Paseando por la antigua capital del Imperio Safávida, entre cúpulas de color azul turquesa, bazares y palacios de ensueño
Isfahan es la tercera ciudad más grande de Irán y está ubicada a orillas del río Zayandeh. Su época dorada tuvo lugar durante el Imperio Safávida, una dinastía que devolvió al país su antigua gloria creando el Tercer Imperio Persa. En el año 1598 el Shah Abbas I el Grande decidió trasladar a Isfahan la capital y encargó la construcción de una serie de espectaculares mezquitas, palacios y puentes que representan el punto culminante del arte persa. Algunos viajeros europeos, como Robert Byron, escribieron fantásticos relatos sobre las riquezas de la ciudad. Pero en 1722, tras un lento declive por las continuas guerras con el vecino Imperio Otomano (de religión sunita), el ejército Afgano invadió Isfahan asesinando a miles de habitantes. Y poco después la capital Safávida se reubicó en Shiraz.
Las principales atracciones turísticas de Isfahan son la plaza Maidan-e Imam con sus impresionantes mezquitas; el Palacio Chehel Sotun; los puentes que cruzan el río Zayandeh; y la Catedral de Vank, situada en el barrio armenio de New Jolfa.
VIAJE KASHAN – ISFAHAN
Entre estas ciudades hay 215km de distancia y fue un desplazamiento sencillo. Necesité 3 etapas:
1. Taxi a la Terminal de Autobuses: está ubicada unos kilómetros al norte de Kashan. Yo paré en la calle un vehículo Savari (compartido), así que primero dejamos a una señora en su casa y después continuamos hasta la Terminal. Reconozco que iba en guardia esperando algún intento de timo, pero al final el taxista me cobró solo 5milT.

2. Autobús hasta Isfahan: en la Terminal un encargado me indicó el mostrador de la compañía que cubre la ruta a Isfahan y compré el billete (13,5milT). Nadie hablaba inglés pero conseguí hacerme entender. Por suerte solo faltaba media hora para que saliera el autobús. Tuve el tiempo justo para comprar una botella de agua y al poco llamaron a los pasajeros. Yo guardé mi mochila grande en el maletero inferior y una chica me ayudó a encontrar mi sitio (el número estaba escrito en Farsi).
El trayecto duró 2,5 horas y transcurrió sin incidentes. Viajé en un asiento de la fila individual, reservada para pasajeros solitarios (así una mujer no se sienta junto a un hombre desconocido). Era muy cómodo, con espacio para estirar las piernas. A mi alrededor se respiraba una atmósfera tranquila. Incluso repartieron un pequeño bizcocho y un zumo de naranja. Por supuesto yo era el único occidental. Al principio contemplé un paisaje formado por áridas llanuras que se extendían hasta el infinito. Pero más tarde aparecieron los Montes Karkas, con alguna población tradicional (pasamos cerca de Abyaneh) y la polémica ciudad de Natanz.

LA CRISIS NUCLEAR DE IRAN
Algunas guías de viaje recomiendan hacer un alto en Natanz para visitar su mezquita y un antiguo castillo. Pero esta ciudad es conocida a nivel mundial por contar con un enorme complejo subterráneo para la producción de uranio enriquecido. Su existencia secreta fue descubierta en el año 2002 y provocó una grave crisis internacional. Según el gobierno iraní el uranio iba a ser utilizado como combustible en nuevas centrales nucleares que ayudarían a abastecer de energía el país. Pero Estados Unidos (y sobretodo Israel) acusaron a Irán de planear la fabricación de armamento nuclear y exigieron un cese total de las actividades.
Todo empeoró en el 2005 con la llegada al poder del presidente Mahmud Ahmadineyad, del partido conservador, que se enfrentó abiertamente a Estados Unidos y aceleró el programa nuclear de Irán. Hasta el punto de que George Bush estuvo cerca de lanzar un ataque militar. Al final la Unión Europea y Estados Unidos, junto a otros gobiernos occidentales, optaron por presionar aplicando una serie de sanciones comerciales que culminaron en el 2012 con la prohibición de importar petróleo de Irán. En el año 2013 el moderado Hasán Rouhani ganó las elecciones presidenciales, y poco después firmó un acuerdo que ponía fin a las sanciones comerciales a cambio de congelar su programa nuclear. Pero en el 2017 Donald Trump se convirtió en presidente y una de sus primeras acciones fue cancelar el acuerdo de forma unilateral, así que las tensiones continúan.
Las instalaciones nucleares de Natanz se encuentran muy cerca de la carretera principal. Y las pude ver desde la ventana del autobús, rodeadas de montículos artificiales con cañones antiaéreos y soldados en situación de alerta. Una escena inquietante teniendo en cuenta la historia del lugar… Por cierto, ni se te ocurra intentar hacer una foto.
Cuando faltaba un rato para llegar a Isfahan el ayudante del conductor corrió las cortinas de las ventanas (incluida la mía); puso todos los asientos en posición vertical; y nos detuvimos en la Terminal de Kaveh, ubicada unos kilómetros al norte.
3. Taxi al centro: esta vez era Dar Baste (privado). Como hasta el momento nadie me había intentado estafar subí al vehículo sin negociar el precio del trayecto. Pero una vez en el centro de Isfahan el taxista me cobró 15milT. Me pareció abusivo y protesté, pero el tipo se mostró inflexible. Más tarde me dijeron que el precio habitual son 10milT. En fin, al menos me consolé pensando que solo me había cobrado 1 euro de más…
ALOJAMIENTO: ORCHID HOTEL – 117milT/Noche
*Puntos a favor: habitación espaciosa; baño privado con ducha perfecta; ubicación céntrica, a unos minutos a pie de la Plaza Maidan-e Imam; aire acondicionado; nevera; personal de la recepción muy amable; precio; abundante desayuno incluido.
*Puntos en contra: cama individual (aunque muy cómoda); lugar demasiado ruidoso, con tráfico, vecinos, y los motores de los aparatos de aire acondicionado.
Mi plan inicial era alojarme en el Tourist Hotel y reservé 3 noches desde casa contactando con el encargado por correo electrónico. Pero como alargué mi estancia en Kashan un día más de lo previsto había perdido la reserva. Y los 60Usd por noche me parecían exagerados, así que busqué alternativas. La primera fue el Amir Kabir Hostel, aunque la habitación que me enseñaron (a 20Usd/Noche) no era para tirar cohetes. Ante mi cara de decepción un abuelete me llevó hasta el cercano Orchid Hotel, propiedad del hermano del dueño, y conseguí una habitación muchísimo mejor por 30Usd/Noche. Tras descansar un rato mientras el sol perdía fuerza salí a dar un paseo por la ciudad.
En los alrededores de Isfahan se han encontrado restos de asentamientos que datan de hace más de 4mil años. Pero no sería hasta mucho más tarde cuando la ciudad alcanzaría fama universal. Isfahan tuvo dos épocas doradas. La primera durante la dinastía de los Selyúcidas, de origen turco, que gobernaron Irán entre los siglos X y XII. Y que en el año 1047 convirtieron a Isfahan en la capital de su imperio, llenándola de edificios monumentales. Durante el siglo XIII los ejércitos mongoles de Genghis Khan invadieron Irán, arrasando todo a su paso, y dejaron Isfahan en ruinas. Y así continuó durante décadas hasta su segunda época dorada, coincidiendo con la creación del Imperio Safávida.
LA PLAZA MAIDAN-E IMAM
Yo caminé por la calle Chahar Bagh Abbasi, una amplia avenida con un tráfico intenso. Y en 15 minutos llegué a Maidan-e Imam, la plaza principal de Isfahán, que con sus 560m de largo y 160 de ancho es una de las más grandes del mundo. Fue el epicentro del Imperio Safávida durante el reinado del Shah Abbas I; y aquí tenían lugar los eventos públicos más destacados, como partidos de polo. Primero di una vuelta alrededor de la plaza y contemplé sus fuentes y jardines, tiendas de artesanía, y calesas de caballos a la espera de clientes. También había lugareños estirados a la sombra y algún gato callejero. El sol todavía apretaba y se respiraba una tranquilidad total. Después visité sus monumentos estrella:
1. Mezquita Masjed-e Imam: es la construcción más espectacular de la plaza. Una obra maestra que el Shah Abbas I no pudo disfrutar porque los trabajos finalizaron en 1629, solo unos meses después de su muerte. Tiene una fachada cubierta de azulejos e inscripciones caligráficas, y la entrada principal está decorada con muqarnas (una especie de estalactitas de estuco que cuelgan del arco abovedado). Además cuenta con dos minaretes de 42m de altura.
Tras pagar la entrada (20milT) accedí al patio, orientado hacia la Meca y rodeado de cuatro portales (llamados Iwanes). Aunque estaban restaurando la mezquita, y en Irán las obras no se hacen por fases para evitar molestias. En este país llenan todo de andamios y empiezan a trabajar con calma, sin que el turista importe lo más mínimo. Así que me encontré el patio cubierto de hierros que obstaculizaban las vistas de los portales. También la cúpula principal, la más grande de Isfahan, de color turquesa, con 51m de altura y flanqueada por otros dos minaretes. Una pena…
Suerte que el interior compensó la decepción inicial. Las salas son un festival de formas y colores, con miles de azulejos decorados con motivos florales y geométricos que cubren arcos y paredes. Me encantó la inmensa sala de oración principal, ubicada bajo la cúpula. Al mirar hacia arriba parecía que el techo se movía.
2. Mezquita Masjed-e Sheikh Lotfollah: se llama así en honor al suegro del Shah Abbas I y estaba reservada para los miembros de la familia real. Sus dimensiones son moderadas y no tiene minaretes ni patio, pero la decoración es impresionante. La fachada es un espectáculo, con azulejos de vivos colores, inscripciones caligráficas y muqarnas. Y el edificio está rematado por una cúpula amarilla con forma de bulbo. Mi cámara de fotos echaba humo.

Después compré el billete (20milT), caminé por un pasillo lleno de arcos y entré en la enorme sala de oración. De repente me vi en medio de un mar de azulejos que se extendía en todas direcciones cubriendo hasta el último centímetro de las paredes. Además las luces del atardecer entraban por las ventanas y hacían que la cúpula cambiara de tonalidad creando una atmósfera mágica. Una auténtica maravilla. Yo me tiré más de media hora contemplando la escena, hasta que un vigilante me dijo que me tenía que marchar porque ya eran las 17h y la mezquita cerraba.
3. Palacio de Ali Qapu: era la antigua residencia del Shah Abbas I y me hubiera gustado visitarla, pero no habría podido disfrutar de sus dos principales atractivos. Por un lado la terraza elevada (cubierta de andamios) y por otro la panorámica de Masjed-e Imam (también en restauración). Así que me ahorré la entrada. Además estaba saturado de arte y necesitaba un respiro.
Cuando acabé las visitas empezó a oscurecer y la plaza cobró vida, con sus fuentes en funcionamiento y montones de lugareños. Algunos se limitaban a pasear o se sentaban en un banco a charlar con familiares y amigos. Pero otros llegaban equipados con manteles y comida, y montaban improvisados picnics en el césped. Además la luna llena apareció en el cielo situándose justo tras la cúpula de Majed-e Sheikh Lotfollah (una buena oportunidad fotográfica); y los monumentos se iluminaron.

Mientras hacía fotos en la plaza entré en una pastelería y compré una caja de dulces típicos de Isfahan. Se llaman Gaz, y consisten en una especie de pasta gomosa elaborada con miel, clara de huevo, agua de rosas y pistachos. Los precios varían en función del % de pistacho y yo opté por la gama intermedia. La caja contenía 20 unidades, cada una con su envoltorio, y solo me costó 10milT (¡poco más de 2 euros!). A continuación busqué un lugar para cenar porque estaba hambriento.
CENA: JARCHI BASHI TRADITIONAL RESTAURANT
De entrada elegí un restaurante recomendado por mi guía de viajes. Pero primero interpreté mal el mapa y caminé durante bastante tiempo en dirección contraria. Y cuando finalmente di con el local un vecino me dijo que llevaba años cerrado. A continuación fui al Jarchi Bashi, fijándome en los nombres de las calles y preguntando a la gente (todo el mundo me atendía con una amabilidad extrema). Aunque al llegar una camarera me dijo que faltaba más de una hora para que abriera. Al menos la chica me condujo a una cafetería donde pude matar el tiempo tomando un Latte (10milT); y hablé con un chaval iraní muy interesado en la situación política de mi país.
Por suerte la espera mereció la pena. El Jarchi Bashi ocupa una antigua mansión con elaborados arcos y columnas; fuentes de sonido relajante; y música clásica de fondo. Además los camareros son simpáticos y muy eficientes. Tras examinar el menú decidí probar el Fesenjun, un plato tradicional iraní que consiste en un estofado de pollo con una salsa espesa elaborada con zumo de granada, berenjena y frutos secos. Estaba delicioso y se convirtió en mi plato favorito de Irán. Para acompañar pedí Polo (arroz con azafrán y frutos rojos); y una botella de agua. Precio: 40milT. Repetiría sin dudarlo.
El regreso a mi hotel fue algo tenso. Ya era tarde y tuve que caminar por callejuelas oscuras y solitarias. Una idea nefasta teniendo en cuenta que llevaba todos mis objetos de valor encima; y que en el Amir Kabir Hostel una nota advertía de los peligros de Isfahan (robos con tirón desde una moto, falsos policías). Iba con el corazón a mil por hora, pero al final llegué sano y salvo.
EL BAZAR DE ISFAHAN
Al día siguiente me desperté a buena hora y bajé a desayunar al comedor del hotel, donde había bastantes turistas chinos. El menú consistió en pan Sangak (para mi gusto mejor que el Lavash) con mermelada; una ensalada de pepino y tomate; un huevo duro; un trocito de sandía (asignado personalmente por el camarero); y té. Justo lo que necesitaba. Después preparé mi mochila pequeña y me dirigí al centro de Isfahan para visitar más lugares de interés. Esto fue lo más destacado:
1. Bazar-e Bozorg (o Gran Bazar): es uno de los más antiguos de Irán. Su principal acceso está situado en un extremo de la plaza Maydan-e Imam, conocido como Portal Qeysarieh y decorado con frescos algo borrosos que representan escenas de batallas y cacerías. En el interior mi idea era seguir una ruta que proponía mi guía de viajes, pero al cabo de un rato ya me había perdido y decidí confiar en mi sentido de la orientación.
El Bazar es un laberinto de pasadizos cubiertos con arcos, bóvedas y orificios con forma de círculo o estrella que permiten pasar la luz. Durante mi paseo descubrí puertas antiguas; un viejo caravanserai; banderas y letreros luminosos escritos en Farsi; y grupos de abueletes charlando. La mayoría de comercios venden productos modernos, como ropa o utensilios para el hogar, pero de vez en cuando vi alguno curioso. Me gustaron los maniquíes con shadores negros; y los puestos de especias (en uno estuve hablando con su simpático propietario). Los vendedores no son nada pesados y me dejaron a mi aire. No había mucha gente, pero sí motos a toda velocidad y carros de madera transportando mercancías que se abrían paso de forma brusca. En un punto salí del Bazar y visité una zona de casas antiguas con balcones de madera a punto de hundirse.
2. Mezquita Alí: situada a escasa distancia, tiene un minarete de 48m de altura construido de ladrillo y una cúpula azul.
3. Mezquita Masjed-e Jameh: al final, tras caminar un par de kilómetros, llegué a esta mezquita donde acababa la ruta de mi guía. Es la más grande de Irán y una de las más antiguas. Fue construida en el siglo XI por los Selyúcidas y durante mucho tiempo congregó a centenares de personas para la oración de los viernes, hasta que fue sustituida por Masjed-e Imam. Es posible visitar gratis el patio, que está rodeado de cuatro portales (Iwanes), aunque yo me encontré el edificio en obras. El portal principal (decorado con elaborados azulejos) estaba parcialmente cubierto de andamios, al igual que uno de sus minaretes. Y encima tenía el sol de cara. Pero pude contemplar el resto de Iwanes, que lucían los elementos habituales de la arquitectura persa, con azulejos, relieves, muqarnas, dibujos geométricos, e inscripciones caligráficas.

Entonces me animé y decidí acceder al interior. Como aun faltaba un buen rato para que abrieran me compré un helado de azafrán y chocolate blanco (2milT) y me senté en un banco. El chaval encargado fue muy simpático y me regaló un Gaz. A las 13h volví a la mezquita y pagué la entrada (20milT). La verdad es que comparada con los monumentos de la plaza Maidan-e Imam esta visita fue algo decepcionante. Las salas de Masjed-e Jameh son oscuras, con muros de ladrillo pelado y escasa decoración. Solo me hicieron gracia las dos cúpulas (también de ladrillo); un bosque de columnas; y la sala del Sultán Uljeitu, con un elaborado Mihrab (nicho ubicado en la pared de las mezquitas que indica la dirección a la Meca).
De nuevo en el Bazar realicé el recorrido inverso hasta el punto de partida. Y me refresqué con un batido de plátano que me dejó como nuevo porque el calor era sofocante.
EL PALACIO CHEHEL SOTUN
Más tarde caminé hasta el Palacio Chehel Sotun. Fue construido durante el reinado del Shah Abbas II y se trata de un pabellón rodeado de jardines utilizado para recibir a gobernantes y altos cargos. Tras pagar la entrada (20milT) comencé a explorar el recinto. Esto fue lo más destacado:
1. Jardines: presididos por un estanque con viejos árboles, flores y un césped en un estado impecable. Se trata de uno de los 9 jardines persas incluidos en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.
2. Palacio: tiene un enorme pórtico sostenido por 20 estilizadas columnas de madera; una fachada cubierta de espejos; y coloridos paneles decorados con motivos geométricos. El nombre del Palacio significa «Cuarenta Columnas», porque a primera hora del día la fachada se refleja en las aguas del estanque duplicando el número de columnas. Yo visité Chehel Sotun por la tarde y me encontré con el sol de cara, así que me quedé sin ver esa imagen. También di un paseo alrededor del palacio descubriendo pinturas aisladas y nuevas perspectivas del edificio.
3. Sala de audiencias: sus paredes están cubiertas de magníficas pinturas murales que representan con todo lujo de detalle algunas batallas de la época (como la de Chaldiran, contra el Imperio Otomano); y recepciones de importantes mandatarios (como el sultán de Turkmenistán). Es mi parte favorita del palacio y mi cámara de fotos echaba humo.
CENA: CAFE RADIO
Una cafetería moderna llena de jóvenes que charlaban animadamente. La verdad es que no hay muchas opciones para comer. Yo pedí un croissant relleno de pollo y queso, y una ensalada de lechuga, tomate y olivas. Para beber cayó un delicioso smoothie de limón con hojas de menta trituradas. Precio: 27milT. Me gustó el ambiente. Este tipo de cafeterías son habituales en las ciudades iraníes (sobretodo en Teherán).

Después de cenar caminé hasta mi hotel sin la tensión del día anterior y comprobé algunas curiosidades. Isfahan está llena de motos. Algunas circulan a toda velocidad por la acera o aparecen de repente en cualquier cruce (son un auténtico peligro). En cambio los habitantes de Isfahan me parecieron encantadores. Una joven me saludó al pasar diciéndome «Welcome to Iran». Y en general todo el mundo se interesaba por mí, con sonrisas de oreja a oreja y apretones de manos. Por último, en Iran es habitual que las mujeres se hagan la cirugía estética en la nariz para tener rasgos más estilizados, y vi a un par de chicas con la nariz vendada.
EXPLORANDO LAS AFUERAS
La jornada comenzó con otro desayuno idéntico en mi alojamiento. Después fui a la recepción y pedí que me ayudaran a conseguir un taxi para visitar una zona alejada del centro. La idea era evitarme molestias y precios inflados, y funcionó. Un encargado detuvo en la calle un vehículo conducido por un abuelete; pactaron la tarifa (11milT); subí al taxi; y nos dirigimos hacia el oeste de Isfahan. Fue un trayecto breve pero agotador porque el taxista no paraba de hablar y hacerme preguntas en Farsi. Pero bueno, tras recorrer 8km me dejó en la entrada del primer lugar de interés del día:
1. Atashgah (o Templo de Fuego): una antigua construcción relacionada con el Zoroastrismo, la religión oficial del Imperio Persa antes de la llegada del Islam. A continuación compré el billete (15milT); y subí hasta la cima de una colina de color rojizo por un empinado sendero. Menos mal que todavía era temprano y el sol no apretaba.
Tardé un cuarto de hora y una vez arriba comprendí por qué el lugar estaba desierto. Las ruinas son realmente básicas. Solo quedan algunos muros de ladrillo con restos de relieves que en el pasado formaron parte de una ciudadela. Y el Templo de Fuego, una estructura circular muy restaurada. Además pensaba que las vistas merecerían la pena, pero no se apreciaba el río Zayandeh a pesar de estar a escasa distancia (más tarde descubrí el motivo); y a mi alrededor solo había barrios modernos y carreteras, con los edificios de Isfahan en la distancia envueltos en una nube de contaminación.
En la cima de la colina rondaba un hombre equipado con unos prismáticos. Solo hablaba Farsi pero me enseñó un par de detalles curiosos y un sendero diferente para bajar del templo. Le dí 2milT de propina y se marchó tan contento. Al final lo único que me gustó del Atashgah fue la panorámica del conjunto desde la carretera.
2. Torres de Palomas: se trata de unos edificios de adobe que datan de la época del Imperio Safávida y servían de hogar a estas aves. El objetivo era recolectar sus excrementos para utilizar como fertilizante natural en las plantaciones de sandías y pepinos de los alrededores. Con la aparición de productos químicos más eficientes estas torres fueron abandonadas poco a poco, y de las miles que había hoy apenas se conservan unas 300. Yo desde el Templo de Fuego pude localizar algunas y fui en su busca.

Pero encontrarlas no fue sencillo. Tuve que cruzar una peligrosa autopista de 6 carriles; preguntar a lugareños que no hablaban ni palabra de inglés (yo aleteaba con las manos imitando a una paloma); y atravesar campos de cultivo y espesos matorrales sin saber dónde estaba. La sensación de aventura era total. Hasta que por fin apareció ante mí la primera torre emergiendo de entre los árboles. Tenía forma cilíndrica y la estructura estaba agrietada, rematada por una especie de sombrero. A mi alrededor solo se escuchaba el sonido de los pájaros y montones de insectos. Fue un gran momento…
Más adelante encontré otras dos torres junto a una carretera secundaria. Los lugareños pasaban en moto y se quedaban mirándome con ojos como platos. Desde allí caminé hasta un puente que cruzaba el río Zayandeh y comprendí por qué no lo había visto desde el Atashgah: ¡estaba completamente seco! En los últimos años Iran está sufriendo una sequía extrema y en situaciones extremas el gobierno interrumpe el curso del río para abastecer de agua la provincia de Yazd. Todo un drama ecológico…
UN VIAJE EN TELESILLA
A continuación decidí regresar a pie hasta el centro de Isfahan siguiendo el río por una carretera local. Pasé junto a granjas rodeadas de huertas; y grupos de jóvenes sentados a la sombra fumando shishas (pipas de agua). Y durante un buen rato me tocó esquivar coches ruidosos bajo un sol abrasador.

Después llegué al Parque Nazhvan. Incluye diferentes recintos para ver animales que obvié por completo: un acuario, un aviario, un terrario… Yo me interné en una zona boscosa por una pista asfaltada cerrada al tráfico donde solo había lugareños en bici y descubrí un telesilla. Reconozco que me llamó la atención y al momento ya estaba subido (25milT). Así me ahorraba un par de kilómetros de caminata; y disfrutaba de las vistas. Me gustó sobrevolar las copas de los árboles cruzándome con familias que viajaban en sentido contrario y me saludaban. Aunque las sacudidas ponían los pelos de punta teniendo en cuenta la altura. Ya en tierra firme me senté en la terraza de un bar a comer una bolsa de Cheetos y una Mirinda. Se estaba muy tranquilo, con música relajante, alguna pareja iraní, y un grupo de graciosos patos que pedían comida.
LA CATEDRAL DE VANK
Jolfa era una población armenia ubicada junto a la frontera norte de Iran. En el año 1604, durante la guerra que enfrentó a los Imperios Otomano y Safávida, fue reconquistada por las tropas del Shah Abbas I. Y este decidió trasladar a todas las familias (unas 10.000) a una zona en las afueras de Isfahan para aprovechar sus habilidades artesanales en la construcción de la nueva capital. La zona recibió el nombre de New Jolfa, y los armenios tuvieron libertad para continuar con su religión y tradiciones. Yo cuando llegué al barrio, situado al sur del río Zayandeh, me esperaba un laberinto de callejuelas con casas antiguas, pero en su lugar me encontré con un barrio pijo de amplias avenidas y restaurantes de diseño.
En New Jolfa destaca la Catedral de Vank. Data del siglo XVII y desde fuera no parece gran cosa, con muros de ladrillo sin apenas decoración; una cúpula con forma de bulbo rematada por una cruz; y un campanario. Pero el interior es otra historia. Yo pagué el billete (20milT), crucé el patio, y entré en una sala de oración con sus paredes y techos cubiertos de espectaculares frescos que representan todo tipo de escenas de la Biblia. Me encantó un enorme Juicio Final lleno de demonios y figuras en movimiento que me recordó a los cuadros de El Bosco. Se notaba que la catedral había sido restaurada hacía poco porque el colorido de los frescos era impresionante, como si estuvieran recién pintados. La sala no es muy grande y coincidí con varios grupos de turistas, pero mirando hacia arriba conseguía olvidarme de todo.
COMIDA: FIRUZ CAFE
Una cafetería muy agradable de New Jolfa con decoración tradicional, mesas pequeñas, y clientela local. No tenían menú en inglés y el camarero me recitó de golpe todos los platos. Tras la confusión inicial pedí Kebab Hosseini, una especialidad de la casa que consistió en tres brochetas de carne de ternera con salsa de tomate y arroz blanco. Para beber pedí dos latas de cerveza sin alcohol de manzana. Precio: 37milT.
A continuación entré en un bar y cayó un batido de plátano. Y como estaba deshidratado repetí batido en un puesto callejero, aunque esta vez una mezcla rara (plátano con zumo de granada), porque el dueño no hablaba inglés y no me supe explicar.

LOS PUENTES DEL RIO ZAYANDEH
Para acabar la jornada regresé a la orilla del río y continué hacia el este para visitar un par de antiguos puentes construidos (como no) durante la época del Imperio Safávida:
1. Puente Pol-e Allahverdi: también conocido como Si-o-se (literalmente «33» en Farsi), por el número de arcos que lo componen. Mide casi 300 metros de longitud y conseguí buenas fotos, aunque habrían sido mejores si el río hubiera tenido agua…
2. Puente Pol-e Khaju: es más corto, con tan solo 110 metros de longitud, pero gana en calidad artística. Tiene dos niveles con arcos y una estructura octogonal donde los lugareños se sientan a charlar. La caminata fue más larga de lo previsto y llegué mientras caía la tarde, pero mereció la pena. En un extremo había un grupo de artistas callejeros entreteniendo a la gente. Y por la noche el puente se iluminó creando una bonita escena. Yo me senté a contemplarla durante un buen rato desde un parque cercano.

Decidí regresar al centro de Isfahan en taxi porque estaba agotado (10milT). Después entré en un local de kebabs situado junto al Amir Kabir Hostel y me compré un shawarma de carne. Pesaba como un ladrillo y me senté en una mesa en medio de la acera donde recibí miradas curiosas. El shawarma estaba muy rico y lo acompañé con una botella de agua y un «apasionante» partido de fútbol Togo-Irán. Precio: 16milT. Así acababa mi visita a una ciudad para el recuerdo.
CONCLUSION
Isfahan es una parada obligatoria en cualquier itinerario por Irán. Antiguamente fue una de las grandes ciudades del mundo, con los mismos habitantes que Londres; y tiene una cantidad asombrosa de edificios históricos, con mezquitas enormes, palacios con sus muros cubiertos de frescos, puentes antiguos, bazares… La lista de atracciones turísticas es infinita, así que deberás seleccionar bien si no quieres acabar saturado de arte islámico. Te recomiendo dedicar a Isfahan un mínimo de 2 días, aunque una jornada adicional te permitirá un recorrido más tranquilo.
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