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GEORGIA

Svaneti

posted by Ganas De Mundo
Jul 12, 2019 7888 7 6
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Svaneti

Aldeas de montaña con fotogénicas torres medievales y excursiones a glaciares atravesando peligrosas avalanchas de rocas

La región de Svaneti está ubicada en la falda sur de la cordillera del Cáucaso, que actúa como frontera natural entre Georgia y Rusia. Sus habitantes son los Svans, un grupo étnico diferente al resto del país que defiende con orgullo su cultura y tradiciones. En las aldeas de Svaneti hay antiguas torres defensivas (llamadas koshki); iglesias medievales; museos de arte religioso; y restaurantes que ofrecen deliciosos platos típicos. El territorio se divide en la Alta Svaneti, con capital en Mestia; y la Baja Svaneti, con capital en Lentekhi. Se trata de un auténtico paraíso para los amantes de la montaña, con algunas cumbres icónicas como el Shkhara (el monte más alto de Georgia, con 5.193m) o el Ushba (con su cima doble que tiene forma de cuernos).

Mi visita se centró en la zona del Alto Svaneti y exploré sus dos principales poblaciones. Primero Mestia, desde donde realicé una excursión a pie hasta el Glaciar Chalaadi. Y más tarde Ushguli, con el Monasterio de Lamaria y el cercano Glaciar Shkhara, que descubrí en compañía de Miguel.

VIAJE: KUTAISI – MESTIA

La jornada comenzó más temprano de lo habitual con otro magnífico desayuno en la terraza de Giorgi’s Homestay. Después preparé las mochilas, y a las 8h ya me estaba esperando en la puerta un taxi que había reservado Giorgi la noche anterior. Tras 9 días alojado me despedí de la dueña con bastante pena, pero así son los viajes…

El taxi me llevó a la Terminal de Autobuses, situada a 4km de distancia (5L), y paró junto a la marshrutka que se dirigía a Mestia. La salida oficial era a las 10h, pero cuando llegué solo había un sitio libre. Unos minutos más y me quedo sin transporte. Menos mal que Giorgi me recomendó madrugar… A continuación compré el billete en la taquilla (25L); ocupé un asiento de la fila individual; y nos pusimos en marcha. El trayecto duró 5 horas por varios motivos:

*Mestia se encuentra al norte de Kutaisi y en linea recta hay poco más de 100km. Pero la única carretera disponible obliga a desviarse hacia el oeste pasando por Zugdidi, una población pegada a la frontera de Abkhazia. Y ese rodeo eleva la distancia a más de 250km.

*La mitad del recorrido avanza por una estrecha carretera llena de curvas y fuertes pendientes.

*El conductor paró dos veces. Primero para ir al lavabo; y después media hora para comer. Yo piqué unas galletas que tenía del día anterior y me compré una botella de agua (1L).

Durante el viaje disfruté de unos paisajes de postal, con profundos valles cubiertos de bosques; cumbres nevadas; ríos caudalosos; y aldeas con viviendas tradicionales. En un tramo había montones de cajas de madera con panales de abejas y puestos de miel artesanal. Aunque no fue un trayecto cómodo. El respaldo de mi asiento no se mantenía recto y aplastaba a la mujer de detrás (me obligaba a estar atento); y la conducción era muy brusca, con continuos frenazos y sacudidas.

Tampoco me gustó ir rodeado de turistas, incluido un francés muy pesado que se tiró todo el viaje hablando a gritos; o unos chavales con aparatosas botas de montaña y maletas trolleys. Y yo que me esperaba un ambiente local…

ALOJAMIENTO: PELE GUESTHOUSE – 50L/Noche

*Puntos a favor: habitación espaciosa; limpieza impecable; ubicación céntrica; tranquilidad total por la noche; lugar gestionado por dos simpáticas hermanas (Irma e Inga), aunque un incidente estropeó la experiencia; abundante desayuno incluido.

*Puntos en contra: camas individuales; baño exterior compartido (estaba ocupado habitualmente); wifi errático.

Los polacos que me recogieron haciendo autoestop para llegar a Kinchkha Waterfall se habían alojado en Pele Guesthouse y quedaron muy satisfechos. Así que su guía Besiki llamó por teléfono a Irma, hablé con ella, e hice una reserva con varios días de antelación. De esta forma me quitaba un problema de encima, porque Mestia es un lugar muy visitado en verano y no quería sorpresas. Al llegar al pueblo pregunté a unos lugareños dónde estaba Pele Guesthouse, avisaron a Irma, y en un par de minutos apareció su hermana.

Ya en la casa dejé las mochilas en mi habitación y me senté a charlar un rato con las hermanas, que me invitaron a un trozo de bizcocho artesanal con una taza de té. Hacía menos de un año que habían inaugurado el alojamiento y las señoras tenían muchas ganas de agradar para generar comentarios positivos. Eso sí, al poco Inga ya me estaba preguntando qué edad tenía y diciéndome que era muy guapo… 

UN PASEO POR MESTIA

Tras descansar un rato salí a conocer el pueblo. Mestia está situada a 1.500m de altura y en cuestión de pocos años ha pasado de ser una aldea perdida en las montañas a uno de los principales destinos turísticos de Georgia. Todo gracias a la labor del gobierno, que mejoró la carretera de acceso; construyó un aeropuerto con vuelos diarios desde Tbilisi; y puso en marcha una estación de esquí. Obviamente los lugareños están encantados con esta situación y se benefician económicamente, pero a cambio Mestia ha perdido parte de su magia. Muchas de sus calles son una sucesión interminable de bares, restaurantes y tiendas para turistas que atraen a demasiada gente con ganas de fiesta y escaso interés en caminar por la montaña. A pesar de todo en Mestia hay varias atracciones:

1. Koshki: se trata de unas torres medievales de 20m de altura que los Svans utilizaban para refugiarse en tiempos de guerra. En Mestia hay un montón y caminando por el pueblo pasé junto a varias, aunque la mayoría son privadas y está prohibida la entrada. Su imagen es imponente, emergiendo entre las viviendas, pero impresionan más desde la distancia, perfectamente alineadas, con las montañas nevadas de fondo.

2. Svaneti History & Ethnography Museum: ocupa un moderno edificio dedicado a la cultura de los Svans. La sala principal contiene una serie de iconos procedentes de diferentes iglesias de la zona que representan a todo tipo de santos. Algunos están pintados sobre madera y otros grabados en plata. Además hay joyas, armas, utensilios y libros antiguos. Y numerosos paneles con explicaciones en inglés. Precio: 5L. El museo cierra a las 18h. Yo entré a las 17.30h y al cabo de un cuarto de hora ya tenía a una encargada persiguiéndome por las salas y recordándome que cerraban. Pero bueno, me dio tiempo a ver todo.

3. Estación de Esquí de Hatsvali: para llegar hay que recorrer 8km hacia las afueras de Mestia (preferiblemente en taxi o vehículo propio) y subir a un Telesilla que conduce a la cima por 15L. Las vistas de los alrededores son épicas. Cierra a las 16.30h así que no lo dejes para muy tarde (yo me despisté y me quedé sin subir).

CENA: CAFE LILLE

Irma me recomendó este local donde (casualmente) trabajaba su hija de camarera. Está ubicado en la calle principal, no muy lejos de la guesthouse. Al llegar me senté en una mesa del comedor y examiné el menú, que cuenta con una gran variedad de platos a precios correctos. Yo pedí Kubdari, una especialidad local que consiste en una empanada rellena de carne y especias. Estaba muy rica y la porción fue generosa. Para acompañar cayó una jarra de cerveza Argo. Precio: 13L. Tras la cena me fui directo a la habitación, donde me dediqué a descansar en previsión de las duras jornadas de montaña que me esperaban.

EXCURSION AL GLACIAR CHALAADI 

Al día siguiente me levanté a buena hora para aprovechar el tiempo y a las 7.30h ya estaba sentado en el comedor de la guesthouse listo para desayunar. Las hermanas me habían dicho que el menú me iba a gustar y acertaron. En la mesa había varios platos con tomate, pepino, huevo duro, una porción de Khachapuri, pan con mermelada y mantequilla, yogur con miel, un trozo de bizcocho casero y té. Todo estaba delicioso y acabé a punto de explotar.

Después preparé mi mochila pequeña y salí a la calle sin poder lavarme los dientes porque una china decidió pegarse una duchita a primera hora de la mañana y ocupó el lavabo. Mi plan era subir hasta la base del Glaciar Chalaadi, una de las excursiones cortas más famosas de Mestia. Yo me descargué la ruta en la app para móvil maps.me, pero no me hizo mucha falta porque el camino estaba bien señalizado. Estas fueron las etapas:

1. Pista: desde la calle principal tomé un sendero que me llevó hasta el río Mestia y crucé por un puente a la orilla derecha. Lucía un sol radiante, con el cielo salpicado de nubes blancas. A continuación recorrí una amplia pista sin asfaltar durante 8km siguiendo el valle hacia el norte. La primera parte me gustó porque pude contemplar una gran panorámica de Mestia, con sus koshki recortadas en el horizonte; espesos bosques de coníferas; y las cumbres nevadas de fondo. También pasé junto al minúsculo aeropuerto de Mestia. Pero al cabo de unos kilómetros el paisaje se hizo algo monótono; y me tocó soportar numerosos vehículos que circulaban a toda velocidad levantando nubes de polvo.

Si no eres un apasionado de la fotografía y no te gusta hacer deporte sin motivo te recomiendo buscar transporte o hacer autoestop para ahorrarte esta etapa (no vi a nadie caminando).

2. Glaciar: la pista desemboca en una zona de aparcamiento con un café donde todo el mundo comienza la ruta. Desde allí crucé el río por un puente y recorrí un sendero de 3km en constante ascenso. De camino pasé junto a enormes árboles y prados de coloridas flores. También conocí a una pareja de Madrid. Viajaban con un guía georgiano (Toko) que hablaba un español perfecto y charlamos unos minutos. Y después me encontré… ¡con Nini!, la hija de la familia Abkhazia con la que había comido unos días atrás en Tskaltubo. Me quedé sin palabras porque las probabilidades de volver a vernos eran muy remotas. Estaba de excursión de fin de semana con un grupo de chavales de Kutaisi, pero ellos optaron por una ruta distinta y nos separamos al momento.

El último tramo hasta el glaciar fue complicado. Yo estaba en forma y subí a buen ritmo, aunque tuve que cruzar avalanchas de piedras que se tambaleaban bajo mis pies o me hacían resbalar, con el riesgo de torcerme un tobillo. Al final conseguí llegar a la base del Glaciar Chalaadi, a 1.900m de altura, y disfruté de unas vistas espectaculares, con un mar de hielo rodeado de afiladas cumbres que asomaban entre las nubes. Habían pasado 4 horas desde que salí de la guesthouse. Me sorprendió estar completamente solo, teniendo en cuenta la cantidad de coches que me adelantó en la pista y los grupos que paseaban por Mestia equipados con botas último modelo. Pero el postureo en las poblaciones de montaña es habitual y muy pocos se animan a caminar más de la cuenta. Mejor así…

Yo me quedé un rato recuperándome hasta que me di cuenta de una peligrosa situación: a mi derecha se extendía un brazo del glaciar y yo estaba de pie sobre una avalancha de piedras que cubría el hielo. Incluso en un par de ocasiones vi rocas cayendo a poca distancia en medio de un ruido atronador, con lo cual decidí comenzar el descenso.

REGRESO A MESTIA

Mientras bajaba conocí a unos chicos e intercambiamos unas palabras. Casualmente formaban parte del grupo de Nini y parece que les caí bien porque me invitaron a continuar con ellos el resto de la jornada. Esto me garantizaba volver a Mestia en minibús así que acepté sin dudarlo. El grupo estaba fragmentado y había chicas subiendo a paso de tortuga con un vestuario más que discutible. Pero yo me uní a un chaval con muy buen nivel de inglés y recorrimos el sendero hasta el aparcamiento sin parar de hablar.

Una vez en el café nos sentamos a esperar al grupo en una mesa de la terraza. Yo me comí dos trozos de bizcocho casero que me dio Inga para la excursión, acompañados de una cerveza Zedazeni (5L). Estuvimos allí más de una hora hasta que apareció toda la gente, aunque no me importó porque tenía transporte asegurado y se estaba genial descansando tras el esfuerzo realizado.

A continuación subimos al minibús y nos pusimos en marcha. Como se había hecho tarde al final solo nos dio tiempo a visitar Heshkili Huts, un alojamiento situado en las montañas a escasa distancia de Mestia. El lugar es idílico, con pequeñas cabañas de madera; prados con perros, caballos y vacas pastando; columpios; mesa de ping-pong; y unas vistas impresionantes de los bosques y cumbres nevadas del valle. Yo me dediqué a pasear por la zona haciendo fotos; hablé con la chica encargada de organizar la excursión, que estaba con su marido y un amigo (son una especie de club de montaña); y volvimos al minibús.

El grupo iba a acampar en las afueras de Mestia pero me dejaron cerca del pueblo. Y me despedí de ellos, incluida Nini, con la que al final no hablé mucho (su inglés era pésimo). Llegué caminando al centro en unos minutos, muy satisfecho por cómo había transcurrido la jornada. Qué gente tan maja…

CENA: CAFE LILLE

Al no tener muchas alternativas decidí repetir restaurante. Cuando llegué me atendieron unas camareras muy simpáticas (no estaba la hija de Irma). Esta vez probé el Chishtvari, otro plato típico de Svaneti. Se trata de pan de maíz relleno de queso y estaba delicioso. Yo sabía que la porción no era muy grande y pedí también un Badridzhani Nigvsit (berenjena con pasta de nueces), esperando un plato similar al que comí en Kutaisi. Pero fue una tomadura de pelo, con unos trozos minúsculos de berenjena que tenían más piel que contenido. Para beber cayó una cerveza Argo. Precio: 17L.

En la guesthouse me estaban esperando las hermanas, que se partían de risa con mis aventuras. Me invitaron a una taza de té mientras charlábamos, aunque no me entretuve mucho y me fui a la habitación a escribir y organizar diversos asuntos. Al día siguiente comenzaba el Mestia – Ushguli Trek y tenía que estar preparado (dedico a esta ruta el siguiente post).

DESCUBRIENDO USHGULI

Ushguli es una población ubicada a una altura de 2.100m y consta de 4 pequeñas aldeas. Se encuentra al final de una carretera en muy mal estado y durante varios meses al año permanece aislada del resto del país por la nieve, así que todavía conserva esa magia que ha perdido Mestia. Es verdad que cada vez hay más guesthouses; y que son muchos los turistas que visitan Ushguli en excursiones de un día. Pero cuando cae la tarde el pueblo recupera su atmósfera tranquila, y las vacas y cerdos se apoderan de las estrechas callejuelas.

Tras varios días en ruta, el Mestia – Ushguli Trek finalizó a escasos metros de Murkmeli, la primera de las aldeas. Y desde allí fui subiendo hasta Chazhashi, Chvibiani y Zhibiani. De camino pasé junto a impresionantes concentraciones de mariposas que se agolpaban en las zonas embarradas (se alimentan de los minerales); torres medievales; y casas tradicionales de piedra. También contemple espectaculares panorámicas a medida que ganaba altura pegado al río Enguri. Y llegué a Ushguli, rodeada de verdes montañas donde pastan grupos de caballos; cimas nevadas; y en la distancia el imponente Glaciar Shkhara.

En Ushguli destacan sus diferentes iglesias ortodoxas. En total hay 7 y yo visité 3 de ellas:

1. Monasterio de Lamaria (Zhibiani): está situado en las afueras del pueblo y su nombre hace referencia a la Virgen María, aunque al principio era una diosa pagana sin ningún tipo de vínculo con la religión cristiana. El monasterio fue construido durante el siglo XII y sus dimensiones son modestas, pero el interior me encantó, con muros cubiertos de frescos y altares decorados con imágenes de santos. Fuera llama la atención su torre defensiva; los relieves de la fachada principal; y una de las mejores panorámicas de Ushguli, con sus diferentes núcleos urbanos esparcidos a lo largo del valle.

2. Iglesia de St. Giorgi (Chvibiani): estaba cerrada pero su vieja puerta de madera justificó la visita, con un conjunto de elaborados relieves que incluyen 4 guerreros.

3. Iglesia de Spas (Chvibiani): tampoco pude acceder. Me gustó su fachada, con una cruz tallada, un pequeño altar para depositar ofrendas, y una señora rezando de rodillas.

La mayoría de obras de arte religioso procedentes de estas iglesias se exponen en el Museo Iconográfico de Ushguli, ubicado en una casa tradicional del núcleo de Zhibiani. Yo no lo visité porque ya había estado en el de Mestia, pero me parece una opción interesante.

Durante el paseo me senté a tomar una cerveza Natakhtari (6L) en la terraza del Café Enguri, al lado del río. El desayuno había sido ligero así que entré en el Café Svaneti y ocupé una mesa de su oscuro comedor. Yo pedí un Chvishdari (con poco queso); un trozo de bizcocho casero; y un vaso de Matsoni (un espeso yogur al que añadí azúcar). La propietaria era muy simpática y no paró de explicarme cosas en su idioma (aunque no entendí casi nada). Precio: 12L. Tras la comida busqué un lugar para pasar la noche.

ALOJAMIENTO: CAUCASUS GUESTHOUSE – 25L/Noche

*Puntos a favor: habitación espaciosa; ubicación perfecta, justo en en centro de Ushguli (aldea de Chvibiani), a escasa distancia de las principales atracciones; tranquilidad total por la noche; dueños (Tariel y su hijo) realmente amables; wifi rápido; precio.

*Puntos en contra: camas individuales; mi habitación olía fatal; baño exterior compartido (estaba ocupado habitualmente); mobiliario destartalado; servicio de comidas errático (el hijo de Tariel se encarga de transportar turistas y cocinar, y no da a basto).

Esta vez opté por el sistema clásico y elegí una guesthouse recomendada por mi guía de viajes. Por suerte tenía habitaciones libres y me pude instalar sin problema. El resto de la tarde estuve recuperándome del esfuerzo de los últimos días.

CENA: KAFE KOSHKI

Como no vi claro que fuera posible cenar en mi guesthouse decidí acudir a este local recomendado por mi guía de viajes, situado a escasa distancia. Yo empecé sentado en una mesa de la terraza, con un sol muy agradable, pero a la que se ocultó tras las montañas hacía frío y me refugié en el comedor. Tras examinar el menú pedí Kubdari y me gustó mucho más que el de Mestia. Tanto el pan como la carne del relleno eran muy compactos y acabé a reventar. Para acompañar cayó una cerveza Natakhtari. Menos mal que había wifi porque los platos tardaron en llegar y al menos estuve entretenido. Precio: 17L.

Mientras regresaba a mi alojamiento disfruté del ambiente de Ushguli. Caía la noche, los turistas de un día ya se habían marchado, y por las calles embarradas campaban a sus anchas diferentes animales (cerdos, vacas, caballos, perros). Había excrementos por todas partes y caminar sin pisarlos era casi imposible. Además durante el día las nubes taparon buena parte del Glaciar Shkhara, pero a esa hora estaba completamente despejado, con las montañas visibles al fondo del valle.

Ya en la guesthouse estuve hablando unos minutos con una pareja de Londres que me crucé varias veces durante el Mestia – Ushguli Trek. Pero bajaron a cenar al comedor (tras más de una hora esperando) y decidí encerrarme en la habitación a descansar.

EXCURSION AL GLACIAR SHKHARA

Al día siguiente me desperté con mi alarma sonando temprano porque para ver el glaciar despejado tenía que llegar a la base lo antes posible. Pero cuando miré por la ventana no me lo podía creer: el cielo estaba cubierto de nubes grises y llovía sin parar. Con este panorama decidí quedarme en la cama un rato más. Después me vestí, desalojé la habitación, y salí a la calle, donde me encontré al hijo de Tariel. Cuando se enteró de que no había desayunado nada me ofreció una taza de café y acepté sin dudarlo. Me la tomé en el comedor acompañada de un chvishdari riquísimo mientras charlaba con el simpático chaval. Todo un detalle. A las 8.30h me puse a caminar. El día seguía nublado pero por lo menos no llovía. Estas fueron las etapas de la ruta:

1. Río Enguri: para empezar me dirigí al norte de Ushguli cruzando Zhibiani y pasé junto al Monasterio de Lamaria. Allí se me unieron dos perros sin saber que no llevaba nada de comida en la mochila y apenas un trago de agua en la cantimplora. También vi un grupo de caballos (los perros les ladraban y casi se llevan una coz) y un rebaño de vacas. Al poco crucé por un puente a la orilla izquierda del río Enguri y continué avanzando completamente solo. En la distancia se levantaba el espectacular Glaciar Shkhara.

Mientras me hacía una foto apareció un montañero que caminaba hacia el glaciar y resultó ser Miguel, un tipo de Cantabria muy simpático. Hablamos de viajes unos minutos y sin acordarlo expresamente continuamos juntos el resto de la excursión. Durante la ruta vimos prados llenos de flores; nubes de mariposas; arroyos con tablas de madera para cruzarlos; y un pequeño café con una terraza.

2. Glaciar Shkhara: el tramo final discurrió por un terreno cubierto de pedruscos fruto de las avalanchas provocadas por el glaciar. Decidimos parar en una enorme roca porque estábamos peligrosamente cerca. La imagen del Glaciar Shkhara era magnífica y la disfrutamos solos. Además me emocionaba pensar que justo al otro lado de las montañas se encontraba Rusia. Lástima que la mayoría de cumbres (incluido el Monte Shkhara) estaban tapadas por las nubes. Nosotros esperamos media hora pero la situación no mejoraba y nos pusimos en marcha.

El regreso a Ushguli fue un sencillo paseo sin apenas desnivel. Se agradeció la compañía de Miguel, que explicaba historias interesantes y me hizo muy buenas fotos. De camino nos cruzamos con bastante gente que o acababan de llegar en vehículo desde Mestia o tenían pocas ganas de madrugar. Por suerte salió el sol y mi cámara echaba humo, con el serpenteante río Enguri, flores de mil formas distintas, y las verdes montañas de fondo. En total tardé 5,5h para recorrer 16km, aunque con constantes paradas y un ritmo muy pausado.

UN CARO 4X4 HACIA MESTIA 

En Ushguli decidimos buscar un vehículo para volver a Mestia. Al igual que ocurre con los caballos que cruzan el río Adishi durante el Mestia – Ushguli Trek, los lugareños se aprovechan de la falta de transporte público y cobran precios abusivos a los turistas. Nada menos que 40L por persona por un trayecto de 45km. Miguel y yo caminamos hasta el puente situado entre Chazhashi y Chvibiani, donde había un puñado de vehículos y varios montañeros. Y al poco encontramos hueco en un 4×4 por 35L cada uno (un pequeño descuento). Tuve el tiempo justo para visitar un precario lavabo de madera y comprarme una Fanta (3L), y arrancamos. 

Junto a nosotros viajaba una pareja (él israelí, ella polaca). Hablamos un momento pero no pusieron mucho de su parte y estaban más preocupados en dedicarse caricias y besos. La primera parte del recorrido consistió en una pista de tierra en mal estado. Pero cuando alcanzamos la carretera el conductor pisó el acelerador y al final tardamos poco más de 1h para un trayecto que en teoría duraba como mínimo 2,5h (una trola de los lugareños para cobrar más). 

El 4×4 nos dejó en el centro de Mestia, donde me despedí de Miguel y caminé hasta la Pele Guesthouse. Allí me esperaba solo Inga porque Irma se encontraba de viaje en Tbilisi. También había una pareja de polacos y al poco acabamos todos sentados bebiendo vino tinto casero y comiendo fruta (cerezas y nectarinas). La pareja era muy simpática y pasamos el rato entre risas y bromas (Inga se partía con mis comentarios). Cuando se acabó el vino recuperé mi mochila grande, ocupé la misma habitación, y tras una puesta a punto necesaria (afeitado, ducha, ropa limpia) salí a la calle con ganas de llenar el estómago.

CENA: CAFE LILLE  

A pesar de la última experiencia decidí volver a este restaurante porque me daba pereza cambiar. Al llegar me senté en una mesa del comedor y pedí una brocheta de pollo y Tashmujabi (puré de patata con queso, una especialidad de Svaneti que todavía no había probado). Para beber opté por una jarra de cerveza Argo. La comida estaba rica y las raciones abundantes, así que me reconcilié con el Café Lille. Además durante la cena aproveché el wifi del local y presencié la actuación en directo de un grupo de música folk muy bueno. Precio: 20L.

Mientras acababa de cenar recibí un mensaje de Miguel. Había quedado para tomar algo en un local cercano con un grupo de conocidos y me invitaba a unirme. Al poco estaba con ellos en la terraza cubierta del Café Panorama, situado a escasos metros de mi guesthouse. A parte de Miguel había una pareja de Madrid y otra de Chile. Estuvimos casi 4 horas hablando de viajes. Todos habían recorrido bastante mundo y tenían infinidad de anécdotas que contar. Durante ese rato cayeron dos cervezas Kazbegi (16L) y me lo pasé genial. No sabía lo que me esperaba a continuación… 

UN FINAL SURREALISTA

Pasada la medianoche me despedí del grupo y caminé hasta mi guesthouse. Pero al intentar abrir la puerta principal descubrí con horror que estaba cerrada. Tenía la llave puesta, y por mucho que la giré y empujé no hubo manera. A continuación busqué alguna ventana abierta para colarme; y golpeé los cristales esperando que Inga me escuchara (si es que estaba en casa), pero nada. Era la 1h de la mañana y me empecé a poner nervioso. Después caminé por las calles a la desesperada y pedí ayuda al primer lugareño que vi. El tipo iba con unas copas de más y tampoco fue capaz de abrir la puerta. Y llamó por teléfono a Inga sin resultados. Al final acabé aporreando las ventanas con fuerza y por fin apareció la mujer con cara de dormida, que me abrió una puerta lateral. Vaya tela…

Más tarde descubrí que Inga había dejado la puerta principal bloqueada con un hacha. Lo malo fue cuando me descubrió intentando cerrarla, porque con tanto empujón había quedado torcida y no encajaba. La tía se puso a gritarme como una loca, pero tras intentar calmarla sin éxito acabé mandándola a paseo y me largué a mi habitación. Encima que se va a dormir (probablemente cargada de vino) y me deja tirado en la calle… El caso es que ese incidente me dejó hecho un manojo de nervios y no pude conciliar el sueño hasta las 3h de la mañana. Un final injusto para mis aventuras inolvidables por Svaneti.

CONCLUSION

La región de Svaneti es una parada obligatoria en cualquier circuito por Georgia, ya que permite explorar con total libertad los valles y montañas del Cáucaso. Te aconsejo un mínimo de 4 días: 2 para visitar las aldeas de Mestia y Ushguli, con sus iglesias, museos y torres defensivas; y otros 2 para realizar una excursión a los glaciares de Chalaadi y Shkhara. Aunque las posibilidades son infinitas y si tienes tiempo disponible no te puedes perder el fantástico Mestia – Ushguli Trek, que explico con detalle en el siguiente post.

En Svaneti hay otro valle muy recomendable que no visité: el Valle de Dolra. Su población más importante es Mazeri y en un extremo se levanta el espectacular Monte Ushba. Una excursión de un día permite alcanzar la base del glaciar; y otra mucho más dura conecta Mazeri con Mestia.

 

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Comentarios

6 Comentarios
  1. posted by
    Silvia
    Ago 8, 2023 Reply

    Hola, gracias por la info tan detallada, el próximo mes vamos hacer el trekking de Mestia a Usghulu, pero mi duda es como volver después de Mestia a Kutaisi, intento buscar información de buses y me está siendo bastante complicado encontrar nada. Sobre todo para organizar el resto de mi viaje por Georgia por qué vamos muy justos de días.
    Muchas gracias.

    • posted by
      Ganas De Mundo
      Ago 11, 2023 Reply

      Hola, un placer compartir info de viajes! Para ir de Mestia a Kutaisi hay marshrutkas (minibuses locales) que salen por la mañana. Así es como viajé yo en sentido inverso, el trayecto dura 5 horas. Es la única opción porque en Georgia apenas hay autobuses y no me suena que cubran esta ruta. Los billetes no se pueden comprar con antelación, es cuestión de llegar temprano a la parada de marshrutkas para no quedarte sin asiento. Un abrazo!

  2. posted by
    Felix
    Abr 23, 2023 Reply

    Hola,ante todo gracias por la info
    Yo espero estar por alli y me gustaria saber si de Mestia a Usghuli en 4×4 se puede compartir este,ya que yo ire solo y si en Usghuli dan la opcion de hacer trekking,ya que al ir solo me da palo hacer trekkins solo,ya que soy muy despitado 🙂
    Crees que se puede hacer el trek de los 4 dias uniendose a un grupo?
    Gracias anticipadas
    Un saludo

    • posted by
      Ganas De Mundo
      Abr 23, 2023 Reply

      Hola, esa ruta es muy popular y encontrarás gente en todas partes, tanto para compartir 4×4 como para no caminar en solitario. Desde Usghuli también se puede hacer alguna excursión más corta y hay guías disponibles (puedes preguntar en el lugar donde te alojes). En cualquier caso te recomiendo caminar por esas montañas porque los paisajes son épicos. Un abrazo!

  3. posted by
    David
    Abr 2, 2022 Reply

    Otro relato maravilloso¡ Y aquí me salta una duda: por lo que leo, ¿es posible hacer en 4×4 la conexión Mestia – Ushguli? Estoy valorando hacerme mantita de trekking de 4 días entre las dos poblaciones pero me gustaría saber si esa opción es posible (y en cada una de las poblaciones hacer distintas rutas). Que rabia no poder disponer de todo el tiempo del mundo para hacer toooodo¡

    • posted by
      Ganas De Mundo
      Abr 7, 2022 Reply

      Sí, es posible viajar en 4×4 entre ambas poblaciones (fue lo que hice yo cuando acabé el trekking en Ushguli). También realicé alguna excursión desde Mestia y Ushguli (muy recomendable). Te entiendo, Georgia tiene muchísimo que ver, pero en 23 días podrás visitar lo más destacado si problema. Seguro que te encantará.

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