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SENEGAL

Casamance

posted by Ganas De Mundo
Feb 1, 2022 2244 2 0
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Casamance

Explorando manglares con montones de aves, una playa donde se mezclan vacas y turistas, y una aldea rodeada de enormes ceibas

Situada al sur de Gambia, la Casamance se trata de una región de Senegal atravesada por el río del mismo nombre que tiene varios rasgos diferenciales. Su población es mayoritariamente de la etnia Diola; predominan las religiones animista y católica; y entre los siglos XV y XIX la zona estuvo vinculada a Portugal, hasta que en el año 1888 una negociación con Francia acabó con la Casamance incluida en la colonia de Senegal. Estas peculiaridades, unidas a un sentimiento de agravio económico por parte del gobierno central, desembocaron en 1982 en la creación del Mouvement des Forces Démocratiques de Casamance (MFDC), que reclama la independencia. Desde entonces los enfrentamientos armados se han sucedido, con más de 5mil víctimas entre ambos bandos.

Los puntos de partida habituales para explorar la Casamance son Ziguinchor y Cap Skirring. Yo utilicé ambos, descubriendo animados mercados, puertos pesqueros, una playa de postal, y enormes ceibas en la cercana aldea de Diembéring.

VIAJE: DAKAR – ZIGUINCHOR

Este desplazamiento comenzó en la ciudad de Thies, donde decidí pasar la noche para estar más cerca del nuevo Aeropuerto de Dakar. El lugar elegido fue Résidence Teranga, un alojamiento donde la habitación más barata (a 17.500F) estaba llena de mosquitos y al lado de un ruidoso restaurante, así que apenas dormí unas horas.

El viaje constó de 4 etapas:

1. Taxi hasta el Aeropuerto de Dakar: en el centro de Thies hay docenas de taxis naranjas y al poco un abuelete me ofreció sus servicios. De entrada me pedía 20milF por el trayecto de 27km, aunque no me costó reducirlo a 13milF, en línea con las tarifas habituales. En ese momento no tenía ni idea de la aventura que me esperaba. 

Primero el hombre se pasó de largo un desvío y continuó hacia el sur por una autopista que cada vez me alejaba más del Aeropuerto. Al final tuve que buscar la ruta en el mapa, sentarme en el asiento del copiloto y darle indicaciones, porque el tipo iba muy perdido. Una vez en la dirección correcta llegamos a un punto donde el tráfico estaba cortado por un camión que había volcado. Menos mal que pudimos salir de allí y esquivamos el tramo por una pista de tierra paralela.

Ya en el Aeropuerto el taxista no encontraba la Terminal de Salidas y hubo más momentos de tensión. Y encima a la hora de cobrar se quejaba de que el viaje no le había salido rentable. Vaya tela… Por suerte el Aeropuerto estaba desierto y en apenas un cuarto de hora realicé el check in y pasé un par de controles sin hacer cola.

2. Avión a Ziguinchor: volé con Air Senegal y compré el billete de ida y vuelta a través de su página web. La verdad es que encontré una buena oferta (61.800F, unos 94€), y de esta forma me evité las 10 horas de septplace o las 16 horas de ferry. El vuelo solo duró 50 minutos y salió a la perfección: despegamos puntuales; el avión estaba en buen estado, con asientos cómodos; y las azafatas ofrecieron bebidas de cortesía. En teoría me tocaba viajar junto a la ventana pero una lugareña ocupó mi sitio y preferí no decirle nada.

3. Taxi hasta el centro: tras recuperar mi mochila grande salí al exterior del Aeropuerto, donde esperaba un grupo de taxistas. Uno me ofreció llevarme por 2milF y acepté cuando bajó a 1000F. Al final resultó ser un comisionista y me condujo al taxista verdadero, con lo cual deduzco que podría haber conseguido un precio algo inferior. El Aeropuerto de Ziguinchor está a tan solo 4,5km del centro y llegamos en apenas 10 minutos.

4. Jakarta al hotel: estos últimos 3km los recorrí en la moto de un chaval para ahorrar dinero. El precio habitual es de 300F, pero me cobró 500F por ir cargado con mis mochilas. En fin… De camino fuimos charlando y me dejó en la puerta del lugar elegido para pasar la noche.

ALOJAMIENTO: CASA MOTEL – 15.500F/Noche

*Puntos a favor: habitación espaciosa; cama doble muy cómoda; baño privado con ducha perfecta; limpieza impecable; ventilador; personal (encargados de la recepción y propietario) muy amable; precio.

*Puntos en contra: ubicación alejada del centro; wifi errático; mosquiteras con agujeros; servicio de comidas solo para desayunos (y no hay restaurantes en los alrededores).

Casa Motel era la opción más económica disponible en Booking y además me la recomendó Marie, una viajera francesa que conocí en Nouakchott, así que lo tuve claro desde el principio. Mi idea era reservar 3 noches, pero el segundo día no había disponibilidad (el propietario solo ofrece 4 habitaciones en Booking) y lo gestioné directamente al llegar al hotel. El edificio es muy bonito y el encargado me ubicó en el primer piso con unas vistas geniales. Aunque la estancia no fue todo lo agradable que hubiera querido, con mosquitos y vecinos ruidosos a horas intempestivas. Nunca dormí del tirón. Lástima porque Casa Motel podría ser un lugar ideal. Una vez instalado el sol pegaba con fuerza así que me estiré un rato en la cama a descansar.

LOS ALREDEDORES DE CASA MOTEL

Más tarde, a eso de las 16.30h, salí a explorar la zona. Al momento estaba rodeado de imágenes espectaculares, con árboles enormes llenos de pájaros; mujeres con vestidos de vivos colores; ganado por todas partes en busca de comida (cabras, cerdos, gallinas, vacas); casas con sus muros cubiertos de bouganvillas; sencillos comercios; niños que me saludaban con educación al pasar; y graciosos Lagartos Agama. África en estado puro. Yo examiné el mapa y visité dos sitios que tenían buena pinta:

1. Laguna: para llegar seguí la carretera hacia el sureste; me desvié a la derecha por una pista de tierra; y crucé un barrio de las afueras de Ziguinchor con grupos de críos jugando en la calle. Varios de ellos me gritaban toubab (“hombre blanco”). Aquí hice fotos de ceibas gigantescas (llamadas fromagers en Senegal) con lugareños pasando al lado.

La laguna era un auténtico vertedero de basura, pero gracias a esto encontré un grupo de Buitres Encapuchados (tienen la cara roja) junto a la orilla. Algunos llegaban planeando y aterrizaban creando una escena muy fotogénica. Yo conseguí acercarme lo suficiente hasta que salieron volando. También divisé Garzas en la distancia.

2. Bolongs: de vuelta en la carretera principal, esta vez me desvié a la izquierda por un sendero que atraviesa una llanura. De camino pasé junto a una laguna con un Martín Pescador de color blanco y negro que levitaba en el aire y se lanzó en picado al agua varias veces; vi formaciones de Pelícanos y Gaviotas volando; y unos niños me pidieron dinero. También descubrí un precario puente de cemento que sorteaba un bolong (canal de agua) con varios Hamerkops que huyeron al acercarme. Y palmeras con botellas de plástico pegadas en la parte superior para extraer vino de palma. La ruta acabó en una zona de bolongs y manglares donde para continuar tenía que meterme en el agua.

Mientras regresaba al hotel disfruté de un atardecer maravilloso, con el sol perfectamente definido en el horizonte y el cielo teñido de color naranja, además del sonido de cientos de pájaros e insectos.

Casa Motel no tiene servicio de comidas pero a cambio ofrece la opción de pedirla por teléfono a 2 locales. Los menús están en la recepción e incluyen platos sencillos (principalmente fast food). A mí no me apetecía ir al centro de Ziguinchor y encargué la cena: una ración de pollo asado con patatas fritas y una Coke. La experiencia dejó mucho que desear. El chaval del local apareció 45 minutos más tarde de la hora acordada (el encargado de Casa Motel tuvo que volver a llamar); y buena parte del plato era ensalada, cebolla y mayonesa, que por supuesto me negué a comer. El precio fue económico (1500F) pero no repetiría. A continuación dediqué un rato a leer y escribir, y me estiré a dormir con el sonido del ventilador.

DESCUBRIENDO ZIGUINCHOR

Al día siguiente me desperté tras una noche movida. Por un lado los mosquitos no pararon de picarme (maté varios llenos de sangre) porque las mosquiteras de las puertas y ventanas de mi habitación tenían agujeros. Y por otro unos huéspedes se levantaron a las 3h de la mañana hablando a gritos como si estuvieran solos (imagino que tenían un vuelo temprano). Con este panorama estaba agotado, pero me obligué a levantarme.

Una vez en pie me vestí; preparé la mochila pequeña; y subí a la terraza del hotel, donde el dueño ya tenía listo el desayuno. El menú consistió en tortilla francesa; un bollo de pan con diferentes mermeladas caseras (me encantó la de plátano); un vaso de zumo de naranja; y dos cafés con leche. Por 1800F me pareció muy correcto, aunque eché en falta otro bollo de pan. En la mesa de al lado había un francés barrigudo con su chica senegalesa y hablamos unos minutos. Después salí a la calle, donde el sol ya apretaba.

Ziguinchor es la ciudad más grande de la Casamance y está ubicada a orillas del río. En el año 1645 los Portugueses establecieron un puesto comercial e hicieron negocios con los monarcas que gobernaban la zona, primero el Reino de Kasa (o Kasanga) y más tarde el Imperio Kaabu (una antigua provincia del poderoso Imperio de Mali). Los europeos proporcionaban armas de fuego y telas; y a cambio recibían esclavos capturados en el interior, además de oro y marfil. Con los Franceses la Casamance se llenó de plantaciones de cacahuetes y Ziguinchor se convirtió en un importante puerto para su exportación.

Hoy día Ziguinchor es una moderna urbe de amplias avenidas que de entrada me agobió un poco, con grupos de niños pidiendo limosna de forma insistente; taxis y Jakartas pitando al pasar a mi lado; y pesados intentando contactar conmigo para ofrecerme algún servicio. Al menos cuenta con varios lugares de interés.

Esto fue lo más destacado de mi recorrido:

1. Oficina de Turismo: ocupa una espectacular mansión de la época colonial y el personal recibe muy buenas críticas (ofrecen información y mapas de la Casamance).

2. Catedral de San Antonio de Padua: data de finales del siglo XIX y es la principal iglesia de Ziguinchor (sus habitantes son mayoritariamente Católicos). Durante mi visita el edificio se estaba reconstruyendo casi por completo a excepción de los muros exteriores, así que me quedé sin poder entrar. Un encargado me dijo que tenían previsto acabar las obras en un par de meses pero me pareció demasiado optimista.

3. Marché Saint Maur des Fossés: es el mercado más importante de Ziguinchor y sus dimensiones son enormes, con docenas de puestos que venden todo tipo de productos: fruta, verduras, telas, hierbas medicinales… Un lugar ideal para deambular sin rumbo descubriendo detalles interesantes en cada rincón. Como no quería problemas sustituí mi cámara de fotos por el móvil y me limité a imágenes panorámicas.

4. Marché Artisanal: se encuentra al lado del Marché Saint Maur y agrupa numerosas tiendas y talleres de artesanía. Durante mi paseo vi tallas de madera de diferentes tamaños, máscaras Diola (cada pueblo tiene una distinta), coloridos cuadros, vestidos de mujer, instrumentos musicales… Todos los propietarios me invitaban a entrar en sus locales e hice un montón de fotos sin recibir apenas presión para comprar. Al final me tiré más de una hora explorando el Mercado, y eso que evité una parte porque estaba llena de avispas (los lugareños habían encendido un fuego para espantarlas con el humo).

5. Alliance Franco-Sénégalaise: un centro cultural donde destaca una réplica de una casa impluvium típica de la Casamance inaugurada en el año 1999. Cerca de la entrada merodea un tipo trajeado que se encarga de realizar las visitas guiadas (1000F). Yo al principio me puse en guardia pero acabé encantado. El hombre me enseñó cada rincón de la casa. Tiene forma redonda, con muros de adobe cubiertos de dibujos de estilo africano (símbolos y figuras de personas y animales); un tejado de madera de palmera; un agujero por donde pasa el agua de lluvia (de ahí lo de impluvium), que se acumula en un estanque; y diferentes habitaciones distribuidas alrededor. Gracias a este sistema se consiguen temperaturas agradables durante los períodos de más calor (doy fe de ello). El tour incluye varias aulas (una estaba decorada con un colorido fresco); la biblioteca; y un escenario para actuaciones.

Además de la casa impluvium el guía me explicó numerosas curiosidades de la cultura Diolo: mujeres y hombres reciben la misma educación; los ancianos toman las decisiones clave de la comunidad; beben vino de palma; y en ocasiones especiales comen bolas de arroz con miel. Me pareció muy interesante.

Después de la visita me senté en el Restaurante del centro cultural. Había pensado en comer algo, pero el plato del día era Kaldou (pescado hervido) y los precios del menú me parecieron un poco caros, con lo cual pedí 2 Cokes para calmar la sed con unos cacahuetes de cortesía (2milF). Eso sí, la terraza es idílica, con árboles llenos de pájaros tropicales y empleadas sonrientes.

COMIDA: LE KASSA

Un restaurante recomendado por mi guía de viajes así que me acerqué a comprobar su fama. Al llegar no había mucha gente y ocupé una mesa del amplio comedor. Una camarera me trajo la carta al momento y puso en marcha un ventilador para refrescarme. Pero a continuación desapareció y tras media hora esperando tuve que llamar a otra para que me atendiera. Pedí el plato del día: Mafé. Se trata de trozos de carne y arroz con salsa de cacahuetes (arachides). Para beber cayó una cerveza La Gazelle. La comida me gustó pero la ración fue escasa teniendo en cuenta el precio (4milF).

MAS LUGARES DE INTERES

El resto de sitios que quería visitar estaban en la zona del Puerto, a varios kilómetros de distancia, con lo cual paré una jakarta y me dejó en la orilla del río Casamance por 300F:

6. Port de Pirogues: aquí paran las embarcaciones que conectan Ziguinchor con las aldeas de los alrededores, aunque también organizan circuitos turísticos. Los comerciales son insistentes y durante mi breve estancia recibí varias ofertas.

7. Port de Pêche: un lugar caótico con montones de barcas, pescadores reparando sus redes, y puestos con mujeres vendiendo las capturas del día. El olor era horrible y había basura por todas partes, incluido un arroyo cubierto de plásticos con Garzas y Hamerkops. Yo pensaba que a la primera foto la gente me pondría mala cara pero conseguí unas cuantas con discreción.

8. Hotel Kadiandoumagne: para acabar la jornada me senté a tomar algo en la terraza de este lujoso alojamiento. Elegí una mesa aislada, situada a un metro del río, y pedí una cerveza La Gazelle que vino en una jarra helada y con cacahuetes de cortesía (2milF, esperaba precios más elevados). Me hizo gracia que en el menú había gazpacho andaluz (¡?). Se estaba genial, con buenas vistas, música relajante, y diferentes aves volando (patos, cormoranes, garzas). En los jardines del hotel vi a un fotógrafo con una pareja de novios y las amigas de ella. Yo pedí permiso para hacer una foto (como en tantas otras partes del mundo), pero me dijeron que no. En fin…

Cuando empezó a oscurecer busqué un local para cenar, aunque en los restaurantes que miré la cocina estaba cerrada y no abría hasta las 20h, así que hice una pequeña compra de comida en un supermercado. En África estos comercios son caros y me costó 5milF, pero es que la alternativa eran las tiendas de barrio que apenas tienen productos. También quise comprar unas mandarinas en un puesto callejero y la mujer me intentó cobrar 200F por pieza. Reconozco que le devolví la bolsa hecho un mar de dudas. Más tarde el encargado de la recepción de Casa Motel me confirmó que era un precio abusivo.

Volví a mi alojamiento en una jakarta (300F) y me tumbé en la cama a descansar porque estaba agotado. Más tarde solventé la cena con un bocadillo de foie gras y dos yogures. Y continuó mi batalla contra los mosquitos, que en la Casamance se mueven rápido y aprovechan cualquier rincón para esconderse. Al final acabé con todos (o eso pensaba) y me preparé para dormir. De fondo se escuchaba música a todo volumen porque era sábado noche y la gente estaba de fiesta.

VIAJE: ZIGUINCHOR – CAP SKIRRING

La jornada comenzó tras una nueva pelea con dos mosquitos que se habían colado en mi habitación. Se ocultaban entre las almohadas pero conseguí matarlos. A continuación me vestí; preparé las mochilas; me despedí del propietario de Casa Motel; y caminé hasta la carretera. Allí paré un taxi que me llevó a la Terminal de Autobús de Ziguinchor por 500F. Nada más bajar me vi rodeado por un montón de chavales que buscaban la forma de sacarme el dinero.

Mi destino era Cap Skirring, una población situada en la costa de la Casamance. Los chicos localizaron el vehículo (un minibús); y se encargaron de comprarme el billete. Fue más barato de lo que había previsto (1200F) pero me pedían 1000F por la mochila grande. Yo me negué en redondo y les acabé dando 300F (una pasajera les pegó una bronca por su comportamiento). Después ocupé un sitio junto a la ventana; dejé la mochila en un extremo del vehículo; y a las 9h nos pusimos en marcha.

El minibús avanzó a buen ritmo y tardo hora y cuarto en llegar a Cap Skirring. En el pasillo había pequeños asientos donde se ubicaron algunos pasajeros. Durante el trayecto contemplé un paisaje con serpenteantes canales de agua y barcas; manglares; árboles enormes (fromagiers, mangos); termiteros gigantes; y palmeras de diferentes tipos. Aunque también vi pueblos entre pilas de basura y plásticos. Una pena. Antes de llegar a la Terminal de Cap Skirring me bajé en una gasolinera Total y caminé hasta el lugar donde había decidido pasar la noche.

ALOJAMIENTO: CAMPEMENT FALAFU – 12.000F/Noche

*Puntos a favor: habitación espaciosa; cama doble muy cómoda; baño privado; buena limpieza; ubicación a escasos metros de la playa; tranquilidad total por la noche; ventilador; restaurante propio con tarifas económicas; encargado de la recepción (Babacar) realmente amable; precio.

*Puntos en contra: mobiliario destartalado; ducha de agua fría; manta áspera en vez de sábanas o un edredón; wifi errático.

Booking solo ofrece hoteles caros en Ziguinchor. Mi primera opción fue el Campement No Stress porque un viajero lo recomendaba en un foro de Internet, con una excelente relación calidad-precio. Para llegar me tocó caminar por una pista arenosa bajo un sol de justicia, pero no estaba bien indicado en el mapa y recorrí 1,5km. Además había sido reformado recientemente y las habitaciones eran lujosos bungalows a 30milF/Noche. No me lo podía permitir. El chaval de la recepción me envió a Cap Bay pero la situación no cambió (28milF, con piscina). Así que hice una búsqueda en Google Maps y encontré el Campement Falafu, propiedad de una Suiza. La verdad es que me vino bien porque los dos primeros alojamientos estaban demasiado apartados del centro de Cap Skirring.

El Campement Falafu tiene varios tipos de habitaciones, pero las mejores (a 15 y 17milF, con agua caliente, aire acondicionado y en algún caso vistas al mar) ya estaban ocupadas y me tuve que quedar con la sencilla. Al menos me ahorré un dinero. Teniendo en cuenta el precio acabé satisfecho, aunque solo te la aconsejo si viajas con presupuesto ajustado.

Una vez instalado me puse pantalón corto y chanclas; y caminé hasta la carretera principal, donde hay varias tiendas. Entré en un supermercado de clientela francesa, pero los precios me parecieron carísimos y lo sustituí por una tienda local. Allí me compré galletas y un litro de zumo de naranja (1200F); desayuné a la sombra de un árbol (me moría de hambre); y comencé a explorar la zona. Hacía un día soleado, con una agradable brisa que suavizaba las temperaturas.

LA PLAYA DE CAP SKIRRING

Cap Skirring se trata de un destino bastante turístico pero constituye una alternativa menos masificada que Saly, en la Petite Côte. A principios de los años 60 era una sencilla aldea pesquera, hasta que los Franceses descubrieron su potencial. Primero construyeron una pista de aterrizaje que se convirtió en un aeropuerto internacional. Y después un resort de vacaciones Club Med que atrae a miles de visitantes. Hoy día cuenta con una importante comunidad de expatriados Franceses que se desplazan en bicicleta, quads o lujosos todoterrenos, algunos acompañados de “amigos” o “amigas” locales varias décadas más jóvenes. La principal atracción de Cap Skirring es su enorme playa, considerada una de las mejores de Senegal. Yo llegué desde mi alojamiento. De entrada me sorprendieron 3 cosas:

*No está dividida en playas privadas por los diferentes hoteles y es posible pasear de forma ininterrumpida siguiendo la orilla.

*Apenas vi gente. Tan solo un rebaño de vacas tumbadas o deambulando por la arena que creaban escenas curiosas; algún pescador con sus cañas; y varias parejas tomando el sol.

*La playa está muy limpia, sin rastro de botellas o desechos que suele arrastrar el agua. No me lo podía creer conociendo el serio problema que tiene Senegal con la basura.

Yo guardé las chanclas en mi mochila y caminé metiendo los pies en el agua. Los primeros metros de la playa apenas tienen profundidad y al bajar la marea las olas creaban unas marcas onduladas muy fotogénicas. Además los alojamientos son básicos (a excepción del Club Med) y están perfectamente integrados en el entorno, ocultos tras frondosos palmerales.

Primero me dirigí hacia el sur y me detuve en un chiringuito llamado Le Caméléon a tomar una cerveza La Gazelle (1000F). No estaba fría pero los dueños me llamaron desde la distancia y me pareció un lugar muy auténtico (en breve contará con sencillas tiendas para alojarse). Allí me senté en una mesa y charlé con el cocinero, que me invitó a un chupito de té (Attaya). También conocí al pescador que consigue los productos para las comidas del día; al encargado del bar; y a una señora que vendía mandarinas (me invitó a una). Entre ellos hablaban una lengua que incluía palabras en francés. Estuve más de una hora evitando el sol. De nuevo en marcha caminé hacia el norte pasando por dos lugares de interés:

1. Cap Skirring: una colina en cuya base hay un conjunto de rocas erosionadas. El cabo se prolonga mar adentro formando una hilera de peñascos. Al lado se encuentra el Club Med, donde el ambiente es muy turístico, con tumbonas, sombrillas de paja, Franceses bañándose, y un ejército de camareros que apareció de repente con bandejas de fruta para sus clientes. También había varios guardas uniformados vigilando. En teoría la playa es privada pero no me dijeron nada (tampoco hay barreras que lo indiquen).

Durante mi paseo me crucé con guías turísticos, propietarios de barcas, artesanos que venden figuras de madera y cuadros, mujeres cargando fruta sobre la cabeza, y comerciales de gafas de sol y pareos. Pero la mayoría se concentran en el Club Med esperando como buitres a que algún turista se levante para caer sobre ellos. Yo les evité con mano izquierda y no se hicieron pesados.

2. Port de Pêche: está situado al otro lado de Cap Skirring, siguiendo hacia el norte. Se trata de una versión reducida de Saint Louis, con coloridas barcas sobre la arena o regresando de alta mar; mujeres que venden bebidas; grupos de lugareños limpiando pescado; un rebaño de vacas; y gaviotas que levantaban el vuelo cuando llegaba una embarcación. Eso sí, aquí la playa está llena de basura. Un tipo se acercó a decirme que no podía hacer fotos pero me lo quité de encima asegurándole que solo buscaba paisajes no primeros planos de la gente. Por cierto, mientras caminaba se me cayeron las gafas de sol y cuando di media vuelta ya habían desaparecido. En fin…

Desde el Port de Pêche regresé a la zona de mi alojamiento y me senté en un chiringuito a tomar otra cerveza La Gazelle (1000F). Esta sí estaba helada, sacada directamente de un congelador. Allí ocupé una mesa frente a la playa mientras atardecía. A mi alrededor un grupo tocaba música tradicional; unos chavales jugaban a fútbol; y aparecieron muchos turistas, aunque sin agobiar demasiado. Acabé la jornada contemplando la puesta de sol, con el cielo teñido de color naranja y una sensación de relax total.

CENA: RESTAURANT FALAFU

Cuando me instalé en el campamento por la mañana encargué la cena y me presenté a la hora acordada. Preferí cenar en el bar, donde solo había una familia charlando, en vez de bajar al restaurante. No me apetecían los formalismos ni verme en medio de un montón de parejitas (era San Valentín). Pedí el plato del día, Mafé, acompañado de una botella de agua grande. La ración no era muy abundante y lo devoré en cuestión de minutos, aunque estaba rico y por 1.500F no me puedo quejar. Después de cenar volví a mi habitación y me estiré en la cama a escribir y descansar. Me había pegado el sol y se me caía la piel de los brazos.

EXCURSION A DIEMBERING

Al día siguiente me desperté tras una noche algo más tranquila que las anteriores en Ziguinchor. No había mosquitos, pero por si acaso no apagué el ventilador y me desperté de madrugada helado a ponerme un abrigo. Tampoco escuché ruidos. Cuando abrí los ojos vi un enorme lagarto en la pared que desapareció al momento. A continuación me vestí con pantalón largo y zapatillas de montaña; preparé la mochila pequeña; y salí al exterior, donde una vez más lucía un sol radiante.

Podría haber desayunado en mi alojamiento, que ofrece un menú con pan, mermelada y café por 2milF. Pero no quería perder el tiempo y preferí ir por libre. En su lugar entré en una panadería; compré un croissant y una ensaimada; y comí sentado en una cafetería acompañado de un café con leche. Todo rico y con un personal muy amable (incluso me trajeron un plato para las pastas). No ahorré mucho dinero (1800F) pero en 15 minutos ya estaba listo.

El plan de la jornada era visitar Diembéring, una población tradicional Diola situada 12km al norte de Cap Skirring. Valoré varias alternativas para desplazarme. Como alquilar una bicicleta, porque el terreno es llano y descubrí una tienda, aunque después me tocaría cargar todo el día con ella. O viajar en septplace, con el riesgo de tener que esperar un buen rato hasta que se llenara de pasajeros. Al final opté por ir a pie y ya me buscaría la vida para volver.

Tardé 2,5 horas en llegar a Diembéring por una carretera asfaltada. De camino crucé el centro de Cap Skirring, con un interesante mercado y tiendas de rótulos curiosos (me encantan las peluquerías). Y un par de zonas con palmeras y espesa vegetación donde había un montón de pájaros (Loros de color verde intenso, un Bee Eater azul turquesa, varios Starlings de cola larga que emiten un ruidoso canto). Lástima que no me dejaran acercarme y al notar mi presencia salían volando.

Además vi numerosos Buitres planeando; baobabs en la distancia; torres de agua; y una zona de marismas con manglares y Garzas. Atravesé el pueblo de Boukot, con bastante gente y animados comercios; pasé junto al Museo de Sangawatt (dedicado a los Diola); la fábrica de agua Casamançaise (típica de la zona), con coloridas pinturas murales; y el Ecoparc Casamance, una reserva natural creada en el 2010 que protege un tramo de bosque primario con abundante vegetación endémica, un par de senderos de 1 hora de duración y posibilidades de ver fauna.

Yo avancé a buen ritmo y al final estaba cansado porque el sol no dio tregua. Varios vehículos me ofrecieron llevarme a Diembéring (un tractor, un par de moto-taxis llenos de chavales), pero les dije que no y me miraban como si estuviera loco. Cuando aparecí en el pueblo eran las 12h.

COMIDA: SUJUWASS BAR

En Diembéring hay varios locales de comidas pero poco a poco los fui descartando. En el Albert Sambou solo preparaban platos por encargo con unas horas de antelación. Y en el Chez Assimo me encontré un ambiente que no me gustó nada, con un grupo de chavales bebiendo cerveza y fumando que al llegar me hablaron en un tono demasiado brusco. Así que acabé en el Sujuwass, situado en la Plaza Principal. Cuenta con una pequeña terraza que estaba ocupada por dos parejas de Franceses (también es casualidad), y me quedé en el comedor con la familia de la dueña, que se sentó en la mesa de al lado a devorar una bandeja de pescado.

Solo tenían Kaldou, el plato típico de la Casamance, que consiste en pescado hervido con arroz, verduras y salsa al limón. Para beber pedí una cerveza La Gazelle; y de postre me trajeron un pequeño plátano. El pescado tenía muchas espinas e hice lo que pude. Precio: 3milF. Mientras comía el local se llenó de estudiantes durante unos minutos y el ambiente era una locura. Después el sol seguía apretando y fui al Albert Sambou a tomarme otra cerveza La Gazelle (1000F). Se estaba genial en el comedor y me entretuve leyendo mientras la dueña cuidaba a su hija pequeña y un perro entró a tumbarse a la sombra.

DESCUBRIENDO DIEMBERING

A las 15.30h comencé a visitar el pueblo. Aunque no debí tomarme casi litro y medio de cerveza porque entre el alcohol y el calor iba atontado. Esto fue lo más interesante del recorrido por Diembéring:

1. Plaza Principal: está presidida por una magnífica Ceiba. Junto al tronco vi lugareños hablando; una iglesia rematada por una cruz blanca; perros durmiendo; y un par de puestos con señoras que vendían fruta. Aquí paran los septplace y cuando pasé por la plaza había una marea de alumnos esperando sus autobuses escolares.

2. Viviendas Tradicionales: tienen muros de adobe y tejados de chapa (aunque vi algunos de paja). Están rodeadas de patios donde las familias Diola duermen a la sombra o se relajan. Por todas partes había cabras, cerdos y gallinas en busca de comida. Y me encantó la atmósfera aletargada, con los vecinos saludándome educadamente con un “Bon jour, ça va?”; y niños jugando en las calles.

3. Mezquita: fue construida en el 2016 y se trata de un elegante edificio que alberga una escuela coránica. Yo charlé con un profesor y me enseñó su aula (lástima que no hubiera alumnos). En un extremo del recinto un grupo de críos sacaba agua de una fuente.

4. Duna: se encuentra al norte de Diembéring y subí para contemplar el paisaje, con el pueblo a un lado y el mar al otro. El terreno estaba cubierto de una especie de dientes de león que caían de los árboles.

5. Ceibas: en las afueras del pueblo hay numerosos ejemplares de estos gigantes, también llamados Fromagers o Árboles Kapok, de troncos y ramas retorcidas. Yo me quedé un rato haciendo fotos mientras pasaban mujeres cargadas de leña.

Desde Diembéring arrancan pistas que conducen a otras aldeas, zonas de bolongs y la costa del Atlántico. Yo exploré un poco pero no encontré nada interesante y decidí finalizar el paseo.

REGRESO A CAP SKIRRING

A continuación caminé hasta la Plaza Principal y vi llegar un coche. El conductor me dijo que era un septplace que tenía previsto viajar a Cap Skirring. Y al momento aparecieron una pareja de turistas (él francés, ella de Gambia) y una señora, así que nos pusimos en marcha. Tuve bastante suerte. El trayecto apenas duró 10 minutos (350F) y acabó en la Terminal de Autobús. Mi idea era disfrutar de las vistas desde la parte superior de Cap Skirring, pero está ocupado por un hotel-restaurante y solo pueden acceder los clientes. Una pena…

Después me descalcé; volví a la zona de mi alojamiento siguiendo la playa; y me senté en el mismo chiringuito del día anterior, donde cayeron 2 cervezas La Gazelle heladas con unos cacahuetes de cortesía (2milF). Estaba sediento. Y solo fui una vez el lavabo (al calor y los kilómetros me dejaron deshidratado). De nuevo vi la puesta de sol, aunque ahora sin cámara de fotos y sin tanta gente.

Cuando empezó a caer la tarde caminé hasta la carretera principal; y compré en una tienda galletas, agua y un yogur para la cena. Ya en la habitación me dediqué a leer y descansar. Estaba agotado. En el lavabo descubrí una cucaracha talla XL pero la conseguí echar por el desagüe de la ducha tirándole agua y pude dormir tranquilo.

CONCLUSION

La Casamance es una región de contrastes que combina lugares muy concurridos como Cap Skirring, lleno de turistas occidentales, con otros como Diembéring o Ziguinchor, con un ambiente más auténtico. Te recomiendo dedicar una jornada completa a Cap Skirring y otra a Ziguinchor. Yo decidí volar a la Casamance desde Dakar pero si tienes ganas de aventuras te aconsejo subirte al ferry que tarda 16 horas en cubrir el trayecto, siempre y cuando no haya retrasos o cancelaciones (algo habitual).

Me hubiera gustado hacer una excursión en barca para conocer las islas al norte de Cap Skirring, como Carabane, situada junto al río Casamance, con abundancia de aves. Pero un día costaba alrededor de 40milF (pescado a la parrilla incluido) y no había otros turistas para compartir. Además desde Ziguinchor hay barcas públicas que viajan a aldeas remotas, aunque solo tienen una salida diaria y obligan a pasar al menos una noche en ellas.

 

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