Una región conservadora con modernas ciudades que todavía esconden animados bazares y una fábrica donde es posible contemplar el proceso de elaboración de la seda
El Valle de Fergana ocupa el extremo oriental de Uzbekistán, delimitado por los Montes Tian Shan y la cordillera del Pamir Alay. En el pasado pertenecía a Sogdiana, hasta que durante el siglo II AC se transformó en el estado de Dayuan, integrado por los descendientes de los griegos que llegaron a la zona exiliados por los persas o en tiempos de Alejandro Magno. La capital era Khujand (Tayikistán) y la zona destacaba por sus fértiles tierras, regadas por el río Sir Daria. Aunque aquí también se criaba una raza de poderosos caballos que pronto llamaron la atención del Imperio Chino, dando pie a la creación de la Ruta de la Seda. Los líderes de la Unión Soviética dividieron el Valle de Fergana entre las repúblicas de Uzbekistán, Tayikistán y Kirguistán, plantando la semilla de numerosos conflictos fronterizos y étnicos que todavía no se han resuelto.
En la actualidad el Valle de Fergana es la región más próspera e industrializada de Uzbekistán, gracias principalmente al cultivo del algodón, que fue potenciado por los rusos. Yo visité Kokand y Margilon, donde destacan atracciones turísticas como el Palacio de Khudayar Khan, la fábrica de seda de Yodgorlik o el Kumtepa Bazar.
VIAJE: SAMARKAND – KOKAND
Entre estas dos ciudades hay 480km de distancia y fue un desplazamiento laborioso que me ocupó toda la jornada. Menos mal que comencé el día con otro espectacular desayuno en el Hotel Timur the Great. A continuación preparé las mochilas, desalojé la habitación y me puse en marcha. El viaje constó de 4 etapas:
1. Taxi hasta la Parada de Samarkand: se encuentra a 3,5km del hotel, cerca del Observatorio de Ulugbek. Para evitar problemas pedí al dueño del hotel (Murat) que llamara a un taxi y vino a buscarme, aunque el conductor me cobró algo más de lo previsto (13milS).
2. Taxi compartido a Tashkent: mi idea inicial era viajar a la capital en tren, pero unos días antes consulté la página web de la compañía y me llevé una sorpresa. No quedaban asientos disponibles en los trenes de alta velocidad; y el único normal salía a las 8h (demasiado temprano). Así que opté por utilizar un taxi compartido. Al llegar a la Parada de Samarkand los conductores me rodearon y viví momentos de caos: uno me quería quitar la mochila, otros me gritaban cosas… Vaya tela… Yo mantuve la calma y negocié el precio con firmeza. Suerte que Murat me había dado una referencia y, aunque varios taxistas se negaron, al final uno aceptó los 70S que ofrecía.
En el interior del taxi había un chaval esperando. Era estudiante de Derecho y tenía un nivel de inglés aceptable, así que charlamos un rato. Al cabo de 30 minutos apareció un matrimonio de ancianos y arrancamos. Yo viajé en uno de los asientos traseros, junto a la ventana. El trayecto duró 4 horas. Primero cruzamos un paisaje desértico con llanuras polvorientas; y antes de Tashkent aparecieron praderas con vacas pastando y alguna población de escaso interés. De camino nos detuvimos 3 veces: una para llenar el depósito de combustible; y dos para ir al lavabo (el abuelete tenía algún problema y bebía agua sin parar). Me quedé dormido en un par de ocasiones, aunque el molesto pitido del detector de radares (casi todos los taxistas utilizan uno) y los constantes frenazos me despertaban.
3. Taxi hasta la Estación Norte: el taxi compartido me dejó en una Terminal de Autobuses en el suroeste de Tashkent, a 9km de la Estación Norte. De entrada pensé en viajar en Metro porque estaba al lado de una parada. Pero esto implicaba cruzar toda la ciudad; y encima los vigilantes de seguridad querrían registrar mis mochilas. Así que pedí un taxi a través de la app de Yandex y me dejó en la puerta de la Estación Norte por 16milS. Aunque antes me senté en un sencillo local de comidas y cayeron 4 Somsas de pollo y ternera y 2 tazas de té (10milS).

4. Tren a Kokand: en esta linea la demanda es escasa porque compré un billete el día anterior en la página web y todavía quedaban la mitad de asientos libres (70milS). Primero fui a una de las taquillas para que me imprimieran el billete; y después me senté en el comedor de un café anexo a la Estación a tomar un café con leche. Como tenía previsto llegar tarde a Kokand aproveché para comprar la cena: un tupper de Plov. La simpática propietaria me explicó que tenía 3 restaurantes en Vietnam, pero la crisis del coronavirus la obligó a cerrar todo y volverse a Uzbekistán. Una pena… Precio: 23milS.
Un rato antes de la hora prevista pasé los 3 controles de seguridad habituales para acceder a la zona de andenes, donde ya esperaba mi tren; y subí al vagón correcto. Yo había elegido un cómodo asiento en la fila individual, aunque la página web indicaba mal el sentido del tren y me tocó viajar de espaldas.
El trayecto duró 4 horas y la verdad es que estuvo entretenido. En los alrededores de Tashkent contemplé prados y campos de cultivo. Y poco a poco nos acercamos a los Montes Qurama, situados entre Uzbekistán y Tayikistán, con sus cumbres nevadas. Hasta el año 2016 el tren circulaba por una vía construida en tiempos de la Unión Soviética que cruzaba una parte de Tayikistán (con el consiguiente pago de tasas). Pero entonces se construyó el Túnel Kamchiq, que atraviesa las montañas y comunica directamente Tashkent con el Valle de Fergana. Tiene más de 19km y es el más largo de Asia Central. El resto de vehículos (coches, camiones) circulan por una carretera que sortea el Paso de Kamchiq, a casi 2.300m de altura, utilizado durante siglos por las caravanas de la Ruta de la Seda.

Al salir del túnel disfruté de un paisaje magnífico, con el Valle de Fergana, montañas de color rojizo y poblaciones tradicionales con casas de adobe. Después el valle se ensanchó y cayó la noche, así que me dediqué a leer.
5. Taxi hasta mi hotel: como de costumbre en la salida de la Estación se agolpaban los taxistas. Yo negocié con el primero que se ofreció un precio razonable (o eso pensé) y me llevó hasta mi alojamiento, situado a 3,5km (10milS). Eran las 22h de la noche y estaba realmente agotado, pero había conseguido llegar a Kokand.
ALOJAMIENTO: ROHAT HOSTEL – 184milS/Noche
*Puntos a favor: cama doble; baño privado con ducha perfecta; buena limpieza; ubicación inmejorable, en pleno centro de Kokand; desayuno incluido (aunque escaso).
*Puntos en contra: ruidos constantes por la noche; personal de la recepción muy seco; wifi errático; baño con el asiento del inodoro roto y una fuga de agua (el suelo siempre estaba mojado).
Cuando busqué alojamiento en Kokand solo había dos opciones disponibles en Booking: un hotel demasiado caro y alejado del centro; y el Rohat, con algunas críticas negativas de otros viajeros. En Google Maps comprobé que hay más hoteles, pero sabiendo que iba a llegar tarde decidí no jugármela y reservé una noche en el Rohat. Además las críticas tenían un par de años de antigüedad y pensé que el dueño habría hecho algo para corregir los defectos. Pues no…
Me recibió un tipo de gesto serio que ni siquiera sabía que tenía una reserva y me trató con indiferencia. Además me dio una habitación pegada a la recepción, y cuando le pedí que me la cambiara porque sabía positivamente que habría ruido se negó y me dijo que no me preocupara. Resultado: me desperté varias veces con el sonido de teléfonos móviles, gritos y golpes.
EL PALACIO DE KHUDAYAR KHAN
Al día siguiente amanecí muy cansado tras una noche horrible. Y encima cuando salí a desayunar comprobé que el encargado de la recepción estaba durmiendo a pierna suelta a pesar de que habíamos quedado a las 9h. Le tuvo que despertar la señora de la limpieza y al cabo de media hora me trajo un plato con dos huevos fritos, dos salchichas, dos trozos de salami, pan y té. Comparado con los menús en otras partes de Ubezkistán aquello era de risa.
La verdad es que había pensado quedarme en el Rohat un día más porque me daba pereza buscar otro alojamiento, pero lo del desayuno fue la gota que colmó el vaso así que decidí largarme de allí. Sin duda el peor hotel del viaje. Tanto que escribí en Booking una crítica negativa, algo que no hago casi nunca. Antes de marcharme salí a la calle para empezar a visitar la ciudad.

Kokand es la puerta de entrada al tramo del Valle de Fergana situado en Uzbekistán. Sus orígenes se remontan al siglo X, cuando la ciudad se llamaba Khavakend y era una importante parada de la Ruta de la Seda. Durante dos siglos la región perteneció al Kanato de Bukhara, hasta que en el año 1709 Shahrukh Khan consiguió independizarse y ubicó la capital del nuevo estado en la pequeña población de Kokand, donde ordenó construir un fuerte.
Con el tiempo el Kanato de Kokand expandió sus territorios haciéndose con el control de Tashkent y Khujand. Y se convirtió en uno de los principales centros religiosos de Uzbekistán, con más de 500 mezquitas solo en la capital. Pero una serie de conflictos internos y los constantes enfrentamientos con el vecino Kanato de Bukhara debilitaron su capacidad militar. Y en 1868 Khudayar Khan se vio obligado a firmar un tratado de paz con Rusia mediante el cual pasaba a rendir pleitesía al emperador Alejandro II.
Khudayar Khan fue un auténtico déspota que a pesar de la delicada situación del Kanato cobró a sus ciudadanos unos impuestos desproporcionados mientras se construía un lujoso palacio sobre las ruinas del fuerte. Las obras acabaron en 1873 pero solo lo pudo disfrutar 2 años porque un levantamiento popular le obligó a abandonar la ciudad. Mientras, los rusos aprovecharon el caos para anexionarse definitivamente el Kanato de Kokand y la capital creció hasta alcanzar su aspecto actual, con amplias avenidas y edificios modernos.
*Horario: 9h – 17h
*Precio: 15milS
*Fotografía: ok
La fachada del Palacio de Khudayar Khan es imponente, cubierta de azulejos de vivos colores con motivos geométricos. En la taquilla me sorprendió que solo me cobraran 3milS (precio local) a pesar de que era obvio que soy extranjero (pedí el billete en inglés). En su día el Palacio tenía unas dimensiones gigantescas, con más de 100 habitaciones, pero los rusos destruyeron la mayor parte del edificio, incluida la sección del harén. De todas formas merece la pena visitarlo. Durante mi recorrido vi lujosas salas con elaborados techos de madera tallada; paredes decoradas con relieves; muebles de época; y viejas puertas.
El Palacio alberga varios museos. Yo visité el de Historia, con objetos y fotos antiguas; el Etnológico; y el de Ciencias Naturales, con una colección de animales disecados realmente siniestra. También hay uno de Arte, con cuadros y esculturas, pero estaba cerrado al público. A parte de los museos destacan la sala del trono, un patio con carretas, y una mezquita. Apenas me crucé con gente y pasé un rato agradable, aunque cuando me marchaba aparecieron dos grupos de niños y el lugar se convirtió en un circo. De regreso en el Rohat Hostel desalojé mi habitación y caminé en busca de un sitio para pasar la noche.
ALOJAMIENTO: HOTEL KHAN – 200milS/Noche
*Puntos a favor: habitación espaciosa; cama doble muy cómoda; baño privado con ducha perfecta; buena limpieza; ubicación inmejorable, a escasos metros del Palacio Khudayar Khan; tranquilidad total por la noche; mobiliario de época; encargado de la recepción (Rashid) muy simpático; desayuno incluido (aunque escaso).
*Puntos en contra: wifi errático.

Este hotel estaba recomendado por mi guía de viajes y pagando un precio similar al del Rohat disfruté de una estancia muy distinta, con un chaval sonriente en la recepción y una habitación impecable situada en el tercer piso, alejada del ruido.
Lástima que todo quedó empañado por un desagradable suceso. Como no tenía efectivo no pude pagar al momento, y por la noche había otro empleado que me pedía 450milS porque me dieron una habitación doble. Yo me negué en redondo y me dijo que entonces tendría que cambiarme a una individual. Era surrealista porque ya había usado la cama y el hotel estaba prácticamente vacío. La verdad es que me enfadé, pero al final el hombre entró en razón (creo que habló con Rashid) y me dejó quedarme en la habitación doble. Está claro que no era mi día con los alojamientos de Kokand…
MAS LUGARES DE INTERES
Una vez instalado salí a recorrer las calles de Kokand en busca de nuevas atracciones. Esto fue lo más destacado:
1. Mezquita Juma: construida en 1812 durante el reinado de Umar Khan, un gobernante muy respetado por sus ciudadanos que promovió el desarrollo de las artes y las ciencias en el Kanato de Kokand. Actualmente la Mezquita no está activa y la entrada cuesta 15milS. Tiene un patio con un minarete de 22m de altura en el centro; y un pórtico con enormes columnas de madera tallada importadas de la India. En un lateral hay un modesto Museo Etnológico donde se expone ropa tradicional, joyas y artesanía local.

Desde la Mezquita caminé hacia el norte y visité varios edificios históricos:
2. Teatro de Arte Dramático: está situado en una plaza de grandes dimensiones y tiene una fachada de estilo soviético decorada con relieves donde aparecen diferentes personajes.
3. Madrasa Narbutabey: una escuela coránica construida a finales del siglo XVIII que todavía imparte clases. La fachada es espectacular, rematada por dos cúpulas de color azul. Es posible acceder al patio, donde los chavales rezan y leen el Corán frente a sus habitaciones; y a la sala de oración de la mezquita, con sencillos muros blancos. Eso sí, la fotografía esta prohibida.
4. Mausoleo Modari Khan: ubicado a escasos metros de la madrasa, data de 1825 y alberga el cuerpo de la madre de Umar Khan. Está cubierto de azulejos y rematado por una cúpula azul. A su alrededor hay centenares de tumbas antiguas.
5. Dakhma-i-Shokhon: el recinto se compone de un mausoleo lujosamente decorado, con una cúpula azul; una mezquita con un colorido techo de madera tallada; y un pequeño cementerio donde están las tumbas de Umar Khan y varios miembros de la familia real. Su mujer (Nodira) era poetisa y se encuentra enterrada no muy lejos. La entrada a Dakhma-i-Shokhon es gratuita pero yo dejé un donativo de 2milS.
A continuación caminé hacia el sur de la Mezquita Juma y me adentré en el Casco Antiguo de Kokand, deambulando sin rumbo por sus estrechas callejuelas entre grupos de niños jugando, pequeños comercios, abueletes charlando, y viviendas con fachadas de vivos colores y enormes portones de madera. Un lugar ideal para escapar del ruidoso tráfico de Kokand. También destacan 2 monumentos:
6. Mezquita Zimbardor: con un elegante minarete.
7. Mezquita y Madrasa Hojibek: tiene una bonita fachada cubierta de azulejos, pero me encontré la puerta cerrada y no pude acceder al interior.
Cuando empezó a oscurecer decidí regresar a mi hotel. El Valle de Fergana es la región más conservadora del país y en el año 1998 surgió un grupo radical llamado Movimiento Islámico de Uzbekistán que se enfrentó al gobierno y mantuvo alianzas con Al-Qaeda y el ISIS. Entre 1999 y 2004 tuvieron lugar varios ataques con coches bomba y terroristas suicidas en Tashkent y Bukhara que provocaron docenas de víctimas. Pero el presidente Karimov actuó con contundencia y en la actualidad el grupo solo opera en el norte de Afganistán. Mi visita a Kokand coincidió con el primer día del Ramadán y temí encontrarme una ciudad sin vida. Pero por suerte las tiendas estaban abiertas, con numerosos locales de comida y gente paseando. Muchas mujeres vestían hijab o abaya.

CENA CON RASHID
Después de un rato descansando me moría de hambre, y al pasar por la recepción Rashid me vio y decidió acompañarme a cenar. La situación fue algo incómoda porque su nivel de inglés era nulo y no paraba de hablarme a gritos en uzbeko, como si esto ayudara. Además al ser Ramadán me esperaba un ambiente similar al de Konya (Turquía), con los restaurantes llenos de gente devorando platos. Pero en Uzbekistán las familias prefieren cenar en sus casas y los locales ofrecían un aspecto desangelado.
Yo tenía ubicados un par de restaurantes con buenas críticas, aunque aproveché que estaba con Rashid para que eligiera él, dejándole claro que buscaba comida sencilla a buen precio. El chaval dudó y al final me llevó a un local ubicado cerca del hotel. Allí ocupamos una mesa y pedí Mastava (sopa con arroz y carne); y 3 Somsas de ternera (estaban deliciosas). Y compartimos una Ensalada de tomate y pepino, y una Fanta de litro. Justo lo que necesitaba. A nuestro alrededor había varios lugareños que me miraban con cara de sorpresa y preguntaban a Rashid. Precio: 45milS (pagamos a medias). Tras llenar el estómago regresé a mi habitación, y me dediqué a leer y escribir.
VIAJE: KOKAND – FERGANA
La jornada comenzó con mi alarma sonando a buena hora después de una noche de sueño impecable. Una vez en pie preparé las mochilas y bajé al comedor del hotel. Mi experiencia en el Rohat Hostel fue nefasta y pensé que aquí volvería a disfrutar de un abundante desayuno uzbeko, pero el menú fue aun peor: unas lonchas de salami y queso, un par de croissants rellenos de mermelada, y una taza de té. Encima unos huéspedes habían estado fumando y la sala apestaba a tabaco. No duré ni 5 minutos.

Después desalojé la habitación, me despedí de Rashid y continué mi ruta por el Valle de Fergana. La siguiente parada era la ciudad de Fergana y el desplazamiento en transporte público constó de 2 etapas:
1. Taxi hasta la Terminal de Autobuses Uchkuprik: está a 6km del centro y en Kokand no opera Yandex, así que pedí a Rashid que llamara por teléfono a un taxista de confianza para evitar problemas. Solo me costó 8milS, menos de lo que pagué cuando llegué a Kokand por un trayecto muy inferior, con lo cual ese día no negocié tan bien como pensaba.
2. Taxi compartido a Fergana: antes de bajar del vehículo se me abalanzaron varios taxistas. A estas alturas ya estaba acostumbrado y mantuve la calma, acordé con un conductor un precio correcto (35milS), y nos pusimos en marcha al momento. Tardamos poco más de 1 hora porque el tipo iba a toda velocidad. Viajé en el asiento del copiloto con dos señoras detrás (me extrañó que no fuéramos 4 pasajeros); y el taxi nos dejó en el centro de la ciudad.
ALOJAMIENTO: SAKURA INN – 100milS/Noche
*Puntos a favor: baño privado con ducha perfecta; buena limpieza; ubicación inmejorable, en pleno centro de Fergana; tranquilidad total por la noche; wifi rápido; cocina con nevera compartida; lavadora gratuita; propietario (Elsevar) realmente atento.
*Puntos en contra: cama individual.

Este hotel cuenta con excelentes valoraciones en Booking pero no hice ninguna reserva porque el importe de la app me pareció exagerado: 140milS + 100milS de impuestos (normalmente son 20milS). Por suerte me planté en la recepción y el precio cayó en picado. Eso sí, casi me sale mal la jugada porque Elsevar estaba a punto de coger un tren rumbo a Tashkent para pasar un par de días y me habría encontrado la puerta cerrada. El hombre me cayó genial y aunque tenía prisa me explicó el funcionamiento del hotel y hasta me invitó a un vaso de vino tinto de Fergana (muy rico).
Fergana es una ciudad moderna sin atracciones turísticas pero constituye una base ideal para explorar el Valle de Fergana, con un montón de alojamientos y locales de comida, y una buena red de transporte público. Fue fundada por los rusos en el año 1876 para ubicar un cuartel del ejército dependiente de la vecina Margilon (de ahí que al principio el lugar se llamara Novi Margilon). En 1907 se rebautizó como Skobelev en homenaje al general ruso Mikhail Skobelev, decisivo en la conquista de Asia Central. Y finalmente en 1924 se convirtió en Fergana, capital de la provincia del mismo nombre.
Tras despedirme de Elsevar salí a dar un paseo por el Parque Central, que tiene una zona con atracciones infantiles, un pequeño estanque y una estatua de Al-Farghani (un famoso astrónomo del siglo IX que nació aquí). Me hubiera gustado sentarme un rato al sol, pero todos los bancos estaban ocupados y me acabé marchando.
COMIDA: KANTIN CAFE
De regreso al hotel vi un local con terraza donde estaban cocinando shashlik y había varios lugareños comiendo a pesar de ser Ramadan, así que me uní a ellos. Me atendió un camarero muy simpático que hablaba algo de inglés y pedí dos shashlik de cordero (estaban deliciosos), pan y un té con limón. Precio: 27milS. Al momento apareció una señora y se sentó a hablar conmigo. Yo pensaba que cuando llegara la comida se marcharía, pero la mujer aguantó hasta que acabé. Era profesora de inglés en un colegio cercano y no paraba de hacerme preguntas. El camarero también se apuntó y fue un poco estresante, pero mi presencia allí era algo novedoso y entendí la situación.
Tras la comida volví a mi habitación y me estiré en la cama a leer y descansar. Por la noche salí a cenar y me crucé con Sharof, un chaval de Tayikistán que se alojaba en el hotel. Vivía en Moscú y estaba trabajando en un proyecto para el Departamento de Educación de Uzbekistán. Aunque para complementar sus ingresos cada día organizaba una especie de lotería en YouTube y viajaba cargando con un enorme foco y una cesta con las bolas del sorteo. Curioso… Al final él también tenía hambre y decidimos cenar juntos.
CENA: LAGMON MARKAZI
Sharof no conocía Fergana y elegimos al azar este restaurante situado a 5 minutos del hotel. Al igual que me ocurrió en Kokand el comedor estaba vacío y encima no había sopas ni té con limón. Por suerte Sharof hablaba Uzbeko y se encargó de todo. Yo pedí Laghman frito, un shashlik de ternera y un té. Durante la charla pronto quedó claro que teníamos intereses muy distintos en la vida. Sharof no entendía por qué yo quería visitar Kamchatka, y en cambio estaba intentando quedar con chicas en Fergana (sin éxito) a través de la app Badoo a pesar de encontrarse casado y con un bebé de escasos meses. Eso sí, cuando llegó la cuenta no dejó que pagara.
A continuación dimos un paseo recorriendo avenidas desiertas; hice una compra de comida en una tienda anexa al hotel; y nos despedimos. El resto de la noche me dediqué a leer, aunque también salí unos minutos a jugar con el gato de Elsevar y me asomé a ver cómo Sharof captaba clientes para su lotería.
VIAJE A MARGILON
Al día siguiente me desperté tras dormir como un tronco, y eso que Sharof estuvo hasta tarde liado con su lotería. Después desayuné un plátano, galletas y un yogur; preparé la mochila pequeña; y salí a la calle con la intención de visitar Margilon, una ciudad situada al norte de Fergana. Podría haber utilizado el transporte público, pero en Fergana opera Yandex, los precios son de risa, y solo tenía que recorrer 14km. Así que pedí un taxi y llegué a Margilon en 20 minutos por 18milS.
En el pasado Margilon formaba parte del estado de Dayuan, donde en el siglo II AC se produjo la primera transacción comercial entre Occidente y el Imperio de China, gobernado por la Dinastía Han. Los chinos tenían un especial interés en una raza de caballos criados en el Valle de Fergana para incrementar su poderío militar; y a cambio ofrecían seda, cuya elaboración era un misterio para el resto del mundo. Pero el rey de Dayuan no era partidario de consolidar la relación y en el año 104 AC los Han invadieron Dayuan en la conocida como “Guerra de los Caballos Celestiales”. De esta forma Dayuan perdió su independencia y con el tiempo se llenó de telares para producir seda y abastecer la demanda de Occidente en los mercados de Samarkand y Bukhara.
Hoy día Uzbekistán es el tercer productor mundial de seda (muy lejos de China y la India) y el epicentro de la industria se encuentra en Margilon. A pesar de su dilatada historia se trata de una ciudad moderna de aspecto similar a Fergana o Kokand, aunque cuenta con varios lugares de interés.
EN UNA FABRICA DE SEDA
El taxi me dejó justo en la puerta de la fábrica de seda Yodgorlik, creada en el año 1983, que todavía elabora tejidos de forma artesanal. Allí me recibió un abuelete que hablaba algo de inglés y me enseñó las partes del proceso productivo. En la primera una señora hierve capullos de seda en un enorme caldero de agua y los deshila cuidadosamente; y otra crea bobinas de hilo con una rueda. En la segunda se da color a la seda utilizando pigmentos naturales (me encantó el color índigo). Y para acabar visitamos los telares, donde varias chicas elaboran diversos tejidos (de seda, algodón o mezcla de ambos) accionando pedales de madera. En una habitación anexa se fabrican alfombras. Y en el centro del recinto hay una nave con telares modernos que fabrican en serie tejidos de menor calidad.
Las salas están llenas de objetos y viejas máquinas, con una gran atmósfera. Además los empleados saludaban amablemente y el abuelete me animaba a que hiciera fotos, dejándome el tiempo necesario. Una visita muy interesante. Durante el recorrido nos cruzamos con un pequeño grupo de turistas rusos y conocí al dueño de la fábrica, con el que intercambié unas palabras.

El tour acaba en la tienda de la fábrica, donde se exponen diferentes prendas: bufandas, pañuelos, manteles, túnicas… El abuelete me animaba a comprar una bufanda de seda virgen que costaba 25Usd y seguro que se trataba una gran oportunidad, pero ocupaba demasiado espacio (la tendría que llevar meses en mi mochila) y me quedé una pequeña de algodón para tener un recuerdo (5Usd). Antes de marcharme le di al guía 10milS por sus servicios (no hay un precio estipulado). Yodgorlik es la fábrica de Margilon más preparada para recibir turistas. En otras es necesario solicitar un permiso de visita con días de antelación y solo hay máquinas modernas.
DESCUBRIENDO KUMTEPA BAZAR
Este mercado es uno de los mejores de Uzbekistán y está situado a 5km de Margilon. Para llegar hay marshrutkas que realizan el recorrido por tan solo 2milS. Yo pregunté al abuelete de la fábrica y parece que quedó satisfecho con los 10milS porque salió conmigo, cruzamos la calle y detuvo la marshrutka que necesitaba.
Kumtepa Bazar ocupa una extensión enorme, con docenas de puestos que venden todo tipo de productos: fruta, verdura, pan, arroz, carne, huevos, cunas de madera, juegos de té, recambios de maquinaria, telas, escobas… El Bazar está más animado los jueves y domingos, y por eso lo visité el jueves. Había mucha gente, con mujeres que lucían coloridos vestidos adornados con lentejuelas y dientes de oro; hombres que me miraban con cara de sorpresa; y una fuerte presencia policial. Yo me dediqué a hacer fotos con discreción y en un par de ocasiones pedí permiso.
A pesar de ser Ramadan vi varios locales de comida asando carne al aire libre, así que decidí entrar en uno y pedí dos shashlik de ternera, dos somsas con salsa picante y un té. Precio: 11milS (¡menos de 1€!).
UN PASEO POR MARGILON
Tras la comida regresé al centro de Margilon en marshrutka y caminé hasta la Madrasa Sayid Ahmad Hoja. Hace años que esta escuela coránica dejó de impartir clases y las celdas de los alumnos se encuentran ocupadas por talleres de artesanía. Como era la parte central del día y Ramadan muchos estaban cerrados, pero visité uno con varias señoras utilizando telares tradicionales iguales que los de Yodgorlik; y otro con diferentes tejidos expuestos. A parte de esto en el recinto de la madrasa hay un pórtico con un elaborado techo de madera; y objetos antiguos (puertas, una carreta). También me entretuve jugando con una graciosa cría de gato que me seguía a todas partes.
En Margilon hay más mezquitas y madrasas, pero no son lugares imprescindibles y preferí deambular sin rumbo por las calles de los alrededores disfrutando de un ambiente muy auténtico. A mi lado pasaban señoras de exóticos ropajes, chicas en niqab, y grupos de niños que me saludaban con educación. Un vecino insistió en que entrara en su casa y acepté. Dentro había varias habitaciones con máquinas de coser modernas y su mujer estaba trabajando con una en el patio. El hombre no hablaba inglés y se lamentó de no poder invitarme a comer o tomar té porque era Ramadan.
A continuación pedí un taxi a través de Yandex y volví a Fergana por 17milS. Al llegar a mi habitación estaba agotado y me estiré en la cama hasta la hora de cenar.
CENA: 2 DOST CHOYHONASI
Cuando estaba preparándome llamaron a mi puerta y era Sharof con una sorpresa. El chaval había quedado para cenar con dos compañeros de trabajo y su jefe, y yo estaba invitado (¡?). Por supuesto acepté y salimos a la calle, donde ya nos esperaba uno de los compañeros con su coche. El 2 Dost Choyhonasi es un restaurante compuesto por una serie de comedores privados distribuidos alrededor de un patio. Nosotros entramos en uno y al momento apareció el jefe, un tipo de gesto serio y tono solemne. Tras las presentaciones nos sentamos, un camarero trajo la comida, y como era Ramadan hubo unos segundos de oración antes de empezar.
El menú consistió en una enorme bandeja de Plov con carne, verduras y huevo (estaba delicioso). Todos comimos de la bandeja con una cuchara. Para acompañar había pan, ensalada, y nos fuimos pasando un bol de sopa picante del que bebíamos directamente. Además té, agua y kompot de limón. Al ser el invitado principal la gente me animaba a comer y acabé a reventar.
A parte de Sharof nadie hablaba inglés y el chaval me hizo de traductor, aunque hubo momentos en los que me tocó escuchar con cara de póker sin entender ni una palabra. Después de un rato de charla el jefe pagó la cuenta (segunda cena consecutiva que me salía gratis), le di las gracias, y nos llevó en su flamante coche de regreso al hotel. Allí Sharof y yo nos compramos un helado en una tienda (10milS), dimos un paseo para bajar la cena, y volví a mi habitación. Una forma inmejorable de finalizar mi ruta por el Valle de Fergana. Al día siguiente viajé a Tashkent en tren.
CONCLUSION
La rica historia del Valle de Fergana evoca poblaciones tradicionales con estrechas callejuelas y viejas mezquitas, pero nada más lejos de la realidad. Sus ciudades son urbes modernas de amplias avenidas y tráfico intenso, y solo recomiendo la visita a viajeros con mucho tiempo disponible que ya conozcan el resto de Uzbekistán. Dicho esto, el Valle de Fergana está totalmente apartado de los circuitos turísticos y tuve más oportunidades de interactuar con los lugareños.
Me hubiera gustado realizar una ruta a pie por el inicio del Valle de Fergana, donde hay aldeas con viviendas de adobe y paisajes de postal (las vistas desde el tren me encantaron). También podría haberme acercado a otras ciudades como Andijon o Namangan, pero no tienen nada excepcional y preferí centrarme en una parte del valle.
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Comentarios
6 ComentariosMaría José Rodríguez
Oct 5, 2025Hola Andreu.
Muchas gracias x tu post que me ha ayudado mucho. Es genial. Me llamo Mariajo y me voy sola en 3 semanas para este país. Voy 11 días y justo me faltaba rematar el valle de Fergana.
Saludos
Ganas De Mundo
Oct 5, 2025Hola! Muchas gracias por el comentario! Un placer compartir info de viajes. Espero que lo pases genial por Uzbekistán y el Valle de Fergana. Un abrazo!
ALEJANDRA
May 26, 2025Hola Carlos,
nos vamos la primera quincena de octubre a Uzbekistan por libre y queremos conocer el Valle de Ferganá, solo tenemos dos noches. Donde nos recomiendas quedarnos alli en el Valle? porque queremos visitar la Fabrica de Seda, entre otras
Ganas De Mundo
Jun 8, 2025Hola! Te recomiendo el Sakura Inn, en la ciudad de Fergana. Saludos!
Gabriela Acosta
Ago 27, 2023Hola Andreu. Soy Gaby, la mujer de Carloselviajero. Gracias por toda esta información de Fergana y compartirla. Saludos y nos vemos en la siguiente 🍺
Ganas De Mundo
Sep 9, 2023Hola Gaby! Gracias a ti por el comentario! Un placer compartir información y charlas viajeras. Saludos!