Descubriendo una civilización milenaria que comerció con los Sumerios y dejó atrás cientos de túmulos funerarios y templos en ruinas
En el año 2250 AC apareció en la costa norte de Bahrein una ciudad integrada en la importante ruta comercial que conectaba el Valle del Indo y Mesopotamia pasando por Magan (Omán). Este asentamiento es conocido actualmente como Qalat Al Bahrein y pronto se transformó en la capital de Dilmun, un poderoso estado que también abarcaba Kuwait y el este de Arabia Saudí. Para los Sumerios era un lugar paradisíaco donde llegó Gilgamesh (rey de Uruk) en busca del secreto de la eterna juventud. Babilonios y Asirios conquistaron Dilmun y gobernaron durante varios siglos. Hasta que en el año 330 AC la influencia helenística de Macedonia y Alejandro Magno convirtieron a Dilmun en Tylos, poniendo fin a la cultura autóctona.
Hoy día se conservan numerosos recintos arqueológicos relacionados con Dilmun. Entre ellos destacan Qalat Al Bahrein, con un interesante Museo y un castillo portugués; los enormes Túmulos Reales de A’Ali; y los misteriosos templos de Barbar y Saar.
VIAJE: MANAMA – QALAT AL BAHREIN
La jornada comenzó con mi alarma sonando a las 6.30h después de una noche de sueño impecable en el Oriental Palace. Cómo iba a echar de menos este alojamiento durante los próximos días. A continuación preparé las mochilas y bajé a desayunar al comedor del hotel aprovechando que el servicio arrancaba a las 7h.

Tras desalojar la habitación pedí un taxi a través de Careem para ir al Aeropuerto. El conductor tardó unos minutos pero se hizo un lío con la ubicación y me tocó caminar hasta la parte posterior del hotel, donde me estaba esperando. Una vez en la Terminal de Llegadas la cuenta subía a 3,8D, aunque el taxista no tenía cambio y se acabó embolsando 4,5D (el eterno y conveniente problema de los taxis en Bahrein). Después me dirigí al mostrador de la compañía Budget y me entregaron el coche que había reservado para recorrer el resto de Bahrein durante 2 días. Por suerte me hice rápido con los mandos y me puse en marcha sin perder tiempo.
EXPLORANDO QALAT AL BAHREIN
*Horario: 8h – 20h
*Precio: 2,2D
*Fotografía: ok
Qalat Al Bahrein era la antigua capital de Dilmun. Se trataba de una ciudad amurallada con un animado puerto desde el que zarpaban dhows que navegaban las aguas del Golfo Pérsico. Su actividad principal consistía en el manipulado de lingotes de cobre procedentes de Magan (Omán) y la posterior exportación a Sumeria. El nombre de Qalat Al Bahrein aparece por primera vez en un relieve de Lagash, y más tarde en varias tablillas de escritura cuneiforme. En el año 1700 AC las minas de Magan dejaron de producir cobre y Chipre pasó a ser el único proveedor de Sumeria, provocando el declive de Dilmun. Más tarde se recuperó, pero ya bajo el dominio de sus poderosos vecinos Babilonios, Asirios y Persas.
Yo aparqué frente al Centro de Visitantes, que estaba en obras, con la fachada cubierta de andamios y una fea lona. Una pobre chica atendía de pie a los turistas junto a la entrada del recinto (con el calor que hacía). Allí compré el billete y comencé a explorar Qalat Al Bahrein. Esto fue lo más destacado:
1. Museo: me esperaba una pequeña colección con un puñado de objetos y la verdad es que está a la altura del Museo Nacional de Manama. Se compone de varias salas con paneles en inglés que repasan la historia de Qalat Al Bahrein desde sus orígenes hasta la llegada de los portugueses. Me gustaron los sellos de los mercaderes, con imágenes de ceremonias, dioses y seres mitológicos; tablillas con escritura cuneiforme; estelas de Tylos con relieves de los difuntos; y una jarra llena de monedas con el rostro de Alejandro Magno.
También destacan unas tinajas de cerámica descubiertas bajo un conjunto de viviendas. Contenían restos de serpientes y se cree que eran sacrificios rituales. Según cuenta la leyenda, Gilgamesh encontró la planta de la eterna juventud, pero durante su regreso a Uruk una serpiente se la comió y desde entonces es un animal venerado que simboliza la fertilidad y regeneración (por eso cambia de piel).

Después salí a explorar el recinto arqueológico de Qalat Al Bahrein. No hay carteles informativos, solo un sendero asfaltado que discurre entre los diferentes lugares de interés, aunque existe la posibilidad de alquilar una audio-guía en el Museo. A pesar de la importancia de Qalat Al Bahrein apenas se han realizado excavaciones y la mayor parte de la ciudad está bajo tierra. Una situación habitual en los países de la Península de Arabia, donde solo importa lo ocurrido desde la llegada del islam y para descubrir épocas anteriores nunca hay presupuesto ni ganas.
2. Fuerte de Tylos: la ciudad de Tylos sucedió a Dilmun como centro comercial gracias a la Ruta del Incienso, que conectaba el sur de la Península de Arabia con el Mediterráneo. Siempre estuvo controlada por otros estados, primero el Imperio Selyúcida y más tarde el Parto.
En el siglo III, cuando el Imperio Sasánida dominaba el Golfo Pérsico, se construyó un fuerte junto a la costa. Tenía forma cuadrada, con torres cilíndricas y un foso alrededor, aunque hoy día solo quedan los cimientos y no está permitido el acceso. A partir del siglo VII, con la conquista de los árabes, Tylos quedó reducida a una sencilla aldea de pescadores. Durante el siglo XIII el fuerte se reconvirtió en un almacén con varias madbasas: salas donde se guardaban los dátiles para obtener zumo y elaborar dibis (miel de dátil), que se exportaba a China y la India. Todavía se pueden apreciar las bandas rugosas en el suelo para conducir el zumo a unas tinajas. Es curiosa la imagen de las ruinas del Fuerte en primer plano y los edificios modernos de Manama en la distancia.

3. Castillo Portugués: a finales del siglo XIII el Reino de Hormuz trasladó su capital a esa pequeña isla del Golfo Pérsico (hoy Irán) y monopolizó el comercio de la zona. Poco después se inició la construcción de un castillo sobre el montículo artificial que ocupaba la antigua Dilmun, utilizando sus restos y los del Fuerte de Tylos como material. En 1515 los portugueses conquistaron Hormuz y solo 6 años más tarde ocuparon Bahrein. A pesar de ampliar el castillo, en el año 1602 fueron expulsados de la región por el Imperio Persa. Y en el siglo XVIII el lugar quedó abandonado, con sus edificios cayéndose a pedazos y la arena cubriéndolo todo.
Durante mi visita el fuerte se encontraba cerrado por trabajos de restauración. Solo di una vuelta alrededor del perímetro y contemplé sus imponentes muros. En un lateral hay una sección en ruinas donde todavía se estaban realizando excavaciones. Contiene restos de diferentes periodos históricos, como el antiguo palacio de Dilmun, un templo, o viviendas de la época de Tylos. Los objetos desenterrados se exponen en los Museos de Manama y Qalat Al Bahrein. Se respiraba una atmósfera tranquila, sin apenas gente, con una suave brisa y una panorámica del mar. Junto al recinto arqueológico vi dos frondosos palmerales con docenas de pájaros revoloteando. Lástima que son privados y no se puede entrar.
Antes de seguir mi ruta entré en la cafetería de Qalat Al Bahrein porque me moría de sed. Esperaba unos precios similares a los del Museo Nacional, aunque aquí son mucho más caros y me quedé a regañadientes. Una botella de agua pequeña costaba… ¡6€! Yo ocupé una mesa del comedor y pedí un zumo de limón y menta (3D, unos 7€). Por suerte estaba rico, me atendió un camarero simpático, y disfruté de un ambiente agradable. La cafetería también tiene una terraza pero preferí el aire acondicionado.
EL TEMPLO DE BARBAR
Unos kilómetros al oeste de Qalat Al Bahrein se encuentra la población de Barbar. En sus afueras hay un conjunto de 3 templos que datan de la época de la cultura Dilmun. El más antiguo fue construido en el año 2100 AC. Solo un siglo más tarde fue demolido y reemplazado por otro más grande. Del tercero se conserva muy poco. Los templos estaban situados al lado de un manantial y algunos expertos afirman que aquí se adoraba a Enki, el dios Mesopotamio de la sabiduría y el agua dulce.

La entrada es gratuita. Primero accedí al moderno Centro de Visitantes, con varios paneles explicativos; y después me dirigí al recinto arqueológico. Hay un sendero asfaltado que rodea las ruinas del Templo de Barbar. Vi tramos de los muros exteriores; bloques de piedra caliza de gran tamaño; una profunda piscina sagrada alimentada por el manantial; los cimientos de una estructura ovalada utilizada para sacrificios (los arqueólogos desenterraron un montón de huesos y ceniza); y piedras con un agujero (se cree que servían para atar a los animales). Aquí se encontró la famosa cabeza de toro que vi en el Museo Nacional de Manama (formaba parte de una arpa). Me encantó contemplar solo estas ruinas con más de 4mil años de antigüedad.
Al ser la parte central del día hacía un calor horrible y me lloraban los ojos a causa de la luminosidad (me olvidé las gafas de sol en el coche). Mientras me alejaba del Templo de Barbar descubrí una estela ubicada en la zona de aparcamiento.
EXPLORANDO SAAR
Saar se encuentra 7km al sur de Barbar, pero no hay indicaciones y tuve que dar varias vueltas hasta que por fin aparecí en la entrada del recinto. Y encima recorriendo pistas sin asfaltar con bancos de arena, piedras y agujeros. Menos mal que conducía un buen coche… El acceso a Saar también es gratis. Las ruinas datan del año 1900 AC y aquí sí se han realizado excavaciones arqueológicas bastante completas.
Se dividen en 2 partes:
1. Ciudad: destaca un templo ubicado en la parte superior. Se conservan los muros exteriores, 3 columnas de gran tamaño y un altar. Alrededor del templo se extiende un auténtico laberinto de cimientos que en su mayoría pertenecen a viviendas. La sensación de aventura era total mientras paseaba en solitario en busca de detalles interesantes, con cientos de conchas y trozos de cerámica esparcidos. El cielo estaba salpicado de nubes que a veces proyectaban molestas sombras para la fotografía.
2. Necrópolis: se encuentra al sur de la ciudad, al final de un sendero que atraviesa un descampado. Yo me moví con precaución porque leí que un viajero fue atacado por un grupo de violentos perros salvajes y no tenía ganas de sorpresas. La Necrópolis de Saar es diferente al resto de asentamientos de Dilmun. Consiste en un complejo con docenas de cámaras funerarias de forma rectangular conectadas entre sí en vez de túmulos individuales. La cercana autopista y un enorme Ikea estropean algo la atmósfera pero merece la pena dedicar unos minutos a caminar entre las tumbas.
De nuevo en el coche, hice un alto en un supermercado para comprar víveres: agua, zumo, galletas, y Fatayer (unas empanadas típicas de Oriente Medio con diferentes rellenos). El parking era muy pequeño y me costó encontrar un sitio libre.
LOS TUMULOS FUNERARIOS DE A’ALI
En la época dorada de Dilmun, entre los años 2250 y 1700 AC, aparecieron en Bahrein más de 80mil túmulos funerarios que todavía hoy cubren grandes extensiones de terreno. Los túmulos eran colinas de arena y piedras que albergaban una cámara con los restos del difunto y sus objetos personales de valor. El tamaño indicaba la importancia de la persona, aunque normalmente tenían 2-3m de altura. Más tarde dejaron de construirse nuevos túmulos y en su lugar se optó por enterrar a la gente en complejos de tumbas, ataúdes de terracota, o grandes tinajas. Hay numerosos campos de túmulos pero la población de A’Ali es de visita obligada. Se compone de 2 partes:
1. Túmulos Reales: están distribuidos entre las viviendas y comercios del centro de A’Ali, y pertenecían a los monarcas de Dilmun. Se trata de 17 montículos gigantescos que en algún caso alcanzan los 12m de altura y 50m de diámetro. La verdad es que impresionan, aunque los vecinos pasan junto a ellos sin prestarles atención. A pesar de su inclusión hace años en el Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, el gobierno se ha limitado a rodearlos con una simple cuerda, sin indicaciones ni paneles explicativos. Pero bueno, quizás esta sea la gracia del lugar. Yo detuve el coche cada vez que veía un túmulo y bajé a hacer fotos.
Destacan los espectaculares Túmulos nº7 y nº8, situados a escasos metros entre sí. Al llegar me recibió un simpático vigilante pakistaní, que me abrió la puerta de acceso y me enseñó las partes más curiosas. El Túmulo nº7 cuenta con una hendidura que permite ver el inicio de la cámara funeraria. Yo subí por una empinada pendiente y me asomé. Aunque el Túmulo nº8 es mejor porque tiene al descubierto sus 5 cámaras de dos niveles. En el pasado estaban lujosamente decoradas, y contenían mobiliario y joyas, pero los saqueadores de tumbas hace tiempo que se llevaron cualquier objeto de valor.

2. Campos de Túmulos: al sur de A’Ali se extienden dos campos separados por una autopista de varios carriles. Están protegidos por una alambrada aunque es posible saltarla sin problema. Se trata de recintos arqueológicos dejados de la mano de Dios, sin ningún tipo de mantenimiento ni indicaciones, y con demasiada basura. Yo me colé en uno y paseé entre los túmulos totalmente solo. Si tienes un dron conseguirás imágenes épicas. Mientras contemplaba el segundo campo de túmulos desde la distancia empezó a caer la tarde y decidí poner punto y final a mi ruta.
CONCLUSION
Muy pocos turistas saben que la isla de Bahrein, a parte de un puñado de edificios futuristas y el circuito de Fórmula 1, alberga los restos de Dilmun, una civilización milenaria que comerció con los Sumerios. A excepción de los túmulos funerarios de A’Ali se trata de recintos arqueológicos modestos en un estado de conservación bastante mejorable. Lo mejor es visitarlos sin demasiadas expectativas. Te aconsejo dedicarles una jornada completa si cuentas con vehículo propio, o dos si optas por una combinación de transporte público y autoestop.
Hay más ruinas de la época de Dilmun, aunque solo te las recomiendo si eres un auténtico apasionado de la arqueología. Puedes visitar los templos de Diraz y Umm as-Sujur; e infinidad de túmulos funerarios distribuidos por toda la isla.
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