Playas paradisíacas y antiguas iglesias coloniales en la ciudad que un día fue la joya de la corona del Imperio Portugués
Goa es el estado más pequeño de la India y también el de mayor renta per cápita. Está situado a orillas del Mar de Arabia y separado de la meseta del Decán por las montañas de los Western Ghats. En el año 1510 los Portugueses fundaron Old Goa, una ciudad de espectaculares iglesias administrada por un virrey que en unas décadas tenía más habitantes que Lisboa o Londres gracias a la riqueza procedente del comercio de especias. Y se mantuvieron durante siglos a pesar de las hostilidades del Imperio Maratha. Pero el libertinaje de los colonos llamó la atención de la Iglesia Católica y envió un Tribunal de la Inquisición que sembró el terror quemando en la hoguera a miles de «infieles». En 1843 una serie de epidemias provocaron el traslado de la capital a Panaji, hasta que en 1961 los Portugueses fueron expulsados de Goa por el ejército Indio.
A continuación Goa se convirtió en la meca de hippies y mochileros que acudían de cualquier parte del mundo para disfrutar de sus playas, fiestas y abundancia de drogas, aunque hoy día queda muy poco de esa atmósfera. Entre sus principales lugares de interés destacan las iglesias de Old Goa, como la Basílica de Bom Jesús; el casco antiguo de Panaji, con sus antiguas mansiones coloniales; y Mandrem Beach.
VIAJE BANGALORE – PANAJI
Nada más llegar a Bangalore desde Nagarhole me puse a buscar una agencia de viajes para comprar un billete de avión a Goa confiando en que la encontraría sin problemas. Pero acabé vagando durante media hora cargado con mis mochilas en medio de un mar de tráfico, gente y contaminación. Y en todo ese rato solo vi librerías (había por todas partes).

Entonces pregunté a un lugareño sin muchas esperanzas y para mi sorpresa me indicó la ubicación de una agencia de viajes cercana. Llegué en 5 minutos y salí del local con mis billetes en la mano, no solo el de Goa sino también el de regreso a Mumbay. Y a un precio razonable. Eso sí, tenía que pasar la noche en Bangalore y volar al día siguiente. La anécdota se produjo cuando la chica que me atendió insistía en que mi pasaporte estaba dañado y no me lo aceptarían en el aeropuerto, cuando solo tenía una esquina mojada por las lluvias en Nagarhole. Después ya anochecía y paré un rickshaw que por 70R me llevó a Casa Piccolo Cottage, un remanso de paz recomendado por mi guía de viajes (2.500R).
Al día siguiente caminé hasta una parada cercana y al momento apareció un autobús que conecta el centro con el nuevo Aeropuerto de Bangalore. Se encuentra a 40km (el antiguo estaba a solo 7km) y tardé una hora en llegar (50R). Como era previsible los agentes no pusieron ninguna pega al ver mi pasaporte con una esquina mojada. Eso sí, me tocó pagar una tasa de salida de 270R creada para financiar la construcción del nuevo Aeropuerto. No se libraban ni los lugareños. En fin… Tras el check in me dediqué a curiosear tiendas; y me senté en una cafetería a tomar un batido de fresa con helado de vainilla (180R). A continuación subí al avión y despegamos puntuales.

Volé con la aerolinea IndiGo. El trayecto duró una hora y transcurrió sin incidentes. Una vez en el Aeropuerto de Panaji recuperé mi mochila grande; y contraté en la Terminal de Llegadas un taxi oficial para viajar al centro de Panaji, situado a 30km (600R). Desde la ventana contemplé un paisaje espectacular, con la costa del Mar de Arabia a un lado; y al otro enormes casas coloniales rodeadas de palmeras, muchas abandonadas y cayéndose a pedazos.
ALOJAMIENTO: SONA HOTEL – 900R/Noche
*Puntos a favor: ubicación céntrica; tranquilidad total por la noche.
*Puntos en contra: habitación sucia; cama llena de cucarachas que por la noche se me subían por el cuerpo; baño privado que apestaba a orín; mobiliario destartalado; precio.
Mi primera opción fue el Panjim Inn. Lástima que no les quedaban habitaciones sencillas y las de calidad superior costaban 3milR/Noche porque el hotel tenía muy buena pinta. Yo decidí buscar algo más asequible y salí a la calle, pero en ese momento cometí un error de principiante. El taxista todavía no se había marchado y al verme me ofreció llevarme gratis al hotel de un conocido donde conseguiría sin problema una habitación económica. Yo sabía que probablemente buscaba llevarse una jugosa comisión a mi costa y al principio le ignoré, pero el chaval continuó insistiendo y de forma inexplicable acabé dentro del taxi.
Ya en la puerta del Sona Hotel bajé del vehículo y me despedí del taxista intentando evitar que entrara conmigo y reclamara su comisión. Aunque mientras hablaba con el encargado de la recepción el chaval apareció detrás de mí y le hizo un gesto. Estaba clarísimo lo que ocurría. En ese mismo instante debería haberme largado de allí, pero en cambio decidí quedarme. ¡Y encima pagué dos noches por adelantado! A fecha de hoy todavía no entiendo qué se me pasó por la cabeza. Es verdad que estaba cansado; temía no encontrar alojamiento en Panaji; y quería empezar a visitar la ciudad cuanto antes. Pero no hay excusa que valga, la cagué estrepitosamente…
Cuando me quedé solo en la habitación me di cuenta de mi equivocación. Aquello no costaba 900R ni de broma. La gota que colmó el vaso fue levantar la almohada y ver una cucaracha que salía corriendo. Entonces intenté dar marcha atrás y bajé a la recepción con mis mochilas dispuesto a recuperar mi dinero y largarme poniendo como excusa las cucarachas. Pero estaba en una posición claramente perdedora. Aun gracias que pude negociar una solución intermedia: me cambiaron de habitación (igual de penosa que la primera) y me devolvieron el importe de la segunda noche. Así fue como acabé en el peor hotel de mi recorrido por el sur de la India. Y me lo merecí por tonto… En fin, con este panorama decidí salir a dar un paseo.
Nota: desde entonces lo primero que hago cuando entro en una habitación de hotel es levantar las almohadas, y en más de una ocasión me he encontrado sorpresas desagradables.
EXPLORANDO PANAJI
Panaji es la capital del estado de Goa desde el año 1843. Yo centré mi visita en el casco antiguo, que abarca los barrios de Sao Tomé y Fontainhas, siguiendo una ruta recomendada por mi guía de viajes. La verdad es que el paseo estuvo genial, recorriendo callejuelas estrechas que parecían extensiones de las viviendas de los lugareños, con ropa tendida; pequeños altares dedicados a santos y vírgenes con ofrendas de todo tipo; macetas con flores; niños jugando; perros durmiendo; y señoras asomadas a la ventana o regando las plantas.
Hay numerosas mansiones de estilo colonial pintadas de vivos colores (amarillo, ocre, verde) con cenefas blancas de estilo portugués. Algunas estaban habitadas y otras dejadas a su suerte, con tejados a punto de hundirse, fachadas sucias y vegetación descontrolada que las engulle poco a poco. Me dio mucha rabia ver casas con hoteles familiares llenos de encanto y habitaciones disponibles que no superaban los 800R. En fin, durante la ruta descubrí detalles interesantes en cada rincón y la luz era perfecta para la fotografía. Además al estar en Goa me esperaba montones de turistas, pero solo me crucé con alguna pareja o grupo reducido y la mayor parte del tiempo caminé solo rodeado de vecinos que me miraban con ojos llenos de curiosidad.
En cuanto a lugares de interés concretos esto fue lo más destacado:
1. Iglesia de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción: fue construida en el año 1609 y es de estilo barroco, con una doble escalinata de acceso, muros pintados de blanco, y una fachada decorada con esculturas de la Virgen. Lástima que la puerta estaba cerrada y no pude acceder al interior.
2. Templo de Maruti: está dedicado al dios Hanuman y data de 1934. Sus paredes son de color naranja, con torres puntiagudas y relieves. Corona una colina que ofrece buenas vistas de los alrededores, con el río Mandovi, palmerales y un mar de tejados. Mientras subía por las escaleras me tuve que apartar porque bajaba una enorme serpiente a toda velocidad. En cambio un tipo pasó al lado de ella sin inmutarse como si fuera lo más normal del mundo.
Para acabar la excursión me senté en una mesa del restaurante Venite y pedí un batido de plátano y una botella de agua grande (45R). El local está ubicado en la primera planta de un edificio antiguo y parece un museo, con muebles viejos; suelos de madera oscura; paredes llenas de cuadros; lámparas y objetos colgando del techo; y pequeños balcones con vistas a la calle. Lástima que todos los clientes eran turistas occidentales…
Tras una tarde perfecta no me apetecía regresar a mi lúgubre habitación. Yo me acosté a buena hora con ganas de que amaneciera lo antes posible (ni siquiera cené) pero el hotel no me lo puso fácil. Primero un empleado que empezó a hablar a gritos con el móvil junto a mi puerta (tuve que salir a echarle con cara de pocos amigos). Y después las insistentes cucarachas, que aparecían de debajo del colchón y me despertaban a cada momento subiéndose por mis brazos y pies. Suerte que eran pequeñas si no me da algo…

La jornada comenzó temprano tras una noche para olvidar y poco después de las 7h ya estaba en la calle caminando con mis mochilas dejando atrás el Sona Hotel.
ALOJAMIENTO: PARK LANE LODGE – 840R/Noche
*Puntos a favor: habitación en una antigua casa colonial; ubicación inmejorable, en pleno casco antiguo de Panaji; limpieza extrema; propietarios muy amables.
*Puntos en contra: habitación pequeña; ruido por la noche (aunque por culpa de unos huéspedes); mobiliario destartalado.
Durante mi paseo por Panaji del día anterior vi esta agradable pensión y entré a hacer una reserva. Los dueños eran una pareja de ancianos que me ayudaron en todo lo que pudieron. Cuando llegué la habitación aun estaba ocupada y me tocó esperar un rato sentado. Después cumplí con la burocracia hotelera habitual (rellenar impreso, fotocopia de mi pasaporte); me instalé; preparé mi mochila pequeña; y salí en ayunas en busca de nuevas aventuras.

VIAJE PANAJI – MANDREM
Mi plan del día era disfrutar de las famosas playas de Goa. El problema es que muchas están ocupadas por locales de fiesta, centros hoteleros, campamentos de yoga y comunas hippies. Así que para tratar de huir de ese ambiente elegí Mandrem Beach, una de las playas más paradisíacas del estado (según las guías de viaje). Se encuentra ubicada a 32km de distancia, pero tenía toda la jornada por delante y no me importó. Estas fueron las etapas:
1. Autobús a Mapusa: primero caminé hasta la Terminal de Panaji y me subí a un autobús que en media hora me llevó a Mapusa, la ciudad más grande del norte de Goa (10R). Su principal atractivo turístico es un alegre mercado semanal que precisamente tenía lugar ese día (viernes). Pero como mi objetivo era llegar a la playa decidí pasar de largo.
2. Autobús hasta Arambol: tras preguntar a un lugareño encontré la siguiente parada; esperé unos minutos; y apareció un vehículo (20R). El trayecto duró una hora y avanzamos por una estrecha carretera que atraviesa palmerales, ríos con embarcaciones tradicionales, y aldeas de postal con pequeñas iglesias de color blanco y mansiones coloniales. Qué pena no poder disfrutar de estos paisajes en vehículo propio a ritmo pausado. Me habría detenido a hacer fotos en infinidad de ocasiones.

Arambol es una población que durante los años 60 se convirtió en el epicentro de la peregrinación hippy y hoy día todavía abundan los personajes peculiares. Durante mi breve paso por Arambol pude ver abuelos de pelo largo con bañadores diminutos; una chica de rastas infinitas; hombres tatuados con caras de haber dormido poco; mujeres de avanzada edad vestidas con ropa hippy; y centros de yoga y ayurveda en cualquier rincón. No es mi rollo así que no perdí ni un minuto más de la cuenta.
3. Moto-taxi a Mandrem: es un medio de transporte típico de Goa y por 50R me dejó en Mandrem Beach, ubicada al sur del pueblo, junto a la desembocadura del río del mismo nombre.
LA PLAYA DE MANDREM
Nada más llegar dediqué un buen rato a recorrer la playa. Es muy bonita, de arena dorada, con el río Mandrem atravesado por diversos puentes de madera; barcas sobre la arena; palmerales; y campamentos de cabañas con techo de paja. Además apenas había gente y tuve el lugar casi para mí solo. Cerca de la orilla correteaban pálidos cangrejos que al verme se escondían en agujeros. Aunque durante mis viajes por el mundo he visitado playas mucho más espectaculares que Mandrem Beach y no me gastaría varios cientos de euros en un vuelo solo para venir hasta aquí.

En fin, después de hacer un montón de fotos decidí buscar un local para refrescarme porque el sol empezaba a pegar con fuerza. Y me dirigí al restaurante del River Cat Villa, un alojamiento recomendado por mi guía de viajes. Está oculto tras un espeso palmeral a orillas del río y no fue sencillo encontrarlo, aunque mereció la pena el esfuerzo. Se trata de una mansión llena de esculturas, pinturas y antigüedades que tiene una terraza con cómodos sofás, columpios y velas. Un lugar ideal para tomar una copa por la noche con tu pareja o un grupo de amigos. Yo no tenía hambre así que pedí un Banana Lassi, un té (me sirvieron una tetera generosa) y una botella grande de agua. Los precios no son baratos (250R), pero recuperé líquidos y utilicé el lavabo para asearme un poco.
De nuevo en la playa opté por estirarme a tomar el sol y descansar. Descarté la alternativa de bañarme porque en Mandrem no hay duchas y no me apetecía pasar el resto del día con el cuerpo cubierto de salitre. Durante mi paseo me habían ofrecido tumbonas en un par de locales por 50R. Así que cuando vi un sitio que me gustó caminé hasta el chiringuito (de nombre Oasis) para alquilar una. Tuve que cruzar toda la playa y atravesar el río por uno de los puentes, pero el encargado valoró mi gesto y me dejó usar gratis una de las tumbonas. Me explicó que mucha gente las utilizaba sin pedir permiso, mientras que yo me había pegado una caminata importante bajo un sol de justicia.

Estuve en la tumbona alrededor de 3 horas. Se estaba genial, bajo un techo de cañas que evitaba el impacto directo del sol (o eso pensaba porque acabé quemado); con el sonido de las olas; una agradable brisa; y pájaros revoloteando. Solo había otro turista a bastante distancia. Aunque de vez en cuando aparecía algún molesto vendedor ambulante. Como una masajista que se puso a toquetearme las piernas y tuve que echar de forma enérgica. Al final llegaron dos familias occidentales con un crío que no paraba de gritar y se rompió la magia, así que decidí poner punto y final a mi jornada playera. Para compensar su amabilidad volví al Oasis y me tomé dos zumos Slice (30R) mientras charlaba con el encargado de infinidad de temas.
REGRESO A PANAJI
Ahora seguí las indicaciones del encargado del Oasis y realicé una ruta distinta que me ahorró tiempo y dinero. Para empezar caminé un par de kilómetros hasta el pueblo de Mandrem orientándome gracias a los lugareños que me encontraba. Mandrem está creciendo a pasos agigantados y ya parece un Arambol en miniatura, con tiendas de artesanía, un tráfico intenso y turistas por todas partes. Cinco años más y la transformación será total.
En Mandrem localicé la parada correcta, y tras un cuarto de hora pasó un autobús que me llevó directo a Mapusa sin tener que hacer escala en Arambol (10R). Durante el trayecto contemplé un paisaje espectacular. Además a mi alrededor viajaban mujeres con sus pieles bronceadas, rostros de rasgos exóticos, y largas melenas negras adornadas con tiras de coloridas flores. En Mapusa me subí a otro autobús (10R) y llegué a Panaji cuando se ocultaba el sol, satisfecho por lo bien que me habían salido las cosas.
CENA: VENITE RESTAURANT
La noche anterior me gustó este local así que no tuve problema en regresar. Esta vez conseguí mesa en uno de los pequeños balcones y disfruté de unas vistas geniales. Tras examinar el menú pedí un plato de Mixed Fried Rice con pollo, gambas, calamares y verduras; y dos cervezas heladas marca Kingfisher. La comida no tardó en llegar y estaba deliciosa, con una ración abundante que apenas picaba. Precio: 220R. Un restaurante muy recomendable.
Ya en mi habitación me duché y me estiré en la cama con ganas de pasar una noche muy distinta a la anterior. Pero la verdad es que fue menos tranquila de lo previsto. Primero una familia alojada en la pensión estuvo haciendo ruido hasta la medianoche (tenían un niño enfermo que no paraba de gritar y toser). Y de madrugada me despertaron los aullidos de una pareja de gatos en celo. Con la paz que se respiraba en el Sona Hotel (cucarachas a parte)…
DESCUBRIENDO LAS IGLESIAS DE OLD GOA
La jornada comenzó con mi alarma sonando a las 6.30h. De buena gana me hubiera quedado un rato más en la cama, pero tenía una agenda muy apretada y me obligué a ponerme en marcha. Una vez en pie desalojé la habitación; dejé la mochila grande con la dueña del alojamiento; y sin tiempo para desayunar caminé hasta la Terminal de Panaji. A continuación negocié con un conductor de moto-taxi y me llevó a Old Goa, situada a 9km (75R).
Old Goa se fundó durante el siglo XV por orden del Sultán de Bijapur para sustituir al puerto de Govapuri. Tras la conquista de los Portugueses en el año 1510 fue la capital de la región durante más de 3 siglos y todavía conserva numerosas iglesias y monasterios de la época colonial que están incluidas en el Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Un auténtico museo al aire libre de arte religioso. Yo recorrí una ruta recomendada por mi guía de viajes y pasé 2,5 horas visitando los templos más importantes. Se respiraba una atmósfera muy apacible, con algún turista ocasional y grupos de fieles. Aunque el calor era asfixiante y sudé a mares. Esto fue lo más destacado:
1. Sé Catedral: es la iglesia más grande de Goa y se construyó en 1619 para conmemorar la victoria del ejército Portugués contra los Musulmanes. Ese día era Santa Catalina de Alejandría y el templo está dedicado a ella. Tiene una elegante fachada de color blanco. En el pasado contaba con dos campanarios, pero uno se derrumbó en 1776 y nunca se reconstruyó. El otro alberga la campana más grande de Goa, conocida como la «Campana de Oro» por su tono nítido. Dentro de la catedral me gustó un retablo dorado del altar mayor que representa escenas de la vida de Santa Catalina.
2. Basílica do Bom Jesús: es del año 1605 y atrae a católicos de todo el mundo porque alberga los restos mortales de San Francisco Javier, patrón de Goa y cofundador de la orden de los Jesuitas. Yo contemplé su fachada de color rojizo (es la única iglesia de Goa que no está encalada); la sacristía, con una elaborada puerta de acceso; el altar mayor; el púlpito de madera, con figuras de Jesús y los evangelistas; y la tumba de San Francisco Javier, con un sarcófago que contiene su cuerpo.

Al lado de la tumba hay fotos antiguas del cadáver del santo. Francisco Javier era un monje Jesuita que llegó a Goa con la tarea de expandir el cristianismo por las colonias portuguesas. Durante 10 años realizó viajes increíbles, hasta que en 1552 murió durante una travesía por las costas de China. El cuerpo se enterró temporalmente en una isla y cuando se recuperó al cabo de 3 meses para trasladarlo a Goa estaba momificado. Este suceso se consideró milagroso y Francisco Javier fue canonizado.
3. Iglesia de San Agustín: data de 1597 y era la más grande y lujosa de la India. Hoy día solo aguanta en pie una torre de 46 metros de altura que está partida en dos.
4. Iglesia de San Francisco de Asís: la primera orden que llegó a Goa fue la de los Franciscanos. Construyeron una iglesia en el año 1521, aunque la actual es de 1661. El interior está cubierto de coloridos frescos donde aparecen ángeles y motivos florales.
5. Iglesia de la Virgen del Rosario: es la más antigua de las que se conservan en Old Goa, consagrada en 1543. Desde fuera parece una fortaleza, con la entrada flanqueada por pequeñas torres cilíndricas.
Además de iglesias visité otros monumentos esparcidos por la zona conocida como Holy Hill, que ofrece buenas vistas de los alrededores, con el río Mandovi y extensos palmerales. Pero al final ya eran las 10.30h y tocaba volver a Panaji, así que contraté una moto-taxi para llegar al hotel; recuperé mi mochila grande; y continué en el mismo vehículo hasta la Terminal (100R más que generosos).
A continuación fui en autobús hasta Vasco da Gama (21R), la población más grande de Goa, llamada así en honor al famoso explorador, que fue gobernador de la India Portuguesa. Y desde allí viajé en moto-taxi al Aeropuerto sorteando un tremendo atasco (menos mal que iba en moto) (60R). Se trató de una ruta laboriosa pero tenía tiempo y de esta forma me ahorré los servicios de un taxi, que me habría salido mucho más caro. En el Aeropuerto de Vasco da Gama me esperaba un vuelo a Mumbai, ciudad donde acababa mi itinerario por el sur de la India.
CONCLUSION
Goa es un lugar de visita obligada, ya sea para relajarse en la playa, descubrir su arquitectura colonial, o unirse a un grupo de yoga en busca de paz interior. Te recomiendo un mínimo de 3 días completos: uno para Panaji; otro para Old Goa y alrededores (como la mansión señorial llamada Casa Braganza); y el último para perderte en alguna playa. Es aconsejable alquilar una moto para explorar Goa. Así podrás detenerte donde quieras para explorar sus maravillosos paisajes (yo me moví en transporte público y fue un engorro). Además, para viajar entre Mumbai y Goa utiliza el tren. El Konkan Railway conecta ambas ciudades cruzando los Western Ghats y está considerado como uno de los recorridos más escénicos de la India (yo tuve que volar por falta de tiempo).
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