Una visita pasada por agua a la costa occidental de Madagascar que se limitó a un pequeño museo local y un jardín botánico
Toliara (antiguamente conocida como Tulear) es una moderna ciudad situada al final de la carretera RN7, en la costa occidental de Madagascar. En el pasado era una pequeña aldea pesquera, hasta que en el año 1895 los Franceses ubicaron aquí la capital administrativa de la región de Atsimo-Andrefana, añadiendo amplias avenidas flanqueadas de edificios públicos y tamarindos. La costa es el hogar de los Vezo, un grupo étnico seminómada que se dedica a la pesca utilizando sus Lakanas (embarcaciones tradicionales de aspecto frágil). Aunque en las últimas décadas Toliara ha recibido miles de inmigrantes procedentes de las zonas rurales y cuando cae la tarde sus calles se llenan de chicas de espectacular belleza que se ganan la vida mediante la prostitución.
Las atracciones turísticas de Toliara son el Museo Cedratom, dedicado a los grupos étnicos de la región; el Arboretum d’Antsokay, situado a 12km, con una vegetación sorprendente; y la Tumbas de Andranovory. Pero la mayoría de visitantes pasan de largo y se dirigen a las poblaciones de Ifaty y Anakao, que cuentan con playas de postal y centros de buceo. Esa era mi idea, pero las intensas lluvias me obligaron a cambiar de planes.
VIAJE: RANOHIRA – TOLIARA
Un desplazamiento de 245km siguiendo la carretera RN7 hacia el sur, aunque me habían avisado de un inconveniente. En Ranohira no hay Terminal de Taxi Brousse y los vehículos procedentes del norte suelen estar llenos de pasajeros. Así que cuando tras despedirme de Remi (mi guía en el Parc National de l’Isalo) unos chavales me dijeron que acababa de aparecer un Taxi Brousse con asientos libres agarré mis mochilas y salí corriendo.
Entonces surgió otro problema: no tenía efectivo para pagar el billete y el conductor rechazó mi propuesta de cobrar cuando llegáramos a Toliara (allí sacaría dinero de un cajero). Encima los chavales me pedían 30milA por el billete, un precio exagerado que no estaba dispuesto a aceptar (por eso vinieron a avisarme). Hubo momentos de duda, porque no sabía si bajarme del Taxi Brousse o insistir al conductor.
Hasta que intervino un pasajero. El tipo era una mole y me dijo que él me prestaría el importe del billete (eran 15milA). Y cuando los chavales se enfadaron con él por dejarles sin comisión y le insultaron, bajó del vehículo y se lió a tortazos con ellos. Vaya tela… Yo le estaba muy agradecido, aunque en ningún momento le vi pagar al conductor; y sospecho que me utilizó de excusa para soltar unos guantazos. Más tarde me explicó que era militar, lo cual reafirmó mis dudas. Pero bueno, el caso es que nos pusimos en marcha rumbo a Toliara.
El trayecto duró 4 horas porque el Taxi Brousse era interurbano y cubría la ruta entre Antananarivo y Toliara sin constantes paradas para que subieran y bajaran pasajeros. Además el vehículo se encontraba en perfecto estado y avanzamos a buen ritmo. Solo hicimos un alto en Ilakaka, una población ubicada a 24km de Ranohira. Hasta 1998 era una aldea intrascendente, pero ese año se descubrió en la zona uno de los mayores depósitos de zafiros del mundo y comenzaron a llegar malgaches desde todos los rincones del país para buscarse la vida en las minas. Cuentan que las condiciones de trabajo son horribles. Y que Ilakaka es una especie de Salvaje Oeste con bares, burdeles y personajes oscuros donde los delitos violentos son habituales. Como era de día yo aproveché para dar un paseo por la avenida principal, flanqueada por tiendas de gemas que lucen curiosos carteles.

Después me tomé una Fanta de piña mientras el conductor comía algo. Allí hablé un rato con el militar, que me presentó a otro pasajero, un abuelete francés de aspecto repulsivo. El hombre explicó que estaba casado con una malgache y presumía de conocer los mejores locales de Toliara para conseguir «jovencitas». Como me dijo: «yo antes hacía fotos de paisajes como tú, ahora solo hago fotos de chicas«. Sin comentarios… Una vez en ruta el militar se bajó en Sakaraha, otra población llena de tiendas de gemas. Pero antes me recomendó un hotel para alojarme en Toliara; y me dijo que al día siguiente se pasaría a cobrar sus 15milA con el abuelete francés y saldríamos los tres de fiesta. Menudo marrón… ¿Era este el objetivo real del militar cuando salió en mi ayuda?
El resto del viaje evité el contacto con el abuelete y me entretuve contemplando el paisaje. En los alrededores de Sakaraha se extienden los bosques del Parc National Zombitse-Vohibasia. Dicen que es una reserva ideal para la observación de aves y estuve a punto de visitarla, pero al final decidí seguir hasta Toliara. A continuación los bosques dieron paso a un terreno árido salpicado de imponentes baobabs. También vi de forma fugaz las Tumbas de Andranovory, situadas a una hora de Toliara. Pertenecen a la etnia de los Masikoro. Son grandes y tienen forma rectangular, con frescos que representan todo tipo de escenas (la mayoría de temática moderna).
En la Gare Routière de Toliara subí a un cyclo-pousse (carro impulsado por una bici en vez de una persona) y me llevó a un hotel distinto al que me había indicado el militar (2milA). No tenía ninguna intención de compartir una noche con él y su despreciable amiguete. En todo caso, ya le dejaría los 15milA en la recepción del hotel que me dijo antes de marcharme de la ciudad. Por cierto, durante el trayecto el conductor del cyclo-pousse me ofreció pasarnos por un prostíbulo. Así me recibía Toliara…

ALOJAMIENTO: HOTEL LE RECIF – 45milA/Noche
*Puntos a favor: habitación espaciosa; cama doble muy cómoda; baño privado con ducha perfecta; limpieza impecable; ubicación en primera linea de mar con buenas vistas; balcón individual; piscina (aunque no la pude utilizar); restaurante propio a tarifas razonables; precio.
*Puntos en contra: mosquitera minúscula (y la habitación estaba llena de mosquitos enormes); lugar demasiado ruidoso, con paredes finísimas que no amortiguan los sonidos de los vecinos; encargada de la recepción muy seca.
Nada más instalarme necesitaba una ducha porque las dos últimas noches había acampado en el Parc National de l’Isalo. Después me puse ropa limpia; conseguí moneda local en un cajero automático; y me senté a tomar una cerveza THB en la terraza del restaurante del hotel mientras atardecía. Se estaba genial tras las aventuras vividas, rodeado de una atmósfera tranquila. Ante mí se extendía el mar, con barcas tradicionales de los Vezo; carretas tiradas por cebús descargando mercancías; y lugareñas con el rostro cubierto de una pasta marrón que les protege del sol.
A continuación pasé a cenar al comedor huyendo de los mosquitos. Pedí un menú realmente francés: gratin de gambas; filete de cebú a la pimienta con patatas; y un crêpe de chocolate. Los platos no tardaron en llegar y estaban muy ricos, con porciones abundantes. Precio: 27milA. De nuevo en mi habitación me dediqué a leer y descansar.
EL MUSEO CEDRATOM
Al día siguiente me desperté a las 6h tras una noche un tanto movida. En la habitación de al lado había un turista occidental de edad avanzada con una jovencita malgache y montaron un buen show. Además los mosquitos no dejaron de asediar mi mosquitera y el sonido era un incordio. Una vez en pie me senté en el balcón y piqué unas galletas con el agradable frescor de la mañana. Después desalojé la habitación; dejé la mochila grande en la recepción; y salí a dar un paseo por la ciudad.
Solo me hizo falta media hora para confirmar que Toliara es horrible, con edificios modernos; un calor asfixiante a causa de la humedad; y el asedio constante de los lugareños (conductores de pousse-pousse, mendigos, vendedoras ambulantes). Así que me dirigí al Museo Cedratom, llamado así por las siglas CEntre de Documentation et de Recherche sur l’Art et les Traditions Orales à Madagascar. Me costó encontrarlo porque ocupa un rincón del edificio de la Universidad de Toliara y tuve que preguntar a varias personas. El Museo consiste en una sala que alberga una colección de objetos pertenecientes a los diferentes grupos étnicos que habitan el sudoeste de la isla. La entrada cuesta 5milA.
Me gustaron dos tumbas de los Sakalava y Mahafaly. El estilo es casi idéntico, de forma rectangular y cubiertas de piedras. Están decoradas con los cuernos de los cebús que se sacrifican durante el funeral; y varios aloalo, unos postes de madera tallada que representan escenas de la vida del difunto. Los Sakalava a veces incluyen imágenes de alto contenido erótico. Antiguamente estas tumbas se podían ver por todas partes, pero los continuos saqueos han obligado a ocultarlas en lugares apartados.

También llama la atención una espeluznante máscara de madera con dientes humanos. Pertenece a los Mikea, un subclan de la etnia Sakalava que vive en los bosques del este de Toliara al margen de la civilización gracias a la caza y la recolección de frutos. Otro objeto interesante es un huevo de Aepyornis, más conocido como pájaro elefante. Se trata de un ave gigantesca similar al avestruz con 3m de altura y 400kg de peso, endémica de Madagascar. Por desgracia este animal se extinguió hace unos mil años, probablemente a manos de los antiguos pobladores de la isla. Tuvo que ser una criatura espectacular. Cuentan que durante una excursión por el sudoeste del país es fácil encontrar en el suelo fragmentos de cáscara de huevo.
Además vi esculturas de madera; instrumentos musicales; fotos antiguas… Hay carteles con información en inglés, pero el Museo Cedratom es modesto y finalicé la visita en poco más de media hora. Durante mi estancia apareció el encargado y me empezó a explicar la historia de algunas piezas de la colección, pero le llamaron por teléfono y se tuvo que marchar dejándome solo.
De regreso en mi alojamiento recuperé la mochila grande y caminé hasta el Restaurante La Terrasse, donde me senté a tomar una cerveza TBH acompañada de cacahuetes (4.500A). Allí me enfrenté a un dilema. Podía ir al hotel que me recomendó el militar y dejarle en la recepción los 15milA. Aunque me arriesgaba a que estuviera cerca y me reclutara para la noche de «jovencitas» con el pedófilo francés. Al final decidí marcharme de Toliara y evitar líos. De todas formas él tampoco le había pagado al conductor del Taxi Brousse… En la calle paré un taxi (un Renault 4 conducido por un gracioso abuelete) y me llevó al Arboretum d’Antsokay siguiendo la carretera RN7 (20milA).
ALOJAMIENTO: AUBERGE DE LA TABLE – 60milA/Noche
*Puntos a favor: bungalow enorme; cama doble muy cómoda; baño privado con ducha perfecta; limpieza extrema; ubicación en medio de la naturaleza; mosquitera; personal realmente amable; restaurante propio a tarifas razonables; precio.
*Puntos en contra: lugar algo ruidoso por la cercanía de la RN7 (pasan bastantes camiones); sin enchufes para cargar aparatos electrónicos.
Viniendo de Toliara este lugar me pareció un auténtico paraíso. Poco después de instalarme vi a un grupo de turistas que estaban a punto de comenzar una visita al Arboretum d’Antsokay y el guía me ofreció unirme a ellos. Pero yo preferí realizar el tour al día siguiente, a primera hora y con un guía para mí solo, para disfrutar de la naturaleza con calma. Cómo me arrepentiría de esta decisión… En su lugar dediqué el resto de la jornada a explorar los alrededores, haciendo fotos de cactus de formas curiosas y flores exóticas. Después me estiré en la cama a descansar.
A la hora de cenar fui al restaurante del hotel. El comedor es muy elegante, con música jazz, velitas y clientela occidental. Yo ocupé una mesa y pedí un revuelto de patata y calamares; filete de cebú en salsa acompañado de espagueti; mousse de chocolate; y una botella de agua grande. La comida estaba deliciosa y disfruté de una atmósfera tranquila. Además me invitaron a un chupito de ron con canela. Precio: 25milA. De vez en cuando un homenaje sienta bien.
Antes de entrar en mi bungalow estuve un rato investigando la zona con mi linterna frontal y descubrí un par de especies de salamanquesa, arañas, escarabajos y hormigas enormes. Pero el viento empezó a soplar con fuerza (es algo habitual en esta parte de Madagascar) y me fui a dormir.
EL ARBORETUM D’ANTSOKAY
La jornada comenzó con mi alarma sonando a las 6.30h tras una noche de sueño impecable, pero en el exterior el cielo estaba muy nublado y caían gotas. Yo pensé que era algo anecdótico porque Toliara es conocida como la Ciudad del Sol, con un clima árido y una media anual de 32 días de lluvia (de los cuales solo 1 pertenece a octubre). A continuación me dirigí a desayunar al restaurante y ocupé una mesa de la terraza. Pedí pan con mermelada; macedonia de frutas; y dos tazas de café con leche. Precio: 7milA. Y me entretuve observando a un gracioso Ring-Tailed Lemur que merodeaba en busca de comida.
Mi plan era visitar el Arboretum d’Antsokay después de desayunar, pero al poco empezó a diluviar y tuve que refugiarme en mi bungalow durante 2 horas mientras caía una violenta tormenta con rayos y truenos. Era lo último que me esperaba en Toliara. Cuando la lluvia aflojó metí mi cámara de fotos en la mochila y me dirigí al Centro de Visitantes.

El Arboretum d’Antsokay es un jardín botánico que fue inaugurado en el año 1980 por un experto suizo (en la actualidad lo gestiona su hijo). Tiene 7 hectáreas y la entrada cuesta 10milA, con derecho a una visita guiada de 2 horas. En el Centro me asignaron una chica muy simpática y comenzamos el recorrido. Durante la primera media hora no llovió y disfruté del paseo. Pero después empezó a diluviar y acabé empapado, con unas condiciones pésimas para la fotografía. Y pensar que podía haber realizado el tour el día anterior con un clima perfecto… Eso sí, la guía se portó genial, aguantando el tipo bajo la lluvia en vez de cancelar la visita como hubiera hecho más de uno.
Dentro de los jardines hay una gran cantidad de plantas endémicas de esta zona de Madagascar con formas sorprendentes. Parecía que estaba en otro planeta. Vi cactus enormes; árboles de semillas extrañas; pachypodiums; falsos baobabs; áloes; y unos arbustos de hojas verdes que parecían monedas. La lluvia provocó que la fauna se mantuviera escondida. Solo descubrí un par de pájaros curiosos, incluido un Coucal de Madagascar posado sobre una rama. En cambio el día anterior encontraron varios camaleones y lagartos.
Para evitar la lluvia entré en un pequeño museo lleno de conchas y minerales, además de huesos de ballena y un huevo de Aepyornis como el del Museo Cedratom. Desde una ventana contemplé un recinto con varios ejemplares de Tortuga Radiada (o Estrellada). Los machos pueden llegar a pesar hasta 40kg y su esperanza de vida roza los 100 años. Algunas caminaban a cámara lenta y otras bebían agua. Son endémicas de la isla y se encuentran en serio peligro de extinción porque la gente las caza para comer o venderlas en el extranjero como mascota. Una pena porque se trata de una criatura espectacular.
REGRESO A TOLIARA
Tras la visita desalojé mi bungalow y me senté en un sofá de la recepción del hotel hasta que la lluvia perdió fuerza. Después me despedí y en la puerta un taxista me ofreció sus servicios. Así pude negociar un precio más favorable para volver a la Gare Routière de Toliara (15milA). A continuación el plan era viajar en Taxi Brousse al siguiente lugar de interés, pero no tenía nada claro dónde. Si seguía lloviendo no tenía sentido visitar las poblaciones costeras de Ifaty y Anakao, famosas por sus playas. Y para llegar a Taolagnaro, en el extremo sur de Madagascar, donde se encuentra la popular Reserva de Berenty, no había vuelos disponibles y la única alternativa era un Camion Brousse que en el mejor de los casos tardaría 48 horas en llegar recorriendo una pista en un estado lamentable (y con barro mucho más). Estaba atrapado…
Al final decidí quedarme una noche más en Toliara. Si por la mañana el tiempo mejoraba continuaría explorando el sur de la isla; y si no viajaría a Antananarivo. Con estos pensamientos me subí a un cyclo-pousse y me dirigí de mala gana al Hotel Le Recif (1.500A). La lluvia había convertido Toliara en un pantanal, con charcos enormes, avenidas que parecían ríos, barrizales oscuros y un tráfico caótico. El pobre ciclista sorteaba los obstáculos como podía.
En el hotel mi habitación continuaba disponible. Aunque ahora había una gotera en el techo que la encargada gestionó poniendo una toalla en el suelo; y de vez en cuando se producían cortes de suministro eléctrico. En fin. Yo pasé el resto de la tarde leyendo en el balcón mientras llovía de forma torrencial. A la hora de cenar fui al restaurante del hotel y pedí una Pizza Royal, con carne, queso y huevo; y una botella de agua grande. La pizza no me gustó. Estaba sosa y grasienta, con un sabor raro. Además en el comedor reinaba una atmósfera triste y desangelada (yo me entretuve viendo la tele). Precio: 16milA.

VIAJE TOLIARA – ANTANANARIVO
Al día siguiente me desperté a las 6h y en el exterior lucía un tímido sol, pero el cielo todavía estaba cubierto de nubes oscuras y no tenía ganas de jugármela. Así que desalojé mi habitación; paré un cyclo-pousse hasta la Gare Routière (1.500A); y localicé el Taxi Brousse que tenía previsto partir hacia Antananarivo (45milA). Se trataba de un servicio interurbano operado por la compañía Kofifi con dos conductores que se irían turnando para no perder tiempo (todos los pasajeros viajaban a Tana). El vehículo se encontraba en perfecto estado, con asientos numerados. Mientras esperaba me dio tiempo a picar unas galletas a modo de desayuno (600A). Y a las 8.30h, con media hora de retraso, nos pusimos en marcha.
Tardamos 21 horas en cubrir los 936km de distancia siguiendo la carretera RN7. Yo elegí un asiento junto a la puerta para tener más espacio para las piernas, pero me equivoqué porque mis compañeras de fila eran 3 señoras entradas en carnes y me empujaban todo el rato hacia el hueco de la puerta obligándome a hacer presión. Además la conducción era muy brusca, con constantes frenazos y sacudidas. Por la radio sonaban a todo volumen canciones occidentales de los años 70-80 (Elton John, Celine Dion, Abba), incluso de madrugada. Encima entre Toliara e Isalo llovió bastante y sobre mi sitio había una gotera. El viaje fue una pesadilla.
Durante el día me entretuve contemplando el paisaje. Fue una especie de resumen de mi ruta por el sur de Madagascar, con baobabs, praderas de hierba amarillenta, rocas de formas curiosas, aldeas con viviendas tradicionales… También pasamos junto a Chez Bernie y el Hotel Tropik. Nos detuvimos en un hotely de Sakaraha donde pedí un generoso plato de arroz blanco con dos trozos de pollo (3milA).
A la hora de cenar paramos en una zona de hotelys de las afueras de Fianarantsoa. Era realmente sórdida, con niños vestidos con harapos mendigando comida o unas monedas; perros esqueléticos a punto de ser atropellados; y buscavidas deambulando sin rumbo fijo. Me considero una persona muy curtida y reconozco que se me partía el corazón viendo esas imágenes de miseria extrema. Quizás por eso no tenía hambre y me conformé picando galletas y caramelos. De nuevo en marcha conseguí dormir algo a pesar de los inconvenientes y el tiempo pasó rápido. Y a las 5.30h llegamos a Antananarivo tras un viaje maratoniano.
CONCLUSION
La mayoría de viajeros que visitan el sur de Madagascar dedican unos días a relajarse en las playas de Ifaty o Anakao tras recorrer los parques nacionales. Yo quería hacer lo mismo pero un temporal de lluvia realmente atípico hizo saltar por los aires mis planes. Al final pasé un día entretenido en Toliara, pero esta fea ciudad no justifica por sí sola el largo viaje hasta aquí, a pesar de que me gustaron el Museo Cedratom y el Arboretum d’Antsokay. Si tú tienes más suerte te recomiendo dedicar un par de jornadas a Ifaty o Anakao, incluyendo alguna sesión de buceo.
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Comentarios
2 ComentariosMaria
Ago 27, 2022Me parece vergonzoso que te vayas a un sitio como Madagascar dónde apenas tienen ni para comer y que alguien amable te preste dinero y no lo devuelvas . Es de vergüenza que lo comentes y te sientas orgulloso de robarle a la gente . Si quieres un buen hotel , te vas a uno en la Castellana y si quieres pizza , te vas a Italia .
Ganas De Mundo
Ago 29, 2022Hola María! Creo que antes de enfadarte así deberías leer con atención, y en todo caso pedir aclaraciones. Esa persona “amable” como dices era un militar malgache, y esta gente vive completamente al márgen de la dura realidad del país. Esa persona “amable” se lió a tortas con unos críos que es verdad que me querían timar, pero de ahí a la violencia física hay un mundo. Y esa persona “amable” era cliente habitual de los prostíbulos de Tiara, donde trabajan niñas menores de edad, y llevaba a turistas. Te aseguro que no me marché de Toliara orgulloso sino cagado de miedo, porque el motivo de no querer ver al militar era que me quería enseñar varios prostíbulos junto al abuelo francés (lo comento en el post), y temía que al negarme se ofendiera y me buscara problemas. A estas alturas soy muy consciente de la situación que vive África (ahora mismo llevo 7 meses recorriendo África Occidental). Pero si tengo que elegir entre “robar“ o ayudar a fomentar la prostitución infantil elijo lo primero, en Madagascar, en la Castellana y en Italia… Un abrazo!