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TANZANIA

Sumbawanga y Mbeya

posted by Ganas De Mundo
Sep 11, 2018 355 0 0
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Sumbawanga y Mbeya

Explorando el suroeste del país en busca de una espectacular cascada junto a la frontera de Zambia y un misterioso meteorito

Durante mi recorrido por el suroeste de Tanzania visité dos ciudades situadas a 1.700m de altura que no aparecen en ningún itinerario turístico. Por un lado Sumbawanga, capital de la región de Rukwa y habitada antiguamente por la etnia Fipa, hasta que los Alemanes y más tarde los Ingleses la convirtieron en un importante centro administrativo. Y por otro Mbeya, capital de la región del mismo nombre, un asentamiento creado en el año 1927 para alojar a los trabajadores de las cercanas minas de oro de Lupa. Hoy día la actividad minera es cosa del pasado pero Mbeya continúa prosperando gracias a la fertilidad de sus tierras, con plantaciones de café, té y plátanos; y a su ubicación estratégica, pegada a las fronteras de Zambia y Malawi, con buenas comunicaciones terrestres.

Tanto Sumbawanga como Mbeya son ciudades modernas que carecen de atracciones turísticas. Aunque constituyen una buena base para realizar excursiones por los alrededores. Desde Sumbawanga exploré las espectaculares Kalambo Falls y la aldea de Kasanga, a orillas del Lago Tanganika. Y desde Mbeya descubrí el Meteorito Mbozi y el Valle de Songwe.

VIAJE: IKOLA – SUMBAWANGA

Un largo desplazamiento de 360km que me ocupó buena parte de la jornada. Todo comenzó en mi habitación de Zanzibar Guesthouse tras una noche de sueño impecable. Estas fueron las etapas:

1. Autobús hasta Mpanda: a las 8h llamó a mi puerta el dueño del alojamiento. La salida estaba prevista para las 10h pero era la única, así que mejor asegurar la plaza y evitar sorpresas. En el exterior llovía sin parar. Yo me puse el chubasquero y fui a conseguir el billete a un local del centro de Ikola (6milS). De regreso a la habitación compré un paquete de galletas y una Coke, y desayuné sentado en el portal de la pensión.

Al ver llegar el autobús agarré mi mochila y ocupé mi asiento junto a la ventana. Me supo mal no ver al dueño de Zanzibar Guesthouse para despedirme de él porque me cayó muy bien, pero al rato le vi subir al vehículo. Me dijo que tenía que hacer unas gestiones en Mpanda, aunque el día anterior no me comentó nada. Yo encantado porque si surgía algún problema seguro que me echaría una mano. Durante una hora larga estuvimos allí parados mientras el autobús se llenaba de pasajeros y mercancías, y un encargado comprobaba los billetes. Y por fin nos pusimos en marcha.

El trayecto duró 4 horas y avanzamos por la misma pista de la ida, que me hizo recordar el atropello del pobre perro. De camino atravesamos un paisaje boscoso de un color verde intenso; y vi un grupo de Babuinos a la carrera. Aproveché un alto para comprarle a una vendedora ambulante 3 plátanos pequeños demasiado verdes (100S); y a otra unos cacahuetes o kalanga (100S). Mi compañero de asiento iba en silencio y me entretuve un rato escuchando música hasta que mi iPod se quedó sin batería.

Una vez en Mpanda necesitaba un banco para obtener moneda local. Ya que estaba le ofrecí al dueño de Zanzibar Guesthouse cambiarle los 30Usd que le di y aceptó encantado (le saldría más a cuenta que una tienda india). Como faltaba poco para que los bancos cerraran detuvo un taxi (que pagó él) y llegamos con margen suficiente. A continuación cambié 200€ y los 30Usd. El proceso implicó revisar mi Pasaporte y rellenar varios formularios (el dueño de la pensión se asomó un par de veces extrañado), pero bueno. Después subí al taxi, me dejaron en la Terminal de Autobús de Mpanda, y nos despedimos.

2. Autobús a Sumbawanga: cuando me acerqué a la taquilla de la compañía que cubre la ruta me di cuenta de un detalle gracioso. Era Sumry, la misma que utilicé para llegar a Sitalike, cuyos empleados se liaron a puñetazos con los de su rival (Katavi) provocando la intervención de la Policía. De hecho reconocí a varios. En fin, yo pagué el billete (10milS); y entré en un local a comer un plato de arroz con pollo y acelgas, y una Coke. Después compré en una tienda galletas de chocolate, un zumo de naranja y chicles; me senté al lado de la ventana; y al poco el conductor se dirigió a la Estación de Tren porque faltaban minutos para que llegara el de Tabora cargado de potenciales clientes.

En la Estación había un importante despliegue policial. Entonces apareció el tren; se acercaron los primeros pasajeros; y comprobé con horror que los agentes les hacían entrar en el autobús de Katavi. Por un momento pensé que Sumry estaba vetada por la pelea y no podríamos partir hacia Sumbawanga. Incluso bajé a preguntar a un agente. Pero solo se trataba de evitar nuevos problemas y cuando el autobús de Katavi se completó permitieron el acceso de pasajeros al mío. Vamos, lo que debería haber ocurrido el otro día de forma lógica en vez de montar aquella batalla campal sin sentido.

Al menos gracias a este control el vehículo no iba tan lleno de gente. En cambio no evitó las pérdidas de tiempo constantes y me tiré un buen rato sentado en una postura incómoda, bajo un sol de justicia que me hacía sudar sin parar mientras los empleados comprobaban los billetes, contaban pasajeros y revisaban el dinero recaudado. Finalmente arrancamos a las 18h, lo cual significaba que de nuevo llegaría a mi destino tarde. Parece que lo hacía a posta…

El viaje duró más de 8 horas y fue muy aburrido porque pronto cayó la noche y no me pude entretener ni con el paisaje ni con mi iPod (seguía sin batería). Además tenía las piernas doloridas por la falta de espacio. Eso sí, me sorprendió la actitud de los pasajeros, que permitían viajar de pie a ancianos y mujeres con bebés sin cederles el asiento. Era la ley del más fuerte. El autobús solo paró 15 minutos y yo aproveché para comprar unas brochetas de carne a la brasa que me devolvieron la vida. La imagen de los puestos callejeros iluminados con velas era muy fotogénica. Aparecimos en Sumbawanga a las 2h de la madrugada. Estaba agotado y no tenía reserva en ningún hotel, así que ya me veía deambulando por calles oscuras y solitarias con mi mochila en una ciudad desconocida.

3. Taxi hasta el centro: por suerte el conductor del autobús habló con un taxista y le dio instrucciones para llevarme al lugar donde había elegido pasar la noche (5milS). Todo un detalle porque en esta zona de Tanzania el inglés brilla por su ausencia.

ALOJAMIENTO: MBIZI FOREST HOTEL – 10Usd/Noche

*Puntos a favor: habitación espaciosa; cama doble muy cómoda; baño privado con ducha de agua caliente; buena limpieza; ubicación ideal, en pleno centro de la ciudad ; tranquilidad total por la noche; ventilador; mosquitera; ventilador; restaurante propio a tarifas razonables; personal realmente amable; precio; sencillo desayuno incluido.

*Puntos en contra: no se me ocurre ninguno.

Este hotel es uno de los mejores de Sumbawanga y está recomendado por mi guía de viajes, así que fue mi primera opción. El taxista se detuvo en la puerta y despertó al vigilante de seguridad para que avisara a alguien porque a esas horas la recepción estaba cerrada. En cuestión de minutos salió un empleado y me pude instalar en una habitación sin problema. La verdad es que la relación calidad-precio del Mbizi Forest me pareció excelente y acabé muy satisfecho. A continuación me pegué una ducha; me puse ropa limpia; y no tardé en quedarme dormido profundamente.

RUMBO A LAS KALAMBO FALLS

Al día siguiente me desperté a buena hora tras una noche de sueño impecable. Una vez en pie me vestí; y fui a desayunar al restaurante del hotel. Reconozco que el menú me decepcionó bastante. Consistió en una tortilla francesa con trozos de pimiento; dos rebanadas de pan de molde; y un café. Aunque teniendo en cuenta que era gratis no me puedo quejar.

El plan para la jornada era visitar las Kalambo Falls, un salto de agua situado en la frontera entre Tanzania y Zambia, a 115km de distancia. Podía intentar llegar en transporte público, pero en esta zona remota del país es muy errático y perdería demasiado tiempo. Eso sin contar el riesgo de no encontrar ningún vehículo para regresar a Sumbawanga. La alternativa era alquilar un coche privado así que decidí informarme de los precios. Después de desayunar hablé con el encargado del hotel, un tipo sonriente que respondía a cada comentario que le hacía con una sonora carcajada. Por suerte conocía a un taxista, le llamó por teléfono y no tardó en llegar. De entrada me pedía 150milS por todo el día pero lo conseguí bajar a 110milS (unos 100Usd), además de incluir en el recorrido la aldea de Kasanga.

Antes de ponernos en marcha paramos en una gasolinera donde el taxista llenó el depósito y cambió una rueda. El coche era de grandes dimensiones y tenía un montón de años a sus espaldas. Yo mientras me entretuve en un mercado con puestos que vendían fruta, verduras, telas y diferentes utensilios. La ruta hasta las Kalambo Falls discurre por una pista sin asfaltar en un estado lamentable, con piedras, agujeros y tramos de barro. El trayecto duró 2 horas gracias a que iba en coche privado. En un Dala-Dala hubiera tardado el doble añadiendo los continuos altos para que suban y bajen pasajeros.

El taxista no tenía ni idea de la ubicación de la cascada y de vez en cuando preguntaba a algún lugareño. Pero un chaval sin mucho que hacer nos acompañó para evitar que nos perdiéramos. Me gustó que el taxista no iba molesto ante la situación. Estaba alegre y animado, con ganas de descubrir un lugar que desconocía. Aunque imagino que los 110milS que se acababa de embolsar también ayudaron. En los últimos metros la pista se encontraba tan mal que tuvimos que aparcar y caminar unos minutos.

Las Kalambo Falls tienen 221m y son el tercer salto de agua con más altura de África, tras Mutarazi Falls (Zimbabwe) y Tugela Falls (Sudáfrica). Aquí el río Kalambo se precipita al vacío por una imponente pared de roca y desemboca más tarde en el Lago Tanganika. Nosotros aparecimos en la parte superior de la cascada, justo en el sitio donde el agua cae por el acantilado. Yo metí los pies en el río y me asomé con cuidado a contemplar las vistas (bueno, todo lo que mi vértigo me permitió). Aunque también quería ver una panorámica del salto de agua. Entonces el chaval que nos acompañó propuso una pequeña aventura.

CRUZANDO LA FRONTERA DE ZAMBIA

Primero seguimos a pie el curso del río Kalambo, que forma la frontera natural entre Tanzania y Zambia. Y llegamos a un punto con un tronco caído que nos permitió acceder a la orilla opuesta haciendo equilibrios. La sensación de aventura era total mientras avanzábamos hacia lo desconocido tras colarnos de forma ilegal en otro país sin permiso ni visado. Y al final de un sendero alcanzamos un mirador con unas vistas épicas de las Kalambo Falls. La imagen era de postal y mi cámara de fotos echaba humo. Los rayos de sol creaban un bonito arco iris al entrar en contacto con el vapor de agua. Además me sorprendió comprobar que el caudal era más que aceptable teniendo en cuenta que era el final de la época seca. Durante las lluvias tiene que ser un espectáculo.

En Tanzania la cascada no está señalizada pero en Zambia un cartel indicaba “Welcome to Kalambo Falls National Monument Site” y un encargado me cobró 3Usd por el billete. Al menos no puso ninguna pega cuando le explicamos que veníamos del país vecino. Mi guía de viajes hablaba de una abundante colonia de Marabús que anidaba en la pared de roca pero no había ni rastro de aves. Y la respuesta del encargado me dejó sin palabras: la zona sufrió una hambruna importante y sus habitantes se vieron obligados a cazar todo bicho viviente para poder subsistir, incluidos los Marabús. Vaya tela…

UN PASEO POR KASANGA

Al cabo de un rato completamente solos regresamos al coche por el mismo camino. Ya en ruta nos dirigimos a Kasanga, una aldea de pescadores situada junto al Lago Tanganika, 25km al norte de las Kalambo Falls. Fue fundada por los alemanes durante la época colonial con el nombre de Bismarckburg y es una de las paradas del ferry de pasajeros MV Liemba. De camino dejamos al lugareño que actuó de guía improvisado. Antes de llegar a Kasanga nos detuvimos en varias ocasiones para hacer fotos panorámicas del lago y los alrededores. El pueblo me recordó mucho a Ikola, con viviendas de adobe y techos de paja; barcas flotando en el agua; y grupos de niños bañándose.

Tras un breve paseo nos sentamos a comer en un sencillo local. De nuevo cayó un plato de arroz con carne (esta vez pollo); y una Coke caliente. El calor era horrible y no paraba de sudar. Hubiera matado por una bebida helada. El taxista pidió lo mismo y le invité. Nos quedamos charlando y después volvimos a Sumbawanga. La verdad es que estaba muy contento por cómo había transcurrido el día y me alegré de mi decisión de lanzarme a visitar las Kalambo Falls. Llegamos a la ciudad cuando ya caía la noche y me despedí del taxista con un abrazo. El hombre me cayó genial.

Nada más entrar en la habitación de mi alojamiento llamaron a la puerta. Era la chica encargada de la recepción que con cara de circunstancias me dijo que había dos tipos que querían hablar conmigo. Yo no entendía nada y salí a ver qué pasaba. La chica me comentó que solían dejarse caer por el hotel en busca de turistas occidentales y me pidió disculpas. Estaba realmente indignada. Imagino que eran policías intentando sacarse un dinero extra si encontraban cualquier irregularidad (real o inventada).

Iban vestidos de calle y no me enseñaron ninguna identificación, pero preferí evitar problemas. Les di mi Pasaporte y me preguntaron por mi itinerario en Tanzania y los motivos de mi presencia en Sumbawanga. Yo contesté con firmeza y bromeé un par de veces para demostrarles que no me daban miedo; y a la que pude me los quité de encima. En fin, cosas de África… En mi habitación me tumbé en la cama con ganas de descansar.

VIAJE: SUMBAWANGA – MBEYA

La jornada comenzó con mi alarma sonando a las 6h. A continuación preparé la mochila; desalojé la habitación; y desayuné en el restaurante. El menú fue igual de espartano pero al menos no me puse en marcha con el estómago vacío.

Después fui a la Terminal de Autobús de Sumbawanga. La ruta hasta Mbeya es de 325km. Yo compré el billete el día anterior en la taquilla de la compañía Sumry (12milS) y tenía un asiento asignado junto a la ventana, pero aun así llegué media hora antes de la salida por si acaso. El trayecto duró 8 horas. Al principio avanzamos por una pista polvorienta; y a partir de Tunduma, la población más cercana a la frontera de Zambia, se convirtió en una carretera en buen estado. El asiento era realmente incómodo, sin apenas espacio para las piernas; y solo paramos dos veces a picar algo. Yo me entretuve escuchando música y contemplando el paisaje, aunque el viaje se me hizo eterno. Parecía que el reloj se había detenido…

Por primera vez en Tanzania llegué a mi destino de día. Eran las 16h cuando el autobús se detuvo en la Terminal de Mbeya. Allí esperaban junto a la puerta del vehículo varios buscavidas a la caza de clientes. Yo salí con cara de pocos amigos y me alejé con paso firme. Dos de ellos me siguieron unos metros pero les ignoré y no tardaron en rendirse. Más tarde consulté el mapa y me dirigí al lugar elegido para pasar la noche.

ALOJAMIENTO: NEW CONTINENTAL HOTEL – 20Usd/Noche

*Puntos a favor: habitación espaciosa; cama doble muy cómoda; baño privado; buena limpieza; ubicación ideal, en pleno centro de Mbeya; tranquilidad total por la noche; mosquitera; ventilador; restaurante propio a tarifas razonables; precio; sencillo desayuno incluido.

*Puntos en contra: ducha de agua fría.

Un hotel recomendado por mi guía de viajes donde encontré una habitación libre sin problema. Menos mal porque no tenía ganas de dar vueltas por las calles en busca de otro. Una vez instalado dediqué el resto de la tarde a leer y descansar. Y a la hora de cenar opté por el restaurante del hotel.

EL METEORITO DE MBOZI

Al día siguiente me desperté temprano y disfruté de un desayuno correcto. Mi idea era realizar alguna excursión por los alrededores de Mbeya. Pero para llegar a los diferentes lugares de interés necesitaba combinar transporte público y autoestop, y en esta región de Tanzania casi nadie habla inglés. Así que cuando un chaval se acercó a ofrecerme sus servicios de guía decidí darle una oportunidad. Hablamos un rato y me dio buenas sensaciones. Además parecía tener claros mis intereses; y su precio era razonable (no lo recuerdo). En el exterior hacía un tiempo ideal, con cielo azul y sol radiante.

De entrada nos dirigimos al Meteorito de Mbozi, el octavo más grande del mundo. Se trata de una roca de color negro y 12 toneladas de peso que en términos geológicos se conoce como Siderita (una rarísima aleación de hierro y níquel). Durante mucho tiempo los habitantes de la zona le atribuyeron poderes mágicos y fue descubierto en los años 30 por un sudafricano que exploraba el sitio. Primero nos subimos a un Dala Dala que siguió la carretera principal hacia el oeste durante 55km hasta la población de Mlowo. Me gustó la actitud del guía porque el conductor me intentó cobrar un precio superior al habitual por ser occidental y él se indignó, discutiendo acaloradamente. Después hicimos autoestop junto a una pista hasta que un coche paró y nos ahorró los 13km finales.

Cuando aparecimos en el meteorito había un grupo de chavales de visita escolar que lo rodeaban. El profesor les explicaba cosas subido en lo alto de la roca aunque mi presencia despertó entre los críos mucho más interés y todos querían salir en mis fotos o que me hiciera una con ellos. Les acompañaba el fotógrafo oficial del colegio. El hombre utilizaba una pequeña cámara analógica con carrete que era toda una reliquia. Yo le pedí que me hiciera una con la mía y cuando le expliqué que las imágenes se almacenaban en una tarjeta de memoria era como si le estuviera hablando de tecnología extraterrestre. Por cierto, si las niñas del grupo no llevaran falda me hubiera costado distinguirlas de los niños. Iban rapadas al cero, sin pendientes o joyas, y con una facciones muy masculinas.

A continuación los críos despejaron el meteorito y pude examinarlo con calma. Mi imaginación volaba pensando que aquella roca había viajado por el espacio procedente de un rincón perdido de la galaxia y cayó en estas tierras en tiempos inmemoriales. Se levanta sobre un rudimentario pedestal de piedras y cemento. En un extremo tiene marcas provocadas por algunos lugareños que consiguieron cortar trozos para llevárselos a sus casas y beneficiarse de sus poderes. No entiendo cómo lo hicieron porque el meteorito es durísimo.

Tras la visita el grupo escolar estaba a punto de marcharse en su autobús y pregunté al profesor si me podía acercar a la carretera principal para no perder tiempo en la pista. Yo pensaba que no habría problema porque atendí todas las peticiones de sus alumnos, pero el tipo me soltó con toda la cara dura que o le pagaba o nada. Esta es la actitud de muchos africanos con los viajeros occidentales: nos ven como simples sacos de dinero y cualquier excusa es buena para sacar tajada. En fin…

El guía y yo nos enfadamos bastante, hasta que al final parece que le removimos la conciencia y nos dejó subir al autobús. Eso sí, se cortaba el ambiente, con el profesor serio y cabizbajo. La situación era violenta y reconozco que estuve a punto de darle una propina, aunque el guía me lo impidió con la mirada.

EXPLORANDO EL VALLE DE SONGWE

Ya en la carretera paramos un Dala Dala y recorrimos 27km en dirección a Mbeya hasta las afueras de la aldea de Songwe. Después hicimos autoestop junto a una pista que se dirige al Valle de Songwe. Pero tras un rato esperando sin éxito bajo un sol abrasador comprendí que la cosa estaba complicada y acepté la oferta de dos chavales que nos propusieron llevarnos en sus bicicletas hasta el final de la pista por un precio asequible. Mi “conductor” era un grandullón que se ganó su sueldo con creces. A veces el terreno se empinaba y tenía que levantarse del sillín y pedalear como podía soportando mi peso. De camino pasamos junto a una horrible fábrica de cemento que se abastece de unas canteras cercanas.

Después los chavales aparcaron las bicicletas y se apuntaron a la excursión. A continuación atravesamos a pie un bonito paisaje, con colinas onduladas de color rojizo; vegetación exótica; y viviendas tradicionales de adobe con techo de paja. En un punto nos tocó cruzar el río Songwe, pero al no haber puentes, troncos o piedras me tuve que descalzar y meter en el agua con el riesgo de caerme. Y seguimos avanzando varios kilómetros mientras oscurecía. Tanto que empecé a dudar que el guía conociera bien la zona y me molesté un poco. Esto es lo más destacado del Valle de Songwe:

1. Manantiales de aguas termales: una serie de charcas de agua caliente con escaso interés. Hay otros más fotogénicos en Malonde, a 2 horas de allí, con géiseres que brotan del suelo, pero no tenía tiempo.

2. Cuevas: en la época adecuada del año están habitadas por centenares de murciélagos que salen en masa durante la puesta de sol creando escenas impresionantes. Aunque cuando llegamos solo vimos un par sueltos en el interior. No descarto que se hubieran marchado porque el sol ya se había ocultado tras las montañas. Esperamos un rato en la entrada de las cuevas pero no tuvimos suerte. Al menos la panorámica del Valle de Songwe era magnífica.

La vuelta a las bicicletas se produjo ya de noche, con una espectacular luna llena perfectamente definida que iluminaba parcialmente el sendero. Fue toda una experiencia. Estaba caminando por el monte entre sombras con unos desconocidos en un lugar remoto de África. ¿Qué podía salir mal? Más adelante hubo que cruzar de nuevo el río Songwe; y los chavales nos llevaron en bicicleta a la carretera, donde esperamos un Dala Dala para regresar a Mbeya. A continuación me despedí del guía, que en general hizo un buen trabajo; y regresé a mi hotel.

CONCLUSION

El suroeste de Tanzania no aparece en ningún circuito turístico convencional y solo recibe viajeros que además están visitando Zambia o Malawi. Pero si tienes tiempo disponible y quieres desplazarte por tierra entre los parques nacionales de Katavi y Ruaha, te recomiendo dedicarle 4 jornadas completas, incluidos los trayectos en autobús. Así podrás conocer lugares curiosos como las Kalambo Falls o el Meteorito de Mbozi.

También me hubiera gustado explorar otras atracciones de la zona, como la cordillera de Mbeya, donde destacan los picos Loleza y Mbeya, que es posible coronar en excursiones de un día; la antigua población minera de Chunya, con numerosos edificios abandonados; y el Lago Rukwa, lleno de hipopótamos, cocodrilos y aves (aunque requiere alquilar un 4×4).

 

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