Una ciudad en la costa del Mar Negro con una curiosa mezcla de edificios clásicos y ultramodernos, y una oferta ilimitada de ocio nocturno
Batumi es la segunda ciudad más grande de Georgia. Está ubicada junto al Mar Negro y es la capital de la región de Adjara, donde vive un grupo étnico con su propia lengua y tradiciones. A finales del siglo XIX, durante la ocupación rusa, Batumi se convirtió en el principal puerto petrolero de la zona, además de un popular destino de vacaciones. Y en 1991, tras la desintegración de la Unión Soviética, Aslan Abashidze se hizo con el poder de Adjara y gobernó la región como una república autónoma. Hasta que en el año 2004 el nuevo presidente de Georgia recuperó el control del territorio y Abashidze tuvo que emigrar a Rusia. Desde entonces las inversiones extranjeras en Batumi se han multiplicado, llenando la ciudad de lujosos hoteles y casinos. Tanto que es conocida como “Las Vegas del Mar Negro”.
Entre los principales lugares de interés de Batumi destacan sus edificios futuristas, como Alphabetic Tower o Red-Co Batumi Tower; la Plaza Europa; y el Paseo Marítimo. Además se encuentra a escasa distancia de Anuria Hill y las ruinas del Fuerte de Gonio-Apsaros, que constituyen interesantes excursiones.
VIAJE: SARPI – BATUMI
Tras cruzar la frontera desde Turquía busqué transporte público para llegar a Batumi. Al final me subí a una marshrutka de color blanco que realiza el recorrido de 20km por tan solo 1L. El trayecto no tuvo mucha historia y en media hora ya estaba en el centro de Batumi. También es posible contratar los servicios de un taxi privado.

ALOJAMIENTO: CHVENI SAKHLI HOTEL – 60L/Noche
*Puntos a favor: habitación enorme; cama doble muy cómoda; baño privado con ducha que incluye hidromasaje; limpieza impecable; ubicación céntrica, a pocos minutos a pie de las principales atracciones; aire acondicionado; nevera; balcón con vistas al Mar Negro; propietarios muy amables; precio; correcto desayuno incluido.
*Puntos en contra: wifi errático.
Mi llegada a Batumi fue realmente caótica porque no tenía acceso a Internet y no había reservado alojamiento. Así que deambulé por las calles cargado con mis mochilas sin saber muy bien qué hacer. Por suerte encontré una Oficina Turística gestionada por unos chavales muy simpáticos. Allí pude comprar una tarjeta SIM local y me indicaron tres hoteles cercanos que se ajustaban a mi presupuesto (el alojamiento en Batumi es caro).
Yo opté por el Bakuri Hotel, situado a un par de calles, y lo encontré sin problema (o eso pensaba). El precio coincidió con el que me habían dicho y tras un intento fallido de regateo me instalé en la habitación. Pero al cabo de un rato vi escrito en las toallas un nombre distinto y bajé a preguntar a la recepción, donde se desveló el misterio. Resultó que iba tan perdido que entré por equivocación en el Chveni Sakhli Hotel, ubicado justo al lado. Y al final triunfé de forma involuntaria porque el Bakuri Hotel tenía un aspecto lamentable. A continuación contesté un mensaje de Stephan y Manue, la pareja de franceses que conocí en los Montes Kaçkar, que también estaban de visita en Batumi. Y quedamos para vernos y tomar algo.
UNA VELADA DE COPAS
Me reuní con la pareja en un parque situado a 10 minutos de mi hotel y nos dirigimos a la zona del Paseo Marítimo. Allí nos sentamos en la terraza del Port Odessa, un local de moda junto a la playa con música moderna, una piscina central, camareros extra amables y (a última hora) una actuación en directo. Los tres pedimos una cerveza Zedazeni de 0,4l. Yo pensaba que la cosa quedaría ahí, pero Stephan y Manue resultaron ser unos fiesteros y cayeron dos cervezas más (a 6L cada una). Hacía mucho que no bebía alcohol y tenía el estómago vacío, así que al final iba algo tocado. Pero estuve realmente cómodo con los franceses, poniéndonos al día de nuestras últimas aventuras.
A eso de la 1h nos despedimos y volví a pie hasta mi hotel. De camino recorrí calles oscuras y solitarias, aunque con una sensación de seguridad total. De vez en cuando me crucé con algún taxista, un grupo de chavales de fiesta o un perro. Y me sorprendió ver supermercados abiertos tan tarde. Ya en mi habitación cené las sobras de mi última comida en Turquía antes de cruzar la frontera: una empanada rellena de trozos de carne de cordero y verduras (estaba rica pero picaba bastante). Y a continuación caí rendido en la cama tras una jornada agotadora.
DESCUBRIENDO EL PASEO MARITIMO
Al día siguiente me desperté a buena hora con ganas de aprovechar el tiempo. Una vez en pie me pegué una ducha y bajé a desayunar al comedor del hotel. El menú consistió en un buffet libre con tomate, pepino, olivas, queso, salami, huevo duro, sandía y té. Acostumbrado a los banquetes de Turquía me pareció muy poco consistente, pero fue suficiente. Después salí a la calle, donde lucía un sol radiante. Para empezar me dirigí al Paseo Marítimo de Batumi, que discurre en paralelo a la costa del Mar Negro. Esto fue lo más destacado:
1. Playas: son de piedras pero la gente ocupe cada espacio libre. Había turistas por todas partes, tomando el sol estirados en sus tumbonas; bañándose; o paseando. También vi un pequeño puerto deportivo con embarcaciones que ofrecían excursiones por los alrededores y se alquilaban para uso privado. Y vestuarios de lo más variado, desde rusas con bikinis extremos a musulmanas con chador negro y guantes. Una mezcla curiosa…
2. Miracle Park: se encuentra al principio del Paseo Marítimo y está rodeado por algunas de las construcciones más destacadas de la ciudad. Me gustó una enorme Noria; una Torre del Reloj conocida popularmente como “Chacha Tower”; la Estatua del Amor, que data del 2010 y representa a Ali y Nino, una especie de Romeo y Julieta a la georgiana (sus figuras se mueven cada 10 minutos hasta darse un beso); y un Faro del siglo XIX.

En este parque también se levanta Alphabetic Tower, un espectacular edificio de 135m de altura construido en el año 2012 (por una empresa española) que representa una molécula de adn adornada con las letras del alfabeto georgiano. Se puede acceder en ascensor a la parte superior, donde hay un restaurante y un mirador con buenas vistas de Batumi (10L).
3. Red-Co Batumi Tower: sus 200m le convierten en el rascacielos más alto de Georgia. Fue inaugurado en el 2012 para albergar la Universidad de Tecnología, pero tras años vacío se decidió transformar en un hotel y apartamentos de lujo. Curiosamente en un lateral tiene una pequeña noria de color dorado. Alrededor de la torre hay otros modernos edificios que llaman la atención, como Porta Batumi Tower Residence; el Hotel Radisson; o el Hotel Sheraton (una réplica del antiguo Faro de Alejandría).
4. Lago Ardahan: situado en la parte más nueva del Paseo Marítimo. Está dominado por la vanguardista House of Justice; las Twin Towers (durante mi visita se encontraban en obras); y el gigantesco Alliance Palace Hotel, de forma ovalada. A partir de las 21h tiene lugar un espectáculo de luz y sonido conocido con el nombre de Dancing Fountains (no me quedé a verlo).
5. McDonald’s: una de las franquicias de Batumi ocupa un local fabricado con paneles de vidrio y forma de nave espacial rodeado por un lago. Es una locura. Cómo será la cosa que cuando fue construido en el año 2013 ganó un premio al mejor local comercial del mundo.
Para recorrer el Paseo Marítimo puedes seguir la costa pasando junto a diversos chiringuitos playeros; o atravesar un parque más alejado que ofrece algún tramo de sombra. Tras caminar durante horas regresé a la zona de mi hotel, que ofrece un ambiente muy distinto al resto de Batumi. Aquí hay enormes bloques de pisos de estilo soviético con lugareños tendiendo la ropa; docenas de comercios de alimentos y ropa (algunos situados en sótanos bajo el nivel de la acera); y mujeres sentadas con caras curtidas por el paso del tiempo. Un barrio muy alejado del glamour que intenta transmitir la ciudad.
A la hora de comer compré en una tienda un Pirozhki (masa frita rellena de patata), un bollo azucarado, y una botella de agua grande. Todo por 3L (apenas 1€). Y subí a la habitación del hotel, donde aproveché para descansar un rato.
EN EL CENTRO HISTORICO
Más tarde caminé hasta el centro de Batumi para continuar explorando. En esta zona descubrí un montón de edificios de estilo neoclásico. Algunos datan del siglo XIX, cuando Batumi comenzó su andadura como centro vacacional; y otros son de reciente construcción, aunque imitan el aspecto de los antiguos. La verdad es que si no eres un experto cuesta diferenciarlos. Esto fue lo más destacado:

1. Plaza Europa: es el corazón de la ciudad y está rodeada de monumentos interesantes, como una afilada torre con un Reloj Astronómico; o una estatua de Medea con el Vellocino de Oro que hace referencia al famoso relato de la mitología Griega.
2. Catedral de la Virgen María: una iglesia ortodoxa de estilo gótico construida a principios del siglo XX con una fachada espectacular.
3. Fuente de Neptuno: data del año 2010 y es una copia de la que hay en Bolonia. A escasos metros se encuentra el Teatro de Arte Dramático, un edificio imponente de estilo neoclásico con enormes columnas.
4. Piazza: fue construida en el 2009 y cuenta con varios edificios de estilo italiano. Entre ellos destaca una Torre del Reloj que contiene el Piazza Boutique Hotel. Si no tienes problemas de presupuesto me parece un sitio genial para alojarte. También hay un par de restaurantes y música en directo por la noche. Al lado de la Piazza se encuentra la Iglesia de San Nicolás, construida en 1865 para atender las necesidades de la comunidad griega de la ciudad.
Además el centro de Batumi está lleno de construcciones realmente fotogénicas, con fachadas de vivos colores, esculturas, y elaborados balcones de metal. Me lo pasé genial paseando sin rumbo fijo, descubriendo detalles interesantes en cada rincón.
Durante mi ruta vi tres imágenes clásicas de Batumi:
*Casinos: algunos ocupan lujosos edificios, aunque para la gente de menor poder adquisitivo hay numerosas casas de apuestas, y hasta máquinas recreativas en la calle que permiten jugar a cualquier hora.
*Centros de Masaje Tailandés: al principio pensé que ofrecían masajes terapéuticos (a veces soy así de ingenuo), pero pronto comprendí que se trataba de locales de prostitución. Los rótulos de la entrada eran muy sospechosos; y de regreso a mi hotel una noche vi a las chicas esperando clientes (no tenían mucha pinta de masajistas).
*Taxis Turísticos: organizan recorridos por Georgia. Los conductores suelen estar sentados junto a su vehículo acompañados de un cartel con fotos de los lugares más interesantes. Algunos incluyen Tbilisi en sus circuitos, aunque imagino que los precios no son económicos.
Por último, si no te importan los sentimientos de los animales, en Batumi puedes visitar un Delfinario (muy popular entre los turistas). A mí me hubiera gustado contemplar el exterior, decorado con un magnífico mosaico de la época soviética, pero durante mi visita estaba rodeado de andamios. También hay un Circo con un cartel donde vi fotos de un oso conduciendo una moto, un chimpancé a lomos de un caballo, y un camello disfrazado. Vaya tela… Tras mi paseo contacté con Stephan y Manue y quedamos en vernos a las 19h.

CENA: CAFE RETRO
Yo quería probar alguna especialidad de la región de Adjara y propuse a la pareja que fuéramos a este restaurante recomendado por mi guía de viajes. Está un poco alejado del centro, pero encontramos el sitio sin problema y nos sentamos en la terraza. Por suerte tenía cubierta porque nada más llegar comenzó a llover con fuerza. Todos pedimos Adjarian Khachapuri, una masa de hojaldre con forma de barca que contiene dos variedades de quesos y un huevo crudo. Para comer hay que ir arrancando pedazos de los bordes y mojarlos en el centro. Había 3 tamaños de Khachapuri. Yo pedí el mediano y acabé bastante lleno. Para acompañar cayó una cerveza Natakhtari que estaba caliente. La atmósfera me gustó, con predominio de familias y grupos de amigos locales. Precio: 14L.
Después de cenar decidimos continuar con la charla y caminamos hasta la Piazza. El lugar ofrece una bonita imagen por la noche, con sus principales edificios iluminados (en especial la Torre del Reloj). Al llegar nos sentamos en la terraza de La Brioche y compartimos una botella de vino blanco Marani Tsinandali con una agradable música. Allí estuvimos intercambiando risas y anécdotas, y pasadas las 12h nos despedimos.
EXCURSION A ANURIA HILL
Al día siguiente me desperté bastante cansado tras dos noches seguidas de copas. Cuando bajé a desayunar al comedor del hotel hubo momentos de confusión, porque no había platos a la vista y no sabía si era porque todavía estaban preparando el buffet libre o porque ya tocaba recoger (solo eran las 9h). Yo regresé a la habitación y cuando volví a bajar 20 minutos más tarde ya estaba listo el buffet, así que pude desayunar con normalidad.
Después preparé mi mochila pequeña, salí al exterior, y me dirigí al inicio del Paseo Marítimo. Allí se encuentra la estación del Argo Cable Car, un teleférico que conduce a la cima de Anuria Hill, en las afueras de Batumi. El billete de ida y vuelta cuesta 15L. En cada cabina caben 8 personas pero como era temprano viajé solo. El trayecto duró un cuarto de hora y me permitió disfrutar de unas vistas épicas de la ciudad, con sus modernos edificios y la costa del Mar Negro de fondo.
Una vez en Anuria Hill accedí a una terraza que ofrece una bonita panorámica de Batumi. Tiene unas escaleras con diferentes nombres relacionados con la cultura georgiana (regiones, poetas, instrumentos musicales); y un café con mesas para sentarse a tomar algo. Al principio estuve bastante tranquilo, pero poco a poco empezó a llegar gente (principalmente turistas rusos) y el ambiente perdió encanto. Me sorprendió ver a varios fotógrafos trabajando sin parar teniendo en cuenta que hoy día todo el mundo cuenta con cámara de fotos en sus móviles. En fin, tras media hora en la terraza regresé al Paseo Marítimo, de nuevo en una cabina para mí solo.
Para comer repetí menú en el mismo local del día anterior: Pirozhki (masa frita rellena de patata), un bollo azucarado, y una botella de agua grande. Pero esta vez pagué 2,5L, así que deduje que la chica que me atendió la primera vez se quedó el cambio.

EL FUERTE DE GONIO-APSAROS
Con el estómago lleno seguí la calle de mi hotel y encontré una marshrutka que estaba a punto de partir hacia la población de Sarpi, cerca de la frontera de Turquía. Yo ocupé un asiento en la fila individual, pagué el billete al conductor (1L), y tras recorrer 13km paró en la población de Gonio.
Mi objetivo era visitar el Fuerte de Gonio-Apsaros, construido por los Romanos en el siglo I, aunque modificado más tarde por Bizantinos y Otomanos. La marshrutka me dejó justo al lado de sus imponentes murallas. Aunque tras pagar la entrada (5L) comprobé que el interior es un prado casi vacío, con los cimientos de varios edificios antiguos; un jardín de coloridas flores; y una modesta tumba que (según cuentan) pertenece al apóstol Matías, fallecido mientras predicaba en la zona. Muy poco para lo que fue la antigua Apsaros, un animado puerto comercial donde desembarcó el Argos con Jason y sus Argonautas.
De todas formas las murallas ya justifican la visita. Hay una torre a la que se puede subir para contemplar las vistas, con verdes colinas cubiertas de espesos bosques y una luz perfecta para la fotografía. Además durante el tiempo que estuve apenas me crucé con gente.
Para regresar a Batumi me planté en la carretera junto a la entrada del Fuerte y paré la primera marshrutka que pasó. De camino cruzamos el río Çoruh, de grandes dimensiones; y pasamos junto a varios grupos de vacas pastando. Cuando llegamos a las inmediaciones de mi hotel me bajé del vehículo. El trayecto solo me costó 0,8L, con lo cual el primer conductor se había quedado el cambio (otro listo). Son cantidades ridículas pero me toca las narices recibir este trato por el hecho de ser extranjero. Tras un rato descansando en el hotel recibí un mensaje de Stephan y Manue y quedamos una vez más en el centro.
CENA: MAMAPAPURI RESTAURANT
Me reuní con la pareja en la Plaza Europa y desde allí caminamos un par de calles. En la zona había tres restaurantes con menús prácticamente idénticos. Al final entramos en el Mamapuri porque la chica encargada era muy simpática (nos explicaba cada plato y al final siempre añadía “very delicious”). Nos sentamos en una mesa del comedor y cada uno pidió un plato típico georgiano para compartir. Yo opté por el Ojakhuri (trozos de ternera con patatas y especias), pero no me gustó mucho porque no tenía ninguna salsa y la carne estaba demasiado seca. Para acompañar elegimos una jarra de vino tinto de la casa. Precio: 17L.
Tras la cena buscamos un sitio para tomar algo y acabamos en el Simple Bar, situado a escasos metros del espectacular Reloj Astronómico. El local tiene mucho encanto, con una pequeña terraza exterior que ocupa una calle tranquila rodeada de edificios antiguos; música jazz; y un joven propietario que acabó sentado en nuestra mesa explicándonos curiosidades de la cultura Georgiana.
Pedimos una cerveza Herzog Von Bavaria (vaya nombre) y un vaso de Chacha. Este licor es conocido como Vodka Georgiano y se obtiene a partir de la destilación de la uva. Es fortísimo (el que tomamos era de elaboración casera, con un 65% de alcohol) y el dueño nos trajo un trozo de limón, así que me lo bebí como si fuera un chupito de Tequila (solo faltaba la sal). Stephan se tomó un par más y al final acabamos con una copa de vino blanco cortesía de la casa.

A eso de las 2.30h decidimos poner punto y final a la velada. Al día siguiente nos separábamos: Stephan y Manue partían rumbo a Svaneti y yo a Kutaisi. Aunque respiré aliviado, porque una noche más llegué a mi habitación y la cosa ya empezaba a no tener gracia…
CONCLUSION
Batumi es una ciudad evitada por la mayoría de turistas que visitan Georgia, pero yo decidí darle una oportunidad porque me pillaba muy cerca del punto donde crucé la frontera desde Turquía. Reconozco que me esperaba una urbe moderna y sin alma, llena de bares y locales de fiesta. Y en su lugar me encontré calles limpias y seguras, fotogénicos edificios, y numerosos restaurantes de comida tradicional. También ayudó coincidir con Stephan y Manue, porque así pude disfrutar de la noche de Batumi. Un par de días completos serán suficientes para visitar las principales atracciones y los alrededores.
La región de Adjara cuenta con reservas naturales de gran belleza, como los Parques Nacionales de Mtirala y Machakhela; el Cañón de Merisi; o las zonas protegidas de Kintrishi y Kobuleti. Aquí encontrarás kilómetros de senderos que atraviesan frondosos bosques, cascadas, y poblaciones tradicionales. Pero para explorar la zona es imprescindible contar con vehículo propio, o en su defecto apuntarse a algún tour organizado por una agencia de Batumi. Como ambas opciones se salían de mi presupuesto, tras visitar Batumi abandoné Adjara.
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Comentarios
2 ComentariosDavid
Jun 13, 2024Gracias por tus post sobre Georgia, me los estoy leyendo todos ya que en Julio me iré con mi mochila a recorrer el país durante 20 días y me están sirviendo de mucha ayuda. Aprovecho y te pregunto, pones que entraste a Batumi por Turquía, ¿cuál sería la población o ciudad turca más cercana a Batumi que mereciera la pena visitar? Me encantaria cruzar la frontera y explorar la zona pero no se si merece la pena o si hay algo importante o curioso que ver. Muchas gracias!
Ganas De Mundo
Jun 14, 2024Gracias a ti por el comentario. Un placer compartir info de viajes. Yo pasé unos días haciendo senderismo en los montes Kaçkar, que no están muy lejos (les dedico un post en el blog). Mi idea era visitar también el Monasterio de Sumela, en Trabzon, pero en ese momento estaba cerrado por obras de restauración. Por último un poco más alejado tienes Kars y las ruinas de Ani, antigua capital del reino de Armenia. Pásalo genial!