Explorando la capital cultural de Bulgaria, con elegantes mansiones del siglo XIX y ruinas romanas muy bien conservadas
Atravesada por el río Maritsa, Plovdiv es una de las ciudades habitadas más antiguas de Europa y ha recibido diferentes nombres a lo largo de la historia. En el siglo XII AC una tribu Tracia (los Bessi) construyó un asentamiento fortificado en lo alto de la colina de Nebet Tepe que llamaron Eumolpias. Más tarde la población creció y se convirtió en Odrisia, la capital de un poderoso reino Tracio formado por la unión de diferentes tribus. En el siglo IV AC los Macedonios conquistaron la zona y rebautizaron la ciudad como Philippopolis, en honor a Philippo II (el padre de Alejandro Magno). Los Romanos la llamaron Trimontium (“Tres Colinas”) por su situación geográfica y la designaron capital de la Provincia de Tracia. Y los Otomanos se referían a ella como Filibe. En la actualidad Plovdiv es la segunda ciudad más grande de Bulgaria y el motor económico del país.
Entre los principales lugares de interés de Plovdiv destacan el Teatro Romano; la iglesia de Sveti Konstantin y Elena; y sus mansiones del siglo XIX perfectamente restauradas. Además Plovdiv constituye una buena base para realizar una excursión de un día al Monasterio de Bachkovo y la Fortaleza de Assen.
VIAJE: KOPRIVSHTITSA – PLOVDIV
Abandonar Koprivshtitsa en transporte público fue tan laborioso como llegar. Tras desalojar con mucha pena mi habitación de la Guest House Bashtina Striaha y despedirme de su propietaria caminé hasta la parada de autobús del pueblo. Al poco apareció la marshrutka que comunica el centro con la Estación de Tren, pero cuando subí el conductor me dijo que el autobús a Karlovo salía de esa misma parada. Así que bajé, me senté en la terraza del bar de al lado, y pedí una Ensalada Shopska con una cerveza Zagorka. Precio: 9L. Yo iba vestido igual que en días anteriores, con pantalón corto y camiseta, aunque el cielo estaba nublado y soplaba un viento frío bastante incómodo en pleno mes de julio.

Después de comer regresó la furgoneta. Yo ya no le hice caso, pero la cocinera del bar se acercó a preguntar al conductor porque le comenté que estaba esperando allí el transporte a Karlovo y no lo vio nada claro. Y para mi sorpresa me dijo que subiera rápido a la furgoneta porque el autobús sí que salía de la Estación de Tren. ¡Menudo imbécil el conductor! Por su culpa casi lo pierdo. Y encima el tío ni se disculpa conmigo. Estas fueron las etapas del viaje:
1. Marshrutka a la Estación de Tren de Koprivshtitsa: un breve trayecto que recorre 9km por una estrecha carretera atravesando una zona de extensos bosques. Precio: 3L.
2. Autobús a Karlovo: en la Estación esperé unos minutos (dándole galletas a una perra) y llegó el vehículo que necesitaba. Iba casi lleno pero conseguí un par de asientos para mí y la mochila grande. Como ya comenté en el anterior post, en circunstancias normales es posible viajar en tren desde Koprivshtitsa. Pero durante mi visita se estaban realizando trabajos de mantenimiento en un túnel y se había cortado el tráfico ferroviario entre Anton y Karlovo.
El desplazamiento duró alrededor de una hora. De camino pasamos por algún pueblo pintoresco; extensos campos de girasoles; y dos cuarteles militares. Y avanzamos en paralelo a la cordillera de los Balcanes, que recorre toda Bulgaria desde la frontera con Serbia hasta el Mar Negro. El billete me costó 2L pero creo que el ayudante del conductor se equivocó con el cambio, porque una hora de autobús por 1€ me parece demasiado barato.

Karlovo es una población situada al pie del Parque Nacional de los Balcanes Centrales y estuve a punto de hacer un alto para dedicar dos o tres días a explorar estas montañas. Pero todavía estaban muy recientes mis aventuras por Rila; y no encontré ningún lugar de interés que justificara el esfuerzo (su techo es el Monte Botev, con menos de 2.400m). Así que decidí continuar mi ruta.
3. Tren hasta Plovdiv: al llegar a la Estación compré el billete en la taquilla (4L); localicé el tren, que ya estaba detenido en uno de los andenes; ocupé un asiento junto a la ventana; y al cabo de un rato nos pusimos en marcha. El trayecto duró hora y media porque paramos un montón de veces (algunas Estaciones consistían en un par de bancos de madera en medio de la nada). El tren iba bastante vacío y viajé muy cómodo, contemplando un paisaje de campos de cultivo. Una vez en la Estación Central de Plovdiv caminé 20 minutos hasta el lugar donde había previsto pasar la noche, cruzando los bonitos Jardines del Zar Simeon.
ALOJAMIENTO: GUEST ROOMS OPERA – 35L/Noche
*Puntos a favor: habitación espaciosa; baño privado; limpieza extrema; ubicación inmejorable, en pleno centro de Plovdiv; aire acondicionado; dueña muy amable; restaurante anexo con un 10% de descuento para huéspedes (aunque no lo utilicé).
*Puntos en contra: camas individuales; wifi muy errático; ducha con escasa potencia (el agua salía a la vez por el grifo).
Como de costumbre reservé la habitación a través de Booking y cuando llegué al hotel la dueña me estaba esperando. El lugar me gustó bastante así que me acabé quedando 2 noches más, esta vez al margen de Booking. La mujer no me hizo ningún descuento pero me cambió a una habitación más grande con cama doble. Eso sí, con dos colchones individuales muy incómodos y un fuerte olor a tabaco.
Nada más instalarme salí a dar un paseo por Plovdiv aprovechando las últimas horas del día. Me dediqué a recorrer la calle Prince Alexander I, la principal avenida peatonal de la ciudad, que con sus 1,8km es la más larga de Europa. La verdad es que me encantó el ambiente, con un montón de lugareños, tiendas de ropa, edificios históricos, heladerías, y músicos callejeros. Aunque durante unos minutos hizo acto de presencia una manifestación en contra del gobierno con banderas de Bulgaria y silbatos.
Para cenar compré un Döner en un sencillo local (4,5L) y me senté en un banco. Bebí agua de una fuente cercana; y de postre cayeron dos Kiflichki (bollos azucarados rellenos de mermelada) que compré en una panadería por 1,6L. Un menú rápido y económico, aunque ni mucho menos sano. A continuación regresé a mi habitación y al poco ya estaba durmiendo como un tronco.

LAS ANTIGUAS MANSIONES DE PLOVDIV
Al día siguiente me desperté tras una noche de sueño impecable y me puse en marcha sin perder tiempo. Una vez en pie me vestí, preparé la mochila pequeña, y salí al exterior con ganas de explorar Plovdiv. Como no tenía nada para desayunar decidí comprar algo por el camino, pero me acabé liando y al final pasé horas con el estómago vacío.
Mi recorrido comenzó en el Casco Antiguo, donde llegué a pie en apenas un cuarto de hora. Se trata de un barrio de calles adoquinadas con pronunciadas pendientes distribuidas alrededor de tres colinas. Pasear por ellas es una experiencia única, descubriendo museos, galerías de arte, hoteles y restaurantes con encanto, tiendas de artesanía, y graciosos gatos. El tráfico de vehículos está restringido, con puntos de control en los principales accesos, y solo se escucha el sonido de los pájaros o lugareños charlando. Además el tiempo era perfecto, con cielo azul y un sol muy agradable. Aunque si una cosa destaca en el Casco Antiguo de Plovdiv son sus mansiones.
Entre los siglos XVIII y XIX surgió en Bulgaria un movimiento conocido como el Despertar Nacional, basado en un sentimiento de unidad patriótica que se oponía al dominio del Imperio Otomano. Esta corriente coincidió con la aparición de una clase de comerciantes adinerados que decidieron construirse mansiones siguiendo un estilo propio, sin reparar en gastos. Y Plovdiv (al igual que Koprivshtitsa) conserva muchas de estas casas gracias a los trabajos de restauración que se han llevado a cabo. Lucen fachadas de vivos colores (rojo, amarillo, azul) con partes que sobresalen del resto del edificio aguantadas mediante postes de madera. Y las oportunidades fotográficas son infinitas.

Actualmente hay varias mansiones abiertas al público. Mi idea era conocer un par, pero cada entrada individual cuesta 5L y por 15L es posible comprar un billete combinado que permite el acceso a 5 monumentos de Plovdiv (a elegir entre 9), así que al final visité 4 casas:
1. Hindliyan House: construida en 1835 por el famoso mercader Stepan Hindlian. Tiene varias salas lujosamente decoradas con muebles antiguos, coloridos techos de madera tallada, alafrangas (nichos en las paredes con paisajes pintados que crean la ilusión de ventanas al exterior), y hasta un baño turco. En mi opinión es la mansión más espectacular.
2. Balabanov House: una vivienda enorme con una magnífica fachada roja que era propiedad del comerciante de madera Luka Balabanov. Lástima que el edificio original fue demolido en 1935 y reconstruido 40 años más tarde en base a los planos originales. En la casa se expone una colección de pintura.
3. Klianti House: data de mediados del siglo XVIII y es una de las mansiones más antiguas de la época. Destacan 3 habitaciones del piso superior con elaborados techos de madera tallada, alafrangas, y un par de pinturas murales que representan las ciudades de Constantinopla y Viena.
4. Stambolyan House: construida a mediados del siglo XIX por el empresario Veren Stamboljan. La fachada es de color blanco y luce estilizadas columnas. En los años 60 fue la residencia del famoso pintor Dimitar Kirov y la casa contiene una selección de su obra, con cuadros que me gustaron mucho. A nivel arquitectónico el piso superior es el más llamativo.
En las mansiones fui el único turista y me pude mover con total libertad, utilizando mi cámara sin flash (a pesar de los carteles que prohíben la fotografía). También me acerqué a contemplar el exterior de dos mansiones que albergan el Museo Etnográfico y el Museo de Historia. Sus fachadas son una auténtica maravilla, de formas onduladas, la primera de color marrón y la segunda rojo. Y Lamartine House (cerrada al público). Las tres casas están mejor iluminadas por la tarde y tuve que volver más tarde para obtener buenas fotos.
5. Hisar Kapia: una puerta medieval del siglo XI rodeada de viviendas históricas.
COMIDA: HESBURGER
Tras el maratón de visitas me moría de hambre, así que no me compliqué la vida y entré en un local de esta cadena de comida rápida de origen finlandés, muy extendida en algunos países de Europa del Este. Yo pedí un menú con hamburguesa de pollo, patatas fritas y Fanta (6,5L). Estuvo bien aunque me sorprendió que la bebida estándar es minúscula (tan solo 0,25l y con hielo). El local tenía terraza pero preferí quedarme en el comedor aprovechando el aire acondicionado. Con tan poco líquido acabé sediento y tuve que entrar en un local cercano a comprar un Batido de Plátano (3,3L). Después continué visitando más atracciones de Plovdiv.

EN BUSCA DE MIRADORES
Antiguamente Plovdiv era conocida como la “Ciudad de las Siete Colinas”. Una de ellas (Markovo Tepe) fue dinamitada a principios del siglo XX y el material se utilizó para asfaltar las calles. Pero el resto son lugares ideales para disfrutar de las vistas. Yo subí a 3 colinas:
1. Nebet Tepe: situada en el Casco Antiguo, aquí están las ruinas de Eumolpias, el asentamiento Tracio que dio lugar a la ciudad de Plovdiv. La entrada es gratuita y es posible pasear entre los restos del fuerte, con enormes bloques de piedra, tramos de muralla y una cisterna de agua. Además la panorámica de Plovdiv es impresionante, con mansiones de colores, el minarete de la Mezquita Dzhumaya, y al fondo Bunardzhik Tepe con su estatua. Eso sí, el estado de las ruinas es lamentable, llenas de basura, grafitis y precintos de plástico rotos que tratan de impedir sin éxito el acceso a la partes más frágiles del conjunto.
2. Bunardzhik Tepe (o Alyosha Hill): en tiempos del Imperio Romano era conocida como la Colina de Hércules por su estatua del héroe de la mitología griega. En su lugar hoy día hay otra que representa a Alyosha, un soldado del Ejército Rojo que sostiene una ametralladora en su mano derecha. Fue inaugurada en el año 1957 en homenaje a las víctimas de la Gran Guerra Patriótica.
Yo llegué a la base de la colina caminando, aunque también se puede viajar en taxi. El ascenso fue duro, avanzando con un sol de justicia por senderos solitarios donde me costó orientarme. Pero al final alcancé la cima y contemplé las mejores vistas de Plovdiv, con un mar de viviendas antiguas esparcidas entre las diferentes colinas. Mi cámara de fotos echaba humo. A mi alrededor solo había alguna que otra pareja en actitud cariñosa. Para bajar seguí una pista asfaltada y disfruté de nuevas panorámicas geniales, cruzándome con un par de familias. Un mirador imprescindible.
3. Sahat Tepe (o Danov Hill): se encuentra en el centro, a escasos metros de la calle Prince Alexander I, y está coronada por una antigua torre con un reloj. Pero durante mi visita se encontraba en restauración, cubierta de andamios y plásticos. Y la panorámica no es nada del otro mundo por culpa de los árboles. Solo me gustó una bonita vista de la Mezquita Dzhumaya, que contemplé mientras bajaba. En la colina había grupos de chavales charlando o tocando la guitarra.
Cuando bajé del último mirador ya atardecía, así que entré en un supermercado de la cadena austriaca Billa, que tiene una sección de comida preparada, y compré la cena. El menú consistió en 3 Kyufte (mini hamburguesas); y una porción de patatas al horno. De postre no me pude resistir y cayó un trozo de pastel de queso con arándanos. Y para beber un zumo de manzana. Después regresé a mi habitación y me dediqué a recuperarme tras un día agotador.

EXPLORANDO LAS IGLESIAS DE PLOVDIV
La jornada comenzó a buena hora y me levanté perfectamente descansado. El día anterior había comprado galletas y zumo en el supermercado, así que por lo menos pude desayunar. Después preparé mi mochila pequeña y salí a la calle, donde hacía un tiempo impecable, con sol y cielo despejado. Para empezar visité las iglesias más antiguas de Plovdiv.
1. Sveti Konstantin y Elena: ubicada en el Casco Antiguo, en el lugar donde se levantaba la primera iglesia de la ciudad. Fue construida durante el siglo XIX y está dedicada a los mártires Severino y Memnos. En el exterior destacan sus paredes decoradas con frescos; y un campanario de 13m de altura. Y la sala de oración está cubierta de coloridas pinturas murales con todo tipo de santos y escenas de la Biblia. Es un templo espectacular.
2. Sveta Bogoroditsa: también data del siglo XIX. Me gustó su enorme campanario de estilo ruso añadido unas décadas más tarde, cuando Bulgaria consiguió la independencia del Imperio Otomano. En el interior hay frescos pero de calidad inferior a los de Sveti Konstantin y Elena.
3. Sveta Marina: construida en el año 1856, se trata del templo principal de la diócesis de Plovdiv. La fachada luce una serie de frescos con escenas del Antiguo Testamento donde aparecen el Arca de Noé, Adán y Eva, Moisés… Y un campanario de madera oscura. La sala de oración cuenta con pinturas murales y un elaborado iconostasio de madera tallada.
Durante mi visita a Sveta Marina había un gran ambiente. En la entrada los fieles compraban flores a un grupo de señoras (olía muy bien); después hacían cola en una tienda para adquirir velas a una encargada; y accedían a la iglesia. Allí se acercaban a tocar un icono de la Virgen; y un cura les bendecía con el símbolo de la cruz en sus frentes. No paraban de aparecer lugareños (desconozco si se trataba de alguna celebración especial).
MAS LUGARES DE INTERES
A continuación seguí explorando el centro de Plovdiv en busca de nuevos edificios históricos. Estos fueron los más destacados:
1. Teatro Romano: fue construido durante el siglo II y tenía capacidad para 6mil espectadores. Sus ruinas se descubrieron de forma casual en los años 70 y fueron cuidadosamente restauradas (el proyecto recibió numerosos elogios). Una pena que durante mi visita a Plovdiv el Teatro se estaba acondicionando para algún tipo de acto y había sillas, focos y paneles por todas partes. Así que me limité a contemplarlo a través de la verja de acceso, sin molestarme en utilizar mi billete combinado.
2. Mezquita Dzhumaya: data del siglo XV y está ubicada sobre los restos de una catedral Cristiana arrasada durante la conquista del Imperio Otomano. Me gustó su minarete de 23m de altura, visible desde cualquier colina de Plovdiv. Se puede visitar el interior pero es bastante normalito. Dice mucho a favor de los búlgaros que decidieran mantener esta mezquita en pleno centro de la ciudad tras recuperar su independencia, después de 500 años de opresión turca. En otros países no hubiera durado en pie ni 5 minutos…

3. Estadio Romano: al igual que el Teatro, es del siglo II y podía albergar a 30mil personas. Sus ruinas permanecieron enterradas cientos de años hasta que en 1923, durante unas excavaciones, apareció la parte norte del Estadio, con varias filas de asientos de forma curvada decoradas con relieves y un túnel de acceso. Los restos están justo en medio de la calle Prince Alexander I, a varios metros de profundidad, plenamente integrados con el entorno.
La entrada es gratuita y merece la pena dedicarle un rato. En circunstancias normales hay un cine que proyecta un documental en 3D donde se muestra cómo era el Estadio en su época de máximo esplendor, con gladiadores enfrentándose en sangrientos combates a muerte. Mi idea era utilizar aquí la última visita de mi billete combinado… pero por un problema técnico el cine no estaba operativo. Así que al final no apuré las 5 visitas incluidas (podría haber entrado en otra mansión pero ya me pareció excesivo).
4. Kapana: es el barrio hipster de Plovdiv, el equivalente a Malasaña en Madrid o el Born en Barcelona. La mayoría de sus calles son peatonales y permiten pasear entre muros con coloridos grafitis, tiendas de artesanía, y restaurantes de diseño con música indie.

5. Río Maritsa: yo subí a uno de los puentes que lo cruzan y estuve contemplando el paisaje unos minutos. El río es de grandes dimensiones, rodeado de vegetación de un color verde intenso, y está lleno de pájaros (hasta vi una Garza Blanca).
COMIDA: UNCLES RESTAURANT
Mientras paseaba por Kapana busqué un sitio para comer pero solo había locales de moda con platos a precios excesivos. Menos mal que seguí caminando porque junto a la orilla del río Maritsa encontré este pequeño restaurante. Yo me senté en una mesa del comedor, con unas vistas geniales y música agradable. Y una simpática camarera me dio el menú del día… en búlgaro. No entendía absolutamente nada, pero la chica me tradujo algunos de los platos como pudo. Al final pedí Tarator; trozos de pollo con brocoli y salsa de queso (estaba delicioso); y una cerveza Stella Artois. Todo por tan solo 11L (poco más de 5€). Un lugar muy recomendable, principalmente orientado a lugareños.
EN EL MUSEO ARQUEOLOGICO
*Horario: 10h – 18h (lunes cerrado)
*Precio: 5L
*Fotografía: ok
Está situado a un par de calles del Uncles Restaurant y abrió sus puertas al público en 1882. El Museo es un lugar ideal para repasar la historia de Bulgaria y contemplar algunos de los hallazgos arqueológicos más importantes del país. Tras pagar el billete de acceso me tiré más de una hora explorando las diferentes salas sin cruzarme con nadie. Además, a diferencia del Museo de Sofia, este tiene numerosos paneles con información en inglés que ayudan a ubicar los objetos expuestos en cada momento temporal.
El Museo se divide en 6 partes:
*Arte Prehistórico: me gustaron las figuras de seres antropomorfos, algunas muy simples y otras con un elevado grado de realismo.
*Arte Tracio: aquí se muestran los objetos encontrados en varios túmulos funerarios distribuidos a lo largo del país. Se trata de rythons (vasos ceremoniales) de oro, joyas y armas. Pero mi favorito es una máscara de metal acompañada de un casco que envolvía la cabeza de uno de los cuerpos enterrados. Fue robada a punta de pistola en el año 1995 y recuperada en el extranjero 20 años más tarde.
*Arte Romano: una galería separada de la calle por un cristal con diferentes esculturas, paneles con relieves y un gigantesco mosaico muy bien conservado donde aparece Neptuno.
Las otras 3 partes del Museo están dedicadas al Arte Griego, Medieval y Búlgaro, aunque no contienen hallazgos de especial interés y no les dediqué mucho tiempo.
RELAX EN LOS JARDINES DEL ZAR SIMEON
Para acabar el día decidí pasear un rato por este Parque, con frondosos árboles que ayudan a protegerse de las horas más calurosas. Tiene varios rincones con encanto: una fuente dedicada a la diosa Deméter; coloridas flores; curiosas estatuas; y una zona con tableros de ajedrez y abueletes jugando. Eso sí, yo iba en pantalón corto y los mosquitos no paraban de picarme en los tobillos, así que me tuve que marchar antes de lo previsto. En un extremo de los Jardines hay un enorme estanque de aguas cristalinas con una serie de fuentes. De jueves a sábado tiene lugar a las 21h un espectáculo de luces y música llamado Singing Fountains. Yo no lo presencié porque este tipo de shows no me hacen mucha gracia, pero es una opción.
Cerca de los Jardines hay 2 lugares de interés:
1. Foro Romano: era el epicentro de la antigua Philippopolis, donde había un animado mercado y diferentes edificios administrativos y religiosos. Las ruinas salieron a la luz en 1971 durante la construcción de la Oficina Central de Correos y consisten en varias columnas en pie, muros y cimientos, que crean una imagen muy fotogénica.
2. Oficina de Correos: un edificio de estilo soviético con un imponente relieve donde aparece una mujer con los brazos levantados.
Antes de regresar al hotel decidí acudir de nuevo a Hesburger para solventar la cena. Pedí el menú con hamburguesa de pollo, patatas fritas y Fanta, aunque no cometí el mismo error y pagué 1,4L más para obtener una bebida de 0,5l. Precio: 7,9L. Comí sentado en el interior del local sin nadie a mi alrededor. Después volví a la habitación con ganas de estirarme en la cama a descansar.
EL MONASTERIO DE BACHKOVO
Al día siguiente me desperté con mucho sueño porque los vecinos de al lado estuvieron haciendo ruido y gritando hasta altas horas de la madrugada y apenas dormí 4 horas. Pero bueno, poco a poco me fui animando. Una vez en pie me vestí; desayuné unas galletas con zumo de manzana; preparé la mochila pequeña; y salí a la calle.
El plan de la jornada era realizar una excursión para visitar dos lugares situados al sur de Plovdiv. El primero era el Monasterio de Bachkovo. Solo se puede llegar en autobús así que caminé hasta la Estación Central de Tren, crucé las vías por un túnel subterráneo, y aparecí en la Estación Rodopi. Allí recibí la primera sorpresa del día. Algún blog de viajes indicaba que había un autobús con salidas frecuentes que cubre la ruta hasta Smolyan. Yo llegué a la Estación con tiempo de sobras para el de las 10h, pero era sábado y la encargada de la taquilla me dijo que los fines de semana esa linea no está operativa. La única opción para llegar al Monasterio era la marshrutka de Madan, con una única salida diaria… ¡a las 11.30h!
Al principio pensé que la mujer no me había entendido y como el andén es el mismo me senté a esperar el autobús de Smolyan. Pero no apareció y me tocó aguantar casi 2 horas en la Estación. Yo me dediqué a leer aunque hubiera estado mejor durmiendo en mi cama. En fin, un rato antes de la hora prevista llegó la marshrutka, que se llenó de lugareños al momento. Yo conseguí ocupar un asiento de la fila individual y a las 11.30h nos pusimos en marcha. El trayecto duró 40 minutos para recorrer 30km y no tuvo mucha historia. Precio: 4L.
Una vez en el Monasterio de Bachkovo me encontré con la segunda sorpresa del día: ¡había un montón de gente! Aunque me lo tenía que haber imaginado porque Bachkovo atrae a gran cantidad de fieles (es el segundo Monasterio más importante del país tras el de Rila); era fin de semana; y las 12h pasadas. Normal que estuviera así. Para alcanzar la entrada del Monasterio caminé por una calle flanqueada de tiendas que vendían todo tipo de productos: cerámica, bisutería, miel, helados, tallas de madera, dulces… También había puestos de comida y un par de restaurantes. En los alrededores se levantaban los imponentes Montes Rodopi; y me llegaba el sonido de las aguas del río Chepelare.
El Monasterio de Bachkovo fue fundado en el año 1083 por Gregory Pakourianos, un príncipe georgiano que servía en el ejército del Imperio Bizantino y acumuló numerosas propiedades en los Balcanes. En esa época se llamaba Monasterio de Petritsoni y dependía de la Iglesia Ortodoxa Georgiana. Los Otomanos arrasaron el Monasterio pero a principios del siglo XVII se reconstruyeron sus principales edificios, que incluyen un hospedaje para visitantes igual que el de Rila (una habitación cuesta 30L). Esto fue lo más destacado:
1. Sveta Bogoroditsa: se trata de la principal iglesia del Monasterio, con un icono sagrado de la Virgen María traído desde Georgia a principios del siglo XIV. Está protegido por una cubierta de plata y se le atribuyen poderes milagrosos. La cola para entrar al templo era importante, con lugareños santiguándose y rezando en silencio frente al icono. Las paredes están llenas de coloridos frescos del siglo XIX con santos y escenas sangrientas de mártires sometidos a todo tipo de torturas. En el pasado los fieles encendían centenares de velas dentro de la iglesia y el humo dañaba los frescos. Pero ahora las velas se depositan en unos recipientes situados bajo el pórtico de la entrada y el humo es canalizado a través de un tubo metálico.
2. Iglesia de los Arcángeles: tiene dos pisos con pinturas murales que datan del siglo XIX. Los interiores de las iglesias ortodoxas búlgaras son un auténtico festival.

3. Refectorio: una sala abovedada donde comían los monjes. Para visitarla hay que pagar entrada (6L) pero merece la pena. Los muros y el techo están decorados con frescos del siglo XVII donde destacan el árbol genealógico de Jesús y un Juicio Final. Y en la fachada hay un fresco gigante conocido como Fresco Panorámico. Yo estuve un buen rato observando cada detalle hasta que apareció un grupo de abuelas.
4. Sveti Nikola: está situada en un patio anexo. Fue construida en 1936 y ocupa un patio anexo. En el pórtico de la entrada hay un espectacular fresco del Juicio Final, con ángeles y demonios castigando a los pecadores. Lástima que la puerta estaba cerrada y no pude acceder al interior (a través de una rendija vi más frescos). Según me contaron esta iglesia se utiliza de forma esporádica para bautizos.
En el Monasterio de Bachkovo hay otros dos lugares de interés: el Museo de arte religioso (2L); y el Osario, la construcción más antigua, ubicada fuera del recinto principal, con las tumbas donde se enterraba a los monjes y más frescos (6L). Pero yo ya había tenido suficiente y decidí marcharme sin visitarlos.
Al pasar de nuevo por la calle comercial hice un alto para llenar el estómago en un local de carnes a la brasa típico de Bulgaria. Allí pedí dos Kyufte (mini hamburguesas); dos Shishcheta (brocheta) de carne de cerdo y pollo; patatas fritas con salsa de tomate y pimiento; y una cerveza Zagorka. Precio: 11L. Comí en una mesa de madera de la terraza. Se estaba genial, rodeado de lugareños y con vistas de las montañas. Aunque cuando compro con hambre se me suele ir la mano y me costó acabarme toda la comida.
PARADA EN EL FUERTE DE ASEN
A continuación llegó el momento más complicado del día. El segundo lugar de interés estaba a 10km de distancia del Monasterio de Bachkovo y no había transporte público. En muchas partes del mundo me hubiera plantado en la carretera a hacer autoestop, pero aquí era un opción poco viable porque había docenas de vehículos con familias búlgaras pasando el fin de semana y la imagen de un autoestopista no pegaba nada (menos aun en plena crisis del coronavirus)
Yo hablé con un búlgaro que conducía su coche y me envió a la parada de autobús; y después contacté con un taxista pero resultó que estaba de visita con su familia. Por suerte, cuando ya comenzaba a desesperarme, un tipo me ofreció llevarme hasta las afueras de Asenovgrad por 3L. No me lo pensé ni un segundo y me dejó a tan solo 2km de mi destino.
Mi objetivo era visitar las ruinas del Fuerte de Asen, situado en lo alto de un peñasco que domina el valle del río Asenitsa, en el corazón de los Montes Rodopi. Los primeros en aprovechar la importancia estratégica de este lugar fueron los Tracios, que en el siglo V AC construyeron un primer recinto fortificado. Más tarde Romanos y Bizantinos mejoraron sus prestaciones. Pero el diseño actual se debe al rey Ivan Asen II, que en el año 1231 encargó una importante reconstrucción ampliando su capacidad. Este es el origen del nombre del fuerte, del río Asenitsa, y de la cercana población de Asenovgrad. Como muchos otros edificios, el Fuerte de Asen fue arrasado durante la invasión otomana y nunca recuperó su aspecto original.

Los 2km hasta la entrada del Fuerte se me hicieron interminables, caminando por una carretera en continuo ascenso; bajo un sol de justicia; y con vehículos pasando demasiado cerca (ya podía haber parado alguno). Menos mal que durante el recorrido encontré una fuente de agua helada que me devolvió la vida. Además en un par de ocasiones contemplé unas vistas épicas del Castillo elevándose en la distancia, con una luz perfecta para la fotografía. Mereció la pena el esfuerzo.
*Horario: 9h – 18h
*Precio: 4L
*Fotografía: ok
Tras pagar la entrada subí un montón de escaleras hasta llegar a la parte superior del Fuerte de Asen, donde ondea una bandera de Bulgaria. No queda mucho del edificio original (restos de algunos muros y poco más). La construcción más destacada del conjunto es la Iglesia de Sveta Bogoroditsa, que también data del siglo XIII. El templo fue reconstruido en el año 1936 para poder continuar celebrando misas. Tiene dos pisos abiertos al público y en el de arriba las paredes conservan fragmentos de frescos medievales. El fuerte ofrece una panorámica espectacular, con la iglesia, los Montes Rodopi cubiertos de bosques de coníferas, y el río Asenitsa. Mi cámara de fotos echaba humo. Aquí también había bastantes lugareños de visita, aunque no me molestaron.
REGRESO A PLOVDIV
Después de un buen rato en el Fuerte me tocó llegar a pie a la Terminal de Autobuses de Asenovgrad, situada a 3km. Mientras bajaba me entretuve contemplando el valle, con los tejados del pueblo en la distancia; y volví a hacer un alto en la fuente (el agua estaba deliciosa y los lugareños aprovechaban para llenar botellas). La anécdota se produjo cuando pasé junto a una familia que observaba algo entre los arbustos y resultó ser un pavo real. Imagino que procedía de alguna granja cercana.
Una vez en Asenovgrad continué avanzando en paralelo al río, con sus orillas llenas de flores y pájaros revoloteando; y alcancé la Terminal. Allí conseguí la ayuda de un chaval para interpretar el horario del autobús que cubre la ruta a Plovdiv y me llevé otra sorpresa: al ser fin de semana el último vehículo se había marchado a las 17h. Me quería morir, aunque por suerte reaccioné rápido. Caminé unos minutos hasta la Estación de Tren, y llegué justo a tiempo para comprar un billete y subirme al de las 18h (el siguiente era a las 19h). Precio: 1,3L. Así acabó mi visita a Plovdiv y alrededores.
CONCLUSION
Plovdiv es una parada imprescindible en cualquier circuito turístico por Bulgaria. En las calles del centro coexisten monumentos que abarcan toda la historia de la ciudad: ruinas romanas, iglesias y mansiones del siglo XIX, algún relieve soviético, y paredes decoradas con coloridos grafitis. Pero a su vez se trata de un lugar lleno de ambiente, con infinidad de bares y restaurantes, y una oferta cultural inabarcable. Te aconsejo dedicarle un mínimo de dos días completos, añadiendo un tercero si quieres visitar el Monasterio de Bachkovo y el Fuerte de Asen, situados en los alrededores.
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