Excursiones de alta montaña superando los 3.200m de altura, y un valle remoto con espectaculares fenómenos geológicos
La región de Kazbegi está situada en la falda sur de la cordillera del Cáucaso, que actúa como frontera natural entre Georgia y Osetia del Sur. Es mucho más accesible que Svaneti, con carreteras en buen estado desde la capital. Por este motivo sus principales poblaciones son modernas y totalmente orientadas al turismo. A cambio Kazbegi ofrece paisajes épicos, con bosques de coníferas, extensos prados cubiertos de flores, y cumbres imponentes como el Monte Kazbegi (5.047m), la tercera más alta del país. En 1976 se creó el Kazbegi National Park, pero no hay ni rastro de señalización o medidas de conservación elementales. La época ideal para recorrer la región es durante los meses de verano, entre junio y septiembre. Yo visité Kazbegi en julio y disfruté de un tiempo casi perfecto.
Para descubrir la zona elegí como base Stepantsminda, una aldea que mucha gente todavía llama Kazbegi, atravesada por el río Tergi. Desde aquí exploré los valles de Truso y Sno con la ayuda de una agencia local; y subí hasta el glaciar Gergeti, al pie del Monte Kazbegi, pasando por la icónica iglesia Tsminda Sameba.
VIAJE: TBILISI – STEPANTSMINDA
Este trayecto consta de 150km en dirección norte y fue muy sencillo. Todo empezó tras desalojar mi habitación de Home 25 con toda la pena del mundo (se había convertido en mi segundo hogar). A continuación viajé en Metro hasta la Estación de Didube, donde se encuentra la principal Terminal de marshrutkas de la capital. Nada más salir del túnel se me abalanzaron varios taxistas en busca de dinero fácil. Me ofrecían transporte a Stepantsminda en vehículos compartidos a 20-25L, cuando a partir de las 8h hay marshrutkas con salidas regulares por tan solo 10L.
Por suerte me los quité de encima y tras seguir las indicaciones equivocadas de un par de lugareños logré encontrar el andén correcto, donde esperaba una marshrutka casi llena de pasajeros. No conseguí un asiento en la fila individual pero nos pusimos en marcha en cuestión de minutos. El viaje duró 3 horas mientras avanzábamos por una carretera conocida con el nombre de Georgian Military Highway. Fue diseñada en el siglo XIX por los Rusos para poder cruzar las montañas del Cáucaso. Actualmente continúa siendo la única vía de comunicación entre ambos países y el tráfico de camiones de mercancías es incesante. La carretera cuenta con 3 lugares de interés:
1. Fuerte de Anauri: fue construido en el siglo XIII por los duques de Aragvi, que gobernaron la zona durante mucho tiempo. Luce un conjunto de murallas y torres perfectamente restauradas que destacan junto al Pantano de Zhinvali, con sus aguas de color turquesa. En interior del Fuerte hay dos iglesias cubiertas de frescos.
2. Gudauri: esta población acoge un curioso monumento soviético del año 1983 que conmemora el primer siglo de convivencia entre Rusia y Georgia. Se encuentra al borde del valle, con unas vistas geniales de las montañas, y sus paredes curvadas están decoradas con escenas clave de la historia de ambos países. Teniendo en cuenta lo que sucedió después es un milagro que todavía siga en pie…

3. Paso de Jvari (2.379m): a partir de Gudauri la carretera comienza un imparable ascenso lleno de curvas cerradas. Las panorámicas del valle eran magníficas, con enormes montañas rematadas por cruces y antiguas torres defensivas. El motor de la marshrutka parecía que iba a explotar pero consiguió superar el paso con éxito. Al otro lado hay una zona con travertinos de color marrón similares a los que más tarde vería en el Valle de Truso.
Durante el viaje escuché música aunque la gente no me dejó relajarme. A mi derecha tenía un francés que se tiró las 3 horas hablando a gritos con otra francesa que conoció en la marshrutka (solo alguien de su país podría aguantar ese tostón). Y a la izquierda mi compañero de asiento no paraba de clavarme la pierna cuando se quedaba dormido. Menos mal que fue un trayecto relativamente corto. De camino pude ver bastantes agencias que ofrecen circuitos de rafting a lo largo del río; cajas de madera con panales y puestos de miel; y numerosos miradores y cafés para sentarse a tomar algo. Una vez en Stepantsminda recuperé mi mochila grande y caminé hasta el lugar donde había previsto alojarme.
Nota: estuve valorando la posibilidad de alquilar un taxi privado para el trayecto de ida, deteniéndome en los 3 lugares de interés. Pero no me iba a salir barato (mínimo 120L) y el día amaneció muy nublado, así que lo dejé correr. Otra opción más económica hubiera sido apuntarme a una excursión desde Tbilisi quedándome en Kazbegi.
ALOJAMIENTO: NINO KHETAGURI GUEST HOUSE – 45L/Noche
*Puntos a favor: habitación enorme; cama doble muy cómoda; baño privado; limpieza impecable; ubicación céntrica; tranquilidad total por la noche; vistas geniales de la Iglesia Tsminda Sameba y las montañas; wifi rápido; cocina compartida con nevera y utensilios para cocinar; precio; abundante desayuno incluido.
*Puntos en contra: dueña de rostro serio y pocas palabras; ducha con agua caliente errática.
Elegí este lugar porque Miguel se había alojado aquí durante su estancia en Kazbegi y quedó muy satisfecho. Así que mientras tomábamos unas cervezas en Tbilisi reservé 4 noches a través de Booking (el precio es el mismo que negociando directamente con la dueña). La verdad es que fue todo un acierto.
El resto del día me dediqué a descansar en la habitación, con tan solo dos salidas para llenar el estómago en la calle principal de Stepantsminda. Comí en el Café Sno. Pedí Khinkali y me pusieron los peores que probé en Georgia (minúsculos y la masa estaba pasada). Un desastre. Para beber cayó una Coke. Precio: 12,1L. La cena fue en el Café Nia, situado a escasos metros. Esta vez opté por un Adjarian Khachapuri y la cosa mejoró, aunque tampoco fue para tirar cohetes. Lo acompañé con una cerveza Kazbegi no muy fría. Precio: 15,4L. No me extraña que mi estómago se resintiera al día siguiente. Las escapadas me permitieron comprobar el clima impredecible de Kazbegi. A la hora de comer lucía un sol agradable; y cuando salí a cenar una espesa niebla lo cubría todo.
LA IGLESIA TSMINDA SAMEBA
Al día siguiente me desperté a buena hora para aprovechar el tiempo y a las 8h bajé a desayunar a la cocina de la guesthouse. La habitación cuesta 30L por noche sin desayuno y la dueña no lo ofrece activamente (imagino que le debe dar pereza cocinar). Pero yo había leído en Booking muy buenas opiniones y tenía por delante un montón de horas de caminata, así que lo encargué con antelación. El menú consistió en dos huevos fritos; ensalada de tomate y pepino; queso; salami; pisto de berenjena y verduras; judías verdes; pan con mermelada; y un delicioso té a la menta. No cabían más platos en la mesa y por solo 15L acabé a reventar. A continuación preparé mi mochila pequeña con agua, una barrita de chocolate, chubasquero y bastones; y me puse en marcha.
Primero decidí conocer la Iglesia Tsminda Sameba (o Holy Trinity Church), la principal atracción turística de Kazbegi. Fue construida en el siglo XIV en lo alto de una colina a 2.200m de altura y se puede ver desde cualquier punto de Stepantsminda. Es un lugar sagrado para los georgianos, que en tiempos de conflicto guardaban aquí las reliquias de Mtskheta. Hay diferentes formas de llegar. Casi todo el mundo visita la iglesia en vehículo propio pero yo quería subir a pie. Así que busqué una ruta en la web caucasus-trekking.com y me la descargué en el móvil para evitar sorpresas.

El ascenso duró hora y media. Primero tuve que cruzar la población de Gergeti. Y en las afueras encontré un sendero muy bien señalizado, con escalones de madera para no resbalar con el barro; marcas de pintura roja y blanca; y carteles regulares que indicaban la distancia. Imposible perderte. El camino siguió ganando altura por un bosque muy atmosférico y llegué a las inmediaciones del templo sin cruzarme con nadie.
Tsminda Sameba se compone de una iglesia y un campanario. El exterior de los edificios está decorado con relieves que representan cruces, figuras humanas y dos animales que parecen dinosaurios. Dentro de la iglesia hay iconos antiguos y altares con velas encendidas, pero no se permite la fotografía. Además las vistas de Stepantsminda son espectaculares. Una pena que el día estaba muy nublado, si no habría disfrutado de la imagen clásica de Kazbegi, con la iglesia en primer plano y el monte Kazbegi de fondo. Había bastantes turistas y me enfadó ver cómo los vehículos ignoraban la zona de aparcamiento, deteniéndose junto a la iglesia por no caminar 200m. Hay gente impresentable…
HACIA EL GLACIAR GERGETI
Para mucha gente la subida a Tsminda Sameba ya justifica la jornada. Pero yo tenía planes más ambiciosos y quería llegar a la base del monte Kazbegi, cubierta por el Glaciar Gergeti. Una dura excursión de montaña que me iba a poner a prueba. El sendero arranca al lado del aparcamiento de la iglesia y sin muchos rodeos se enfila por la ladera de una colina.
Esto fue lo más destacado de la ruta:
1. Prado: llegué al cabo de un rato y me permitió disfrutar de una panorámica genial, con una cordillera de afiladas montañas rodeadas de nubes de color blanco, y la silueta de Tsminda Sameba en el fondo del valle. Yo descansé unos minutos, me comí un Snickers, y continué la ruta.
2. Paso de Arsha: el sendero no dio tregua y avancé poco a poco, con paradas constantes, sudando a mares hasta vaciar mi cantimplora de agua. En todo momento estuve acompañado de montañeros y no iban mucho mejor que yo. Me sorprendió ver a algunos cargando con mochilas gigantescas. Imagino que iban a acampar unos días, pero aun así me pareció excesivo. Al final, tras un ascenso agotador, alcancé el paso situado a 2.900m de altura, con una estructura de piedra coronada por una cruz y buenas vistas del valle.
3. Refugio: a continuación caminé un rato en horizontal. Durante este tramo me crucé con varios grupos de caballos que transportaban el equipaje de algunos “montañeros”. Son un incordio porque llenan el sendero de excrementos y erosionan el terreno. Pero bueno, también entiendo que los lugareños tienen que ganarse la vida como pueden. Más tarde atravesé el río Sabertse pasando sobre una precaria escalera metálica. El río bajaba con un caudal tremendo y me salpicaba las piernas. Y llegué a un refugio con una zona de acampada anexa donde ya había varias tiendas montadas. Por suerte encontré una fuente para llenar mi cantimplora.
Allí comprobé que aun tenía bastantes kilómetros por delante. Además me encontraba muy cansado y el monte Kazbegi estaba tapado por las nubes. Reconozco que valoré la posibilidad de dar media vuelta, pero decidí seguir.

4. Glaciar Gergeti: me costó acabar la ruta, cruzando arroyos y caminando sobre rocas inestables, con un frío que me obligó a ponerme el abrigo. Pero el paisaje lo compensó todo. Ante mí se extendía el enorme glaciar, con una cascada precipitándose al vacío y montañas imponentes. Aquí ya había menos gente y caminé casi siempre en solitario. Cuando llegué al glaciar, ubicado a 3.265m de altura, me senté en un lugar resguardado del viento y piqué unas galletas. A mis pies el río rugía creando una atmósfera salvaje.
5. Monte Kazbegi: al principio se encontraba oculto tras las nubes, pero poco después comenzaron a apartarse y el Kazbegi apareció en todo su esplendor, con su majestuosa cima de 5.054m cubierta de nieve, rodeada de pináculos de roca de color rojizo. No me lo podía creer. Mi cámara de fotos echaba humo. Tuve una suerte increíble porque al cabo de unos minutos la niebla regresó y ya no volví a ver la montaña en todo el día.
A continuación tenía que deshacer toda la distancia recorrida para regresar a Stepantsminda. Más de 10km de vertiginosas bajadas. Pero tras contemplar el monte Kazbegi me encontraba con energías renovadas. Además el terreno era firme y no resbalaba lo más mínimo, con lo cual pude avanzar a toda velocidad (en algunos tramos casi al trote) adelantando a un montón de gente. De camino lució el sol y crucé prados llenos de flores con vistas de las montañas y pájaros revoloteando. Cuando por fin alcancé el centro de Stepantsminda estaba eufórico. Habían sido un total de 9 horas (contando las paradas en Tsminda Sameba y en el Glaciar Gergeti) para recorrer 21km, con un desnivel positivo de 1.600m. Reto superado.
CENA: RESTAURANTE KHEVI
Ya eran las 18h y me moría de hambre, así que me la volví a jugar y entré al azar en este local del centro. Tras examinar el menú pedí Plov. Se trata de un plato típico de Asia Central elaborado con arroz, pollo y verduras. Me lo sirvieron en un cuenco y la verdad es que me pareció bastante insípido, pero llené el estómago. Para acompañar cayó una cerveza Zedazeni helada que me devolvió la vida. Precio: 16L. Ahora ya podía volver a mi guesthouse para disfrutar de un merecido descanso. Tenía los pies destrozados pero la cabeza llena de imágenes para el recuerdo.
EN EL VALLE DE TRUSO
La jornada comenzó tras una noche de sueño impecable y poco después ya estaba en la cocina de la guesthouse listo para desayunar. Además de los platos del día anterior la dueña incluyó Badridzhani Nigvsit (berenjena con pasta de nueces). Me comí casi todo porque el día se preveía intenso. A continuación preparé la mochila pequeña (esta vez sin bastones) y salí a la calle.
Mi objetivo era explorar el Valle de Truso. Comienza en la población de Kobi, situada 20km al sur de Stepantsminda, en la Georgian Military Highway, y para llegar necesitaba conseguir transporte. Menos mal que encontré la agencia Mountain Freaks. Ofrecen 2 furgonetas diarias al Valle de Truso, una a las 9.15h y otra a las 11.15h, con regreso a las 16h y 18h. Solo hay 7 plazas en cada una, así que en temporada alta te recomiendo reservar con antelación. Yo visité el día anterior las oficinas de la agencia, situadas en el centro del pueblo, y conseguí la última plaza disponible. Precio: 30L. Lo mejor (para mí) es que el servicio solo incluye el transporte, nada de grupos organizados con guía.
Yo llegué a las 9.10h a la agencia y todo funcionó de manera impecable. Una chica me indicó mi furgoneta, ocupé un asiento muy cómodo, y nos pusimos en marcha. No me enteré hasta el final de la jornada pero junto a mí viajaba una chica de Valencia y una alemana que vivía en Barcelona. El trayecto duró media hora y el conductor nos dejó en la aldea de Kvemo Okrokana, 4km hacia el interior del Valle de Truso. Desde aquí caminé a mi aire durante 6 horas siguiendo el cauce del río Tergi (el mismo que cruza Stepantsminda). Esto fue lo más destacado de la ruta:
1. Cañón de Kasari: al principio seguí la orilla derecha del río por un estrecho cañón, pasando junto a afilados pináculos de roca, cascadas, y un santuario dedicado a San Jorge. Después crucé por un puente a la orilla izquierda. A continuación salí del cañón y el valle se abrió, ofreciendo unas vistas geniales.
2. Travertinos: en un punto del valle abandoné el sendero para explorar una zona de manantiales. Sus aguas tienen un alto contenido en calcita y crean un fenómeno natural similar al que se produce en Pamukkale, cubriendo el terreno de un mineral rugoso de color blanco y marrón. Aunque aquí no hay piscinas porque la zona es prácticamente llana. Me pareció un lugar fascinante y me tiré un buen rato curioseando y haciendo fotos. La gente no se salía del camino así que estuve totalmente solo, con la única compañía de las vacas.

3. Ketrisi: una aldea abandonada con viviendas de piedra en ruinas.
4. Manantial: en las afueras de Ketrisi las aguas de un manantial cargadas de minerales desembocan en el río formando un paisaje surrealista, con colores rojos y amarillos, y dibujos imposibles.
5. Monasterio de Abano: está formado por una bonita iglesia muy restaurada, dos cruces de piedra, y una torre medieval similar a las de Svaneti (aunque sin la plataforma superior). La imágen del conjunto desde la distancia, con las montañas de fondo, es sencillamente épica.
6. Fuerte de Zakagori: corona la cima de una colina, con varias torres defensivas medio en ruinas y unas vistas espectaculares de los alrededores. Yo subí a explorar el lugar casi en solitario. En este punto del valle el río se ensancha formando varios brazos de agua donde bebía alguna vaca, y las laderas estaban cubiertas de coloridas flores. Durante toda la mañana lució el sol, aunque con algunas nubes que de vez en cuando proyectaban molestas sombras. Me crucé con bastantes montañeros aunque sin llegar a agobiar, con saludos amigables y buen ambiente.

LA REPUBLICA DE OSETIA DEL SUR
Abkhazia no fue el único problema que se encontró Georgia tras conseguir independizarse de Rusia. En las montañas del Cáucaso los habitantes de la región de Osetia del Sur también reclamaban un estado propio, y las protestas desembocaron en un conflicto armado entre 1991 y 1992. Osetia del Sur consiguió un importante grado de autonomía, pero en el año 2008 el gobierno de Georgia anunció un plan para recuperar su unidad territorial y los osetios respondieron con violencia, bombardeando algunas poblaciones vecinas. Hasta que Georgia envió tropas a Tskhinvali, la capital de Osetia del Sur.
No contaban con que desde 1992 Osetia del Sur había establecido importantes vínculos con Rusia, y esa fue la excusa que necesitaba Vladimir Putin para lanzar un ataque total sobre Georgia. En solo un par de días el ejército ruso se plantó en las puertas de Tbilisi, aunque a última hora la mediación de Nicolas Sarkozy consiguió frenar el desastre. Eso sí, Osetia del Sur se convirtió en una nueva república independiente y quedó desvinculada de Georgia.
Explico esta historia porque el Valle de Truso discurre a escasos kilómetros de la frontera de Osetia del Sur, y en Zakagori hay un puesto militar georgiano que impide a los turistas continuar caminando por el valle. A diferencia de Abkhazia, las autoridades de Osetia del Sur no expiden visados a turistas independientes, y la única forma de conocer esta república es formando parte de un tour organizado (a precios elevados). Yo me tuve que conformar con ver desde Zakagori el escarpado macizo montañoso que actúa de frontera natural.
REGRESO A STEPANTSMINDA
Tras visitar el fuerte no me pude entretener mucho porque ya habían pasado 3,5 horas, así que bebí un poco de agua e inicié el camino de vuelta. Después del Monasterio de Abano tomé un sendero alternativo que discurre por la orilla opuesta del río Tergi y me permitió ver nuevos lugares de interés:
7. Géiser: se trata de un charco con burbujas debido a la acumulación de dióxido de carbono que se filtra a través del subsuelo (no por la temperatura).
8. Lago Abano: es una versión ampliada del Géiser, con aguas turquesa y columnas de burbujas que suben desde el fondo. Además el entorno es idílico, con un arroyo de color rojo que nace del lago y todo tipo de flores.
Lástima que solo tenía una hora para llegar a Kvemo Okrokana o la furgoneta se marcharía sin mí, con lo cual me puse a caminar a paso ligero. Mientras avanzaba por la pista comprobé que es mejor visitar el Valle de Truso a primera hora. Por la tarde el cielo se cubrió de nubes que taparon el sol; y me crucé con un montón de vehículos que intentaban llegar lo más lejos posible sin tener que caminar. Así que te recomiendo la excursión de las 9.15h.

Conseguí alcanzar el punto de encuentro cuando faltaban 10 minutos para las 16h, con los pies echando humo y nada sólido en mi estómago desde el desayuno. Mientras volvíamos a Stepantsminda me comí un Twix, muy satisfecho por cómo había transcurrido la jornada. En total fueron 22km de ruta con un desnivel positivo de 500m. En la guesthouse me esperaba una ducha caliente. Y solventé la cena con un Khachapuri que me guardé del desayuno y un yogur líquido que compré en una tienda. Después me estiré en la cama porque tenía que recuperar fuerzas para afrontar mi última excursión en Kazbegi.
EN EL VALLE DE SNO
Al día siguiente me desperté con las piernas llenas de agujetas pero no podía perder tiempo. Una vez en pie me vestí, preparé la mochila pequeña, y a las 8h disfruté de otro abundante desayuno en la cocina de la guesthouse. Había más comida que nunca, con 3 huevos fritos, pimientos rellenos, y diferentes platos de verduras. No pude con todo. En el exterior el día estaba despejado, con unas vistas espectaculares de la iglesia Tsminda Sameba y el Monte Kazbegi.
Para despedirme de Kazbegi decidí recorrer el Valle de Sno. Las excursiones comienzan en la población de Juta, situada a 17km de Stepantsminda, y no hay transporte público. Pero de nuevo acudió al rescate la agencia Mountain Freaks, que cada día organiza dos salidas con los mismos horarios y precios que al Valle de Truso. Esta vez tuve que reservar con dos días de antelación porque el siguiente ya estaba completo (era Julio). La organización fue impecable y a las 9.15h ya estaba en mi furgoneta rumbo a Juta.
El trayecto duró media hora y el conductor nos dejó junto a un puente en las afueras del pueblo, a 2.200m de altura. Por delante tenía un recorrido complicado así que me puse a caminar a paso ligero, dejando atrás a mis compañeros de furgoneta. Esto fue lo más destacado:
1. Alojamientos: tras una dura subida inicial llegué a un prado con un par de alojamientos para pasar la noche. Uno era un camping con varios caballos pastando en los alrededores; y el otro un refugio de madera con una terraza que tenía mesas de picnic y varias hamacas. En esta zona había bastante gente haciendo fotos en plan relax con poca pinta de subir montañas. Yo continué a buen ritmo siguiendo la orilla izquierda del río Chaukhi, entre coloridas flores. Y en un punto pasé a la derecha cruzando una enorme placa de nieve.

2. Lago artificial: después de unos momentos de duda porque el sendero desaparecía a cada paso alcancé un bonito lago con una cabaña de madera. Desde aquí pude contemplar unas magníficas vistas del monte Chaukhi. Tiene 3.800m de altura y sus siete cimas verticales levantan pasiones entre los escaladores (mejor luz para la fotografía por la tarde).
3. Prados: a continuación subí sin parar atravesando prados llenos de flores y varios arroyos. Uno tenía un precario puente de madera, pero en otro me tocó descalzarme y meterme en el agua ayudado por mis bastones (estaba congelada). También pasé por una zona de acampada con unas cuantas tiendas. Ya eran las 12h y de una salían dos chavales desperezándose con cara de dormidos. En fin, son formas distintas de disfrutar de la montaña…
4. Paso Chaukhi: en el final del Valle de Sno me esperaba una pared de roca que parecía infranqueable. Pero poco a poco fui ganando altura en zigzag, parando en infinidad de ocasiones para recuperar el aliento. En un punto pensé que se había acabado el ascenso, aunque todavía faltaban varias rampas mientras bordeaba la parte superior del valle. Menos mal que de camino encontré un manantial y pude rellenar mi cantimplora de agua, porque iba bajo mínimos.
Otro obstáculo que me llevó al límite fue cruzar una placa de nieve muy inclinada. Había un pequeño sendero marcado pero era muy fácil resbalar y acabar en el fondo del valle. Suerte que llevaba mis bastones. Tenía el corazón a mil por hora. Más tarde vi a unos montañeros que se desviaban del camino y rodeaban la placa por la parte inferior. Yo les imité al regresar y fue mucho más sencillo.
Cuando por fin coroné el Paso Chaukhi, ubicado a 3.430m de altura, la sensación fue indescriptible. El paisaje era de alta montaña, con un terreno de piedra desmenuzada, placas de nieve, profundos valles, y las imponentes cumbres del monte Chaukhi envueltas en nubes. Al otro lado del paso se divisaban los lagos de Abudelauri con sus aguas de diferentes colores. Una excursión muy popular de una jornada consiste en bajar a los lagos y seguir hasta la población de Roshka, ya en la región de Khevsureti. Yo estaba agotado, así que me senté 20 minutos a comer un Snickers y beber agua. A pesar del sol hacía mucho frío y tuve que ponerme el abrigo.
REGRESO A JUTA
Gracias a caminar a buen ritmo había conseguido alcanzar el Paso Chaukhi en tan solo 3 horas. Con lo cual tenía otras 3 para volver a Juta, tiempo más que suficiente porque ahora el recorrido era en su mayor parte cuesta abajo. Pero tengo el don de complicarme la vida y otra vez acabé pasando apuros.
Reconozco que hubo algún tramo complicado, como el descenso por la pared de roca hasta el fondo del valle. Aunque sobretodo me detuve demasiado a hacer fotos o contemplar las vistas y perdí un tiempo valioso. Y menos mal que utilicé otro camino y no tuve que volver a vadear el arroyo sin puente. Pero es que era imposible resistirse a fotografiar esas imágenes de postal, con praderas cubiertas de flores y el Monte Chaukhi perfectamente iluminado.

En el valle me sorprendió cruzarme con auténticas oleadas de gente. Aquello parecía una romería, con chavales escuchando música a todo volumen y lugareños cargando neveras llenas de comida, aunque muchos se quedaban en la zona del lago artificial. Así que es mejor realizar la excursión por la mañana.
Durante el tramo final tuve que acelerar el paso y avancé a la carrera, mirando el reloj constantemente. Los pies me dolían pero no había tiempo para quejas. Y cuando parecía que llegaba a Juta descubrí con horror que aun me faltaba bajar por una resbaladiza pendiente. Aparecí en la furgoneta a las 15.59h, con todos mis compañeros ya sentados y el conductor a punto de arrancar, pero una vez más lo había conseguido. Se partían de risa. Eso sí, ninguno de ellos había subido hasta el Paso de Chaukhi. En total fueron 20km de ruta con un desnivel positivo de 1.200m. De esta forma acabó mi visita a la región de Kazbegi. Podía haber realizado alguna otra excursión, como la que recorre Dariali Gorge, cerca de la frontera con Rusia, pero ya había tenido suficiente dosis de montaña.
CONCLUSION
La región de Kazbegi es otro destino muy popular de las montañas del Cáucaso, con lugares de una belleza asombrosa como el Valle de Truso o el glaciar del Monte Kazbegi. Te recomiendo una estancia mínima de 3 días para explorar los diferentes valles, alojándote en la población de Stepantsminda. Si estás en buena forma física no puedes perderte el ascenso al Glaciar Gergeti o al Paso de Chaukhi. En cambio si optas por retos más moderados puedes subir hasta la iglesia de Tsminda Sameba o caminar por el Valle de Truso.
Una pregunta habitual de los viajeros que andan justos de tiempo es qué región del Cáucaso visitar: Svaneti o Kazbegi. A mí me encantaron las dos, pero si tuviera que elegir una me quedaría con Svaneti (el Mestia – Ushguli Trek es una maravilla). Hay otras zonas del Cáucaso que no visité, como Tusheti o Khevsureti, así que no puedo opinar sobre ellas.
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Comentarios
2 ComentariosRICARD
Ago 16, 2020Magnífica descripción de esta bonita zona de Georgia. Realmente es un país lleno de sorpresas y muy agradable de visitar……….yo ya he estado unas 15 veces.
Saludos
Ganas De Mundo
Ago 21, 2020Muchas gracias por el comentario! Georgia es un país que me encantó. Una de las grandes sorpresas de mi viaje. Seguro que repetiré algún día. Un abrazo!