En un imponente castillo de las Cruzadas tras un duro recorrido por la King’s Higway atravesando el enorme cañón del Wadi Mujib
Karak es una moderna población conocida por su imponente castillo, ubicado en las afueras. Fue construido en el año 1142 por Paganus Pincerna, señor de Transjordania, uno de los 4 principales estados que formaban el Reino de Jerusalén. Aunque su ocupante más famoso fue Reynald de Châtillon, un noble francés que llegó a la zona durante la Segunda Cruzada y en 1176 se hizo con el título de barón (y el castillo) gracias a su matrimonio con Stephanie de Milly. Durante su gobierno Reynald se atrevió a enfrentarse al mismísimo Saladino, dedicándose a atacar caravanas árabes y resistiendo un largo asedio. Hasta que en el año 1187 Saladino derrotó a los Cruzados en la Batalla de Hattin y se encargó de decapitar a Reynald personalmente.
Hoy día el castillo de Karak es un lugar ideal para explorar por libre, descubriendo pasadizos subterráneos, salas oscuras y torres con vistas épicas. Y si viajas sin vehículo propio entre Madaba y Karak siguiendo la King’s Highway te espera un trayecto lleno de aventuras, incluyendo una parada en el Palacio de Machaerus.
VIAJE MADABA – MUKAWIR
El día comenzó a las 7h con otro desayuno espectacular en la terraza del Moab City Hotel de Madaba. A continuación desalojé la habitación; me despedí del propietario; y fui en taxi a la Terminal de Autobuses (2D). Allí un chaval me condujo hasta el vehículo de Mukawir (le di unas monedas de propina). Y tras media hora esperando a que llegara más gente nos pusimos en marcha. El trayecto duró 45 minutos y fue realmente tranquilo. De camino atravesamos un paisaje muy normalito, con zonas de árboles retorcidos por la fuerza del viento y bastantes burros. Entre los pasajeros había abueletes con su Hatta (o turbante jordano) de color rojo y blanco; una señora mayor fumando; y un niño que no paraba de llorar.

Aunque parecía una carretera normal y corriente, acababa de iniciar el recorrido de la King’s Highway. Con este nombre se conoce a la antigua ruta comercial de 300km de longitud que une Madaba y Aqaba. Sus orígenes se remontan a la época de los Nabateos, que la utilizaban como parte de su red de comunicaciones entre Arabia y Siria. Los Romanos la convirtieron en la Via Traiana Nova para conectar Aqaba con su capital regional, ubicada en Bosra (Siria). Y los Cruzados construyeron castillos a lo largo de la ruta. Pero durante el Imperio Otomano se creó otra vía mucho más directa que atraviesa el desierto, llamada Desert Highway, uniendo Damasco con la Meca y Medina. Y la King’s Highway perdió importancia.
EN EL PALACIO DE HERODES
Al llegar a la población de Libb el autobús se desvió a la derecha en dirección al Mar Muerto. Una vez en la Terminal de Mukawir (o eso pensaba) los pasajeros empezaron a salir del autobús y yo les seguí. Mi idea era visitar el Palacio de Machaerus, situado a 2,5km de Mukawir. Pero lo que en teoría iba a ser un agradable paseo se convirtió en una dura caminata de 6,5km cargado con mis mochilas y bajo un sol abrasador. Además no tenía claro si me dirigía en la dirección correcta porque no me crucé con nadie a quien poder preguntar. Más tarde descubrí que por error me había bajado antes de tiempo en la aldea de Al Arid. Vaya tela…
Por suerte alcancé Mukawir y apareció en la distancia una espectacular montaña de forma cónica coronada por las ruinas del Palacio de Machaerus. Esta era la residencia de Herodes el Grande, rey de Judea durante el siglo I AC, que construyó aquí una ciudadela fortificada en tiempos del Imperio Romano. El mismo Herodes que según la Biblia ordenó la famosa Matanza de los Inocentes en su intento por acabar con el recién nacido Jesús.

Aquí también vivió su hijo Herodes Antipas, tetrarca de Galilea y Perea, una de las 4 provincias en que los romanos dividieron el Reino de Judea. Estaba casado con la hija del rey de Nabatea pero se divorció de ella para casarse con Herodia, la mujer de su hermanastro. Este hecho provocó acusaciones de adulterio por parte de Juan Bautista, que fue detenido y decapitado en el palacio. Según cuenta la leyenda, durante una fiesta de cumpleaños Herodes quedó tan maravillado con la forma de bailar de Salomé (hija de Herodia) que éste le prometió lo que quisiera. Y Salomé, a instancias de su madre, le pidió la cabeza de Juan Bautista en una bandeja. Así que dicho y hecho. Su divorcio provocó una guerra con los nabateos y su caída como tetrarca.
En el año 66 una revuelta judía contra el Imperio Romano se atrincheró en la ciudadela y logró resistir durante 7 años. Pero cuando estaban a punto de ser derrotados prefirieron suicidarse, de forma similar a lo ocurrido en Masada. Los romanos arrasaron el lugar y aniquilaron a la población; y el Palacio de Machaerus quedó en ruinas hasta el día de hoy.
Al igual que me sucedió en el Monte Nebo, los relatos del pasado superan con creces a la realidad actual. Tras un ascenso agotador me planté en la cima de la montaña y comprobé que del palacio solo queda un amasijo de piedras sueltas con alguna columna en pie. Por lo menos las vistas son espectaculares. Ante mí se extendía el Mar Muerto; los territorios de Palestina; valles erosionados con rebaños de cabras; y cuevas donde viven pastores con sus familias.

Estuve un rato a mi aire en la ciudadela contemplando el paisaje y preguntándome cómo narices iba a continuar mi ruta hacia el sur. Hasta que de repente apareció un chaval suizo con dos amigos jordanos que estaban haciendo turismo por la zona en un flamante 4×4. Charlamos un rato y cuando me ofreció transporte acepté sin dudarlo. Así que me llevó cómodamente de vuelta a Mukawir ahorrándome la caminata.
VIAJE MUKAWIR – KARAK
Un trayecto de tan solo 94km que sin vehículo propio se convirtió en una pequeña odisea. Para llegar a Karak necesité de 5 etapas:
1. Taxi hasta Libb: en Mukawir pregunté a un lugareño dónde estaba la Terminal de Autobuses y me propuso llevarme en su coche a Libb a cambio de 6D. De entrada me pareció buena idea pero no sabía lo que me esperaba… El vehículo se encontraba en un estado lamentable. Le fallaba la dirección y hacía eses invadiendo constantemente el carril contrario de la carretera. Y además el tipo no dejaba de enseñarme un dibujo críptico con dos serpientes y un pájaro preguntándome “Who is this?” Tengo que reconocer que al final iba bastante intranquilo. Un desplazamiento para olvidar.

2. Minibús a Dhiban: el hombre me ofreció continuar hasta Dhiban por 4D más, pero ya había tenido suficientes emociones y opté por el transporte público. Eso sí, la espera fue importante, con un sol de justicia y aguantando a dos chavales que no paraban de preguntarme cosas en árabe y reírse de mi. Un poco más y me marcho de allí a pie. Además parecía que ninguno de los autobuses que pasaba era el mío. Y como no había forma de saber su destino porque los carteles están escritos en árabe empecé a sospechar que los críos se estaban quedando conmigo. Menos mal que al final paró un minibús y me dejó en Dhiban (1D).
A un par de kilómetros se abre Wadi Mujib, un gigantesco cañón con más de 1km de profundidad y 4km de ancho que los destartalados autobuses jordanos son incapaces de sortear. Por este motivo no hay transporte público entre Dhiban y Qsar. Una alternativa hubiera sido contratar un taxi privado incluyendo un alto en Wadi Mujib para hacer fotos. Pero en su lugar decidí caminar hasta el cañón y allí ya vería qué hacía. Así que compré un zumo de uva en una tienda (0,5D) y me puse en marcha. El entorno era de postal, con olivares, campos de cultivo, granjas, y rebaños de ovejas. Fue un paseo realmente agradable.
Una vez en Wadi Mujib disfruté de unas vistas épicas. La carretera bajaba serpenteando hasta el fondo del cañón y volvía a aparecer en la distancia. También se divisaba la presa construida en el año 2004 que retiene las aguas del río Mujib y crea un lago artificial. Lástima que era la peor hora del día y el sol difuminaba el paisaje. Mi guía de viajes indicaba que había un hotel en esta zona y valoré la idea de pasar la noche aquí, pero al examinar el mapa descubrí que en realidad el alojamiento se encuentra al otro lado de Wadi Mujib y tenía que continuar.

3. Autoestop hasta Qsar: yo me planté junto a la carretera con la intención de parar cualquier vehículo que viera pero el tráfico era nulo. Encima apareció de la nada un enorme perro que me ladraba de forma amenazante mientras se acercaba. Menos mal que un lugareño lo ahuyentó y a continuación detuvo una furgoneta convenciendo al conductor para que me llevara. Así que en cuestión de segundos ya estaba en ruta cómodamente sentado. Mi situación había dado un giro radical.
La furgoneta era casi nueva y cruzamos Wadi Mujib a buen ritmo a pesar de las durísimas pendientes. De camino contemplé unas panorámicas memorables. Me hubiera encantado parar a hacer fotos pero no me atreví a pedírselo al conductor. Era muy simpático y charlamos animadamente, aunque estaba trabajando y me pareció de mal gusto intentar utilizarle como un taxista privado. Tras sortear el cañón llegamos a Ariha, la primera población al otro lado de Wadi Mujib; y continuamos hasta Qsar, donde la furgoneta finalizó su recorrido. Todavía estaba lejos de Karak pero ya podía conseguir transporte público. Antes de despedirnos le di al conductor 2D y tuve que insistirle un par de veces para que aceptara el dinero.
4. Autobús a Karak: al cabo de 5 minutos pasó un vehículo que me dejó en Karak por solo 0,1D. El viaje transcurrió sin incidentes.
5. Taxi hasta mi hotel: en la Terminal de Karak no me compliqué la vida y preferí desplazarme en taxi al lugar elegido para pasar la noche (1D).
ALOJAMIENTO: TOWERS CASTLE HOTEL – 12D/Noche
*Puntos a favor: habitación espaciosa; cama doble muy cómoda; baño privado; limpieza extrema; ubicación céntrica, a escasa distancia del castillo y con buenas vistas del valle; precio; buen desayuno incluido.
*Puntos en contra: mobiliario destartalado; ducha de agua templada con poca presión; propietario egipcio de carácter errático.
Antes de instalarme en la habitación el dueño me ofreció un té de bienvenida y hablamos un rato. A continuación decidí dar un paseo por Karak aprovechando las últimas luces del atardecer. Fue una maravilla recorrer las animadas calles comerciales de la ciudad y los alrededores del castillo mientras se escuchaba la llamada a la oración desde varias mezquitas creando un ambiente mágico.
La jornada acabó con una cena más que merecida en la terraza del King’s Castle Restaurant, situado junto al hotel. Pedí un plato de pollo asado con patatas fritas; agua; y un té. Estaba hambriento y me dejó como nuevo. Además me gustó la atmósfera, rodeado de niños correteando y gatos jugando. Precio: 4,5D. La verdad es que me llevé una impresión muy positiva de Karak. De regreso en el hotel me estiré en la cama y no tardé en quedarme dormido. Desde que salí de Madaba por la mañana había utilizado 8 medios de transporte y caminado 10km con todo tipo de dudas e incertidumbre. Pero estaba satisfecho por superar el reto.

EL CASTILLO DE KARAK
Al día siguiente me desperté tras una noche de sueño impecable. Una vez en pie fui a desayunar al comedor del hotel. El menú consistió en pan con mermelada, quesitos, un huevo duro y té. Acabé satisfecho pero nada que ver con el del Moab City de Madaba. Después agarré mi cámara de fotos y caminé a toda prisa hasta el cercano Castillo de Karak antes de que llegaran los primeros autocares de turistas.
Durante la época de Reynald de Châtillon la amenaza árabe era mayor que nunca. Saladino, sultán de Siria y Egipto, había conseguido unificar las tropas de la región y en el año 1174 emprendió una campaña contra los cruzados. En el último momento, gracias a un acuerdo entre Saladino y Baldwin IV (el monarca de Jerusalén), se consiguió mantener la paz. Pero Reynald, famoso por su crueldad, no lo respetó y se dedicó a saquear caravanas árabes provocando la ira de Saladino.
Más tarde, en el 1183, Saladino lanzó un ataque contra el Castillo de Karak y durante el asedio Reynald tuvo las narices de celebrar la boda de su hijo. Cuenta la leyenda que su mujer envió platos del banquete a Saladino y éste a cambio respetó la torre donde se alojaban los recién casados. Al final el fuerte resistió pero en 1187, dos años después de la muerte de Baldwin IV, Saladino acabó con Reynald en la Batalla de Hattin.

*Horario: 8h – 17h
*Precio: 1D
*Fotografía: ok
El Castillo de Karak ha sufrido los efectos del paso del tiempo y docenas de conflictos bélicos. Está en peor estado que otras fortalezas de los cruzados en Oriente Medio como Krak des Chevaliers (Siria) o el Fuerte de Belvoir (Israel). Se levanta sobre una colina y desde fuera destacan sus gruesos muros y torres cuadradas. Aunque el interior se encuentra en ruinas, con montones de escombros y una ausencia total de estatuas, relieves o cualquier elemento decorativo. Eso sí, a cambio su aspecto es muy auténtico; y apenas me crucé con turistas.
Reconozco que disfruté explorando en solitario pasadizos subterráneos con lúgubres salas, escaleras y arcos. Mientras caminaba a oscuras me llevé más de un susto al escuchar ruidos misteriosos que al final resultaban ser el viento o pájaros que se colaban por pequeños agujeros. Una de las salas estaba habitada por una ruidosa colonia de murciélagos. Yo me acerqué todo lo que pude pero el olor era horrible y no quería espantarles y que levantaran el vuelo. También subí a las murallas y contemplé unas vistas geniales de los alrededores.
Nota: años después, en el 2016, el Castillo de Karak fue el escenario de un ataque terrorista a cargo del Estado Islámico que acabó con la vida de 14 personas, incluido un turista canadiense.
Tras la visita di un paseo por el pueblo. En una rotonda del centro hay una estatua ecuestre de Saladino que conmemora su victoria sobre Reynald. También aproveché para tomarme un zumo de guayaba en un puesto callejero (0,5D); y otro de naranja sentado en la terraza del King’s Castle Restaurant (1,5D). Después volví al hotel para desalojar mi habitación. Antes de marcharme me despedí del propietario, pero su actitud era mucho menos amable que el día anterior. Desconozco si dije o hice algo que le sentó mal. En fin…
CONCLUSION
El Castillo de Karak es uno de los principales lugares de interés de la King’s Higway y merece la pena hacer un alto. Yo decidí recorrer el tramo entre Madaba y Karak en transporte público y autoestop y fue una de las grandes aventuras de mi viaje a Jordania. En este caso te recomiendo dedicarle 2 días incluyendo un desvío para visitar las ruinas del Palacio de Machaerus. Yo lo concentré todo en una jornada y fue demasiado intenso. Si pasas la noche en Karak te aconsejo alojarte en el Towers Castle Hotel, con una ubicación inmejorable.
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