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GEORGIA

Kutaisi

posted by Ganas De Mundo
Jul 4, 2019 7437 8 0
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Kutaisi

Un monasterio cubierto de frescos medievales, un profundo cañón con una vertiginosa pasarela y una antigua población minera soviética

Kutaisi está ubicada en la región de Imereti y es la tercera ciudad más grande del país. Antiguamente el territorio de Georgia se encontraba dividido en dos reinos: la mitad oriental pertenecía al Reino de Iberia; y la mitad occidental al Reino de Colchis, que tenía su corte en Kutaisi. En el año 1088 ambos estados se unificaron creando el Reino de Georgia, que durante más de un siglo fue una de las potencias de la zona. Pero durante el siglo XV el país se fragmentó en diferentes territorios. Uno de ellos fue el Reino de Imereti, con capital en Kutaisi. En tiempos de la Unión Soviética Kutaisi era el segundo centro industrial más importante de Georgia, aunque tras la independencia todas las fábricas cerraron y la población se vio forzada a emigrar a otros lugares en busca de trabajo.

Hoy día Kutaisi continúa languideciendo y en apenas 30 años ha perdido la mitad de sus habitantes. Las principales atracciones turísticas son la Catedral Bagrati y el Mercado. Además constituye una base ideal para explorar la región de Imereti, con lugares de interés como el Monasterio de Gelati; el Cañón de Okatse; o la población minera de Chiatura.

VIAJE: BATUMI – KUTAISI

Tras desalojar mi habitación del Hotel Chveni Sakhli de Batumi salí a la calle y al poco encontré una marshrutka que estaba a punto de partir hacia Tbilisi pasando por Kutaisi. Dentro pagué el billete al conductor (10L), ocupé un asiento en la fila individual, y nos pusimos en marcha. 

El viaje duró casi 3 horas para recorrer 140km rumbo al noreste del país. De camino atravesamos un bonito paisaje, con grupos de vacas pastando, puentes que sorteaban ríos caudalosos, y alguna población aislada. Durante unos minutos pude contemplar las últimas vistas del Mar Negro antes de desviarnos hacia el este. Aunque no fue un trayecto tranquilo: la conducción del vehículo era suicida, con una velocidad excesiva, curvas cerradas y adelantamientos al límite; y hacía un calor horrible.

La marshrutka me dejó en las afueras de Kutaisi pero con la ayuda de Google Maps encontré una parada de autobús; subí a uno que iba al centro («tsentri»); y me bajé en el punto más cercano a mi alojamiento. Por cierto, se me olvidó pagar el billete y el conductor no me reclamó nada (o si lo hizo ya estaba alejándome y no le escuché). El alojamiento se encontraba en lo alto de Ukimerioni Hill, y tuve que encarar una serie de duras pendientes cargado con mis mochilas y en tejanos (cuando me recibió la dueña estaba empapado en sudor).

ALOJAMIENTO: GIORGI’S HOMESTAY – 40L/Noche

*Puntos a favor: habitación espaciosa; cama doble; limpieza extrema; ubicación perfecta, a escasa distancia del centro histórico; tranquilidad total por la noche; terraza exterior con sillas y hamacas para relajarse; familia propietaria muy amable; fruta y vino de cortesía por las noches; precio; abundante desayuno incluido. 

*Puntos en contra: baño exterior compartido (aunque durante mi estancia casi siempre estuve solo); sin aire acondicionado ni ventilador (en verano hace calor); el suelo y las camas crujen mucho, y cuando la habitación anexa está ocupada hay bastante ruido.

Giorgi’s Homestay estaba recomendada por mi guía de viajes. Antes de llegar hice una consulta en Booking, con lo cual sabía que tenía habitaciones disponibles y el precio aproximado, y pude rebajarlo 6L por noche. Me atendió la hija de los dueños (Tamuna), que hablaba un inglés perfecto. A continuación nos sentamos a charlar y me explicó la situación de Georgia, además de recomendarme lugares de interés en los alrededores de Kutaisi. Eso sí, tenía un carácter realmente fuerte y en dos o tres ocasiones me puso en mi sitio sin aceptar argumentos en contra (estaba muy sensible con el nombre del país, que los lugareños llaman Sakartvelo en vez de Georgia). Tras un buen rato hablando decidí salir a conocer la ciudad.

UN PASEO POR KUTAISI

Kutaisi ocupa un lugar de especial importancia en la mitología griega. Aquí llegaron Jason y sus Argonautas en busca del Vellocino de Oro y fueron recibidos por el Rey Aeëtes. Según la historia, Medea (hija del rey) se enamoró de Jason, y gracias a su ayuda consiguió superar las duras pruebas a las que le sometió Aeëtes. Los georgianos están muy orgullosos de este relato y las referencias a él son continuas, como la estatua de Medea en Batumi; o la cerveza marca Argo (el nombre del barco de Jason).

 

El centro de Kutaisi es bastante compacto, así que desde mi guesthouse pude caminar sin problema hasta los principales lugares de interés. Esto fue lo más destacado:

1. Catedral Bagrati: fue construida a principios del siglo XI, durante el reinado de Bagrat III (de ahí su nombre), para celebrar la creación del Reino de Georgia. Corona Ukimerioni Hill y es un edificio enorme, con pórticos cubiertos de relieves, capiteles con figuras de animales, y una altísima cúpula rematada por una cruz. Aunque el interior me gustó menos. En 1692 una bomba Otomana dejó la catedral en ruinas y durante los trabajos de restauración (que finalizaron en el año 2012) a alguien se le fue la mano. Por ejemplo la nave central se reconstruyó utilizando metal, no piedra, dándole un toque demasiado moderno.

Mientras paseaba vi imágenes de santos; una tumba llena de pétalos de flor; y grupos de feligreses santiguándose o encendiendo velas en los diferentes altares. Las mujeres deben cubrirse el pelo con un pañuelo; y si vas en pantalón corto tienes que taparte las piernas con una tela de color negro (hay en la entrada). Los jardines de la catedral ofrecen muy buenas vistas de Kutaisi. Y a escasos metros se encuentran las ruinas de una ciudadela aun más antiguas, pero sin estructuras reconocibles.

2. Río Rioni: realicé una ruta a pie que me recomendó Tamuna y tardé alrededor de una hora. Desde la catedral bajé hasta la orilla y caminé hacia el este contemplando bonitas panorámicas, con antiguas casas de madera y alguna iglesia. A continuación pasé por el Jardín Botánico (solo valía 1L pero no lo visité). Y llegué a una presa que forma un lago rodeado de bosques. Allí un guarda de seguridad me dejó cruzar las instalaciones hasta la orilla sur del río; y regresé al centro de Kutaisi entre viviendas abandonadas y vistas geniales de la ciudad.

3. Mercado: se trata de un recinto con docenas de puestos y tiendas de alimentos que venden productos típicos de Georgia, como los famosos Churchkhela. Son ristras de frutos secos (generalmente nueces o avellanas) recubiertos de una especie de caramelo muy dulce elaborado con zumo de frutas. También vi puestos de licores (vino, cognac, chacha); quesos; frutas y verduras; especias; carnes…

Yo no compré nada y me dediqué a pasear haciendo fotos con discreción. Aun así acabé probando un chupito de cognac y un par de trozos de Churchkhela por la insistencia de los vendedores. El exterior del mercado es espectacular, decorado con una serie de relieves que representan escenas de la historia de Georgia (mejor luz para la fotografía por la tarde).

4. Fuente Colchis: preside la plaza principal de Kutaisi. Fue construida en el 2011 y cuenta con numerosas estatuas doradas que son copias a gran escala de hallazgos arqueológicos pertenecientes al Reino de Colchis. La plaza está rodeada de bonitos edificios, como el Teatro.

A parte de estas atracciones concretas, me encantó deambular sin rumbo fijo por las calles de Kutaisi, contemplando comercios tradicionales con curiosos rótulos en georgiano, viviendas antiguas, y lugareños dedicados a sus tareas diarias. Una ciudad muy agradable. A las 19h me moría de hambre porque no había comido nada desde el desayuno así que decidí llenar el estómago.

CENA: OUR GARDEN

Un restaurante situado cerca de la Catedral Bagrati recomendado por Tamuna. Como el cielo estaba cubierto de nubes oscuras me senté en el comedor y acerté, porque al cabo de un rato llovía con fuerza. Lástima que tenían el aire acondicionado a una temperatura gélida y casi pillo una pulmonía. Además durante un buen rato sonó una música techno repetitiva muy molesta. En fin, tras examinar el menú pedí Imereti Khachapuri, uno de los platos más típicos de la región. Se trata de una pizza rellena de queso que estaba deliciosa. Para acompañar cayeron dos jarras de cerveza Natakhtari. Precio: 18L. 

De regreso en la guesthouse, ya de noche, me dediqué a escribir sentado en una mesa de la terraza (en mi habitación el calor era horrible), mientras llovía sin parar.

EL MONASTERIO DE GELATI

Al día siguiente me desperté tras una noche movida porque cayó una fuerte tormenta y los truenos hacían temblar la guesthouse. Una vez en pie bajé a desayunar a la terraza. El menú consistió en tomate, pepino, queso, una tortilla francesa, copos de avena, trozos de bizcocho casero y té. A continuación preparé la mochila pequeña y salí a explorar los alrededores de Kutaisi.

Mi idea era visitar dos monasterios relativamente cercanos. El primero es el Monasterio de Gelati, situado a 9km. Para llegar caminé hasta el centro de la ciudad y cerca del Teatro encontré la marshrutka que necesitaba, con salida prevista a las 11h (la anterior era a las 8h así que la frecuencia no es muy alta). A continuación pagué el billete al conductor (1L), ocupé un asiento de la fila individual y nos pusimos en marcha. El trayecto duró apenas 15 minutos. En la furgoneta viajaban otros turistas y el conductor nos dejó en la puerta del Monasterio de Gelati.

*Horario: 9h – 19h

*Precio: gratis

*Fotografía: ok

Gelati data de principios del siglo XII, cuando reinaba David IV el Constructor, y pronto se convirtió en uno de los centros de conocimiento más importantes del mundo cristiano. Los Otomanos lo incendiaron en el año 1510, durante una de sus incursiones, pero el rey Bagrat III se encargó de reconstruirlo y ha llegado hasta nuestros días en un gran estado de conservación. El Monasterio de Gelati está considerado una obra maestra de la Edad de Oro de Georgia y fue incluido en el Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. La visita constó de 3 partes:

1. Exterior: antes de acceder al recinto subí a un montículo cercano que ofrece una panorámica genial del conjunto, con sus tejados cónicos de color verde rematados por cruces y una luz perfecta para la fotografía.

2. Catedral de la Virgen: es el edificio más importante del monasterio. Al principio me temí lo peor porque la fachada estaba cubierta de andamios por obras de restauración. Pero por suerte me dejaron entrar a contemplar sus espectaculares pinturas murales, que cubren paredes y techos. Datan de los siglos XII – XVIII y representan todo tipo de escenas de la Biblia, además de santos y apóstoles. Solo había una pequeña zona en un lateral afectada por los trabajos de restauración. La nave principal luce un enorme mosaico de la Virgen acompañada de dos ángeles. Como me encantan los frescos medievales me tiré casi dos horas investigando cada rincón de la Catedral. Aparecían grupos organizados de forma regular pero sin llegar a agobiar. Un lugar imprescindible.

3. Iglesia de Sant Giorgi: es más pequeña pero también está llena de frescos. Además aquí me encontré a un monje rezando en voz alta que creaba una gran atmósfera.

4. Tumba de David IV el Constructor: consiste en una modesta lápida en el suelo y una puerta metálica con inscripciones en georgiano.

EL MONASTERIO DE MOTSAMETA

Junto a la entrada de Gelati arranca una pista forestal que cubre parte de la ruta al Monasterio de Motsameta. Es cuesta abajo y de camino me crucé con vacas; lugareños que me miraban con cara de asombro; y viviendas aisladas (por suerte no había perros). La pista está bien señalizada y desemboca en la carretera de Kutaisi. A continuación avancé por el arcén. Me esperaban 4km de recorrido, pero por suerte un conductor se apiadó de mí y me llevó en su coche hasta un cruce, ahorrándome la mitad de la caminata. El hombre no articuló palabra y nos despedimos con un fuerte apretón de manos. Todo un detalle…

De nuevo a pie cubrí el último tramo siguiendo una vía de tren acompañado de unas vistas inmejorables de los alrededores, con montañas cubiertas de bosques y el valle del río Tskhaltsitela (bajaba con bastante agua). Además hacía un tiempo perfecto, con sol y un cielo completamente despejado.

Motsameta es un monasterio un poco más antiguo que el de Gelati. Fue construido en el siglo XI por Bagrat IV y su nombre significa «lugar de los mártires«. Hace referencia a dos hermanos de una familia de nobles que en el siglo VIII organizaron una rebelión contras las fuerzas invasoras Árabes. Al final fueron capturados, y como se negaron a convertirse al Islam acabaron torturados y asesinados. El Monasterio de Motsameta es pequeño y sus pinturas murales son bastante modernas. Pero se trata de un edificio elegante con una ubicación espectacular, dominando un brazo del río Tskhalsitela y rodeado de bosques.

Mi timing fue perfecto porque llegué cuando se marchaba un montón de gente, incluido un grupo escolar. Con lo cual pude disfrutar de una atmósfera muy tranquila. La entrada es gratuita y está prohibido vestir pantalón corto (yo me tapé las piernas con una tela negra que cogí junto a la puerta). En media hora acabé la visita y regresé a buen ritmo al cruce con la carretera principal. Allí me senté en un restaurante y pedí una cerveza Zedazeni (7L), que me sirvieron en una jarra helada. Me moría de sed y al poco pedí otra, aunque en Georgia las botellas son de medio litro y sin nada en el estómago acabé un poco tocado.

Además mientras me tomaba la segunda cerveza vi pasar a toda velocidad la marshrutka que me tenía que llevar de regreso a Kutaisi. Pero no me puse nervioso. A las 16.30h me despedí del dueño del restaurante (con un apretón de manos que casi me tritura los huesos) y me planté junto a la carretera dispuesto a hacer autoestop. Al final tuve suerte, porque pasó un taxi con una clienta; y el conductor me ofreció llevarme a Kutaisi por solo 2L (subí al vehículo sin dudarlo).

CENA: OUR GARDEN

Mi segunda visita a este restaurante fue un auténtico fiasco y acabé tachándolo de mi lista. Esta vez me senté en la terraza  y pedí Ojakhuri de ternera. Ya había probado este plato en Batumi y me pareció demasiado seco, así que pregunté al camarero si la carne tenía salsa y me aseguró que sí. Pero al final me trajo un pequeño plato con trozos de carne acompañados de cebolla y granada. Sin salsa (el chaval lo reconoció con una sonrisa), y encima sin las habituales patatas. Además pedí algo de pan y me dijo que tardaría 10 minutos en hacerse. Así que carne a palo seco.

Para beber opté por una Limonada natural y me trajeron un vaso de agua con gas mezclada con un líquido azul extraño. El sabor era horrible y solo me la bebí porque estaba fría. Encima me tocó pagar 22L. Menudo despropósito… De regreso a la guesthouse compré en una tienda una bolsa de dulces y una botella de agua grande (2,2L) porque me había quedado con hambre.

EXPLORANDO EL CAÑON DE OKATSE

La jornada comenzó con mi alarma sonando a buena hora y me levanté sin perder tiempo. A continuación desayuné, preparé mi mochila pequeña, y caminé hasta el centro de Kutaisi. El plan del día era visitar el Cañón de Okatse, situado 50km al noroeste de la ciudad. Para llegar en transporte público tenía que utilizar 3 marshrutkas: una hasta la Terminal de Autobuses; otra hasta la población de Khoni; y la última hasta el cañón, cerca de Gordi. Pero esto implicaba una pérdida de tiempo considerable, así que decidí rascarme el bolsillo y viajé en taxi. Por lo menos pude negociar un precio correcto con un conductor (50L) y nos pusimos en marcha.

De camino pasamos al lado de un edificio futurista de forma semiesférica construido para albergar el Parlamento de Georgia y paré unos segundos a hacer una foto. Un cambio de gobierno provocó que el Parlamento regresara a Tbilisi y ahora se está buscando qué hacer con la estructura. El taxi avanzó a buen ritmo por un paisaje de campos con vacas pastando; y me dejó en el Centro de Visitantes del Cañón de Okatse. No me esperaba que en esta reserva natural me iba a encontrar una auténtica trampa para turistas, por dos motivos:

*Precio: los extranjeros pagamos 17,25L, el doble que los georgianos. No es ni mucho menos el primer país que utiliza estas prácticas pero me sigue pareciendo injusto.

*Transporte: el Centro de Visitantes se encuentra a 2,2km del cañón y la entrada está llena de conductores de 4×4 que se abalanzan sobre la gente ofreciendo sus servicios a precios desproporcionados (40L por persona ida y vuelta). Son muy insistentes y encima te intentan engañar afirmando que distancia hasta el cañón es de 7km, con la complicidad de la chica que vende las entradas. Yo casi caigo, pero por suerte el conductor no consiguió más turistas para compartir el 4×4 y decidí ponerme a caminar, descubriendo la mentira al cabo de unos minutos (un cartel indicaba la distancia correcta). Vaya tela…

La ruta hasta el cañón fue muy agradable. Primero atravesé un bosque muy atmosférico, con vacas y cerdos campando a sus anchas. Y después bajé hasta llegar a un torno de acceso donde tuve que mostrar mi billete a un encargado.

Tras bajar un montón de escaleras alcancé el inicio de una pasarela metálica de 800m de longitud que discurre por el cañón a unos metros de la pared de roca. El suelo está hecho con rejillas que dejan ver el fondo del barranco bajo tus pies, a más de 50m; y las barras laterales apenas me llegaban a la cintura. Esto unido a mi temor a las alturas era una combinación fatal. Durante el recorrido estuve completamente solo y avancé poco a poco, con las rejillas crujiendo a cada paso que daba. Toda una experiencia. A continuación subí unas escaleras y al cabo de unos minutos llegué a una plataforma de observación (también de rejillas) con unas vistas geniales del cañón y las montañas de los alrededores cubiertas de bosques.

Después tocó regresar al Centro de Visitantes por el mismo camino. Esta vez me costó más, porque ahora era cuesta arriba y el sol apretaba. Pero lo recorrí sin problemas, cruzándome con bastante gente. En las inmediaciones de la entrada encontré una tienda donde compré un zumo de manzana (demasiado espeso), una botella de agua y unas patatas fritas (todo 4L). Y aproveché la sombra de su terraza para descansar un rato, entretenido con el tránsito constante de vehículos y turistas.

EN KINCHKHA WATERFALL

Tras el aperitivo mi idea era visitar esta cascada, pero se encuentra a 7km del Centro de Visitantes (esta vez sí), no hay transporte público, y no tenía ganas de negociar con los conductores de 4×4. Así que me puse a caminar por la carretera. Pronto comprendí que aquello era una muy mala idea, porque hacía un calor horrible (eran las 14h pasadas) y todo el trayecto era cuesta arriba. Con lo cual paré bajo un árbol y me puse a hacer autoestop. Varios vehículos me ignoraron, pero al final una furgoneta se detuvo y la suerte me sonrió.

Conducía Besiki, un lugareño que estaba enseñando la zona a unos turistas polacos: Mariusz, su hija Lena y su amigo Tomek. Habían hecho ciclismo por Georgia durante dos semanas (Lena en una especie de remolque anexo a la bici de Mariusz y apuraban sus últimas horas en el país. La verdad es que el grupo me cayó genial y al poco charlábamos animadamente. Tanto que me acoplé a su excursión y acabamos pasando juntos el resto del día. Esto fue lo más destacado:

1. Piscina natural: en un punto del río Okatse hay un salto de agua de varios metros de altura que forma una piscina muy fotogénica. Me hubiera gustado poder bañarme pero es que el agua estaba congelada. Metí los pies unos minutos y parecía que me estaban clavando agujas. Cómo sería la cosa que los polacos (acostumbrados a bañarse en el Mar Báltico) se lanzaron al agua y no paraban de gritar.

Allí nos quedamos un rato disfrutando del paisaje sin otros turistas. Y me bebí mano a mano con Tomek un litro de vino blanco elaborado por el propio Besiki. Tomek no hablaba casi nada de inglés, pero vio en mí un buen compañero de fiesta y no paraba de abrazarme y chocar manos.

2. Descenso del río Okatse: Besiki nos llevó río abajo durante un rato, avanzando por un terreno complicado. Había que saltar de piedra en piedra evitando el agua; caminar por senderos resbaladizos; y trepar por alguna roca. Me sorprendió Lena, que a sus 8 años de edad se portó como una campeona, sin poner ni una sola pega. De camino contemplé las vertiginosas paredes del cañón.

3. Kinchkha Waterfall: el plato fuerte del recorrido. Tras un breve trayecto con la furgoneta Besiki aparcó en un Centro de Visitantes; caminamos unos minutos; y alcanzamos un mirador desde el que se podía ver Kinchkha Waterfall en todo su esplendor. Se trata de un impresionante salto de agua de 100m de altura que se precipita al vacío desde lo alto del acantilado, y forma un lago que crea otra cascada de 20m. Todo un espectáculo, y además gratis. Acceder a la zona de pasarelas de madera cuesta 17,25L, pero Besiki nos llevó por un sendero cruzando el bosque hasta un punto que permite unas vistas similares sin pasar por caja. 

Cuando comencé la jornada mi plan inicial también incluía una visita al Cañón de Martvili, pero a media mañana lo dejé correr. Entre Matvili y Okatse hay 28km de distancia; no hay transporte público; cuesta otros 17,25L; y no tenía tiempo para explorarlo con calma. El taxista que me llevó a Okatse me ofreció el viaje a los dos cañones por 100L con esperas incluidas y regreso a Kutaisi. Aunque era un desembolso importante y seguro que su concepto de “esperas” no coincidía con el mío.

REGRESO A KUTAISI

Tras contemplar la cascada volvimos al Centro de Visitantes. Allí Mariusz y Lena desaparecieron unos minutos y regresaron con helados, incluido uno para mí. Todo un detalle. Pero es que Tomek también compró más tarde una cerveza para él y una botella de plástico de 0,5L llena de vino tinto casero para mí. Qué encanto de gente… Y aun quedaba una última sorpresa: Besiki nos llevó a su casa, situada en las afueras de Gordi, y nos invitó a cenar. Pasamos un rato realmente agradable, sentados en una mesa del patio, rodeados de montañas y de la familia de Besiki. La cena consistió en una ensalada de tomate y pepino, pollo, y queso. Y (como no) continuamos bebiendo vino y brindando.

Después de cenar Besiki llevó a los polacos al Aeropuerto de Kutaisi, situado 22km al oeste de la ciudad. Yo continué acoplado porque desde allí podría volver al centro fácilmente. A continuación me despedí de todos con abrazos. Había sido una tarde genial. La única pequeña pega fue que Besiki me pidió 20L por sus servicios y rompió un poco la magia. Aunque la cantidad era ridícula comparado con todo lo recibido (cena incluida) y pagué con gusto.

Ya en solitario me planté junto a la carretera principal y en un par de minutos estaba en una marshrutka que se dirigía a Tbilisi. Pedí que me dejara en una avenida principal del sur de Kutaisi (2L); y allí subí a otro vehículo que me llevó al centro (0,5L). Al final llegué a mi alojamiento pasadas las 21h, con la sensación de haber vivido una jornada única.

VISITA A KATSKHI PILLAR

Al día siguiente la mañana amaneció lluviosa pero yo continué con mis planes. Una vez en pie bajé a desayunar a la terraza cubierta de la guesthouse; preparé la mochila pequeña; y salí a conocer nuevos lugares de interés, con el cielo algo más despejado. El viaje constó de 2 etapas:

1. Marshrutka hasta la Terminal de Autobuses: subí en el centro de Kutaisi y recorrió los 3km en un momento (0,5L).

2. Marshrutka a Chiatura: la encontré preguntando a la gente pero me tocó esperar 40 minutos hasta que nos pusimos en marcha. Yo viajé sentado en la fila individual rodeado de lugareños, a excepción de una pareja de argentinos. Precio: 5L.

El trayecto duró hora y media para cubrir algo menos de 70km en dirección este. Fue un festival de curvas y pendientes, con algunos tramos de carretera en un estado lamentable, pero avanzamos a buen ritmo. Yo quería bajarme unos kilómetros antes de llegar a Chiatura y avisé al conductor antes de ponernos en marcha. Pero suerte que fui controlando mi ubicación en el mapa porque el hombre se pasaba de largo y le tuve que gritar que parara. Yo diría que los argentinos también querían bajarse allí y estuve a punto de comentárselo, aunque al final no me compliqué la vida.

Cerca del punto donde bajé arranca una pista de tierra y empecé a caminar. Después me desvié a la izquierda y llegué a un montículo que ofrece unas vistas geniales de los alrededores, con el Valle de Katskhura cubierto de bosques; y un pilar de roca caliza de 40m de altura que emerge de entre los árboles coronado por una pequeña ermita del siglo X. Era el Katskhi Pillar, mi primera visita del día. Los lugareños le llaman el Pilar de la Vida y en la antigüedad fue utilizado por monjes Estilitas, que permanecían durante años en lo alto de una columna dedicados a la vida contemplativa alejados de cualquier estímulo externo.

Al cabo de 1,5km llegué a la base de la columna. Pegada a ella hay una escalera metálica que sube en vertical a la cima. Hasta hace unos años los hombres podían utilizarla (las mujeres son una tentación para los monjes), pero ahora el acceso está prohibido a todo el mundo. De todas formas no hubiera subido ni aunque me pagaran. A escasos metros hay una pequeña capilla dedicada a Simeón el Estilita, con sus muros cubiertos de frescos modernos; y un puesto que vendía miel artesanal. Yo no me quedé mucho tiempo porque el Katskhi Pillar se disfruta mejor desde la distancia. 

EXPLORANDO CHIATURA

Tras la visita regresé a la carretera principal dispuesto a detener cualquier vehículo que se dirigiera a Chiatura. Y tuve mucha suerte, porque al cabo de un minuto ya estaba subido en la parte delantera de una furgoneta junto a dos lugareños. Solo tenía 10km por delante así que el trayecto fue breve y alcancé sin problema el centro de la ciudad.

A finales del siglo XIX se descubrieron en los alrededores de Chiatura unos importantes depósitos de manganeso y otros minerales, y se comenzaron a explotar a gran escala. Esto provocó un crecimiento exponencial de la población de la ciudad. Durante los años 50, en tiempos de la Unión Soviética, el gobierno decidió construir una serie de rudimentarios teleféricos para transportar a los mineros desde el fondo del valle hasta las minas (situadas en las montañas) y así evitar pérdidas de tiempo. Y muchos de ellos aun se encuentran operativos a día de hoy, a pesar de ofrecer un aspecto muy precario. Esto fue lo más destacado:

1. Centro: Chiatura es un lugar donde el tiempo parece haberse detenido. El casco antiguo está ubicado en la confluencia de los ríos Kvirila y Rganisghele, con diversos puentes que los cruzan. Y junto a sus orillas hay enormes bloques de pisos de estilo soviético, algunos con sus fachadas pintadas de vivos colores. Además durante mi paseo vi comercios de rótulos curiosos, edificios señoriales, y un montón de puestos callejeros con todo tipo de productos a la venta. Porque las minas de manganeso se encuentran en pleno declive y muchos lugareños han perdido sus trabajos, así que ahora tienen que buscarse la vida como pueden.

2. Teleféricos: los pocos turistas que visitan Chiatura quieren subirse a alguno de los viejos teleféricos. No me costó mucho encontrarlos. Primero vi uno oxidado suspendido sobre el río; y más tarde otro de color blanco y rojo detenido sobre una calle del centro. Su imagen es realmente fotogénica. También descubrí la estación principal, de estilo neoclásico, de donde parten dos teleféricos hacia las minas. Está decorada con arcos y columnas, un relieve de Lenin y Stalin, y un mural interior donde aparece un minero. Me sentía en medio del decorado de una película de época.

Pero ninguno de los teleféricos estaba en movimiento y no entendía qué pasaba. Preguntar a los lugareños no me aclaró mucho porque nadie hablaba inglés y desconocían si había alguna linea operativa. Hasta que al final di con una chica que me pudo explicar lo que pasaba. Los mineros estaban en huelga como protesta por sus precarias condiciones laborales, y los teleféricos llevaban unos días parados hasta nuevo aviso. Una pena porque viajar en una de esas antiguas cabinas tiene que ser una experiencia única. Además este rudimentario medio de transporte tiene los días contados: en el centro vi una moderna estación a medio construir que en breve será la encargada de cubrir las necesidades de los habitantes de Chiatura.

En las afueras de la ciudad hay un par de atracciones turísticas que no visité. Por un lado las ruinas abandonadas del imponente Palacio Pioneer, con arcos y columnas cubiertas de vegetación. Me hubiera encantado verlo, pero llegar hasta este lugar implicaba un trayecto en taxi de media hora alejándome todavía más de Kutaisi. Por otro lado está el Monasterio Mghvimevi, situado en una cueva a no mucha distancia del centro.

COMIDA: HOTEL NEWLAND

A estas alturas ya llevaba un montón de tiempo caminando sin parar. Y al ver la tranquila terraza situada en el primer piso de este hotel decidí subir y sentarme a reponer fuerzas. Allí pedí un Megruli Khachapuri que me gustó bastante. La diferencia con el Imeruli es que éste tiene queso por dentro y por fuera. Para beber cayó una lata de cerveza Kayak de 0,5l (servida en una jarra helada). Precio: 10L. Hacia el final de la comida comenzó a llover y soplaba un viento huracanado, así que engullí a toda prisa y me marché.

REGRESO A KUTAISI

Después de comer ya eran las 16h pasadas. No me quedaba mucho más que hacer en Chiatura y el tiempo seguía lluvioso, con lo cual decidí volver a Kutaisi. Pero al llegar a la parada de marshrutkas un conductor me dijo que no había más salidas hasta el día siguiente. Al principio pregunté a algún lugareño por la calle esperando soluciones mágicas, aunque pronto comprendí que no había alternativas y debía buscarme la vida. Chiatura es un lugar nefasto para el autoestop: se trata de un pueblo con un casco urbano alargado que no se acaba nunca; y el centro está en el fondo de un profundo valle. Así que me tocó caminar un buen rato hasta las afueras encarando una serie de empinadas rampas. Estas fueron las etapas para alcanzar mi guesthouse:

1. Autoestop a Katskhi: costó un rato pero al final paró un coche con tres georgianos. La pena es que no iban muy lejos y solo me pudieron ayudar a avanzar 8km.

2. Autoestop hasta Zestaphoni: después de un par de minutos esperando junto a la carretera apareció un lugareño en su coche y me dijo que subiera sin ni siquiera preguntarme dónde iba. Era un chaval muy simpático y hablamos algo, aunque no paraba de enviar mensajes de voz con su móvil mientras conducía sorteando vacas y enormes baches. En Zestaphoni ya tenía opción de utilizar transporte público. Había dejado atrás lo peor.

3. Marshrutka a Kutaisi: tras otra breve espera acabé subido en una furgoneta que realizaba el trayecto Tbilisi – Batumi. Tardé media hora y fui cómodamente sentado contemplando el paisaje (2L).

4. Taxi hasta mi guesthouse: me bajé de la marshrutka en un punto al sur de la ciudad sin parada de autobús, y como ya estaba cerca decidí viajar en taxi. El conductor era un abuelete caradura que me quería cobrar 8L por apenas 5km. Pero me mantuve firme y le pagué solo 5L (la equivalencia aproximada en Kutaisi es de 1L por 1km). Cuando entré en mi habitación respiré aliviado tras tantas aventuras. Pero estaba realmente satisfecho por cómo me había espabilado para cumplir con los objetivos del día.

CONCLUSION

Kutaisi es una ciudad donde muchos viajeros aterrizan en su aeropuerto internacional y se marchan tras una visita fugaz en busca de otros lugares más famosos de Georgia. Pero con tiempo disponible Kutaisi constituye una base genial para explorar la región de Imereti, con numerosas atracciones turísticas situadas en un radio de 80km. Te recomiendo una estancia mínima de 4 días, uno para Kutaisi y el resto para los alrededores, alojándote en la fantástica Giorgi’s Homestay (que no me paga ni un euro por este comentario).

La población de Tskaltubo se encuentra a solo 10km de Kutaisi, pero es tan fascinante que he decidido dedicarle un post a parte, donde también incluyo dos atracciones naturales de Imereti: la Reserva de Sataplia y la Cueva de Prometeo. Aunque a efectos prácticos se pueden visitar desde Kutaisi sin problema.

 

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