Una roca enorme en cuya cima se encuentran las ruinas de un antiguo palacio, y una puesta de sol multitudinaria
En el año 477 el monarca Kasyapa subió al trono del Reino de Anuradhapura asesinando a su padre y enviando al exilio a Moggallana, su hermanastro y legítimo heredero. Por este motivo no contaba con el favor de la población Cingalesa y decidió trasladar la corte a Sigiriya Rock, rodeada de espesas selvas, donde construyó una imponente fortaleza para defenderse de sus enemigos. El interior albergaba un palacio decorado con frescos de gran calidad. Pero en el año 495 Moggallana regresó a Sri Lanka al mando de un ejército y sus propios generales abandonaron a Kasyapa, que acabó suicidándose antes que caer prisionero. A continuación el nuevo monarca reubicó la capital del reino en Anuradhapura y convirtió Sigiriya en un monasterio Budista que se mantuvo activo hasta el siglo XIV.
Hoy día Sigiriya es una moderna población con un puñado de hoteles y restaurantes distribuidos a lo largo de la carretera principal. Pero en las afueras Sigiriya Rock atrae un flujo constante de turistas que acuden a visitar sus antiguas ruinas, incluidas en el Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Y no muy lejos se levanta Pidurangala Rock, que ofrece la posibilidad de contemplar magníficas puestas de sol.
VIAJE DAMBULLA – SIGIRIYA
Para este trayecto decidí contratar los servicios de un tuk tuk a través de mi hotel de Dambulla. Durante mi estancia los dueños se habían portado genial y así me aseguraba un precio correcto sin tener que perder el tiempo negociando. Tras un abundante desayuno servido en la terraza me despedí de la encantadora familia. Y a las 8.15h apareció puntual el conductor de tuk tuk.

La ruta habitual para llegar a Sigiriya sigue la carretera principal durante 16km. Pero en el alojamiento me habían recomendado utilizar una ruta alternativa conocida como Lake Road, que atraviesa un bonito paisaje añadiendo 5km más al recorrido por un precio similar (1.200R). Así que acepté sin dudarlo.
Al poco de arrancar el conductor me llevó a su casa con la excusa de haberse olvidado el permiso de conducir. Yo me puse en guardia pero el desvío fue mínimo. Todo se limitó a sentarme unos minutos en el sofá de un espacioso salón; ver fotos familiares (sus dos hijos, él vestido de militar); y conocer a su sonriente mujer. Fue gracioso y no tenía prisa. Más tarde paramos en un mirador para contemplar unas vistas geniales del Lago Kandalama. A esa hora de la mañana ofrecía una imagen de postal, con un grupo de niños bañándose en la orilla; una barca de pescadores; un par de pelícanos; y la silueta de las rocas de Sigiriya y Pidurangala en la distancia.
De camino cruzamos un bonito paisaje, con arrozales, bosques y onduladas colinas de fondo. En un río descubrí a un cuidador (se llaman mahout) bañando a su elefante. Era enorme y obedecía todas sus órdenes levantando cada pata para que le limpiara las heridas de las cadenas y así evitar que se infectaran. Más tarde lo vi avanzando por la carretera como si fuera un vehículo más. La verdad es que en el alojamiento tenían razón y la Lake Road fue mucho más interesante que viajar por la ruta principal, llena de ruidoso tráfico. Una vez en Sigiriya el conductor me dejó en la puerta de mi hotel y nos despedimos.

ALOJAMIENTO: SIGIRI LION LODGE – 2.600R/Noche
*Puntos a favor: habitación espaciosa; cama doble muy cómoda; baño privado con ducha perfecta; limpieza extrema; tranquilidad total por la noche; ventilador; wifi rápido; personal realmente amable; precio; desayuno de un día incluido.
*Puntos en contra: ubicación alejada del centro; baño plagado de hormigas.
Este hotel cuenta con excelentes valoraciones de otros viajeros así que reservé 2 noches a través de Booking y acabé muy satisfecho. El tema de las hormigas no me importó demasiado pero habrá a quien lo le haga gracia. Por las noches había menos porque aparecía de la taza del inodoro una pequeña rana que se apostaba en el lugar de paso de las hormigas y se las comía en milésimas de segundo (desaparecían). Aunque me alojé en una de las opciones más económicas. El hotel tiene un edificio nuevo anexo donde imagino que la cosa cambia. A pesar de llegar temprano tuve suerte y me dejaron ocupar mi habitación.
Una vez instalado salí a dar un breve paseo por los alrededores y comprobé que Sigiriya es una población de nulo interés turístico. Me sorprendió la gran cantidad de hoteles por metro cuadrado que hay en la zona. Según el conductor de tuk tuk más de 500 solo entre Dambulla y Sigiriya. Una locura… Yo hice fotos de un grupo de macacos toque. Y me compré 3 Samosas, un aperitivo muy popular (150R) que consiste en empanadillas de masa fina rellenas de verduras (patata, cebolla, lentejas) con forma triangular y ligeramente picantes. Pero el sol apretaba con fuerza y acabé regresando a mi habitación.
PUESTA DE SOL EN PIDURANGALA ROCK
Por la tarde decidí subir hasta la cima de Pidurangala Rock y ver la puesta de sol. Estaba a más de 3km de mi hotel así que preferí utilizar los servicios de un tuk tuk. El conductor me llevó hasta la base de la roca; y acepté su oferta de esperarme hasta mi regreso y devolverme al hotel porque el lugar es solitario y ya sería de noche. Mejor no complicarme la vida. Además todo por tan solo 500R (unos 3 euros).
Pidurangala es una roca de origen volcánico con 200 metros de altura. En la parte inferior hay un templo budista que visité brevemente. Su origen se remonta al siglo V y tiene una fachada interesante con esculturas de personajes mitológicos. Para acceder al sendero que conduce a la cima es necesario pagar una entrada de 500R. Nada que ver con el precio de visitar Sigiriya Rock, como comprobaría al día siguiente.

Si estás en una forma física aceptable el ascenso es sencillo. Yo subí a un ritmo pausado y tardé media hora. De camino pasé junto a una enorme estatua de Buda reclinado que en el pasado sufrió daños importantes y se ha reconstruido parcialmente con ladrillos. Y subí unas escaleras interminables que atraviesan el bosque. El tramo final me obligó a trepar por unas rocas de grandes dimensiones haciendo equilibrios aunque llegué a la cumbre sin problema. En el pasado Pidurangala era un lugar secreto pero actualmente ha adquirido mucha popularidad y durante el ascenso me crucé con bastantes turistas.
Una vez en la cima aún faltaba más de una hora para la puesta de sol pero me mantuve entretenido. Encontré unos curiosos ejemplares de cactus. Y las vistas de Sigiriya Rock son impresionantes, con la enorme roca emergiendo del bosque y una luz perfecta para la fotografía. La anécdota se produjo cuando volví interponerme en la pedida de matrimonio de una pareja alemana (igual que en Mole). Necesitaba a alguien que me hiciera una foto y se la pedí a un chaval que vi solo. Aceptó a regañadientes y me sorprendió porque la gente suele ser amable. Hasta que al cabo de un minuto lo vi de rodillas dándole a su novia un anillo de compromiso. Vaya tela… Seguro que el pobre ya tenía el anillo en la mano hecho un manojo de nervios, y aparezco yo y le obligo a posponer sus planes…
Además de Sigiriya la panorámica de los alrededores es épica, con un mar de selva salpicado de templos y estatuas de Buda. La cima es muy amplia y aunque llegaron montones de turistas había espacio para todos.

Cuando se acercaba el momento me senté y contemplé una magnífica puesta de sol. Tuve mucha suerte porque pude ver el sol perfectamente definido en el cielo, sin nubes que lo obstaculizaran, con unos colores geniales. Eso sí, calculo que a mi alrededor habría unas 200 personas, y el 95% eran parejas en actitud cariñosa. Me sentí como Ben Stiller en una de sus comedias. La situación era hilarante.
Tras la puesta de sol me marché rápido porque el primer tramo del camino es estrecho y con tanta gente se formarían retenciones. Menos mal que había bombillas que iluminaban los rincones más oscuros (olvidé en mi habitación la linterna frontal). En cuestión de minutos llegué a la base de la roca, localicé mi tuk tuk, y regresamos al hotel. Al poco vi a un chaval que caminaba solo entre la oscuridad y pedí al conductor que le lleváramos al pueblo. Resultó ser un holandés que también viajaba por libre y charlamos un rato. Fue reconfortante encontrar a alguien solitario porque ya empezaba a sentirme un bicho raro en Sri Lanka…
CENA: SIGIRI NIRWANA RESTAURANT
Un local situado cerca de mi hotel que me recomendó la encargada de la recepción. Al llegar ocupé una mesa de la terraza cubierta; y tras examinar el menú decidí evitar sorpresas y pedí Chicken Fried Rice, un valor seguro en los países de gastronomía picante. Me sirvieron un plato enorme y estaba delicioso, acompañado de una salsa con leche de coco. Para acompañar cayó una Coke de medio litro y una botella de agua grande. Y de postre un plátano y un trocito de sandía cortesía de la casa. Me gustó el Sigiri Niwana pero el ambiente era muy turístico (curiosamente no paraban de aparecer españoles). Precio: 600R.
LA ROCA DE SIGIRIYA
Al día siguiente me tocó madrugar una vez más para esquivar a las hordas de turistas y a las 6.30h ya estaba desayunando en una mesa situada frente a mi habitación. El menú consistió en tostadas con mermelada; una tortilla francesa; fruta; un Pani Pol (rollo de masa frita relleno de miel y coco); y un café con leche. Justo lo que necesitaba.
Tras llenar el estómago caminé hasta Sigiriya Rock. Fue un sencillo paseo de 1,5km por una pista de tierra solitaria con carteles que advertían de la presencia de elefantes salvajes (si estaban sería por algo). Cerca de la entrada me encontré con un lío de carteles e indicaciones tremendo. Para localizar la taquilla reservada a los extranjeros tuve que dar un montón de vueltas mientras que las taquillas de lugareños están justo al lado del camino. Y encima descubrí que los extranjeros pagamos 30 Usd. Menuda clavada… En fin, ya con el billete en mi poder continué avanzando hacia la entrada, donde hay un puesto de control; y aceleré el ritmo hasta la base de Sigiriya.
Desde allí comencé a subir escaleras. Hay carteles que invitan a desviarse del camino pero te recomiendo alcanzar la cima de la roca durante las horas de menos afluencia de turistas, entre 7h y 9h; y dejar el resto de lugares del recinto para más tarde.
Esto fue lo más destacado de mi visita a Sigiriya Rock:
1. Boulders Gate: un punto de la ruta con un estrecho tramo de escaleras que pasa entre dos rocas enormes.
2. Cloud-Women Frescos: tras subir por una escalera metálica en forma de espiral llegué a una parte de la roca decorada con unos frescos espectaculares. Se trata de 21 mujeres con el torso desnudo, cubiertas de joyas y adornos, que representan a las integrantes del harén real como si fueran Apsaras (ninfas acuáticas de la mitología hindú). Están pintadas con gran maestría y todo lujo de detalles. En el pasado esta cara de la roca estaba pintada de blanco y había más de 500 Apsaras. Porque el reino de Kasyapa quería imitar a Alakamanda, la ciudad de los dioses de la mitología budista, ubicada entre las nubes.
Los frescos se encuentran en un perfecto estado de conservación gracias a la restauración realizada durante los años 70. Pero la fotografía está terminantemente prohibida, con o sin flash, y hay un vigilante dedicado en exclusiva a cortar en seco cualquier intento. Creo que la medida no es por el deterioro de las pinturas (en Dambulla daba igual) sino para evitar las aglomeraciones de gente en ese espacio tan estrecho. Al menos pude disfrutar de los frescos el tiempo que quise y casi a solas, porque en hora punta debe ser terrible.

3. Mirror Wall: una pared de roca que en su día estaba tan pulida que reflejaba la imagen de la gente que pasaba. También tiene grafittis que abarcan un periodo de varios siglos. A mí me pareció un muro normal y hasta tuve que retroceder para preguntar dónde estaba porque no me lo acababa de creer.
4. Lion Gate: a continuación llegué a una plataforma frente a la roca donde arranca un tramo de escaleras metálicas que suben en zigzag hasta coronar la cima. Flanqueando el inicio de las escaleras hay dos enormes garras de piedra. Es lo único que queda de la gigantesca estatua de un león agazapado cuya boca atravesaban las escaleras (por eso a Sigiriya también se le conoce como Lion Rock). Tuvo que ser una imagen memorable, pero alrededor del siglo IX la estatua comenzó a desmoronarse por el paso del tiempo.
En la plataforma vi carteles que recomendaban no hacer mucho ruido porque en la zona hay nidos de avispas y no es la primera vez que atacan a turistas al sentirse amenazadas. La verdad es que no les di mucha importancia. No me imaginaba que días más tarde yo iba a ser objeto de uno de esos ataques…

5. Cumbre de Sigiriya: hay restos de diferentes construcciones, incluidos los cimientos del Palacio del rey Kasyapa; una piscina ceremonial; o un banco de piedra conocido como el Trono del Rey. Pero lo más interesante de la cima son las impresionantes vistas de los alrededores, con Pidurangala Rock; el Water Garden; una escultura blanca de Buda emergiendo de la selva; y las montañas de fondo. Hacía un viento tremendo y las nubes proyectaban molestas sombras, pero aún así pude hacer buenas fotos. Yo me tiré un rato paseando y cuando me aburrí inicié el descenso.
A esa hora había mucha gente y la primera parte de la bajada caminamos en procesión. Pero luego los turistas se dispersaron y visité con tranquilidad otros lugares:
6. Boulder Garden: antiguamente se construyeron diferentes elementos aprovechando las rocas dispersas por los alrededores. Como una inverosímil sala de audiencias situada sobre una; o varias cuevas utilizadas por los monjes budistas para meditar, entre las que destaca la Cobra Hood (con forma de serpiente y restos de pinturas murales en el techo).
Llegado a este punto el calor era horrible y no había bebido ni una gota de agua (como siempre llevaba mi mochila de adorno). Así que pedí permiso a los vigilantes del puesto de control para salir del recinto y volver más tarde. Y me acerqué a la cafetería, donde pedí una Samosa; una Mirinda; y dos zumos de lima deliciosos. Me costó 900R, normal teniendo en cuenta que estaba en uno de los lugares más turísticos de Sri Lanka.
7. Museo: tiene una galería con unas copias muy logradas de los frescos de Sigiriya que sí se pueden fotografiar. Además hay varias salas con objetos y paneles explicativos sobre la historia del lugar. El Museo es un buen sitio para evitar durante un momento la parte central del día, cuando el sol aprieta.
8. Water Garden: de regreso en el recinto paseé por los jardines que rodean la roca de Sigiriya. Allí vi estanques llenos de nenúfares; montones de ranas saltando al verme; grupos de macacos toque correteando; una Serpent Eagle buscando comida entre la hierba; y un mirador con buenas vistas. Me lo pasé genial. Y completamente solo porque los turistas van al grano y se centran exclusivamente en la roca. Tras los jardines decidí caminar hasta un rincón perfecto para pasar el resto de la tarde.

ATARDECER EN KAYANWALA
Mi idea era conocer el Lago Kayanwala. En teoría se encuentra a 3km de Sigiriya pero acabé caminando más del doble porque no supe encontrar la pista que tomé por la mañana. En el primer intento me fui en la dirección opuesta, atravesando un tramo de bosque con bastantes macacos toque. De regreso me iba comiendo un polo (30R) y al ver que uno se me abalanzaba le tiré el envoltorio y el palo y salí a la carrera. En el segundo intento di un gran rodeo siguiendo el perímetro del foso que protege Sigiriya, que está lleno de agua, con nenúfares y algún que otro cocodrilo (según dicen). Y después por la carretera hasta el desvío al lago.
Para el tramo final me compré una botella de agua grande (80R). Y paseé tranquilamente junto a viviendas tradicionales; lugareños sentados en sus portales; grupos de niños jugando; campos de cultivo; y árboles fotogénicos. Toda la gente me saludaba con una sonrisa; y no había ni rastro de otros turistas. Este es el ambiente que me gusta.
El Lago Kayanwala es un lugar idílico, con sus aguas cubiertas de plantas; una orilla rodeada de árboles frondosos; y un pequeño hotel donde me hubiera encantado pasar la noche. Dediqué algo más de hora y media a recorrer una pista de tierra que bordea el lago. De camino vi varios Kingfishers; una enorme Serpent Eagle que salió volando a escasos metros de mí; una pareja de imponentes Calamones (en inglés Swamphen) de plumaje azul oscuro y pico y patas de color rojo; Milanos sobrevolando la zona; grupos de ruidosos Loros; y pequeños pájaros revoloteando. También me encontré a algún vecino pegándose un bañito que me miraba con cara de sorpresa.
Además tras un rato avanzando apareció Sigiriya Rock, que quedaba genial en las fotos, con su imagen reflejada en las aguas del lago. Yo intenté bordear el lago por completo, pero era más grande de lo previsto y a una hora prudencial di media vuelta. De regreso me encontré con un gracioso Langur que buscaba comida y se dejó fotografiar hasta que se cansó y se marchó al trote. Necesitaba una tarde alejado de los grupos de turistas. Así acabó mi visita a Sigiriya.
CONCLUSION
Sigiriya Rock es una de las atracciones más visitadas de Sri Lanka y eso se traduce en oleadas de turistas que pueden acabar convirtiendo la experiencia en algo bastante desagradable. Te aconsejo madrugar y acceder al recinto cuando abre sus puertas (a las 7h). Así durante un par de horas podrás disfrutarlo con muy poca gente. Medio día será suficiente para explorar Sigiriya Rock, aunque tienes la opción de completar la jornada con una puesta de sol en Pidurangala Rock o un paseo relajado por la orilla del Lago Kayanwala. Esto ya dependerá de las energías que te queden.
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