Excursiones en barca a las islas de Manda y Pate, con ruinas abandonadas de la época Swahili, playas solitarias y aves exóticas
A pesar de sus encantos el archipiélago de Lamu no recibe muchos turistas occidentales porque la proximidad de la frontera de Somalia ha sido una fuente constante de conflictos. Al otro lado campan a sus anchas las milicias de Al Shabaab, una organización yihadista que en el año 2008 proclamó el Emirato Islámico de Somalia en el sur del país. Desde entonces han cometido numerosos atentados en la zona. En el 2011 secuestraron en Lamu a una pareja británica y a una turista francesa. Y la invasión de las Kenya’s Defence Forces (KDF) provocó una serie de ataques en represalia, como la matanza de Mpeketoni (47 víctimas); o el asalto de un autobús de pasajeros entre Malindi y Lamu (30 muertos). A parte de las bombas en el Westgate Mall de Nairobi (67 víctimas); y la masacre de la Universidad de Garissa (147).
Hoy día se ha incrementado la seguridad, con barcas de la Kenya Navy patrullando y la base estadounidense de Camp Simba. Pero la amenaza persiste y en los cercanos bosques de Boni se ocultan integrantes de Jaysh Ayman, la rama keniata de Al Shabaab. Lamu es una base ideal para realizar excursiones en barca al resto de islas del archipiélago. En Manda están las ruinas de Takwa y Manda Beach. Y en Pate el Fuerte de Siyu y las ruinas de Nabahani.
EN LAS RUINAS DE TAKWA
La jornada comenzó a las 7.30h en mi habitación de Jambo House. Creo que en el colchón había pequeños insectos porque los notaba por la noche y me encontré pequeñas picaduras en el torso. Además tenía una inflamación en las encías delanteras por un café con leche demasiado caliente. Una vez en pie preparé la mochila pequeña; y subí a desayunar a la terraza de la pensión. El menú cuesta 300S e incluyó huevos revueltos; fruta (sandía y papaya); un zumo; dos tostadas con mermelada; y té. Algo escaso pero por 2€ no se puede pedir más. Arnold estaba por allí y hablamos un rato.

A continuación salí la calle, donde me esperaba un tiempo perfecto, con sol y un cielo salpicado de nubes blancas. Mi idea era realizar una ruta circular entre las islas de Lamu y Manda combinando diferentes medios de transporte. Primero tenía que viajar en barca a Manda. En el Puerto un tipo me intentó liar y me hizo sentarme en la suya con la intención de cobrarme más de la cuenta. Por suerte el encargado de la barca del Aeropuerto (tiene una bandera con el logo de Skyward Airlines) me avisó y me cambié (200S). Estaba llena de pasajeros y salimos al momento.
Ya en Manda necesitaba un moto-taxi para llegar a las ruinas de Takwa. En las inmediaciones del Aeropuerto vi varias motos solitarias y un par de chavales a la sombra de un árbol. Los dos iban hasta arriba de khat y apenas les entendía, pero se ofrecieron a llevarme a cambio de 400S y elegí al más pequeño por si surgían problemas con él.
El trayecto siguió una serie de senderos arenosos entre árboles y plantas exóticas. De camino vimos un Dik-Dik que desapareció entre los arbustos; y un camello (en Lamu se utilizan como animales de carga). También cruzamos Manda Town, compuesta por un puñado de viviendas destartaladas. En los alrededores hay varias canteras con lugareños que se dedican a extraer bloques de piedra. Según me explicaron son de la etnia Luo y proceden de Kisumu. El motorista me dejó junto a una casa y como no tenía cambio se llevó un billete de 500S. En fin…
Nota: es posible viajar a Takwa en barca o dhow. Jambo House ofrece una excursión por 3.500S. Antes las mareas condicionaban mucho los horarios de visita pero tras la construcción de una pasarela de madera en la isla ya no es un problema.
De la casa salieron dos hombres. Uno era el encargado de las ruinas y me dijo que el billete de acceso costaba 500S. En teoría se paga a través de eCitizen pero ya ni lo intenté porque la web no funciona bien. Aunque tampoco pude utilizar efectivo porque el encargado no tenía cambio, con lo cual acordamos que cuando volviera a Lamu Town le haría el pago mediante M-Pesa (bueno, buscaría a alguien para que se lo hiciera en mi nombre). Estaba claro que se iba a embolsar el dinero pero me gustó su muestra de confianza y al día siguiente cumplí con mi palabra. El hombre me ofreció sus servicios de guía aunque preferí explorar las ruinas por mi cuenta.
Takwa es una ciudad Swahili que floreció entre los siglos XV y XVII. Era la más importante de Manda, con 2.500 habitantes. Estaba rodeada por una muralla y se extendía junto a una zona de aguas poco profundas para que los barcos no pudieran atacarla. Hasta que la población se trasladó a Shela y los edificios quedaron abandonados a su suerte. Son de piedra coralina y hay alrededor de un centenar de viviendas, además de otros monumentos. Un sendero circular recorre las ruinas conectando los principales lugares de interés.
Esto fue lo más destacado:
1. Museo: ocupa una sala de reducidas dimensiones con carteles informativos; trozos de objetos de cerámica; y una copia del Siwa de Lamu (cuerno ceremonial de metal). Es el único sitio donde me acompañó el encargado porque la puerta estaba cerrada con llave.
2. Mezquita de Jamaa: su ubicación es espectacular, junto a dos baobabs gigantescos. Conserva sus muros con arcos; un lavadero con restos de un plato decorativo en el desagüe; el mihrab; y una tumba de pilar justo encima.
3. Tumba: tiene un pilar cilíndrico que se eleva varios metros; y una inscripción que data la construcción en el año 1683. Es un monumento muy llamativo.
4. Mirador: se trata de un montículo de arena que permite contemplar unas vistas épicas, con un mar de vegetación; una bonita playa; e incluso las dunas de Shela Beach en la distancia. Únicamente se escuchaba el canto de los pájaros y el sonido de las olas, y me quedé un rato disfrutando de la atmósfera totalmente solo.
Me encantó explorar las ruinas de Takwa, con trozos de muros que emergen entre las plantas, a veces forrados de raíces; lianas que cuelgan de los árboles; bosques de acacias con sus ramas entrelazadas creando cubiertas naturales; aves de vivos colores; y mariposas revoloteando.

RUMBO A MANDA BEACH
Después decidí caminar hacia Manda Beach, una playa situada justo enfrente de Shela Beach. Podía elegir entre una ruta de 1 hora que ataja cruzando los arbustos; o una de 2,5 horas que bordea el extremo sur de la isla. Al final hice una combinación de ambas y cubrí la distancia en 2 horas.
Primero bajé a la playa desde el Mirador y me desvié a la derecha. Es de arena dorada y descubrí graciosos cangrejos alimentándose en la orilla. También vi a un pescador que me saludó; y enormes formaciones de coral. En varias ocasiones no pude continuar por la playa y seguí un sendero que avanza a cierta distancia, aunque con plásticos y basura por todas partes (una pena). Al menos me distraje haciendo fotos a numerosos Carmine Bee-Eaters con un plumaje rojo y azul espectacular. Después pasé entre un rebaño de cabras; y unos trabajadores que llenaban un remolque con arena de la playa. Más adelante me ofrecieron transporte pero quería completar la ruta a pie.
En un punto me alejé de la costa por una pista apta para vehículos que va directa a Manda Beach, rodeado de acacias y plantas espinosas. De camino encontré más Carmine Bee-Eaters y otro Dik-Dik que se escondió en los matorrales. Aunque reconozco que este tramo se me hizo largo. El sol pegaba duro, hacía calor y tenía sed (llevaba una botella de agua en la mochila pero me apetecía algo frío).
Manda Beach estaba casi desierta, con alguna barca transportando lugareños. Accedí a ella por un estrecho pasadizo donde de repente saltó delante de mí un lagarto agama de gran tamaño que se marchó corriendo (me pegó un buen susto). Más adelante vi una colorida mezquita. Y continué hasta el lujoso Umi Restaurant, que pertenece al The Majlis Resort, con habitaciones a 300Usd/Noche. Me sorprendió la facilidad para entrar en el hotel (no había vigilantes de seguridad); y pasé junto a la piscina con varios clientes bañándose.
Al llegar al restaurante me recibió una atenta camarera, ocupé un amplio sofá en la zona del bar, y pedí una cerveza Tusker que me costó 650S (batí el récord del Amboseli Sopa Lodge). Encima la chica me dijo que estaban heladas y me la sirvió ligeramente fría. Eso sí, el local es muy elegante, con música agradable, y una magnífica panorámica de Shela Beach y sus dunas. Y aproveché para cargar mi móvil; utilizar el baño; y recuperar fuerzas.
DESCUBRIENDO SHELA BEACH
Tras el descanso busqué la forma de cruzar a Shela. No vi barcas con gente y unos vigilantes de seguridad del hotel me dijeron que podían llamar por teléfono a un barquero que me cobraría 500S. Yo preferí buscarme la vida y caminé hacia el norte, donde un numeroso grupo de jóvenes se bañaban y jugaban en la arena. Entonces una barca dejó a un cliente en la playa y se empezó a alejar, pero le hice gestos y volvió a por mí. El barquero me llevó a Shela por 300S, aunque intentó quedarse 500S.

Desde el pueblo fui a Shela Beach. Se trata de la playa más popular de la isla de Lamu, con 12km de arena blanca y aguas cristalinas. Además está ubicada al pie de una enorme cadena de dunas salpicadas de arbustos y vegetación tropical. A pesar de estos atractivos apenas había gente. Arnold me explicó que a veces se producen atracos, con lo cual no me alejé demasiado. Ya había tenido una buena dosis de playa este día y me limité a recorrer la parte superior de las dunas haciendo fotos desde diferentes ángulos, con la arena ondulada en primer plano y Manda Beach de fondo.
A continuación volví a Shela y caminé en dirección a Lamu Town. La marea había subido y no pude bordear la costa, así que di un rodeo por una pista arenosa que me hizo avanzar con dificultad mientras pasaban a mi lado ruidosos moto-taxis con clientes. Al cabo de un rato conecté de nuevo con la costa.
CENA: AL MIFTAH FLOATING RESTAURANT
Vi este local de madera flotando en medio del mar durante mi paseo a Shela dos días antes y me quedé con ganas de acercarme. Frente al Hospital hay un pequeño muelle y un cartel con un número de teléfono. Si llamas te viene a buscar en barca un empleado del restaurante. Cuesta 100S ida y vuelta, y el importe se añade a la factura de lo que consumes. Yo solo tenía datos en mi tarjeta SIM y le pedí a un chaval que llamara, y la barca apareció al momento. El cielo estaba muy nublado y temía que lloviera durante el trayecto, pero tuve suerte. Una vez en Al Miftah me senté en una mesa del piso superior.
Tras examinar el menú pedí Calamares a la brasa con patatas fritas; una Pepsi; y de postre un batido de plátano y chocolate. La comida no tardó demasiado. Los Calamares venían ensartados en dos brochetas y me gustaron, con una ración correcta. En el restaurante solo había una familia y se estaba muy tranquilo, viendo pasar barcas y dhows, aunque soplaba un fuerte viento. Durante el atardecer el sol tiñó las nubes de color naranja. Y más tarde se encendieron las luces de Lamu creando una imagen para el recuerdo. Precio: 1.080S. Un local muy recomendable.
Después regresé a tierra firme en la barca del restaurante; y caminé hasta el centro de Lamu Town. Al ser viernes había mucha gente en las calles, además de motos y burros. Antes de volver a mi alojamiento me desvié al puesto de zumos de caña de azúcar y cayó una jarra grande que me sentó genial (120S). Ya en mi habitación me pegué una ducha más que necesaria y me estiré en la cama a leer y escribir. Estaba cansado y quemado por el sol, pero contento porque todo me había salido a la perfección. Desde la Mezquita Ridhaya se escuchaban cánticos y oraciones relacionadas con las celebraciones del Festival Maulid.

EXCURSION A LA ISLA DE PATE
Al día siguiente me desperté con mi alarma sonando a las 6.30h tras una noche de sueño impecable. A continuación me vestí y preparé la mochila. El plan era visitar la isla de Pate, la más grande del archipiélago y la más alejada de Lamu Town. Hay barcas de pasajeros que conectan Lamu y Mtangawanda, el principal punto de acceso a Pate. Los precios son de risa (300S) pero tienen horarios erráticos y era mi último día en Lamu. No me podía arriesgar a quedarme atrapado en Pate sin forma de regresar a Nairobi, así que decidí contratar una barca privada a través de Arnold. Cuestan 18milS, una pequeña fortuna si viajas solo con presupuesto ajustado, pero me pudieron las ganas de conocer Pate.
Cuando hice la reserva le di a Arnold 8milS como depósito. El barquero (Kelly) propuso que saliéramos a las 7h, así que desayuné galletas y un zumo de manzana que compré en una tienda. Un cuarto de hora antes de lo previsto Arnold llamó a la puerta para decirme que Kelly ya me estaba esperando. Era un hombre de rostro serio con un inglés escaso, aunque se le veía buena gente. A continuación caminamos hasta el Puerto y subimos al barco. Me alegró comprobar que también nos acompañaría su hijo Shami, con un mejor nivel de inglés; y nos pusimos en marcha. Lucía un tímido sol pero el cielo estaba bastante nublado.
Tardamos 2 horas en alcanzar Mtangawanda. La barca tenía techo pero los asientos estaban mojados y me tuve que ubicar sobre un chaleco salvavidas. Al principio aproveché para hacer fotos de los edificios del Paseo Marítimo de Lamu Town, la imagen icónica de la población, con sus muros de color blanco, arcos y terrazas cubiertas. Después navegamos hacia el noreste siguiendo un canal entre manglares que separa la isla de Manda y el continente. Por lo visto los Chinos lo ampliaron hace unos años para facilitar el tráfico porque antes era muy estrecho. Más adelante pasamos cerca de un enorme puerto comercial destinado a complementar la actividad del de Mombasa. El proyecto pretendía atender las necesidades de Etiopía y Sudán del Sur, que no tienen acceso al mar, pero la amenaza del grupo yihadista Al Shabaab está retrasando su desarrollo.
Durante el trayecto Shami me explicó que en el pasado trabajó en barcos pesqueros en aguas de Somalia pasando un mes en alta mar y había caminado por las calles de Mogadiscio con una sensación de inseguridad permanente (no tenía muy buena opinión de los Somalíes). De vez en cuando nos cruzamos con algún dhow con su vela desplegada; y vimos en la distancia la base americana de Camp Simba. Yo no tenía comida pero Shami y Kelly me invitaron a compartir croquetas de pescado y unas bolas de masa de harina (todo un detalle).
Al final atracamos en el muelle de Mtangawanda, un lugar gris y solitario con varias embarcaciones flotando. Kelly se quedó en la barca y yo me fui con Shami a recorrer la isla de Pate. El chaval negoció con un conductor de moto-taxi un precio total de 2milS por los diferentes desplazamientos y nos subimos los 3 al vehículo.
Esto fue lo más destacado:
1. Pate Town: aquí estaba el epicentro del Sultanato de Pate, que entre los siglos XIII y XIX controló el comercio del archipiélago hasta su derrota contra Lamu en la Batalla de Shela. Hoy día es una sencilla aldea de ambiente aletargado rodeada de campos de cultivo. Llegamos cruzando una zona de marismas con numerosos Carmine Bee-Eaters revoloteando. Y atravesamos una parte del pueblo, con calles estrechas, mujeres vestidas con ropa tradicional, y viviendas de piedra, algunas rematadas por torres con tejados de paja. Mi presencia levantaba expectación entre los vecinos.
2. Ruinas de Nabahani: son las más antiguas de la isla y datan de los inicios del Sultanato de Pate, fundado por miembros de la Dinastía Nabahani procedente de Omán. Yo pensaba que Shami (o algún conocido) me guiaría por el lugar, pero para mi sorpresa me traspasaron la responsabilidad. Por suerte tenía marcada en el mapa la localización de las principales ruinas y las encontramos a pie y en moto. Fue una aventura porque están esparcidas por Pate sin ningún tipo de señalización. La mayoría permanecen ocultas bajo la vegetación y algunas en medio de plantaciones de plátanos (accedimos pidiendo permiso a los dueños). Me encantó una pared con nichos y elementos decorativos; el mihrab de una mezquita; y una tumba con forma de colmena.

En Google vi una foto de una tumba espectacular que en teoría era de Nabahani y preguntamos a los lugareños, aunque desconocían su ubicación. Con la ayuda de dos tipos (les di 200S) saltamos vallas con alambradas y caminamos entre arbustos espinosos bajo una fina lluvia. Pero no dimos con la tumba y me marché de Pate un poco desilusionado. Por cierto, mientras investigábamos vi muy de cerca una pareja de Martín Pescador Malaquita.
3. Fuerte de Siyu: de nuevo en el moto-taxi una pista nos llevó hasta Siyu, una población de la costa norte de Pate. Se hizo famosa por resistir durante más de 20 años la conquista del Sultanato de Omán y fue una de las últimas ciudades de la Costa Swahili en caer derrotada. A esto ayudó la construcción de un imponente fuerte a mediados del siglo XIX por parte de los líderes locales. El exterior se encuentra perfectamente restaurado. Es de forma rectangular, con dos torres defensivas, puertas de madera tallada y varios cañones. Mientras hacía fotos unas chicas vestidas con hijab blanco se acercaron a curiosear y les dejé mi cámara.
Shami fue a buscar al encargado del fuerte y apareció al cabo de unos minutos. Se llamaba Mansur e hicimos una breve visita. Lo único de interés son los restos de una mezquita que conserva un elaborado mihrab. Subimos a las torres pero las escaleras de madera que permiten asomarse a la terraza se rompieron hace tiempo y me quedé sin poder contemplar las vistas. Además no hay salas amuebladas o alguna exposición porque los objetos antiguos de Siyu se trasladaron al Museo de Lamu. Las chicas y varios niños aprovecharon para entrar en el fuerte y se lanzaron a recoger del suelo los frutos de un árbol del patio. Yo probé uno pero no me volvió loco. Antes de marcharme pagué el billete (500S) y anoté mis datos en un libro de registro.
4. Tumbas: durante la visita al fuerte le enseñé a Mansur una foto de la tumba que buscaba en Nabahani y me dijo que en realidad estaba en las afueras de Siyu, así que subimos los 4 a la moto (¡?) y arrancamos bajo la lluvia. Al cabo de unos minutos aparecimos frente a la tumba, ubicada al lado de otra más pequeña. Tienen forma de colmena, datan del siglo XVIII y se dice que pertenecen a una noble y su hija. La fachada de la más grande está cubierta de relieves y mi cámara echaba humo. No muy lejos también vimos una tumba con un pilar cilíndrico similar a la de Takwa.
Más al sur se encuentran las ruinas de Shanga, otra ciudad importante de la Costa Swahili. Aunque están en medio de un manglar, con zonas parcialmente inundadas, y no hay nada especial que merezca la pena el esfuerzo. Al este de Pate destaca la población de Faza, que cuenta con más ruinas de la época Swahili. Para explorar Shanga y Faza hubiera necesitado pasar una noche en la isla (hay alguna sencilla pensión en Pate).
REGRESO A LAMU
A continuación nos despedimos de Mansur (le di 300S) y el conductor del moto-taxi se dirigió al muelle de Mtangawanda. Allí le pagué el precio acordado; contemplé un dhow con sus empleados descargando mercancía; y subí a la barca. Antes de marcharnos Kelly compró pan chapati recién hecho y me dio uno. Los inicios del viaje a Lamu fueron para olvidar. Empezó a llover con intensidad; el techo de la barca no protegía nada (el viento provocaba que la lluvia entrara por los costados); y encima me había olvidado el chubasquero y la funda para la mochila. Qué desastre… No me quedó otra que acurrucarme y aguantar con resignación (acabé empapado). Por suerte a medio trayecto el tiempo mejoró y me pude relajar. Shami se estiró a dormir y yo también aproveché para echar una siesta.

Llegamos a Lamu poco antes de las 15h. Shami me acompañó a un cajero automático y le di los 10milS restantes + 500S de propina por sus servicios. Después subí a la terraza del Sunsail Hotel a tomarme un batido grande de plátano y chocolate (250S) que me devolvió la vida; y fui a mi habitación a descansar un par de horas.
CENA: MANGROVE RESTAURANT
Uno de los locales recomendados por Arnold que todavía no había probado. Yo subí a la terraza cubierta ubicada en el primer piso, con buenas vistas del Puerto, y me atendió un camarero sonriente. En el Mangrove en vez de menú hay varios platos del día. Elegí Pollo Tikka, un pequeño muslo a la brasa que vino acompañado de patatas fritas y ensalada; y una Coke. El plato llegó en cuestión de minutos y estaba rico. El Paseo Marítimo era un hervidero de gente y me entretuve contemplando a hombres y mujeres con su ropa tradicional, barcas, burros, gatos… Precio: 470S. Para rematar la cena entré en Fayad Bakers y me tomé un Karak (té con leche y especias típico de Arabia). No me gustó demasiado pero se estaba tranquilo (250S).

Así acabó mi estancia en Lamu. Al día siguiente volé directo a Nairobi con la aerolínea Jambojet. Compré el billete a través de su página web. Me costó 9.300S (unos 60€) y el viaje transcurrió sin incidentes.
CONCLUSION
Si has llegado hasta Lamu te recomiendo visitar el resto de islas del archipiélago. Un día será suficiente para explorar Manda, con las ruinas de Takwa y su playa. En cuanto a Pate, si tienes tiempo disponible te aconsejo dedicarle dos días, viajando en transporte público y pasando una noche en Pate Town. Yo no lo tenía y acabé contratando una carísima excursión en barca privada que me dejó con sentimientos encontrados. Por un lado la embarcación estaba impecable y Shami y Kelly se portaron de maravilla; pero por otro las visitas me parecieron apresuradas y caóticas, y al final estuve más tiempo en ruta que conociendo lugares de interés. Aunque mejor esto que marcharme de Lamu sin conocer Pate.
En el archipiélago también me hubiera gustado recorrer los islotes de Manda Toto y Kiwayu, ideales para el snorkel y la observación de aves. Quedan pendientes para otra ocasión.
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