Recorrido de 2 días en moto por los alrededores de la antigua capital del opio conociendo Hill Tribes tradicionales
Ubicada en las montañas a más de 1100m de altura, Mae Salong fue fundada en el año 1962 por una facción del Kuomintang (KMT), el ejército nacionalista derrotado por las tropas comunistas de Mao Zedong durante la Guerra Civil China. Estos soldados se instalaron junto a la frontera y lanzaban ataques a la vecina provincia de Yunnan con el beneplácito del gobierno Tailandés y la CIA. Pronto se hicieron con el control del lucrativo comercio de opio para financiar sus actividades. Y la zona se convirtió en un lugar sin ley conocido como el Triángulo de Oro, aislado del resto del país por su terreno agreste y ausencia de carreteras. Esta delicada situación mantuvo a raya a los turistas durante décadas, hasta que a finales de los 80 el gobierno comenzó a poner orden.
Hoy día Mae Salong se llama oficialmente Santikhiri («colina de la paz»); el té ha sustituido a las plantaciones de opio; y la seguridad es total. El pueblo cuenta con un interesante Mercado Matinal y es una base inmejorable para visitar en moto las innumerables aldeas tradicionales de las Hill Tribes que hay esparcidas por los alrededores.
VIAJE THA TON – MAE SALONG
La jornada comenzó con mi alarma sonando a las 7h en mi lúgubre habitación del hotel Chan Kasem y en cuestión de minutos ya estaba saliendo por la puerta en busca de aire fresco y nuevas aventuras. De camino a la Terminal de Autobuses de Tha Ton crucé el puente sobre el río Kok y vi una fila de monjes budistas descalzos con togas naranjas que deambulaban por el pueblo pidiendo limosna. Cada uno sostenía un bol donde los lugareños depositaban alimentos.
En la Terminal subí al sawngthaew que se dirigía a Mae Salong y a la hora prevista nos pusimos en marcha (50B). El trayecto duró hora y media para recorrer 40km hacia el noreste por una carretera que discurre paralela a la frontera de Myanmar. Desde mi ventana contemplé un paisaje formado por una cadena de escarpadas montañas y espesos bosques de un color verde intenso. A mitad de camino tuve que cambiar de vehículo pero no perdimos demasiado tiempo. De hecho me vino bien para comprar en una tienda unas magdalenas chinas y un zumo de melón (20B).
ALOJAMIENTO: SHIN SAE GUEST HOUSE – 200B/Noche
*Puntos a favor: bungalow espacioso; cama doble muy cómoda equipada con nórdicos para combatir el frío; baño privado con ducha correcta; limpieza impecable; ubicación céntrica; balcón privado; servicio de lavandería gratuito; encargado realmente amable; precio.
*Puntos en contra: mobiliario destartalado.
Un alojamiento recomendado por mi guía de viajes. Tras la mala experiencia de la jornada anterior no tenía ganas de jugármela y elegí la mejor opción disponible de entre las que ofrece el hotel (¡había habitaciones a 50B!). Poco después ya estaba instalado en mi bungalow.

ALQUILANDO UNA MOTO
Para explorar los alrededores de Mae Salong necesitaba un vehículo propio porque el transporte público no comunica todas las aldeas de las Hill Tribes. Pero una mountain bike no me permitiría cubrir mucha distancia y el terreno montañoso destrozaría mis piernas. Y la alternativa era una moto, que no había conducido en mi vida por la calle. Llegué a Mae Salong hecho un mar de dudas, hasta que al final me enteré de que mi alojamiento tenía motos y decidí alquilar una durante 2 días.
A ver, a priori parecía una locura pero unos años antes intenté obtener el permiso para conducir motos grandes, realizando un buen número de prácticas (en circuito cerrado) y hasta presentándome una vez al examen (suspendí). De algo me acordaría. Además la moto que me dieron en la guest house era automática y muy ligera, más sencilla de manejar que la utilizada en mis prácticas. Lo gracioso fue que nadie me pidió mostrar un permiso de conducir (español o internacional) o firmar algún documento; ni me dieron casco; ni me ofrecieron algún seguro de accidentes. Vamos, igual que en Europa. Y el precio era de risa: 200B al día (¡4 euros!).
Un empleado del alojamiento me explicó brevemente los mandos básicos de la moto (arranque, acelerador/freno, depósito de gasolina); subí; y me puse en marcha con el corazón a mil por hora. Los inicios no fueron muy prometedores y me costaba mantener el equilibrio. La anécdota se produjo cuando me giré para decirle al empleado que todo iba bien y le vi mirándome con una cara mezcla de sorpresa ante mi torpe conducción y dudas sobre si era prudente dejarme marchar con su moto (aun estaba a tiempo de detenerme). Más tarde lo recordaba y me partía de risa.
Reconozco que me costó adaptarme a la conducción de la moto. Y encima al poco tuve que encarar una serie de fuertes pendientes y curvas pronunciadas. Era una situación delicada porque en las subidas corría el riesgo de abrirme demasiado en las curvas y encontrarme con otro vehículo de cara; y en las bajadas los frenos echaban humo mientras intentaba evitar una excesiva velocidad. Vaya tela… Por suerte continué sin incidentes y al cabo de un par de horas ya me movía con soltura.
DESCUBRIENDO LAS HILL TRIBES
Para empezar decidí seguir una ruta que copié de un libro en mi alojamiento de Chiang Dao. De camino visité dos aldeas de la etnia Akha con casas tradicionales sobre pilones de madera con techos de paja; chiles secándose al sol; hombres cortando ramas de bambú; y mujeres tendiendo la ropa. En una de las aldeas me encontré a una abuela encantadora con la cara totalmente arrugada y la ropa típica de los Akha: gorro decorado con monedas; collares; delantal de tela; y calentadores de vivos colores. Me dejó hacerle una foto sin problema mientras estaba a punto de encender un cigarro artesanal.
Aunque la mejor foto la conseguí junto al mercado de Mae Salong, al poco de iniciar la ruta. Allí vi un grupo de ancianas Akha vestidas con su ropa tradicional de gala: gorros con bolas a los lados, collares, vestidos negros con bordados, calentadores… Una de ellas tenía las encías de color oscuro por mascar Maak, una mezcla estimulante de nuez de areca, hoja de betel y tabaco muy extendida en el sur de Asia. Sin bajar de mi moto pedí permiso para hacerles una foto y aceptaron de forma desinteresada.
Lástima que no pude seguir toda la ruta prevista porque no había indicaciones. Y el escaso inglés de los lugareños hacía imposible preguntar. Así que acabé conduciendo por una carretera durante 28km hasta llegar a Ban Thoet Thai, una moderna población famosa durante los años 70 y 80 por ser el cuartel general de Khun Sa, el señor del opio. Solo paré un momento para comprar unas Yunnan Sausages (10B). Mientras regresaba a Mae Salong intenté abandonar la carretera y tomar algún desvío en busca de más aldeas, pero no encontré ninguna.
Además iba con mi chaqueta de manga larga pensando que sería más que suficiente y pasé un frío tremendo. Tenía la cara y las manos congeladas, y algunos tramos de carretera estaban envueltos en la niebla. Aunque teniendo en cuenta la altitud de Mae Salong ya me podría haber imaginado el clima. Eso sí, me encantaron los magníficos paisajes de la zona, con montañas, profundos valles, espesos bosques, y plantaciones de té cubriendo las laderas.
Ya en Mae Salong me tomé un descanso para comer en un restaurante chino. Ocupé una mesa del local y tras examinar el menú pedí Pork Fried Rice y una Coke. El plato no tardó en llegar, con una ración rica y abundante. Precio: 55B. Después paseé un rato entre los puestos del Tea Market, con grupos de coloridas lugareñas (principalmente de la etnia Akha) que venden artesanía y alimentos exóticos. Me gustaron las tazas decoradas con elaborados dibujos que representan escenas de la mitología china. También hay tiendas con infinidad de variedades de té y todo tipo de hierbas chinas. En este mercado vi muchas furgonetas con grupos de turistas asiáticos, pero no me sentí agobiado.
MAS ALDEAS TRADICIONALES
En mi alojamiento me dieron un mapa con la ubicación de muchas aldeas habitadas por las Hill Tribes. Así que llené el depósito de mi moto (80B), eligiendo entre gasolina de 91 y 95 octanos; y tomé la carretera de Tha Ton. Lo bueno es que ya tenía experiencia y conducía sin tantos problemas. Menos mal porque la ruta me obligó a tomar un desvío y continuar por un sendero sin asfaltar con zonas de grava que puso a prueba mis habilidades. En una ocasión casi me caigo (lo evité derrapando y ayudándome con el pie como si fuera un profesional). La sensación de aventura era total.
Primero llegué a una especie de campamento militar con banderas y escudos. No sé si pertenecía al ejército regular o a algún tipo de cuerpo especial para prevenir el contrabando con Myanmar. Reconozco que me puse algo nervioso porque estaba solo y se me pasaron por la cabeza teorías loquísimas (¿era la base de una guerrilla que operaba en la zona?). Pero me recibió un tipo de rostro serio con un uniforme que parecía de boy scout (sombrero cómico y pañuelo anudado al cuello) y hablamos unos minutos (como pudimos porque su inglés era pésimo). Yo le hice una foto y seguí mi camino sin incidentes.

Más tarde me encontré con un grupo de críos que jugaban deslizándose por una pendiente sentados en un trozo de plástico. Se lo estaban pasando genial y me quedé un momento haciéndoles fotos y enseñándoselas. Eran muy graciosos. A continuación visité dos aldeas tradicionales:
1. Aldea China: tiene un cartel en la entrada escrito con caracteres chinos. Durante mi paseo vi ancianos con gorros de lana; mujeres cocinando en pequeñas fogatas frente a sus casas; y sencillas viviendas escondidas entre la vegetación.
2. Aldea Lahu: un conjunto de precarias casas con techos de paja. Allí descubrí cerdos y gallinas por todas partes; un hombre fumando con un curioso sistema (ponía el cigarro en un fino bambú, conectado a otro más ancho por el que aspiraba el humo); y un grupo de lugareños trabajando en el asfaltado de un tramo de pista. La gente no se sentía muy cómoda frente a mi cámara pero pidiendo permiso con educación conseguí algunas fotos.
El regreso a Mae Salong fue épico mientras empezaba a caer la noche. Recorrí pistas de tierra; crucé zonas con una espesa niebla que me mojaba y dificultaba la visibilidad (me costaba mantenerme en mi carril); y pasé un frío terrible. Estaba congelado, pero al mismo tiempo muy feliz por todo lo vivido.
Una vez en mi hotel aparqué la moto y caminé hasta el restaurante chino donde comí para rematar la jornada con una buena cena. Por segunda vez en mi viaje decidí probar una especialidad local, pero al igual que me pasó el día anterior con las gambas fracasé estrepitosamente. Pedí pollo negro al vapor con hierbas chinas. Un plato de nombre sugerente que en realidad consistió en un bol con una sopa de verduras (incluido ginseng) donde había un puñado de huesos y piel de color negro (la carne no estaba). Mi cara era de decepción total. En fin, para acompañar me sirvieron arroz blanco y una jarra de agua. Precio: 200B. Estaba claro que no podía salirme de mi fried rice…
En la calle se había producido un corte eléctrico y tuve que caminar un kilómetro siguiendo la carretera en la oscuridad más absoluta. Era una situación peligrosa y cuando pasaba algún vehículo aprovechaba sus luces para avanzar unos metros a paso ligero. Ya en mi bungalow, como no hubo luz hasta bien entrada la madrugada, estuve un rato escuchando música y me metí en la cama tapado con mis nórdicos, rodeado de un silencio sepulcral.
DESAYUNO EN EL MERCADO MATINAL
Al día siguiente me desperté con mi alarma sonando a las 5.30h. El motivo del madrugón era visitar el Mercado Matinal, que tiene lugar a escasa distancia de mi alojamiento a primera hora. Pero todavía era de noche y hacía un frío importante, así que decidí quedarme en la cama hasta las 6.30h. Ya en pie me vestí y comprobé que el mercado consiste en una serie de puestos de madera y un recinto cubierto donde se venden frutas y verduras. A nivel turístico no tiene mucho interés: no vi lugareños con ropa tradicional; ni productos que me llamaran la atención; ni había buena luz para la fotografía.

En cambio disfruté de un delicioso desayuno en uno de los puestos, donde me compré 3 donuts chinos (llamados pàa thawng koh) y un vaso de leche de soja caliente por solo 10B. Yo me senté en un pequeño banco de madera rodeado de vecinos que caminaban en todas direcciones con sus bolsas. Me encantó la experiencia, saboreando comida típica como un lugareño más. De regreso en mi habitación todavía era muy temprano para salir en moto y me dediqué a leer y escribir hasta las 9h.
SEGUNDO DIA VISITANDO ALDEAS
La verdad es que me dio mucha pereza salir de la habitación y subirme a la moto. Seguía haciendo frío y tenía el cuerpo agarrotado, pero al final me obligué a ponerme en marcha. Por suerte pude orientarme bien con el mapa de mi alojamiento, recorriendo pistas sin asfaltar que me llevaron a diferentes aldeas tradicionales:
1. Aldea Akha: se encuentra escondida en medio de la selva, envuelta en la niebla, con sus casas tradicionales sobre pilones y tejados rematados con aspas de madera. Apenas me crucé con gente, porque quien no había salido a trabajar se encontraba en el interior de su vivienda protegiéndose del frío, que todavía apretaba. Aun así vi a una mujer con su hijo a la espalda que lucía el gorro típico; búfalos de enormes cuernos; y una perra amamantando a sus cachorros.
2. Aldea Lahu: está ubicada al final de una empinada pendiente que me puso en aprietos. Tampoco había mucha gente, pero me entretuve viendo las casas típicas con paredes de bambú y techo de paja. Más adelante hay otra aldea Lahu presidida por una sencilla iglesia. Cuando llegué estaba llena de vecinos, principalmente madres con pañuelos de cuadros en la cabeza y grupos de niños jugando cerca de la entrada (era domingo). Todo el mundo era muy amable conmigo y no me sentí como un intruso. Quizás en parte porque utilicé mi cámara de fotos con discreción y desde la distancia.
Después seguí la pista que conduce a Ban Klang atravesando la selva. Y regresé a Mae Salong por la carretera, parando a contemplar las plantaciones de té que se extienden por los alrededores del pueblo. A continuación hice un alto en una moderna cafetería situada en las afueras y pedí un delicioso Café Mocha (65B). Allí ocupé una mesa del comedor y me pude relajar disfrutando de una atmósfera tranquila… hasta que apareció un ruidoso grupo de turistas asiáticos que invadió el local y me largué a toda prisa.
MAS ALDEAS TRADICIONALES
Tras el café recorrí la zona de Mae Salong en busca de nuevos lugares de interés:
3. Aldea China: me gustaron las casas tradicionales, con puertas flanqueadas por caracteres chinos; y unos simpáticos niños que correteaban por allí.
4. Cima del Doi Mae Salong: es el pico más alto de Mae Salong, con 1.200 metros. El frío era horrible y no paraba de temblar, pero la panorámica compensó el mal rato (eso sí, envuelta en la niebla). En la cima también hay un templo moderno de escaso interés turístico. Tras bajar de la montaña me dirigí a la zona que exploré la tarde anterior porque me habían quedado un par de aldeas pendientes.
5. Aldea Akha: tiene una ubicación espectacular, rodeada de selva. Durante mi paseo vi más ejemplos de casas tradicionales; gallinas y cachorros de perro campando a sus anchas; y un simpático crío con el gorro típico.
6. Aldea Lisu: mi llegada fue caótica. Nada más verme, un grupo de chicas se abalanzó sobre mí gritando sin parar “¡Lisu, Lisu!” mientras me enseñaban artesanía local. Yo me las intenté quitar de encima de forma educada, pero no había manera y me seguían a todas partes. Esto es lo que temía encontrar en las aldeas tradicionales del norte de Tailandia. Me sentía ridículo… Entonces una de las jóvenes (con una larguísima melena negra y un niño a la espalda) me hizo seguirla y me llevó a un mirador que ofrece unas magníficas vistas de las plantaciones de té. El resto de chicas desapareció y ya solo tenía que negociar con una, así que decidí zanjar el tema rápido: le compré un par de pulseras de aspecto moderno (10B); y le di 5B extra por hacerle alguna foto.

El resto de la visita a la aldea fue muy tranquila. Aquí las casas tradicionales eran distintas: más grandes; no estaban elevadas sobre pilones; y sus paredes utilizan tablones de madera o bambú, con tejados de paja. Además había bastantes lugareños dedicados a sus tareas diarias, con mujeres tejiendo y bordando; o esparciendo cacahuetes sobre una tela para secarse al sol; y familias charlando alrededor de una fogata. Al final fue uno de los pueblos que más disfruté. Incluso el tiempo acompañó, con un sol agradable.
De vuelta en Mae Salong mi idea era explorar dos aldeas Akha. Pero tras varios intentos sin encontrar el camino correcto ya eran las 16h y decidí volver a la cafetería de la mañana para tomarme otro Café Mocha que me sentó genial (65B). Se respiraba una calma total y pude relajarme con las vistas de montañas y plantaciones de té justo antes de la puesta de sol. Fue un gran momento…
Más tarde regresé a mi alojamiento y devolví la moto. Me había proporcionado dos jornadas inolvidables con una sensación de libertad única, atravesando la selva, encarando peligrosas pendientes, y deteniéndome a hacer fotos donde me daba la gana. No tardaría en alquilar otra. A continuación me senté a leer en la terraza cubierta del hotel mientras saboreaba un par de tazas de té cortesía de la casa.
CENA: SALEMA RESTAURANT
Un restaurante chino similar al del día anterior. Como soy cabezón insistí en probar otra especialidad local en vez de ir a lo seguro a pesar de los fiascos recientes. Pedí Fried Chicken acompañado de verduras, setas y arroz (un plato típico de Yunnan) y té. Y por suerte esta vez triunfé porque estaba muy rico. Menos mal… Además el camarero que me atendió era muy amable. Precio: 95B. En mi bungalow me dediqué a leer y escribir. Y no tardé en estirarme en la cama con ganas de una noche de descanso más que merecida.
CONCLUSION
Mae Salong es una población diferente al resto de Tailandia, donde las viviendas y lugareños de rasgos chinos provocan la sensación de estar paseando por un rincón de la provincia de Yunnan. Me parece un lugar perfecto para pasar un par de días descubriendo por libre las aldeas tradicionales donde viven las Hill Tribes. Solo necesitarás alquilar una moto y hacerte con un mapa de la zona. Además al mismo tiempo evitarás el calor agobiante que sufren algunas zonas del norte del país en determinadas épocas del año. No estuve en otros alojamientos pero la Shin Sae Guest House me parece una opción ideal para pasar la noche.
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