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Potosi

posted by Ganas De Mundo
Abr 24, 2020 6101 4 0
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Potosi

Una antigua ciudad colonial llena de edificios históricos, y un recorrido por unas minas activas entre misteriosos altares y oscuros pasadizos

Situada a 4.090m de altura, Potosí fue fundada por los españoles en 1545, un año después del descubrimiento de enormes depósitos de plata en el Cerro Rico. En esa época era conocida como la Villa Imperial de Carlos V y pronto se convirtió en una de las ciudades más pobladas de la Tierra, con alrededor de 200mil habitantes, suministrando un 60% de la demanda mundial de plata. Aunque la comunidad indígena fue esclavizada y muchos murieron en las minas por accidentes y enfermedades. Hoy día Potosí es una sombra de lo que fue a causa de la caída de la actividad minera y el desplome del precio de la plata. Pero su casco antiguo todavía conserva numerosas iglesias y edificios históricos que hablan de un pasado esplendoroso, como la Casa Nacional de la Moneda o el Convento de San Francisco.

La principal atracción turística de Potosí es la visita a las minas del Cerro Rico, donde todavía trabajan centenares de personas en unas condiciones muy precarias. Para ello es imprescindible contratar los servicios de una agencia local que garantice unos mínimos de seguridad.

VIAJE: LA PAZ – POTOSI

Entre ambas ciudades hay 540km de distancia y realicé el viaje en 2 etapas:

1. Taxi hasta la Terminal Internacional de La Paz: en el centro de la capital paré el primero que pasó. El conductor era muy amable pero su coche estaba destrozado. Tuvimos que hacer un alto en un área de servicio para llenar el depósito y poner agua en el motor; y al final llegué a la Terminal con el tiempo justo.

2. Autobús a Potosí: como se trataba de un trayecto largo decidí viajar por la noche para aprovechar el tiempo y ahorrarme el hotel. Compré el billete con unos días de antelación en la agencia de viajes Chacana Travel (la misma donde contraté el tour de Tiahuanaco). Precio: 129B. En la Terminal confirmé el billete en la taquilla de la compañía Trans Copacabana; facturé mi mochila grande (como si fuera a subir a un avión); me compré un zumo de naranja de 2 litros (no había más pequeños); y caminé hasta el andén.

El autobús era un vehículo moderno. Yo viajé en una fila de asientos individuales que se podían reclinar hasta una posición casi horizontal. Pero los bolivianos son bajitos y no tenía espacio para estirar las piernas, así que iba algo incómodo. Antes de arrancar subió un lugareño a cobrarnos la tasa de acceso a la Terminal (2,5B) y nos pusimos en marcha. De entrada avanzamos muy lentos porque el conductor hizo dos largas paradas en las inmediaciones de La Paz para que subieran más pasajeros. Pero después aceleró el ritmo y en todo el trayecto solo se detuvo 15 minutos. La calefacción creaba una temperatura agradable y dormí bastante escuchando música mientras atravesaba el altiplano en medio de la noche.

Al día siguiente me desperté con un buen susto: el autobús se encontraba parado y varios pasajeros habían desaparecido. ¡Estábamos en Potosí! Y eso que solo eran las 6.30h (en la agencia me habían dicho que llegaría a las 8h). Menos mal que reaccioné a tiempo porque el autobús hubiera continuado su trayecto. Una vez en el exterior recuperé mi mochila grande y me refugié en la Terminal porque hacía un frío tremendo. Allí me senté en una sala de espera y me dediqué a leer un rato. A las 8h salí de nuevo y me subí a un taxi que me llevó al hotel donde había previsto alojarme (10B).

ALOJAMIENTO: HOSTAL CARLOS V IMPERIAL – 160B/Noche

*Puntos a favor: habitación espaciosa situada en un edificio histórico; buena limpieza; ubicación céntrica; tranquilidad total por la noche (las habitaciones están dispuestas alrededor de un patio interior y no había apenas huéspedes); terraza con unas vistas geniales de la ciudad; wifi rápido; desayuno incluido.

*Puntos en contra: camas individuales; baño compartido; precio.

Este hotel estaba recomendado por mi guía de viajes y aparecí sin reserva previa. Al principio pensé que me tocaría buscar otro lugar porque llamé a la puerta varias veces y nadie me abría. Pero finalmente asomó el dueño, un abuelete malencarado que me dio a elegir entre un montón de habitaciones. Yo opté por la más económica y mi intento de regateo fue cortado de raíz. Aunque durante mi estancia en el hotel tuve la oportunidad de hablar en varias ocasiones con el hombre y me pareció muy amable (quizás era demasiado temprano).

EXPLORANDO POTOSI

Una vez instalado en mi habitación subí a la terraza del hotel para contemplar una magnífica panorámica de Potosí, con sus cúpulas, campanarios y tejados; y el imponente Cerro Rico en la distancia. Después salí a la calle para conocer la ciudad. Mi visita coincidió en domingo y encima era el Día de la Madre. Así que las calles estaban llenas de gente que llevaba a casa pasteles (tortas) adornados con flores, globos y mensajes de cariño. Por suerte los lugares que quería conocer estaban abiertos, aunque con un horario reducido. Esto fue lo más destacado:

1. Casa Nacional de la Moneda: se trata de un gigantesco edificio construido en 1773 que sustituyó al original (ahora alberga la Casa de Justicia). Aquí llegaba toda la plata que se obtenía del Cerro Rico y se convertía en monedas para enviar a España, llamadas Potosí y marcadas con una P. Según los expertos, el Potosí se convirtió en la primera moneda global, aceptada en cualquier lugar del mundo. La entrada me costó 40B + 20B por el permiso para hacer fotos (me colgaron del cuello una acreditación como si fuera un periodista). La visita es guiada y tuve que esperar unos minutos en un patio hasta que se formó un pequeño grupo. Allí nos recibió un lugareño que nos enseñó el edificio aportando explicaciones en español.

Me gustó mucho la arquitectura, con diferentes patios (uno de ellos decorado con una máscara que representa al dios Baco conocida popularmente como el Mascarón); balcones de madera; columnas; y una fuente. Durante el recorrido visitamos salas con enormes máquinas utilizadas para laminar la plata, troquelar las monedas y estamparlas. Un proceso manual en el que perdieron la vida miles y miles de indígenas y mulas, hasta que en el siglo XIX llegaron las primeras máquinas de vapor. Además vimos una exposición de pintura sacra donde destaca “La Virgen del Cerro” (todas las vírgenes tienen forma triangular, como el Cerro Rico). También contiene minerales curiosos; monedas antiguas; y objetos de plata. En total pasé hora y media muy entretenido.

El guía era realmente gracioso (de manera involuntaria) y añadía entonaciones de emoción o sorpresa sin venir a cuento. Cuando acabé la visita compré en un puesto callejero unos hojaldres bañados en miel (4 por 1B); y me senté en un banco a descansar un rato.

2. Torre de la Compañía de Jesús: es lo único que queda del lujoso monasterio de la orden de los Jesuitas, construido en 1707. Tiene una elaborada fachada con columnas y relieves; y un mirador al que se puede subir por un estrecho pasadizo (10B). Desde aquí las vistas del casco antiguo de Potosí son épicas, con muchos de sus principales edificios históricos. La Torre alberga la Oficina de Turismo, gestionada por una simpática empleada que por error tenía puesto el cartel de Cerrado.

3. Plaza 10 de Noviembre: es el centro neurálgico de la ciudad, lleno de lugareños a cualquier hora, con jardines y bancos para sentarse. En un extremo se levanta el Cabildo (ayuntamiento), pintado de color mostaza. Y en otro la Catedral, reconstruida a principios del siglo XIX tras derrumbarse el templo original. Mientras caminaba por allí apareció una procesión de niños vestidos de blanco con dos imágenes de la Virgen. Iban acompañados de una banda de música y los más pequeños lucían disfraces de ángeles, con alas y coronas. La escena era realmente fotogénica, y mi cámara echaba humo.

4. Calle Quijarro: flanqueada por docenas de viviendas antiguas con portales cubiertos de relieves y balcones de madera tallada pintados de color verde. Me encantó la Esquina de las Cuatro Portadas, una plaza con floristerías y tiendas de regalos.

5. Portón Mestizo: se trata de una elaborada portada con columnas retorcidas y relieves. Pertenecía a la mansión del marqués de Otavi y ahora es la sede del Banco Nacional.

6. Iglesia de San Lorenzo de Carangas: es del siglo XVIII y cuenta con una espectacular fachada de estilo barroco-mestizo, con relieves de flores y figuras humanas, incluidas dos mujeres en topless (¡?). La puerta estaba cerrada así que no pude acceder al interior del templo.

COMIDA: LA SALTEÑA

Después de un buen rato paseando me moría de hambre, pero al ser festivo muchos restaurantes estaban cerrados y me tuve que conformar con este sencillo local. Yo ocupé una mesa del comedor rodeado de lugareños; y me comí dos salteñas de pollo (no había otra cosa) acompañadas de una cerveza Huari. A continuación regresé a mi habitación a descansar un par de horas porque el viaje nocturno en autobús comenzaba a pasar factura.

MAS LUGARES DE INTERES

De nuevo en las calles de Potosí, seguí visitando atracciones turísticas:

7. Convento de San Francisco: fue fundado en el año 1547 y pertenecía a la orden de los Franciscanos. Es el más antiguo de Bolivia aunque el edificio actual data de 1726. Se puede realizar una visita guiada. Tras pagar el billete (20B) esperé un rato hasta que se formó un grupo; nos recibió una chica; y comenzamos el recorrido.

Para empezar vimos el Claustro del convento, con numerosas pinturas de la vida de San Francisco de Asís. Después la Iglesia, en cuyo altar hay una talla de Cristo a la que se atribuyen poderes sobrenaturales (su pelo crece) y solo sale en procesión cada 50 años. A continuación la Cripta, con montones de huesos y calaveras pertenecientes a los frailes. Y finalmente subimos al tejado del edificio, rodeados de cúpulas, para disfrutar de una magnífica panorámica del casco antiguo de Potosí y el Cerro Rico.

8. Pasaje de Siete Vueltas: aquí hay muchas viviendas tradicionales.

9. Arco de Cobija: una puerta que durante la época colonial marcaba el límite entre los barrios español e indígena de Potosí. Aquí se organizaban caravanas de llamas para transportar los cargamentos de plata rumbo al puerto marítimo de Magdalena de Cobija, en la costa del Pacífico (de ahí el nombre del arco).

Tras la última visita ya comenzaba a oscurecer, así que decidí poner punto y final al recorrido. En Potosí hay muchos otros edificios históricos (sobretodo iglesias), pero tampoco hay que obsesionarse con verlo todo. En general me gustó la ciudad, aunque podría estar más cuidada. Durante mis paseos vi paredes cubiertas de feos grafitis; enormes semáforos y postes eléctricos que dificultan la fotografía; y un tráfico agobiante. Además, al igual que en La Paz, abundan los perros callejeros.

De regreso al hotel pasé por un local de comida para llevar y compré un cuarto de Pollo al Spiedo (asado) con una bolsa de patatas fritas artesanas (20B), que cené en mi habitación. De postre cayó una copa de helado de Oreo, chocolate y menta de una heladería cercana. Acabé a reventar. Después estuve un rato leyendo y me quedé dormido.

LAS MINAS DE POTOSI

Al día siguiente me desperté como nuevo tras una noche de sueño impecable. Solo tuve que salir un momento para llamar la atención al vigilante de la recepción, que estaba viendo la televisión a todo volumen. Pero a partir de aquí reinó la calma. Una vez en pie preparé las mochilas y bajé a desayunar al patio. El menú consistió en dos trozos de pan duro con mermelada; una pequeña copa de yogur con plátano; y un té de canela. La verdad es que me pareció algo escaso. Después desalojé la habitación y dejé mis mochilas en la recepción del hotel porque para la siguiente excursión solo necesitaba la cámara de fotos.

Mi plan era visitar las famosas Minas de Potosí. Cuenta la leyenda que en 1544 un inca en busca de una llama perdida decidió pasar la noche al pie del Cerro Rico. Y al encender un fuego descubrió que el terreno se derretía convirtiéndose en un líquido brillante: era plata. Un año más tarde los españoles ya se habían establecido en la zona y comenzaron la explotación de las minas. Nadie se podía imaginar que aquella montaña generaría en poco tiempo miles de toneladas de plata que llenaron las arcas de la Casa de Austria, hasta el punto de que para referirse a algo muy valioso se utilizaba la expresión «vale un Potosí».

Aunque el preciado mineral trajo la desgracia a los pobres indígenas de la zona, que fueron forzados a trabajar durante jornadas interminables y murieron de todas las formas posibles: de silicosis o accidentes en las minas; envenenados con el mercurio utilizado durante el proceso de fundición de la plata; o de agotamiento mientras operaban las máquinas de la Casa Nacional de la Moneda. Al final la mano de obra local escaseaba y los españoles empezaron a importar esclavos de África. No hay datos exactos pero se calcula que alrededor de 8 millones de personas perdieron la vida en Potosí en menos de 300 años, hasta que Bolivia obtuvo la independencia en 1825.

PREPARATIVOS

Para visitar las minas es obligatorio apuntarse a un tour organizado por una agencia local. Yo investigué bastante en Internet y al final me decidí por Koala Tours. Sus oficinas están frente a la Casa Nacional de la Moneda y el día anterior realicé una reserva pagando el importe íntegro de la excursión (130B). La agencia está gestionada por una de las cooperativas de mineros (así reciben el dinero sin intermediarios); y tiene valoraciones excelentes de otros viajeros (algo fundamental porque las condiciones en las minas son muy precarias).

Quedamos en las oficinas de Koala Tours a las 8.45h y una mujer nos condujo hasta un minibús donde poco a poco aparecieron 10 turistas más (todos extranjeros) y nos pusimos en marcha. El vehículo nos dejó en una vivienda de la parte alta de Potosí. Allí me dieron mi equipo de minero: pantalones, chaqueta, botas de goma y casco con una linterna frontal. Dejé parte de mi ropa en una taquilla. Después formaron dos grupos: uno para turistas de habla inglesa (casi todos); y otro en español (Jose, un holandés y yo). Nuestro guía se llamaba Oscar y llevaba un montón de años trabajando en las minas.

A continuación el minibús nos llevó al Mercado de los Mineros, donde hay un montón de tiendas que venden los diferentes productos que necesitan los trabajadores para sus tareas diarias (son autónomos y tienen que costearse su propio material). Había de todo: ropa, cuerda, linternas, herramientas, hojas de coca, tabaco, explosivos… En teoría debíamos comprarles algún regalo. Oscar me recomendó una botella de zumo de 2 litros. A parte adquirí una mascarilla de tela para protegerme del polvo.

De nuevo en el minibús subimos hasta un punto situado a media altura del Cerro Rico donde opera la cooperativa de mineros de Koala Tours. Desde allí contemplé una magnífica panorámica de Potosí, aunque con un sol de cara que me impidió conseguir buenas fotos.

EN EL INTERIOR DE LAS MINAS

Cuando planeé la excursión a las Minas de Potosí evité el fin de semana porque sabía que muchos mineros no trabajan y es menos espectacular, con lo cual elegí un lunes. Pero el fin de semana previo había sido el Día de la Madre y los mineros lo celebraron bebiendo sin parar. Así que al día siguiente los que no estaban durmiendo de resaca participaban en un torneo de fútbol entre las diferentes cooperativas, y en las minas solo había un puñado de mineros activos. Por lo menos el encargado de las oficinas de Koala Tours me avisó antes de pagar la excursión. Yo la habría aplazado pero no tenía más días disponibles.

La zona de la cooperativa es un lugar caótico, con almacenes medio en ruinas, vagonetas, algún vehículo y basura por todas partes. Oscar nos explicó que el viernes los mineros habían realizado una ofrenda a la Pachamama sacrificando docenas de llamas. La pared de la entrada a la mina estaba cubierta de sangre; y en los alrededores vimos restos de brasas con montones de huesos y latas de cerveza.

Una vez en el interior de la mina caminé por un túnel que pronto comenzó a estrecharse y me obligó a avanzar agachado. Nos cruzamos con algún minero empujando vagonetas de galena (el mineral que ahora se extrae del Cerro Rico); y un grupo que operaba una polea para mover cubos de material entre los diferentes niveles. Casi todos los mineros mascaban hojas de coca, que les proporciona energía para trabajar durante jornadas interminables y les quita el hambre. La verdad es que me hubiera encantado visitar la mina a pleno rendimiento…

Durante el tour también vimos dos altares. Uno está dedicado a Tata Kaj’chu, el dios de los mineros, al que piden protección para no sufrir accidentes. A su alrededor había latas de cerveza, botellas de alcohol, cintas de colores y globos. El segundo altar es el del Tío (o Supay), una figura de barro con cuernos que representa al Diablo. Los mineros creen que los túneles del Cerro Rico se adentran cerca de sus dominios y por lo tanto le dejan ofrendas, como alcohol, cintas de colores, y hasta cigarrillos encendidos en la boca. El aspecto de los altares es realmente siniestro.

Quizás para compensar la falta de actividad de la mina, Oscar nos propuso un recorrido por la zona donde trabajaba su tío Miguel para mostrarnos las duras condiciones laborales. Nosotros aceptamos al momento sin imaginar la experiencia que estábamos a punto de vivir. Para empezar seguimos el “camino nuevo”, que en un punto nos obligó a sortear un pozo con decenas de metros de profundidad haciendo equilibrios sobre unos palos de madera (¡con botas de goma!) y agarrándonos a las rocas.

Pero es que el “camino viejo” era un infierno. En un par de ocasiones tuve que arrastrarme por unos estrechos pasadizos que me llevaron al límite (no aptos para claustrofóbicos). Y acabé subiendo a gran altura por una precaria escalera de madera sin ningún tipo de protección. Yo iba con el corazón a mil, sudando a mares y respirando con dificultad. Porque a parte de las condiciones del camino el aire estaba lleno de polvo y gases, y la altitud era considerable (más de 4.200m). Y pensar que el tío Miguel realizó durante años esa misma ruta con un saco de 40kg de mineral a la espalda… Vaya tela…

Más tarde nos esperaba una última sorpresa. Oscar nos preguntó si queríamos hacer explotar un cartucho de dinamita. Así veríamos qué se siente allí abajo; y a él le venía bien porque ya tendría el terreno preparado para trabajar al día siguiente. Aquí ya hubo más dudas, aunque acabamos aceptando. El holandés se ofreció voluntario para encender la mecha. En teoría hay un minuto de margen hasta que explota pero yo no me la hubiera jugado. Jose y yo nos quedamos a una distancia prudencial; al poco aparecieron Oscar y el holandés corriendo; y tras unos segundos de tensión se produjo una fuerte explosión que hizo temblar todo. Más tarde me enteré que las agencias locales tienen prohibido hacer explotar dinamita con grupos de turistas por el peligro que conlleva (los túneles de la mina son muy inestables).

De vuelta en el exterior respiré aliviado. Tras unos minutos haciendo fotos subimos al minibús y regresamos a la vivienda de Potosí. Allí devolvimos el equipo y nos llevaron al centro de la ciudad. En total la excursión duró 5 horas y acabé realmente satisfecho.

COMIDA: A TODO QUESO

Al llegar ocupé una mesa del piso superior rodeada de lugareños. Y pedí un menú del día, compuesto por una ensalada de tomate, pepino y zanahoria; sopa de verduras; Majadito (arroz con huevo frito y plátano); y compota de manzana. Para beber cayó una Coke. Me atendió un camarero muy simpático y todo me costó solo 18B (poco más de 2€). De esta forma acabó mi visita a la ciudad de Potosí y me preparé para continuar mi recorrido por el Altiplano de Bolivia.

CONCLUSION

Potosí es una ciudad colonial que merece la pena incluir en cualquier recorrido por Bolivia. Si viajas por carretera entre La Paz y el Salar de Uyuni, constituye una buena parada que hará más llevadero el trayecto. Dos días completos serán suficientes para conocer los principales lugares de interés de Potosí. El primero para visitar sus edificios históricos; y el segundo para apuntarte a un tour en las míticas minas del Cerro Rico. Yo acabé muy satisfecho con los servicios de Koala Tours, así que recomiendo esta agencia local. Tras explorar Potosí lo más lógico es viajar hasta Sucre, otra ciudad colonial que se encuentra a poco más de 150km de distancia. Aunque yo no tenía tiempo y no puedo opinar.

 

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