En la capital más lujosa de Sri Lanka, caminando entre templos, palacios y estatuas de una calidad artística insuperable
En el año 1017 tropas de la poderosa Dinastía Chola procedentes del sur de la India invadieron Sri Lanka y saquearon Anuradhapura, la capital histórica del reino. A continuación trasladaron el centro administrativo a Polonnaruwa, una ciudad situada cerca de la frontera del Reino de Ruhuna, que todavía plantaba cara. Hasta que en el 1070 Vijayabahu I, monarca de Ruhuna, consiguió expulsar a los Chola y se proclamó soberano de toda Sri Lanka. La edad de oro de Polonnaruwa tuvo lugar durante el reinado de su nieto Parakramabahu I, que llenó sus avenidas de lujosos templos y palacios. Su muerte marcó el declive de la ciudad. Y el golpe de gracia se produjo en 1214, cuando fue atacada por otra horda de Tamiles liderados por el temible Kalinga Magha. Al final la capital se reubicó a Kurunegala en 1293 y Polonnaruwa quedó deshabitada.
Poco a poco la selva engulló los antiguos edificios y Polonnaruwa se convirtió en un lugar mítico perdido en el tiempo. Hoy día se calcula que el 80% de las ruinas permanecen ocultas y están incluidas en el Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Yo visité el recinto arqueológico desde Habarana, una población con un bonito lago que permite descubrir escenas de la Sri Lanka más rural.
VIAJE: SIGIRIYA – HABARANA
Un desplazamiento muy sencillo pero que en mi caso lo fue todavía más. Aproveché mi Morning Safari en el Minneriya National Park para desalojar mi habitación de Sigiriya y meter mis mochilas en el 4×4, y cuando acabé el tour el conductor me dejó en la puerta del alojamiento de Habarana donde había previsto pasar la noche.

ALOJAMIENTO: EAGLE’S WINGS – 30 Usd/Noche
*Puntos a favor: cabaña rústica elevada sobre pilones de cemento; cama doble; baño privado con ducha perfecta; encargada realmente amable.
*Puntos en contra: colchón muy incómodo; invasión de insectos por la noche; ubicación alejada del pueblo pero a escasos metros de la carretera principal, por lo que el ruido de vehículos era constante; wifi no llega a las cabañas; precio (encima sin desayuno incluido).
Este era el último alojamiento que reservé a través de Booking y un claro ejemplo de los inconvenientes de planificar las cosas con antelación. No había nada que hacer en Habarana y me tuve que quedar las dos noches reservadas porque estaba fuera del plazo de cancelación gratuita. Y cuando escribí al propietario para al menos intentar anular la segunda noche alegando motivos personales me encontré con un NO rotundo. A ver, no estaba obligado pero hubiera sido un detalle.
Nada más instalarme desayuné en una terraza cubierta cerca de mi cabaña porque me moría de hambre. El menú consistió en tostadas con mermelada; una tortilla francesa con salchichas; fruta; y te. Precio: 600R. Cuando acabé di un paseo por el recinto del alojamiento y me estiré en la cama a descansar porque el sol pegaba con fuerza. Pero entre un corte eléctrico que inutilizó el ventilador y convirtió la cabaña en un horno; y un coche que se tiró un buen rato a pocos metros con el motor en marcha, apenas pude dormir.
ATARDECER EN EL LAGO HABARANA
A las 15h me vestí y salí a explorar los alrededores. La encargada del hotel me aconsejó visitar las ruinas de Ritigala, un antiguo monasterio ubicado a 16km de distancia. Pero no me apetecía y en su lugar opté por acercarme al Lago Habarana en busca de una experiencia similar a la que viví en el Lago Kayanwala de Sigiriya. Así que un chaval del hotel me acompañó unos metros hasta el desvío; y desde allí caminé solo por una pista de tierra preguntando a la gente cada vez que dudaba.
Ya en el lago comprobé que está algo más civilizado que el de Kayanwala, pero aun así me mantuvo entretenido durante un par de horas recorriendo su perímetro. Vi bastantes lugareños navegando en embarcaciones tradicionales; bañándose en la orilla con sus familias; y pescando. Todo el mundo me saludaba con una sonrisa y no tuve ningún problema para hacer fotos.
En un punto del lago había un recinto con tres elefantes utilizados para dar paseos a los turistas. Dos de ellos trabajaban (los vi llegar con clientes). Y el tercero estaba encadenado a un árbol con unas heridas horribles en las patas y el cuello provocadas por el roce de las cadenas. Ver a aquel pobre animal allí inmovilizado con cara de tristeza me partió el corazón. Ojalá la gente se conciencie y deje de contratar este tipo de servicios, porque son los turistas y su demanda los que dan pie a estas situaciones. Para ver elefantes ya está Minneriya. No hace falta montarse a lomos de uno para pasarlo mejor.
Como estaba sediento paré a tomarme una Coke en un bar local. La señora me quería cobrar 100R pero lo dejamos en 70R. En los alrededores había unos curiosos lagartos con la cabeza y el lomo cubierto de espinas. Se trata de Common Garden Lizards y son de color marrón verdoso, aunque los lugareños, en su inglés precario, los llaman «camaleones«. Tienen una velocidad tremenda. Uno saltó desde una rama a varios metros de altura y desapareció corriendo.
Junto al lago hay tres hoteles de lujo. Para continuar mi ruta circular tuve que atravesar los jardines de dos de ellos: el Habarana Village y el Cinnamon Lodge, ambos con bungalows a partir de 150 Usd/noche. Nadie me puso pegas y estuve charlando con varios vigilantes en un inglés rudimentario. Por allí me encontré con un grupo de Langures Grises y les estuve haciendo fotos hasta que uno de ellos se cansó, pegó un salto desde su árbol, y corrió hacia mí con no muy buenas intenciones. Menos mal que estuve rápido y lo dejé atrás. Y yo que me reía de la turista que gritaba en el Royal Garden de Kandy…
También vi bastantes aves. Un par de Serpent Eagles entre las copas de los árboles (a una la ahuyentaron dos cuervos); Milanos sobrevolando el lago (en concreto se llaman Brahminy Kites, una imagen muy habitual en Sri Lanka); una Garza Blanca; un grupo de Cormoranes de espectacular plumaje descansando sobre una rama; y pequeños pájaros de colores imposibles de fotografiar porque no paraban quietos.

Mi idea era rodear el lago, pero varios lugareños me dijeron que era imposible continuar a partir del Cinnamon Lodge porque solo había selva. Además esa zona era peligrosa durante el atardecer debido a la presencia de elefantes salvajes que acuden a comer. De hecho todo el mundo desaconseja caminar de noche por los alrededores de Habarana y en los campos de cultivo hay torres de vigilancia para evitar que destrocen las cosechas. Así que deshice parte del camino y tomé una carretera secundaria que me llevó hasta el centro del pueblo.
CENA: C&C CHILL RESTAURANT
En Habarana no hay muchas opciones por lo que tras recorrer la avenida principal entré en este pequeño local de fast food. Yo pedí un Chicken Burger acompañado de patatas fritas y una minúscula ensalada; un zumo de lima con menta que estaba delicioso; y un batido de plátano elaborado con helado de vainilla (apenas sabía a plátano). Y yo que pensaba que el camarero de Kandy se había vuelto loco cuando me dijo que en Sri Lanka los preparan así… El aire acondicionado del local me sentó genial, aunque la clientela era 100% occidental y sonaba música pop de los años 80-90. Precio: 900R.
Tras cenar compré una botella de agua grande (80R) y me subí a un tuk-tuk para regresar a mi hotel, situado a 3km del centro (100R). Allí charlé un rato con la señora encargada; y me fui a la cabaña, donde me estaba esperando una sorpresa: centenares de insectos de todas las formas y tamaños. La cama estaba llena y no había manera de deshacerse de ellos. Y la mosquitera era de un tamaño ridículo y apenas ofrecía protección. Fue un agobio, y eso que he dormido en todo tipo de lugares. Al final tuve que matar a un montón de bichos y acabé durmiendo entre alas, patas y restos varios. ¡Pagando 30 Usd! Con diferencia el peor alojamiento de mi viaje por Sri Lanka. No podía ni escribir porque la luz de la pantalla atraía más insectos. En fin…
VIAJE HABARANA – POLONNARUWA
Al día siguiente me desperté a buena hora, preparé la mochila pequeña, y con el estómago vacío me planté junto a la carretera. Allí esperé un rato hasta que vi un autobús que pasaba por Polonnaruwa. Iba lleno de gente pero el conductor me dejó subir (80R) y al principio viajé en la entrada con medio cuerpo fuera. Después se bajaron algunos pasajeros y encontré un rincón donde seguí de pie hasta el final, con frenazos bruscos y sacudidas constantes, y el vehículo a toda velocidad. El trayecto duró 45 minutos. Menos mal que le recordé al ayudante del conductor donde iba porque se había olvidado de mí y ya nos pasábamos de largo.

Estaba en el casco antiguo de Polonnaruwa y antes de continuar entré en un local a desayunar. Yo me senté en una mesa del comedor y pedí dos bollos azucarados; un café con leche; y una botella de agua para llevar (210R). Mientras comía contactó conmigo un conductor de tuk tuk (un abuelete con unas uñas de varios centímetros de longitud). Y como me cayó bien le pedí que me llevara a las ruinas de Polonnaruwa (50R).
LAS RUINAS DE POLONNARUWA
El recinto de la antigua capital Cingalesa ocupa un área enorme. Los principales monumentos se encuentran en una zona llamada Archeological Reserve y solo desde la entrada hasta la salida hay 5km en línea recta. Por este motivo todo el mundo (guías de viaje, lugareños) insiste en que alquiles una bicicleta, o mejor aún un tuk tuk. Yo opté por caminar porque me gusta, estoy en forma, y así pude concentrarme en el paisaje, aunque reconozco que acabé cansado. Además durante buena parte del día lució un sol radiante y hacía un calor horrible. Esto ya dependerá de los gustos de cada uno. El precio de alquilar una bicicleta es ridículo.
En la entrada de Polonnaruwa me encontré con 2 inconvenientes (como en Sigiriya):
*La taquilla está muy alejada (no entiendo el motivo). Suerte que por 10R más el tuk tuk esperó a que comprara el billete y me dejó en la entrada ahorrándome la caminata.
*El billete de acceso cuesta 25 Usd (por supuesto solo para extranjeros).
La visita a Polonnaruwa no consiste únicamente en ver piedras antiguas. La Reserva Arqueológica está cubierta por un espeso bosque lleno de vida que ayuda a desconectar un poco entre los diferentes monumentos. Durante mi recorrido vi una gran variedad de fauna, con Langures Grises; Macacos Toque; Ardillas; un Águila; un enorme Lagarto Monitor; un Ciervo Moteado macho que tras observarme se perdió entre los arbustos; Common Garden Lizards; unos pájaros de pico y patas amarillas llamados Common Myna que no paraban de cantar, incluida una pareja en su nido… Además en el bosque descubrí varios ficus estranguladores rodeando a sus víctimas.
Junto a los principales monumentos hay puestos que venden bebidas frías, helados y snacks. Yo durante la jornada me compré 2 polos de hielo; un zumo de naranja natural; una botella de agua; una Fanta; y un zumo de Mango. Pero es que no paré a comer y tenía que recuperar energías de alguna forma. Por cierto, no te olvides de regatear. En Polonnaruwa los precios están inflados y en cada compra me ahorré entre 20 y 50R por producto sin muchos esfuerzos. Solo hay que pedirlo.

El recinto abre a las 7.30h y mi idea era llegar cuanto antes para evitar las hordas de turistas, como en Sigiriya o Dambulla. Pero durante la visita comprobé que Polonnaruwa es distinto. Al ser un recinto tan grande solo me encontré algo masificado el primer lugar de interés. Después la gente se dispersó y en el último tramo del recorrido estuve prácticamente solo. Y eso que era domingo y había más grupos de lugareños que cualquier otro día de la semana.
La Archeological Reserve no es un recinto cerrado pero hay puestos de vigilancia con agentes que de forma regular solicitan el billete de acceso (sobretodo a los turistas extranjeros), así que no veo muy viable la opción de colarse. Polonnaruwa se compone de infinidad de ruinas y si no eres un apasionado de la arqueología te recomiendo seleccionar y visitar lo más importante (o lo que más te interese). Es preferible dedicarle el tiempo necesario a pocas cosas que intentar abarcarlo todo y acabar deambulando como un zombie. Estas fueron mis visitas más destacadas:
1. Palacio de Parakramabahu I: aquí residía el monarca responsable de la época dorada de Polonnaruwa. En el pasado era un espectacular edificio de 7 plantas pero ahora solo quedan unas paredes de 3 pisos bastante peladas. Me gustó más la Sala de Audiencias, con sus muros llenos de relieves donde aparecen filas de elefantes, leones y enanos; y una bonita entrada con esculturas.

2. Cuadrángulo Sagrado: si solo tienes un par de horas para visitar Polonnaruwa ven directo a este lugar. Contiene construcciones imprescindibles como el Vatadage, un templo circular que custodiaba el Diente Sagrado de Buda, con estatuas y relieves; los templos Hatadage y Atadage; el Thuparama Gedige, único edificio que conserva su techo; o el Satmahal Prasada, una sorprendente pirámide cuya utilidad se desconoce. Yo me tiré un buen rato descubriendo detalles interesantes en cada rincón.
3. Rankoth Dagoba: con sus 33m de altura es la más grande de Polonnaruwa. Fue construida a imagen y semejanza de las de Anuradhapura. Las Dagobas (o estupas) son montículos de arena cubiertos por una capa de ladrillo y otra de yeso donde generalmente se enterraba algún tipo de reliquia sagrada.
4. Monasterio Alahana Pirivena: aquí destaca el Lankatilaka, un templo que alberga una estatua de Buda; y la Kiri Dagoba, pintada de color blanco (Kiri significa «leche»). Llegué durante la parte central del día, cuando más apretaba el sol, y no había nadie.
5. Gil Vihara: una enorme roca de granito donde hay talladas 4 esculturas de Buda en diferentes posturas. Son de una calidad asombrosa y mi llegada coincidió con un grupo de lugareños que quedaban genial en las fotos.
6. Tivanka Image House: un templo alejado y poco visitado que destaca por sus muros interiores cubiertos de frescos que representan escenas de la vida de Buda. Aunque están demasiado oscuros y difuminados, y encima no es posible hacer fotos. Por suerte el exterior del edificio justificó la caminata, cubierto de estatuas y relieves.
En total dediqué 8,5 horas a explorar Polonnaruwa, pero porque me lo tomé con muchísima calma, examinando cada lugar; leyéndome los paneles explicativos y la información de mis guías de viaje; y buscando la foto perfecta.
REGRESO A HABARANA
Desde la Tivanka Image House me tocaba recorrer 3km de pista hasta la salida de la Archeological Reserve. Y lo malo no era el cansancio sino que hacía rato que se escuchaban truenos y el cielo se estaba llenando de oscuros nubarrones. Pero la suerte me sonrió: pregunté a un policía por el camino correcto y al cabo de unos segundos pasó con su moto y me invitó a subirme (con un simple «help?»), ahorrándome el esfuerzo. Y sin esperar nada a cambio.
Para volver a Habarana mi plan era viajar en tuk tuk hasta la Terminal de Autobuses de Polonnaruwa. Aunque los vigilantes del recinto me recomendaron ir hasta la carretera principal y una vez allí parar cualquier autobús en dirección oeste. Yo seguí sus instrucciones y caminé mientras caía la tarde saludando a los lugareños, que no se esperaban ver en esa zona a un turista occidental.

En la carretera no tardé en encontrar un autobús que me llevó hasta Habarana por el mismo precio que a la ida (80R). Aunque esta vez viajé sentado y junto a la ventana. Así disfruté del paisaje, con templos budistas y pequeños altares donde los lugareños depositan ofrendas.
La gran sorpresa se produjo cuando pasamos cerca del Lago Giritale y pude ver un grupo de 15 elefantes comiendo tranquilamente con las aguas del lago de fondo. Y aquello no era ninguna reserva protegida. Más tarde la carretera bordeó el perímetro del Minneriya National Park. Había carteles que recomendaban conducir despacio para evitar choques con elefantes pero el conductor del autobús los ignoró y continuó avanzando a toda velocidad. Antes de llegar a Habarana controlé mi ubicación y me bajé en el cruce principal del pueblo.
CENA: C&C CHILL RESTAURANT
En Habarana no me compliqué la vida y regresé al restaurante de la noche anterior. Yo pedí una Chicken Burguer con patatas fritas y ensalada; un zumo de lima con menta; y un batido de mango (de nuevo con helado de vainilla). Precio: 900R. Estaba muerto de hambre y la cena me dejó como nuevo. A continuación compré una botella de agua y busqué un tuk tuk para regresar a mi hotel. Un conductor se ofreció a llevarme pero me pedía 300R, así que me tocó regatear a fondo y acabé pagando 100R.

Al poco de llegar a mi cabaña se escucharon truenos y acabó cayendo una tormenta, aunque menos violenta de lo que me esperaba. Como dejé la mosquitera puesta durante el día mi cama estaba más o menos libre de insectos. Pero a escasos metros había una vivienda privada y la pareja propietaria estuvo discutiendo hasta altas horas de la noche con gritos, golpes, llantos… Todo un show… Además pasaban continuamente ruidosos camiones. Con este panorama me quedé dormido escuchando música a todo volumen. Y yo que pensaba que iba a disfrutar de dos noches de relax total en Habarana…
CONCLUSION
Las ruinas de Polonnaruwa son las mejores de Sri Lanka, tanto por su nivel artístico como por su magnífico estado de conservación. Además en ellas podrás encontrar una gran variedad de construcciones, con templos, palacios, dagobas y estatuas. Es un recinto arqueológico que merece mucho la pena. Un día completo será suficiente para descubrir los lugares más importantes, pudiendo pasar la noche en Polonnaruwa o Sigiriya. En Habarana no hay nada que hacer a parte de su lago, pero si por casualidad te alojas aquí evita a toda costa el Eagle’s Wings.
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Comentarios
2 ComentariosRamon
Ago 3, 2022escelente blog ,muy interesante , muchas gracias por todos los datos aportados
Ganas De Mundo
Ago 6, 2022Muchas gracias por el comentario. Un abrazo y espero que disfrutes tu próximo viaje