo propio puedes visitar el Monasterio de Rila en medio día; si en cambio decides seguir mis pasos y combinarlo con el Circuito de los Siete Lagos te harán falta un mínimo de tres y muchas dosis de paciencia.
En la sección oriental de Rila se puede coronar el monte Musala. Y más al sur está el Parque Nacional Pirin, incluido en el Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, con docenas de cumbres. Yo de estos lugares no puedo opinar porque llegué al Monasterio tan agotado que preferí continuar mi ruta en busca de nuevos escenarios.
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