Pueblos fronterizos en el lejano norte del país y una noche infernal rodeado de karaokes a pleno rendimiento
Chiang Saen está ubicada a orillas del río Mekong, pegada a la frontera de Laos, y se trata de una de las poblaciones más antiguas de Tailandia. Sus orígenes se remontan al siglo IX, cuando se llamaba Ngoenyang y era la capital de un misterioso reino que prosperó gracias a las rutas comerciales entre Tailandia y Yunnan. En el año 1325 Saen Phu, monarca del Reino de Lanna, fundó una nueva ciudad fortificada que recibió el nombre de Chiang Saen en su honor. Entre los siglos XVI y XVIII la zona cayó en manos del Reino de Birmania hasta que en 1804 el rey Rama I la reconquistó y redujo la ciudad a escombros para evitar una nueva captura. Durante décadas Chiang Saen permaneció abandonada, pero en el año 1880 el rey Rama V ordenó su reconstrucción.
Entre los principales lugares de interés de Chiang Saen destacan sus templos históricos. Yo visité los de Wat Pha Khao Pan y Wat Chedi Luang, con magníficas estupas de la época Lanna. Además si viajas desde Mae Salong te recomiendo hacer un alto en Mae Sai, la población más septentrional de Tailandia, con unas vistas geniales del río Ruak y la frontera de Myanmar.
VIAJE MAE SALONG – MAE SAI
La jornada comenzó a primera hora con un desayuno en el Mercado Matinal de Mae Salong. Yo pedí 3 donuts chinos y un vaso de leche de soja caliente y acabé a reventar (15B). De regreso en mi bungalow de la Shin Sae Guest House preparé mis mochilas y me despedí de los amables empleados.

Entre Mae Salong y Mae Sai solo hay 50km de distancia, pero para llegar tardé 2,5 horas y necesité 3 sawngthaew:
1. Primero hasta Ban Basang: el encargado de la recepción me aconsejó esperar junto a la carretera pero yo preferí caminar hasta la Terminal y asegurarme un sitio (50B). Hubo momentos de tensión cuando al poco de arrancar el vehículo se desvió de la carretera. Pensé que me había equivocado y empecé a preguntar nervioso al conductor y los pasajeros. Pero al poco retomó la ruta principal y continuamos hasta Ban Basang sin nuevas sorpresas.
2. Segundo a Ban Huay Khrai: el vehículo me dejó en un cruce de las afueras de Ban Basang. Allí me subí a un sawngthaew que se dirigía a Ban Huay Khrai, otra población ubicada al norte (20B). De camino atravesamos un paisaje de escaso interés y me dediqué a sestear.
3. Tercero hasta Mae Sai: el sawngthaew estaba nuevo (30B). Viajé con unas graciosas chicas que jugaban con sus móviles y el trayecto finalizó en el centro del pueblo.
BREVE VISITA A MAE SAI
Mae Sai tiene el honor de ser la población más septentrional de Tailandia, situada junto a la frontera de Myanmar. Las relaciones entre ambos países tienen altibajos. En el año 2001 se produjo un enfrentamiento armado entre tropas birmanas y tailandesas, y los bombardeos obligaron a evacuar a sus habitantes. Pero ahora parece que las cosas están más calmadas.

Nada más llegar a Mae Sai me dirigí a la Mae Sai Guest House, un alojamiento recomendado por mi guía de viajes donde decidí almorzar. Yo ocupé una mesa de la terraza con vistas al río Ruak y pedí un delicioso pancake con mermelada y trozos de plátano; un chocolate caliente; y un zumo de naranja. Justo lo que necesitaba. Precio: 100B.
Aunque el motivo de mi presencia allí era doble. Tras pagar le dije al encargado que quería regresar a comer más tarde después de visitar Mae Sai; y le pedí que me guardara la mochila grande. Así caminaba ligero y no llamaba la atención. Pero el tipo me contestó que la guest house iba a estar cerrada durante el día porque no tenían huéspedes. La respuesta no me extrañó. Durante el almuerzo me di cuenta de la atmósfera triste y desangelada del alojamiento, a pesar de que ofrece unos bonitos bungalows ubicados cerca de la orilla del río. El caso es que me tocó recorrer el pueblo cargado con mis mochilas…
Mae Sai es un asentamiento moderno con escasas atracciones turísticas. Hay quien aprovecha la cercanía de la frontera de Myanmar para visitar el pueblo de Tachileik, donde puedes comprar artesanía local, probar algún plato típico birmano y añadir un sello más a tu pasaporte. Pero no es algo que me motive y me centré en el territorio tailandés.
Primero recorrí la polvorienta calle principal, flanqueada por una serie de puestos que venden artesanía (objetos lacados procedentes de Birmania, jade, piedras de colores). Mi paso firme desalentó a los propietarios y me dejaron tranquilo. No muy lejos hay un mercado cubierto con baratijas, objetos de plástico y aparatos electrónicos. También me hice la foto de rigor junto al cartel que indica el punto más septentrional de Tailandia. Me llamó la atención ver numerosos vehículos 4×4 de gama alta circulando por el centro, aunque esto es habitual en los territorios fronterizos donde las oportunidades comerciales se multiplican.
A continuación decidí visitar el Wat Phra That Doi Wao, situado sobre una colina, al final de un montón de escaleras. Como iba cargado contraté los servicios de una moto-taxi que me dejó junto a la entrada del templo en un momento (10B). Es moderno pero las vistas de los alrededores son espectaculares, con el río Ruak; la población de Tachileik al otro lado; y las montañas extendiéndose hasta el horizonte salpicadas de estupas doradas. Yo me quedé allí un rato disfrutando del paisaje y haciendo fotos.
VIAJE MAE SAI – CHIANG SAEN
Más tarde bajé las escaleras, recorrí la calle principal de Mae Sai, y continué con la maratón de transporte público para llegar al destino final del día, situado a 37km de distancia:
1. Sawngthaew hasta la Terminal de Autobuses: ubicada en las afueras del pueblo (10B).
2. Autobús a Mae Chan: me gustó el paisaje, con campos de cultivo de color amarillo y lugareños trabajando (30B). Pero un pasajero entrado en carnes se sentó a mi lado ocupando más espacio de la cuenta y viajé realmente incómodo. En fin…
3. Autobús hasta Chiang Saen: en este tramo del viaje me enfadaron varias cosas. Primero, que estábamos realizando una ruta mucho más larga en vez de bordear la frontera de Myanmar (por lo visto la carretera era mejor). Segundo, un revisor impresentable que me pidió con malas formas más dinero de la cuenta por el billete (27B). Y por último el calor sofocante a pesar de quedarme en manga corta.

4. Tuk Tuk: para recorrer 2km hasta mi hotel. La anécdota se produjo cuando el vehículo se averió a medio camino y tuve que cambiar a otro. Cuando llegué me encontraba agotado. Y suerte que apenas tuve que esperar, si no…
Nota: este día me obsesioné con utilizar el transporte público. Teniendo en cuenta los precios económicos de Tailandia y las distancias moderadas debería haber contratado un taxi privado para aprovechar el tiempo.
ALOJAMIENTO: GIN’S GUEST HOUSE – 400B/Noche
*Puntos a favor: habitación enorme con una zona de sofás para sentarme a leer; cama doble muy cómoda; baño privado equipado con bañera; mobiliario rústico; jardín con árboles que extendían sus raíces por todas partes; la encargada era una graciosa cría que se encargó de enseñarme las diferentes opciones.
*Puntos en contra: ducha con agua errática (o no salía o estaba helada); ubicación en las afueras del pueblo, junto a la carretera principal; lugar muy ruidoso por la noche.
Tras un día duro escogí un hotel alejado del centro en busca de tranquilidad. Y me quedé con la habitación más cara para disfrutar de una mayor comodidad. Todo apuntaba a que lo había conseguido, pero en ese momento no sabía lo que me esperaba… Una vez instalado saqué fuerzas de donde no tenía y me dirigí a conocer el centro de Chiang Saen.
UN PASEO POR CHIANG SAEN
Primero visité los edificios más importantes para hacerme una idea del esplendoroso pasado de esta población:
1. Wat Pha Khao Pan: destaca su magnífico chedi de estilo lanna. La base está decorada con esculturas de Buda en diferentes posturas.
2. Wat Chedi Luan: tiene un gigantesco chedi de 18m de altura y forma octogonal.
3. Parque Histórico: la entrada cuesta 20B y contiene las ruinas de Wat Pa Sak, además de varios chedis aislados.
Durante el recorrido me compré un donut relleno de mermelada en un pequeño mercado (5B); y un zumo de naranja en un 7 Eleven. Después caminé hasta la orilla del mítico Río Mekong y acabé la jornada disfrutando de las vistas. El río es enorme y vi pasar barcazas exóticas, algunas de ellas con caracteres chinos, procedentes de lugares remotos. Cómo me hubiera gustado subir a una de ellas y zarpar hacia lo desconocido…
La orilla opuesta del río es territorio de Laos y se accede mediante un servicio de ferry que conecta Chiang Saen con el pueblecito de Ton Pheung. Aunque este puesto fronterizo es de uso exclusivo para tailandeses y laosianos. En la distancia había espesos bosques y camiones extrayendo arena, mientras las luces del atardecer creaban una atmósfera mágica. Al día siguiente tendría oportunidad de explorar a fondo un tramo del río Mekong.

CENA AL ESTILO LOCAL
En un punto del paseo marítimo que discurre junto a la orilla del río se monta tras la puesta de sol un mercado nocturno con numerosos puestos de comida. Allí los lugareños compran su plato favorito y se sientan a cenar en unas esterillas dispuestas por el suelo. Cuando llegué era temprano y el mercado estaba desierto. Además no tenía demasiada hambre. Pero mi alojamiento se encontraba a 1,5km de distancia y no quería dar dos viajes, así que elegí un puesto y ocupé una esterilla. Pedí carne de cerdo asada con arroz y una Coke. La comida estaba muy rica, pero eché de menos una atmósfera más animada; y encima mi sitio tenía unas vistas nefastas. Precio: 80B.
A continuación decidí caminar hasta mi hotel por la carretera en vez de parar un tuk tuk. Había tramos donde la oscuridad era total y avancé bajo un cielo lleno de estrellas, rodeado del sonido de los grillos. Pero al mismo tiempo estaba pidiendo a voces que alguien me atracara. A veces me expongo a riesgos innecesarios de la forma más tonta. Ya en mi habitación me preparé para una noche de descanso.

Pero mientras escribía se empezó a escuchar el sonido estridente de un local de karaoke ubicado a escasa distancia. Y al poco otro. Y en cuestión de minutos descubrí que mi alojamiento se encontraba en medio de la zona de fiesta de Chiang Saen, situada en las afueras para molestar lo mínimo. Mi estrategia fue un fracaso… Además una cosa es escuchar música (no me hubiera importado) y otra los berridos de un montón de lugareños pasados de copas. No había ni uno que cantara bien, y eso que le dedican horas. En fin, el ruido era insoportable y los karaokes no cerraron hasta las 2h de la madrugada. Pero es que después continuaron los gritos de la gente, risas, coches… Un horror…
CONCLUSION
Tanto Mae Sai como Chiang Saen son poblaciones que por sí solas no justifican un viaje al norte de Tailandia. Pero si estás por la zona merece la pena dedicarles unas horas a cada una y visitar sus principales lugares de interés. Un día completo para las dos será suficiente. Aunque si decides pasar la noche en Chiang Saen… ¡cuidado con los karaokes!
Si te gustó el post, dale al like (el corazón que hay en la parte superior), deja un comentario con tu opinión, y sígueme en redes sociales








