Dentro de una de las ciudades más sagradas del Islam, rodeado de miles de peregrinos llegados de infinidad de países
En el pasado Medina recibía el nombre de Yathrib y se trata de una de las 3 ciudades santas del Islam junto a la Meca y Jerusalén. Su historia está íntimamente ligada a la de Mahoma. Aquí llegó el profeta en el año 622 huyendo de sus enemigos en la Meca tras realizar un recorrido conocido como la Hijra (Hégira en español), que se utilizó como inicio del calendario islámico. Cuando murió 10 años más tarde, Medina fue la primera capital del pujante Califato Musulmán. En el año 656 Ali decidió trasladar la corte a Kufa (Irak), aunque la ciudad continuó creciendo y mantuvo su estatus de centro religioso de primer orden. Actualmente Medina es la capital de la provincia del mismo nombre y cada año recibe a millones de peregrinos procedentes de todos los rincones del mundo.
Según la ley islámica el acceso a Medina está prohibido a los no musulmanes. Yo no había pensado visitar la ciudad pero al final me animaron los relatos de un par de viajeras occidentales. En Medina destacan Masjid Nabawi (la Mezquita del Profeta), que contiene la tumba de Mahoma; la Mezquita Quba; y el Museo Dar Al Madinah. Además Medina está rodeada de campos de lava con espectaculares volcanes como Jebel Bayda.
VIAJE: JEDDAH – MEDINA
Este trayecto comenzó con una desagradable sorpresa. Tras desalojar mi hotel de Jeddah caminé hasta la calle donde tenía aparcado el coche y descubrí que un golpe había dañado una de las ruedas traseras (la llanta estaba abollada y el neumático deshinchado). Por lo visto un vehículo chocó contra ella y se dio a la fuga, pero un lugareño consiguió tomar la matrícula y me dejó una nota en el parabrisas (todo un detalle). Como no sabía qué hacer pedí ayuda en un hotel cercano y el encargado de la recepción llamó a la Policía.

A continuación dediqué varias horas a realizar gestiones. Puse una denuncia en la Comisaría de Policía, situada a escasos metros; obtuve un justificante sellado para poder realizar la reparación; y visité dos agencias de Budget para informar del percance. En la segunda agencia se limitaron a cambiarme la rueda dañada utilizando la de repuesto y me puse en marcha a las 14h pasadas con la sensación de haber perdido el tiempo. Porque ni me iba a quedar en Jeddah para hacer un seguimiento de la denuncia; ni mi seguro del coche cubría los daños a pesar del justificante.
Nota: posteriormente solventé el problema por mi cuenta comprando una llanta en un desguace (100R); y pagando 15R en una gasolinera para que le pusieran el neumático deshinchado, que no había sufrido daños. El lateral del vehículo también tenía una rozadura pero cuando lo devolví no me dijeron nada. Así que el incidente me salió más barato de lo previsto.
Entre Jeddah y Medina hay 410km de distancia y según Google Maps tardaría unas 4 horas. Me costó salir de Jeddah y avancé poco a poco por una avenida rodeado de un tráfico horrible. Al ver una gasolinera me detuve a llenar el depósito (46R); y compré galletas y un zumo para solventar la comida (3R). Después seguí a buen ritmo por una autopista de 3 carriles por sentido. La velocidad permitida era de 140km/h pero no me fiaba de mi rueda de repuesto y no pasé de 120km/h. Al principio el paisaje era bastante monótono. Más adelante atravesé un inmenso campo de lava con rocas de color negro, conos volcánicos y grupos de camellos.

Llegué a Medina tras la puesta de sol, aunque acceder al centro fue una auténtica odisea. Las carreteras de circunvalación crean un laberinto indescifrable y encima el GPS se volvía loco, así que me salté varias veces los desvíos correctos y estuve un buen rato dando vueltas lleno de impotencia. La situación era delicada porque en teoría los no musulmanes tienen prohibida la entrada al centro de Medina. Y allí estaba yo completamente perdido pasando junto a coches de Policía que controlaban el tráfico.
Eso sin contar el riesgo de chocar con algún bordillo elevado (como me ocurrió en Al Bahah); o con otro vehículo (no paraban de pitar y adelantarme a toda velocidad); o con un peatón (mi llegada coincidió con la llamada a la oración y las calles se llenaron de gente que invadía la calzada). En un par de ocasiones grité desesperado tras equivocarme por enésima vez. Incluso aparecí por error dentro del gigantesco parking subterráneo que hay bajo la Mezquita del Profeta. Por suerte al final me pude orientar.
La zona del hotel elegido para pasar la noche era de pago, con parquímetros y un empleado examinando los tickets en los parabrisas de los vehículos. Yo dejé el mío allí unos minutos y regresé tras hacer el check in. Menos mal que no me encontré ninguna multa porque hubiera sido la guinda a un día nefasto.
ALOJAMIENTO: MAWADAA AL TAQWA HOTEL – 128R/Noche
*Puntos a favor: habitación en un séptimo piso con vistas geniales; baño privado con ducha de agua caliente; limpieza extrema; ubicación espectacular, a escasos metros de la Mezquita del Profeta; tranquilidad total por la noche; encargado de la recepción realmente amable; parking gratuito; nevera.
*Puntos en contra: camas individuales muy estrechas y cortas (me sobresalían los pies y tampoco soy tan alto); mobiliario destartalado; sin wifi.
En Medina hay una amplia oferta de alojamiento a precios económicos, aunque yo decidí pegarme un homenaje y reservé 2 noches en el Mawadaa Al Taqwa a través de Booking para estar lo más cerca posible de la Mezquita del Profeta. Pedí una habitación con buenas vistas y la verdad es que acabé satisfecho. Eso sí, los cristales de las ventanas necesitaban un poco más de limpieza y no conseguí las mejores fotos.
Una vez instalado esperé un rato a que acabara la oración de las 20h y salí en busca de algo para cenar. No me compliqué la vida y compré en un local cercano un par de shawarmas para llevar y dos latas de Mirinda. Los shawarmas eran de tamaño normalito y todo me costó 22R (el centro de Medina es caro).

Las calles eran un hervidero de gente con caras y ropajes exóticos, pero estaba agotado y regresé a mi hotel. Ya tendría oportunidad de explorar la ciudad con calma. La anécdota se produjo cuando coincidí en el ascensor con un saudí y me empezó a hablar en árabe. Me quería morir porque no saber árabe implica que no eres musulmán y mi objetivo era pasar desapercibido. No tuve más remedio que contestar en inglés con la boca pequeña y una sonrisa temblorosa. Afortunadamente no le importó. Él también hablaba inglés y me explicó que había estado de vacaciones en Barcelona.
LA MEZQUITA DEL PROFETA
Al día siguiente me desperté tras una noche de sueño impecable. Y eso que con tantos peregrinos me esperaba un hotel muy ruidoso. A continuación desayuné galletas y un yogur; preparé mi mochila pequeña; y salí a conocer Medina. Para empezar me dirigí a Masjid Nabawi, la Mezquita del Profeta. Inicialmente se trataba de un pequeño templo de adobe y troncos de palmera que Mahoma construyó junto a su casa. Pero con el paso del tiempo experimentó diferentes ampliaciones hasta convertirse en la tercera mezquita más grande del mundo tras Mashad (Irán) y la Meca, un edificio gigantesco con capacidad para un millón de fieles.
Masjid Nabawi se encuentra rodeada por una enorme plaza llamada Haram y se accede por diferentes puertas. La entrada a los no musulmanes está prohibida pero no había vigilancia y decidí colarme. Tanta facilidad me sorprendió. Para visitar los recintos de los festivales de Hail y Al Ula me cachearon a conciencia y registraron todas mis pertenencias. En cambio en la Mezquita del Profeta entro sin problema con una mochila a la espalda. Y el día anterior crucé el parking subterráneo con un coche que no pasó ningún tipo de control. En fin…
La atmósfera del Haram era mágica, con centenares de personas que formaban un auténtico mosaico de razas y culturas. Había hombres afeitados y otros con espesas barbas (algunas teñidas de naranja); con turbantes y gorros de mil formas diferentes; morenos o de piel clara y rasgos orientales; mujeres envueltas en abaya y niqab, y otras con el rostro descubierto, luciendo pantalones anchos y telas de vivos colores; algunas llevaban la boca tapada con mascarillas, o lucían pendientes en la nariz, o iban descalzas… Una locura. Mi cámara de fotos echaba humo.
Masjid Nabawi tiene forma rectangular y destacan dos elementos arquitectónicos. Por un lado sus 10 minaretes de 104 metros de altura añadidos en diferentes épocas. Y por otro el Green Dome, una cúpula de color verde bajo la cual descansan los restos de Mahoma y dos de sus compañeros, que se convirtieron en los primeros califas del Imperio Musulmán.
Entrar en la mezquita ya me pareció excesivo y me limité a contemplarla desde el exterior. Más tarde me explicaron que las tumbas están protegidas por un muro que impide verlas. Según la tradición hay una cuarta tumba vacía que ocupará Jesús cuando regrese a la Tierra. Desde el año 2010 el Haram cuenta con 250 paraguas retráctiles de grandes dimensiones que se despliegan durante la oración para proteger a los fieles del sol o la lluvia. También tiene varias farolas que iluminan la plaza cuando cae la noche.
Tras un buen rato haciendo fotos abandoné el Haram por la misma puerta con la sensación de haber vivido una experiencia única. En los alrededores de Masjid Nabawi se levantan las mezquitas Masjid Ghamamah y Masjid Abu Bakr Siddeeq; y hay una plaza con bancos para sentarse a descansar donde revolotean grupos de palomas. Antes de seguir mi ruta entré en un local de comidas y compré 2 shawarmas pequeños y una Mirinda (13R). Hubiera preferido algo más elaborado pero no encontré ningún restaurante.
EXPLORANDO MEDINA
A pesar de su rico pasado, Medina cuenta con pocos edificios antiguos. En parte por las sucesivas ampliaciones de Masjid Nabawi que han devorado el casco histórico. Aunque también por la obsesión de la dinastía saudí y sus seguidores wahabíes de destruir todas las tumbas susceptibles de ser veneradas por la población (se considera contrario al Islam). De hecho la propia Tumba de Mahoma se libró de milagro. Así que el centro de Medina está formado por amplias avenidas con hoteles de grandes dimensiones y tiendas de souvenirs de dudoso gusto. Esto fue lo más destacado de mi recorrido:
1. Old Souq: situado a escasa distancia de Masjid Nabawi, se trata de un conjunto de puestos cubiertos por toldos con infinidad de productos a la venta. Hay bisutería (relojes, anillos, pulseras); telas; perfumes; gorros; bolsos; vestidos… La mayoría de clientes son peregrinos que quieren algo para conmemorar su estancia en Medina o regalar a familiares y amigos.
2. Mercado Central de Dátiles: durante mi viaje por Arabia Saudí mucha gente me dijo que los mejores dátiles del país son los de Medina. Y en este mercado hay docenas de tiendas con diferentes variedades. Yo solo aguanté unos minutos porque los vendedores eran muy pesados y me intentaban arrastrar a sus comercios.
3. Quba Fort: este imponente castillo de adobe pertenecía a los Banu Qaynuqa, una tribu judía que se enfrentó a los seguidores de Mahoma y acabó expulsada de Medina. La verja que lo rodea estaba abierta y me acerqué a contemplar el fuerte, aunque no pude acceder al interior del edificio. De camino un hombre me regaló una botella de agua.
4. Mezquita de Quba: fue el primer templo construido por Mahoma nada más llegar a Medina. Cada sábado acudía a rezar recorriendo a pie o en camello los 6km que separaban su casa de la población de Quba. Hoy día se puede recrear ese paseo siguiendo Quba Road. Durante mi visita la primera parte de la calle era peatonal, con montones de comercios; y la segunda estaba en obras. La Mezquita tiene muros de color blanco, 4 minaretes y 3 cúpulas. Eso sí, data de 1984 y del edificio original no queda absolutamente nada. Al igual que en Masjid Nabawi, yo evité entrar en el templo y deambulé por la plaza, que estaba llena de grupos de peregrinos. Muchos daban de comer a las palomas y se hacían fotos cuando levantaban el vuelo.

En los alrededores hay un pequeño mercado con puestos de souvenirs. Un chaval se acercó a hablar conmigo y me regaló un Miswak (una planta que se utiliza como cepillo de dientes). A continuación la idea era subirme a un taxi para volver al centro de Medina. Pero no pasaba ninguno y encima el desvío para evitar las obras encarecía el trayecto, así que al final caminé bajo un sol de justicia.
DESCUBIERTO POR UN AGENTE
Cuando llegué a la zona de mi hotel escuché la llamada a la oración y decidí visitar otra vez Masjid Nabawi para disfrutar del ambiente. Había un gentío tremendo desfilando hacia las puertas de entrada y me mezclé entre la multitud. En la mezquita no cabía ni un alfiler y el resto de fieles rezaban en el Haram sobre enormes alfombras con las plegarias del imán de fondo. La escena era increíble. Cuando acabó la ceremonia miles de personas invadieron la plaza. La mayoría se fue a casa pero otros se sentaban en el suelo a charlar o grabar vídeos.
Y al marcharme ocurrió lo imprevisto… Un hombre me comentó algo y se acercó con su móvil. Pensaba que quería que le hiciera una foto pero no. Estaba utilizando Google Translate y me enseñó la pantalla con un mensaje en inglés en el que me pedía el Pasaporte. Yo puse cara de no entender nada hasta que me dijo “I’m Police” y me mostró su placa. Era un agente de Policía de paisano. Vaya tela…
Aunque la verdad es que me la había jugado demasiado. Los relatos que leí de las viajeras occidentales me hicieron perder el miedo y me confié. Pero una cosa es una chica envuelta en su abaya camuflada entre el resto de mujeres; y otra un tipo en camiseta, tejanos y zapatillas deportivas con la cabeza al descubierto. Bueno, y con una cámara reflex mientras la gente utilizaba sus móviles. Lo raro fue que no me dijeran nada la primera vez que entré en Masjid Nabawi.
Reconozco que estaba nervioso pero el agente relajó bastante la situación. Me repetía “no problem, no problem”; y me comentó que solo quería el Pasaporte para comprobar mi nacionalidad. Aunque al mismo tiempo le hizo una foto y me preguntó si era musulmán. El caso es que al cabo de unos minutos se despidió educadamente y pude salir de Masjid Nabawi. Este suceso marcó el resto de mi viaje por Arabia Saudí. Durante días no paré de repasar mentalmente el encuentro con el agente intentando deducir si tendría algún tipo de consecuencia. Y busqué en Internet información sobre las posibles sanciones, pero todo eran conjeturas (falta leve, multa económica, deportación). Así que no me quedó otra que esperar y ver qué pasaba.
Semanas más tarde la crisis del coronavirus me obligó a volar de regreso a España desde el Aeropuerto de Riyadh. Cuando me acerqué al Control de Pasaportes esperaba que al agente de inmigración le saltara una alerta por el incidente de Medina pero me dejó pasar sin problema. Desconozco si el policía que me descubrió tenía razón y solo se trataba de una comprobación rutinaria; o si las circunstancias especiales de ese día jugaron a mi favor (era el único vuelo y el aeropuerto estaba vacío).

CENA: AL BAIK
Una franquicia de esta popular cadena de comida rápida situada a 20 minutos a pie de Masjid Nabawi. Yo caminé mientras oscurecía con ganas de olvidar mi encuentro con el agente. Al llegar me tocó esperar media hora sentado junto a la entrada porque acababa de cerrar sus puertas para la oración. Pero al menos cuando abrió de nuevo conseguí encargar la cena rápido sin tener que aguantar una de sus habituales colas.
Al igual que en Jeddah, encargué 4 trozos de pollo picante acompañados de patatas fritas, salsa de ajo, un bollo de pan y dos Pepsi. Precio: 18R. Pedí el menú para llevar y cené tranquilamente en mi habitación. Cuando escuché la llamada para la siguiente oración me asomé a la ventana. La panorámica de Masjid Nabawi era genial, aunque está parcialmente oculta por un moderno edificio que alberga la sede administrativa de la mezquita. Una marea de fieles caminaba hacia la puerta más cercana con la voz del imán en la distancia. Fue un momento inolvidable.
EL MUSEO DAR AL MADINAH
La jornada comenzó con mi alarma sonando a buena hora. Una vez en pie desayuné galletas y un yogur; preparé mis mochilas; desalojé la habitación; y recuperé mi coche del parking (por suerte sin golpes). Antes de abandonar Medina quería visitar Dar Al Madinah Museum, el principal museo de la ciudad. Está ubicado a 8km del centro y me costó llegar porque en los alrededores de Masjid Nabawi hay un lío de obras y calles cortadas que invalida las indicaciones de Google Maps.
Yo me esperaba un museo similar a los de Hail, Tabuk o Abha, pero tiene 3 diferencias:
*Se paga entrada: 25R.
*Es un museo de historia (no arqueológico) y ocupa una sala diáfana de grandes dimensiones. El grueso de la exposición consiste en una serie de maquetas que representan diferentes pasajes de la vida de Mahoma y de la historia de la Meca y Medina. Entre ellas, sin orden aparente, hay vestidos tradicionales, joyas, libros antiguos, muebles y utensilios varios. Los carteles informativos están en árabe.
*La visita es guiada.
El guía que hablaba inglés (Ahmed) estaba ocupado con un grupo de turistas, así que esperé tomando café árabe y dátiles. Al cabo de un rato Ahmed quedó libre y comenzamos el recorrido. Duró casi hora y media y repasamos los momentos clave de los orígenes del Islam: las hazañas de Mahoma; la evolución de las ciudades santas y sus edificios históricos; batallas importantes… No sé si esta es la duración habitual del tour o es que Ahmed me vio cara de interés, pero a mí al final me explotaba la cabeza con tantos datos.

Para acabar Ahmed me invitó a una bebida elaborada con agua de rosas y granadas (estaba rica). Después hice algunas fotos por mi cuenta y me marché. Mi plan inicial era visitar también el Monte Uhud, situado al norte de Medina. Aquí tuvo lugar un combate entre los seguidores de Mahoma y sus enemigos de la Meca, y hay un pequeño cementerio muy venerado. Pero ya se me hacía tarde y decidí continuar la ruta. En las afueras de la ciudad hice un alto en una gasolinera para llenar el depósito (41R) y comprar galletas y zumos.
VIAJE: MEDINA – HARRAT KHAYBAR
Mi próximo destino era toda una aventura. Cuando aterricé en Arabia Saudí encontré en Internet un artículo sobre una zona volcánica situada en la provincia de Medina y las fotos me volvieron loco. El autor comentaba que era imprescindible un 4×4 y utilizar los servicios de un guía local, pero yo iba solo y en un Toyota Yaris. Primero conduje 150km en dirección norte hasta la población de Thamad atravesando las montañas. La carretera es estrecha y de vez en cuando me crucé con camiones que apenas dejaban espacio, aunque se acabó convirtiendo en una autopista de 3 carriles por sentido y avancé a buen ritmo.
A partir de Thamad me esperaba una pista sin asfaltar, pero en su lugar había una carretera en perfecto estado que se adentró en el extenso campo de lava de Harrat Khaybar. De camino pasé junto a varios grupos de camellos y un pastor a lomos de uno que me dejó hacerle fotos. Tras 80km en ruta llegué a las inmediaciones del volcán Jebel Qidr. Faltaba una hora para el atardecer así que me alejé de la calzada y busqué un sitio para pasar la noche.
Después exploré los alrededores y comprobé que andar sobre lava no es sencillo porque al solidificarse crea placas muy inestables que temblaban o se resquebrajaban bajo mi peso con el riesgo de torcerme un tobillo. La vegetación era escasa, con pequeños arbustos espinosos y alguna flor; y vi numerosos pájaros revoloteando. El cielo estaba nublado y la puesta de sol no fue nada del otro mundo. Más tarde cené un plátano, galletas y zumo. El terreno era rocoso y no podía clavar las piquetas de mi tienda de campaña, con lo cual opté por estirarme en el coche. Me encontraba en una de las regiones más remotas de Arabia Saudí y el silencio era sepulcral. Yo no tardé en meterme en mi saco ignorando los potenciales peligros de mi presencia allí y me quedé dormido al momento.
SUBIDA A JEBEL BAYDA
Al día siguiente me desperté a las 6.30h tras una noche tranquila. La falta de espacio me obligó a mantener las piernas flexionadas y era incómodo pero no hizo frío. El tiempo seguía nublado y en el exterior vi pasar a pocos metros un par de camellos. A continuación desayuné galletas y zumo, y me preparé para una dura jornada.
Por la noche descubrí en el mapa una pista sin asfaltar que va directa a la zona que quería visitar de Harrat Khaybar. Era consciente de que mi vehículo no aguantaría todo el trayecto pero cada kilómetro de caminata que me ahorrara era importante. Así que retomé la carretera y al cabo de unos minutos me desvié a la derecha avanzando sobre la grava. Hubo dos puntos donde rasqué los bajos del coche pero no paré hasta llegar a un cauce seco imposible de cruzar sin un 4×4. Y me dirigí a pie hacia el volcán Jebel Qidr abandonando el coche con todas mis cosas en el maletero. A veces pongo demasiado a prueba mi buena suerte…

Después tuve que tomar una decisión:
*Seguir por la pista sin asfaltar: en esta ruta el terreno es más sencillo; no tiene pérdida; y con suerte puede que pase un vehículo y te recoja ahorrándote el esfuerzo. Aunque la pista da un amplio rodeo que alarga la distancia a recorrer hasta los 17km (solo de ida).
*Atajar atravesando el campo de lava: es complicado caminar; tienes que orientarte constantemente con el GPS; y no hay posibilidad de hacer autoestop. Pero a cambio la distancia baja a 12km.
Yo elegí la segunda opción y me interné en el campo de lava. Al principio me moví a buen ritmo, aunque más adelante me tocó sortear tramos delicados con placas de lava crujiendo bajo mis pies, rocas que se movían y profundos agujeros. Si me pasa algo allí no me encuentran en semanas. Mi única compañía eran los pájaros y pequeñas lagartijas. Tras 2,5 horas conecté de nuevo con la pista; y 1 hora después alcancé mi objetivo.
Estaba en un sector de Harrat Khaybar donde se levantan dos volcanes cubiertos de una ceniza rica en sílice de color claro. Uno es Jebel Bayda; y el otro Jebel Abyad, el más alto de Arabia Saudí, con casi 2.100m. Antes de continuar subí a un peñasco que ofrece una magnífica panorámica, con el contraste entre la lava negra procedente de Jebel Qidr y la ceniza de los volcanes blancos. Incluso es posible acercarse a la linea perfectamente definida que separa ambos colores. En el mirador vi dos camiones con motos y mountain bikes, pero no había nadie.
Mi idea era coronar Jebel Abyad, una mole de forma piramidal que requiere un cierto esfuerzo. Pero ya llevaba varias horas caminando; hacía un sol abrasador; y no tenía nada para comer y recuperar energías. Así que preferí subir a Jebel Bayda. Acto seguido rodeé la falda del volcán; encontré una vía de ascenso; y empecé a ganar altura. Tardé 45 minutos en llegar al borde del cráter atravesando un terreno pedregoso con docenas de escarabajos. Me hubiera gustado bajar al fondo, donde hay dos pequeños montículos de tierra oscura, aunque no tenía tiempo. Por cierto, me sorprendió ver en el borde del cráter marcas de 4×4 (los saudíes y su ley del mínimo esfuerzo).
Desde Jebel Bayda las vistas son geniales y con un dron es posible obtener imágenes únicas de los volcanes. Lástima que hacía viento y el aire estaba lleno de polvo en suspensión que creaba una bruma horrible para la fotografía. El descenso me costó a pesar de contar con mis bastones de montaña porque las piedras resbalaban. Pero bueno, poco a poco regresé a la base del volcán. Estaba muy contento porque había conseguido visitar por libre una zona que sobre el papel era un auténtico reto. Eso sí, el camino de vuelta al coche se preveía duro. Mis piernas notaban el desgaste y me tuve que poner la chaqueta porque el sol me quemaba los brazos y el cuello. Además al cabo de una hora me enfrenté al mismo dilema: ¿continuaba por la pista o cruzaba el campo de lava?
Entonces escuché el sonido de un 4×4 acercándose. Dentro viajaban dos saudíes encantados de que me uniera a ellos en la cabina. Aunque no hablaban nada de inglés y la comunicación fue complicada. El caso es que me llevaron al coche desviándose de su ruta; y encima me dieron un botella de agua y galletas. Qué gente tan maja… Reconozco que cuando entré en el vehículo y vi dos escopetas me puse en guardia, pero más tarde me explicaron que es habitual en las zonas rurales (por si se cruzan con algún animal interesante).

Ya en mi coche conduje hasta la carretera y desde allí me dirigí a Hail para poner punto y final a mi road trip por Arabia Saudí. Según los carteles solo faltaban 250km, pero de repente el asfalto se transformó en un camino de cabras. Un lugareño me confirmó que era imposible continuar con mi vehículo y tuve que dar media vuelta cubriendo más de 550km por una ruta alternativa hasta Hail. En serio, ¿tan difícil era poner alguna señal informando de la situación? No entendí nada…
CONCLUSION
Te estarás preguntando si puedes visitar o no Medina sin ser musulmán, y la respuesta es complicada. Oficialmente no está permitido. Es verdad que a diferencia de la Meca no hay carteles que confirmen la prohibición, ni en los accesos a la ciudad ni en las puertas de la Mezquita del Profeta. Y los hoteles del centro aceptan reservas de turistas occidentales. Pero la zona está vigilada por agentes de Policía, algunos de paisano (doy fe de ello); y durante mi recorrido por la ciudad no me crucé con ningún viajero como yo. Así que se trata de una decisión personal que no puedo respaldar porque entraña riesgos evidentes (podrías ser deportado del país o tener que pagar una multa económica). Esto ya depende de tus ganas de aventura…
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Comentarios
6 ComentariosJorge
Nov 13, 2023Excelente historia sobre tu experiencia en Medina.
En Enero voy a visitar Arabia Saudí. Creo que seguiré tus pasos 😅
Ganas De Mundo
Nov 17, 2023Gracias por el comentario! Seguro que te va a encantar Medina. Un abrazo
Montse
Nov 19, 2022Encantada de leerte. Muchas gracias!
Ganas De Mundo
Nov 28, 2022Gracias a ti por el comentario. Un abrazo!
Rosenod
Oct 5, 2022Excelente narracion
Ganas De Mundo
Oct 5, 2022Muchas gracias!