Recintos arqueológicos que en el pasado albergaron monumentos de fama mundial, y un agradable pueblo frecuentado por cigüeñas
Los orígenes de Éfeso se remontan al siglo X AC, cuando los griegos fundaron una colonia en una bahía cercana al río Caístro. La población no tardó en prosperar gracias al comercio marítimo y a los fieles que acudían a visitar el cercano Templo de Artemisa, una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo. Tanto que formó parte de la poderosa Liga Jónica junto a otras 11 ciudades-estado. Con el tiempo Éfeso cayó en manos de otros imperios, como el Lidio o el Persa, hasta que Alejandro Magno conquistó la zona. La época dorada de Éfeso llegó con los romanos, que en el siglo I AC ubicaron aquí la capital de la provincia de Asia. En su momento álgido tenía 250mil habitantes y era la segunda población más grande del imperio, solo por detrás de Roma. Una urbe cosmopolita llena de lujosos monumentos.
Yo visité las ruinas de Éfeso desde Selçuk, un bonito pueblo que cuenta con varios lugares de interés, como el Museo de Éfeso; el Templo de Artemisa; y la Basílica de San Juan. Además constituye una base ideal para realizar excursiones a Didyma y su magnífico Templo de Apolo.
VIAJE: BERGAMA – SELÇUK
Entre estas poblaciones hay 180km de distancia y tardé algo más de 3 horas. La jornada comenzó en mi acogedora habitación de la Oddissey Guesthouse de Bergama. Una vez en pie piqué unas galletas; preparé las mochilas; me despedí del encargado; y caminé hasta una parada de autobús situada a escasa distancia de la Basílica Roja. Estas fueron las etapas del viaje:
1. Autobús a Izmir: compré el billete en una taquilla de la compañía Metro (15L); y ocupé mi asiento. Mientras esperaba a que el vehículo se pusiera en marcha aproveché para comer un tavük döner y una botella de agua en un local cercano (7L). Al principio realizamos numerosas paradas en Bergama para recoger pasajeros, pero cuando se llenó el autobús avanzamos a buen ritmo.

Durante el trayecto cruzamos extensos campos de cultivo; y a la altura de Aliaga bordeamos la costa del Mar Egeo. Pero no pude disfrutar al máximo del paisaje porque se me olvidó pedir un asiento junto a la ventana y en Turquía se respeta a rajatabla el número que indica el billete. Al final llegamos a la enorme Terminal de Autobús de Izmir. Se trata de la tercera ciudad más grande de Turquía, con interesantes mercados, mezquitas y museos. Además es el lugar favorito de muchos turcos por su atmósfera abierta y liberal. Aunque tras varios días en Estambul me parecía más de lo mismo y decidí continuar hacia el sur.
2. Dolmus hasta Selçuk: el ayudante del conductor me indicó dónde se encontraba la furgoneta que necesitaba (15L). Y antes de salir me dio tiempo a comerme un gözleme relleno de espinacas con una botella de agua (5,5L). Esta vez viajé en un asiento individual junto a la ventana. Curiosamente entre los pasajeros había dos parejas de turistas chinos. Cuando llegamos a la Terminal de Selçuk, situada en el centro del pueblo, caminé hasta el lugar elegido para pasar la noche.
ALOJAMIENTO: HOMEROS PENSION – 90L/Noche
*Puntos a favor: limpieza impecable; ubicación céntrica, a escasos minutos de las principales atracciones turísticas; tranquilidad total por la noche; terraza con vistas épicas de los alrededores; familia propietaria realmente amable; servicio de lavandería a tarifas razonables (30L por una bolsa de ropa); precio; abundante desayuno incluido.
*Puntos en contra: habitación llena de muebles que dejaban poco espacio libre; cama individual; baño compartido (aunque enorme y con una ducha perfecta); fuerte olor a tabaco; ruido molesto por la mañana (la habitación estaba justo debajo de la terraza y a las 7h empiezan a preparar los desayunos); wifi errático.

Un alojamiento muy recomendado por mi guía de viajes así que no valoré alternativas. Aunque la primera impresión de Homeros Pension fue nefasta. Al poco de instalarme descubrí que la bombilla de mi habitación estaba fundida; el wifi dejó de funcionar en todo el edificio; y la señora encargada no tenía ni idea de nada (era su primer día de trabajo). Reconozco que valoré seriamente quedarme solo una noche. Pero al día siguiente las cosas se arreglaron y cambié de opinión.
UN PASEO POR SELÇUK
Selçuk está rodeada de verdes colinas y campos de cultivo. La atmósfera no es tan rural como en Bergama, pero a parte de la avenida principal, donde los coches circulan a toda velocidad sin respetar a los peatones, se respira tranquilidad, con señoras que visten pantalones anchos estampados y coloridos pañuelos en la cabeza. El casco antiguo está presidido por los restos de un antiguo acueducto romano restaurado por los bizantinos. Junto a él discurren en paralelo dos calles cerradas al tráfico llenas de cafés y locales de comida con animadas terrazas. Los lugareños jugaban al okey (parecido al domino) mientras con una mano movían sin parar sus rosarios y con la otra fumaban o bebían té.
También vi un montón de cigüeñas. Llegan hacia el mes de marzo y se marchan en septiembre. Y la gente les facilita las cosas, colocando soportes metálicos para sus nidos en los puntos más altos del pueblo, como el acueducto o los minaretes de las mezquitas. Son unas aves majestuosas. Me encantó contemplarlas desde la distancia y escuchar sus sonidos característicos. Incluso descubrí un macho realizando un baile de apareamiento (tuercen su cabeza hacia atrás hasta tocarse la cola con el pico).
El recorrido me permitió comprobar el desplome del negocio turístico que ha sufrido Selçuk durante los últimos años. Hoy día la mayoría de visitantes realizan excursiones a Éfeso organizadas desde Estambul; o llegan en crucero al puerto de Kushadasi y desde allí viajan directos a las ruinas. Como resultado los restaurantes y tiendas de recuerdos de Selçuk estaban desiertas y sus dueños me miraban con cara de resignación. Una pena…
CENA: SISÇI YASAR IN YERI
Un local alejado de la zona turística de Selçuk con una agradable terraza cubierta de viñas. Solo ofrece dos platos y pedí Çöp Shis (mini-brochetas de carne de ternera). Estaban muy ricas pero me duraron dos bocados. Menos mal que para acompañar tenía una ensalada y pan, además de una Fanta. En cambio el precio no fue mini: 18L. A mi alrededor había familias de lugareños y gatos en busca de comida. Después de cenar volví a la pensión para ver la puesta de sol desde la terraza. Y me estiré en la cama a leer y descansar.
EN LAS RUINAS DE EFESO
Al día siguiente me desperté tras una noche de sueño impecable y a las 8h ya estaba en el comedor de la pensión listo para desayunar. El dueño (Dervis) me había prometido un menú espectacular y la verdad es que no mentía. No paró de traer platos hasta que llenó la mesa: dos tipos de olivas; quesos; un huevo duro; fruta (plátano, naranja, fresas); pan con diferentes mermeladas, miel y Nutella; ensalada de zanahoria y pepino; yogur; té… Una locura. Acabé a punto de explotar y no volví a comer nada hasta las 19h. Incluso me llevé un Simit por si me entraba hambre durante la jornada.
*Horario: 8h – 19.30h
*Precio: 60L + 30L (incluyendo las Casas en Terraza)
*Fotografía: ok
A partir del siglo VI varios sucesos precipitaron el declive de Éfeso: la pérdida del acceso al Mar Egeo, bloqueado por los sedimentos que transportaba el río Kaystros; la invasión de los Godos, que arrasaron la zona; una serie de terremotos; y la consolidación del Cristianismo, que acabó con el culto a Artemisa. Hoy día Éfeso presta su nombre a la marca de cerveza más consumida del país (Efes). Y sus ruinas están incluidas en el Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.
Hay dos puertas que permiten acceder al recinto arqueológico, ambas situadas a 3,5km de Selçuk. Si viajas por libre deberás caminar o utilizar un taxi porque el transporte público escasea. Yo decidí ir a pie a la Puerta Inferior siguiendo un sendero que pasa junto al Templo de Artemisa por una avenida arbolada; y tardé menos de media hora.
Después de la tranquilidad de Pérgamo mi llegada a Éfeso fue un golpe de realidad. En la entrada había una veintena de autocares aparcados y montones de tiendas de recuerdos. Y crucé la puerta entre oleadas de turistas, principalmente grupos organizados. Y eso que todavía no era temporada alta y el turismo había caído bastante en Turquía. No me quiero imaginar la situación en agosto… Con este panorama me resigné a moverme rodeado de gente y esperé con paciencia lo que hiciera falta para conseguir fotos decentes. A partir de las 16h el recinto se vació algo pero no estuve solo. Menos mal que tenía todo el día para dedicar a Éfeso.

Esto fue lo más destacado de mi visita:
1. Gran Teatro: fue construido en tiempos del rey Lisímaco y renovado por los romanos. Tenía capacidad para 25mil personas y aquí se celebraron tanto obras dramáticas como combates de gladiadores. Es posible subir hasta el punto más alto de las gradas y disfrutar de una magnífica panorámica de Éfeso. Lástima que una parte del teatro estaba cerrada por obras, con una grúa enorme que obstaculizaba las vistas.
2. Biblioteca de Celsus: data del siglo II y era la tercera más grande del mundo antiguo, solo por detrás de Alejandría y Pérgamo, albergando más de 12mil pergaminos. Se financió gracias a la familia de Celsus Polemaeanus (un senador romano) para ubicar su tumba. La fachada de la Biblioteca es la imagen icónica de Éfeso. Tiene 17m de altura y fue reconstruida por un equipo de arqueólogos alemanes durante los años 70. Está decorada con las estatuas de las Cuatro Virtudes aunque se trata de copias. Las originales se exponen en el Palacio Imperial de Hofburg (Viena) desde principios del siglo XX. La Bibioteca registra las mayores concentraciones de gente porque todo el mundo quiere una foto (mejor luz por la mañana).
3. Avenida de los Curetes: es la principal de la ciudad y conecta la Parte Baja de Éfeso con la Parte Alta. Tiene una pendiente considerable y antiguamente estaba flanqueada por comercios, fuentes, estatuas, y monumentos. Por las noches se iluminaba con lámparas de aceite. Pasear por sus desgastadas losas de piedra entre columnas y estelas con inscripciones es una experiencia única.

4. Templo de Adriano: construido poco después de la Biblioteca, es otra de las estrellas del recinto. La parte superior de sus muros está cubierta de paneles con relieves que representan los orígenes de Éfeso. En ellos aparecen Tyche, diosa de la fortuna y patrona de Éfeso; Androclus (príncipe de Atenas y fundador de la ciudad) cazando un jabalí; y un grupo de Amazonas (fundadoras de Éfeso según la mitología griega). También destaca un relieve de Medusa. Se trata de copias, los originales se pueden ver en el Museo de Éfeso (Selçuk).
5. Fuente de Trajano: contaba con un conjunto de estatuas entre las que destacaba una enorme del emperador. Se encuentran en el Museo de Éfeso. Además el monumento se conserva muy bien, con sus columnas y capiteles.
6. Casas en Terraza: una fea estructura moderna protege los restos de un conjunto de villas romanas decoradas con coloridos mosaicos y frescos. Como hay que pagar extra los grupos organizados no incluyen esta visita en sus itinerarios y constituye un lugar ideal para alejarse de las multitudes. Estuve una hora explorando sin apenas gente y me devolvió la vida.
7. Letrinas Públicas: un recinto donde los romanos hacían sus necesidades sentados en filas de bancos de piedra con agujeros, sin ningún tipo de privacidad. La imagen es realmente curiosa. Algunos pagaban un abono y tenían el suyo propio.
8. Prostíbulo: así es conocido este edificio en ruinas porque en él se encontró una estatua de Príapo, dios de la fertilidad, con un gran pene. Estaba decorado con estatuas de Venus (diosa del amor) y mosaicos donde aparecían las Cuatro Estaciones. La huella de un pie en una calle cercana indicaba la ubicación del prostíbulo. Aunque algunos expertos apuntan a que podría tratarse de una villa romana similar a las Casas en Terraza.
9. Parte Alta: incluye diferentes construcciones, como el Ágora Superior, dedicada a la política; un Odeón de 1.400 plazas para charlas y conciertos; un Asklepium (centro médico); las ruinas del Templo de Hestia, que contenía la llama eterna de la ciudad; los Baños de Varius…
Además de estos edificios principales, en Éfeso hay infinidad de detalles interesantes: templos, columnas, estatuas, arcos… Y eso que solo se ha excavado un 20% del recinto arqueológico. Abundan los paneles con información en inglés. En total dediqué 8 horas a recorrer las ruinas y mi cámara de fotos echaba humo. Sin duda Éfeso es una de las ciudades romanas mejor conservadas de todo el Mediterráneo.
LA CUEVA DE LOS SIETE DURMIENTES
Salí de Éfeso por la Puerta Inferior y caminé por la carretera pasando junto a una charca con vegetación exótica y montones de pájaros. Cuenta la leyenda que siete jóvenes cristianos perseguidos por los romanos decidieron ocultarse en una cueva y el emperador Decius ordenó sellar la entrada. Dos siglos más tarde un lugareño la desbloqueó y se encontró a los jóvenes durmiendo como si no hubiera pasado el tiempo. Se cree que la cueva estaba en las afueras de Éfeso.
El acceso a la cueva está bloqueado por una valla metálica. Por suerte en los alrededores hay una antigua necrópolis con varias tumbas excavadas en la roca. Las ramas de los árboles están llenas de trozos de tela atados con deseos que deja la gente. Entre la soledad del sitio y que empezaba a oscurecer no me quedé aquí más de lo necesario. Para regresar a Selçuk crucé una zona de campos de cultivo; un arroyo; y un enorme cementerio con cientos de lápidas. Al final llegué al pueblo con el sol ocultándose en el horizonte.

CENA: SISÇI YASAR IN YERI
Decidí repetir en este local y probar su otra especialidad: el Köfte. Acabé más satisfecho con la ración, que vino acompañada de una ensalada y pan. Para beber pedí una Fanta y rematé la cena con un té. Precio: 19L. Mientras caminaba hacia mi alojamiento disfruté de una atmósfera mágica, con el sonido de las cigüeñas, el cielo cubierto de fotogénicas nubes, y calles tranquilas.
DESCUBRIENDO SELÇUK
Al día siguiente me desperté con mi alarma sonando a las 8h y cuando subí a la terraza me estaba esperando otro desayuno exagerado. Comí lo que pude y aun así sobró de todo. A continuación preparé la mochila pequeña; y salí a explorar Selçuk. Esto fue lo más destacado:
1. Templo de Artemisa: también llamado Artemision, era el más grande jamás creado y estaba dedicado a la diosa griega de la caza y la naturaleza, conocida como Diana por los romanos. Se trataba de la tercera versión, construida en el siglo III AC. Las dos anteriores fueron arrasadas por unas inundaciones y un incendio. Sus dimensiones eran impresionantes, con 127 columnas de 20m de altura, y frisos decorados con estatuas y relieves de los mejores artistas de la época. Por desgracia los Godos dejaron el templo en ruinas; y los materiales se utilizaron en otros edificios, como la Basílica de San Juan.
Actualmente solo queda en pie una columna que se levanta en medio del campo rematada por un nido de cigüeñas, aunque la visita es gratuita. Durante mi paseo por el recinto vi un grupo de gansos; charcas con docenas de tortugas tomando el sol (al detectar mi presencia saltaban al agua); y montones de pájaros revoloteando. Mientras hacía fotos se empezaron a escuchar unos truenos cada vez más cercanos. Yo apuré al máximo y volví a mi alojamiento a la carrera justo cuando caían las primeras gotas. Allí me quedé un rato escribiendo en el comedor y cuando dejó de llover continué mi ruta por Selçuk.
2. Museo de Éfeso: fue inaugurado en el año 1964 para guardar los objetos encontrados en las ruinas de Éfeso, aunque algunos de los mejores hallazgos se exponen en Viena o Londres. El edificio consta de 9 salas temáticas y el billete de acceso vale 15L. Destacan las esculturas que decoraban la Fuente de Trajano; los relieves originales del Templo de Adriano; dos elaboradas figuras de la diosa Artemisa cubierta de pechos; la estatua de Príapo con un enorme pene; armas y pertenencias procedentes de un cementerio de gladiadores; y dos sarcófagos. Hay numerosos paneles con información y aprendí mucho sobre la historia de Éfeso. Además apenas me crucé con gente.
3. Basílica de San Juan: según la tradición cristiana el apóstol San Juan llegó a Éfeso junto a la Virgen María huyendo de la amenaza del rey Herodes. Y vivió el resto de sus días en la zona a excepción del exilio forzoso en la isla de Patmos. En Éfeso el apóstol escribió su Evangelio, uno de los cuatro que forman el Nuevo Testamento. Y cuando falleció sus fieles construyeron un mausoleo en el lugar donde fue enterrado.

En el siglo VI, en tiempos del Imperio Bizantino, el emperador Justiniano ordenó levantar aquí una de las mayores iglesias de la época. Tenía muros imponentes, cinco cúpulas, y un interior decorado con mosaicos y frescos. Y cada año atraía a miles de peregrinos que se acercaban a venerar la tumba del santo. El templo se mantuvo operativo tras la llegada de los Otomanos, que lo convirtieron en una mezquita. Pero un violento terremoto destruyó el edificio durante el siglo XIV y las ruinas quedaron abandonadas a su suerte.
La entrada cuesta 15L. La Basílica de San Juan es una sombra de lo que fue, con hileras de columnas rotas; símbolos cristianos; enormes arcos; y trozos de mármol por todas partes, algunos con relieves. Al menos no había otros turistas y disfruté de un ambiente relajado. Una lápida marca la ubicación de la tumba de San Juan. Desde la Basílica las vistas de Selçuk son épicas. Lástima de la música disco a todo volumen procedente de un bar situado al pie de la colina.
4. Fuerte de Ayasuluk: corona la cima de una colina y también data del siglo VI. Su nombre hace referencia a la forma en que los otomanos llamaban a Éfeso. Se entra con el mismo billete de la Basílica de San Juan. Yo pensaba que tenía tiempo suficiente porque eran las 17h pasadas y la Basílica cierra a las 18.30h, pero ya habían empezado a desalojar el recinto y me encontré la puerta cerrada. Así que me tocó contemplar el Fuerte desde la distancia, con sus muros almenados perfectamente restaurados. En fin…

En los alrededores de Selçuk hay más lugares de interés. Como una pequeña capilla ubicada en el lugar donde estaba la casa de la Vírgen María. Yo no fui porque su veracidad histórica es nula (se encontró en el siglo XIX gracias a las visiones de una monja alemana); no hay transporte público; y la capilla está llena de fieles a todas horas. También es posible visitar Sirince, una aldea tradicional famosa por sus vinos.
CENA: SEÇKIN & FIRUZE
Un restaurante del centro de Selçuk con buenas valoraciones de otros viajeros. Yo me senté en una mesa del comedor; examiné el menú, que incluye un montón de platos típicos; y pedí Kuzu Shish Kebap (brochetas de cordero a la brasa), acompañado de ensalada, arroz y patata. Para beber cayó una Fanta. La carne estaba deliciosa y me atendieron unos camareros realmente simpáticos. Precio: 30L. Repetiría sin dudarlo. Tras la cena regresé a mi alojamiento observando por última vez las cigüeñas de Selçuk en las alturas.
VIAJE: SELÇUK – DIDIM
La jornada comenzó con mi alarma sonando a las 8h y subí al comedor para disfrutar de otro gran desayuno. A continuación preparé las mochilas; desalojé la habitación; me despedí de la encargada; y caminé hasta la Terminal de Autobuses. Entre Selçuk y Didim solo hay 92km pero sabía que llegar en transporte público no iba a ser sencillo. Finalmente tardé 3 horas y estas fueron las etapas:
1. Dolmus hasta Kushadasi: en la Terminal encontré el vehículo que necesitaba; ocupé un asiento; y nos pusimos en marcha (7L). Kushadasi es el principal puerto de cruceros de Turquía. Cuando entrábamos en la ciudad contemplé una panorámica del puerto; y un castillo ubicado en una isla accesible en ferry.

2. Dolmus a Söke: el conductor me dejó justo al lado y arrancamos en cuestión de segundos (7L). El viaje transcurrió sin incidentes, atravesando campos de cultivo y pequeñas poblaciones.
3. Autobús hasta Didim: en Söke tuve que esperar un rato hasta que apareció el vehículo (10L). Pensé que ya estaba todo hecho, pero en las afueras de Didim no presté atención y me pasé de largo el desvío correcto. Cuando me di cuenta del error bajé del autobús a toda prisa, aunque no me libré de caminar 1,5km cargado con mis mochilas; cuesta arriba; y bajo un sol abrasador. No fueron momentos agradables…
Durante los diferentes desplazamientos me sorprendió la amabilidad de la gente. Los conductores me pedían rápidamente la mochila grande y la guardaban en el maletero inferior, o me indicaban cómo continuar la ruta. Y los pasajeros se interesaban por mi destino y me echaban una mano. Lo agradecí porque iba muy perdido.
EL TEMPLO DE APOLO
*Horario: 9h – 19h
*Precio: 15L
*Fotografía: ok
A finales del siglo VIII AC se creó en Didyma un santuario con un templo dedicado a Apolo. Según la mitología griega era el hijo favorito de Zeus y tenía el poder de predecir el futuro. El complejo contaba con uno de los oráculos más importantes de Grecia, solo por detrás de Delfos y Dodona. Aquí Apolo se comunicaba a través de una sacerdotisa que contestaba las preguntas de la gente que acudía. En el año 494 AC los persas arrasaron el lugar. Pero más tarde el santuario pasó a depender de la ciudad de Mileto y los nuevos gobernantes iniciaron la construcción de otro templo monumental.

Iba a ser el segundo más grande de Grecia, solo por detrás del Templo de Artemisa, con 122 columnas de 20m de altura decoradas con todo tipo de estatuas y relieves. Aunque el proyecto se fue alargando y tras décadas de trabajos el templo quedó incompleto. El auge del Cristianismo interrumpió la actividad del oráculo porque se consideraba un culto pagano. Y posteriormente varios terremotos destruyeron el templo sin que nadie se molestara en repararlo.
Una vez en la taquilla compré el billete; dejé mi mochila grande en un rincón; y entré en el recinto. El Templo de Apolo está mejor conservado que el de Artemisa. Aquí se puede ver toda la estructura del templo, con sus escalinatas de acceso y tres columnas completas en pie, además de la base de muchas otras. Son gigantescas, compuestas por enormes bloques de piedra de forma circular. Impresiona caminar entre ellas. Destaca una columna derribada en la parte trasera del templo que se ha mantenido tal y como quedó, con los bloques en fila.
Se accede a la Cella (cámara interior) por dos túneles realmente atmosféricos. Dentro está el pozo sagrado donde bebía la sacerdotisa del oráculo antes de emitir sus profecías. Cerca de la entrada al recinto vi un fragmento del friso del templo con un magnífico relieve de Medusa. Era una de las Tres Górgonas de la mitología griega y se utilizaba como símbolo para ahuyentar a los malos espíritus.
Junto al Templo de Apolo había una charca llena de ranas (el ruido era ensordecedor). Además descubrí una tortuga de tierra en busca de comida. En total estuve 2 horas paseando y apenas me crucé con gente. En la recta final aparecieron una pareja de novios para hacerse una sesión de fotos y un grupo de turistas alemanes. Pero para entonces ya había acabado la visita y me marché.
CONCLUSION
Si te gusta la historia, las ruinas romanas de Éfeso deberían figurar en cualquier itinerario por el oeste de Turquía. El recinto alberga edificios en un excelente estado de conservación entre los que destacan la Biblioteca de Celso y el Templo de Adriano. Y en la cercana población de Selçuk se conservan los restos de otros monumentos míticos de la antigüedad, como el Templo de Artemisa o la Basílica de San Juan. Te recomiendo dedicarle a Éfeso un mínimo de 2 jornadas completas, alojándote en la Homeros Pension. Aunque con un día más podrás hacer una excursión a Didyma para ver el Templo de Apolo.
En el sur de Éfeso hay otros recintos arqueológicos de gran importancia. Como Priene, una ciudad portuaria perteneciente a la Liga Jónica que se quedó sin acceso al mar por los mismos motivos que Éfeso. O Mileto, cuna de los famosos filósofos Tales y Anaximenes. Pero yo con Pérgamo y Éfeso había tenido suficiente de momento y preferí cambiar de registro.
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Comentarios
2 ComentariosRoso zapata
Ago 5, 2020Mejor…..imposible!!!. Muchas gracias!!
Ganas De Mundo
Ago 5, 2020Gracias a ti por el comentario! Ojalá el post te pueda servir de ayuda en tu próximo viaje a Turquía. Es un país que merece mucho la pena. Un abrazo.