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ETIOPIA

Awassa y Wondo Genet

posted by Ganas De Mundo
Ago 23, 2017 3917 2 0
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Awassa y Wondo Genet

Una  puesta de sol mágica y una piscina de aguas termales en los alrededores de la que quizás sea la población más horrible de Etiopía

Awassa es la ciudad más importante del Valle del Rift etíope y se encuentra ubicada a orillas del bonito lago del mismo nombre, que solo tiene 129km2 de superficie. Aun así está rodeado de una vegetación exótica y la abundancia de peces atrae montones de aves, como águilas pescadoras, hornbills, martines pescadores y marabúes. Además las puestas de sol son espectaculares. A parte de recorrer el lago a pie o en barca, Awassa cuenta con un animado mercado. No muy lejos destaca Wondo Genet, una zona de bosques y manantiales de aguas termales presidida por el magnífico Wabe Shebelle Hotel, cuya principal atracción es una piscina caliente. También es posible conseguir guías locales para realizar caminatas por los alrededores y descubrir grupos de monos Black-and-White Colobus.

Para visitar Awassa y Wondo Genet hay que pasar obligatoriamente por Shashemene, una ciudad espantosa situada en un cruce donde se unen las carreteras que van a Addis Ababa (norte), Bale Mountains National Park (este) y Arba Minch o Moyale (sur). Yo encima tuve que alojarme una noche allí y la experiencia fue para olvidar.

VIAJE: LAGO LANGANO – AWASSA

Entre estas poblaciones solo hay 65km de distancia pero fue un trayecto laborioso. Tras desalojar mi habitación del Bekele Mola Hotel recorrí por última vez los 3km de pista hasta la carretera principal. A continuación necesité 3 etapas:

1. Furgoneta hasta Shashemene: mi idea era parar cualquier vehículo que pasara hacia el sur, pero no contaba con que era domingo y apenas había tráfico. Por suerte al cabo de 20 minutos apareció una furgoneta y me pude apretujar entre un montón de lugareños (9B). El tiempo era perfecto, con cielo despejado y un sol radiante. De camino cruzamos aldeas solitarias con ganado y vecinos por todas partes. Y el conductor tuvo que frenar en seco varias veces para evitar atropellar a los animales que se lanzaban a la calzada sin cuidado.

En Shashemene el único lugar de cierto interés turístico es una comunidad de Rastafaris llamada popularmente Jamaica. En 1930 Ras Tafari asumió el poder en Etiopía y se coronó emperador bajo el nombre de Haile Selassie I. Entonces surgió en Jamaica el movimiento Rastafari, una religión que identificaba al emperador como el nuevo Mesías. Y que veía en Etiopía un país independiente ubicado en el África profunda que representaba un retorno a las raíces. Así que muchos jamaicanos se vinieron a vivir a Shashemene. Los rasgos más característicos de los Rastafaris son su pelo rasta; el consumo abundante de marihuana; y la pasión por la música de Bob Marley (incluso se habló de enterrar al famoso cantante en esta ciudad). A mí Jamaica no me llamaba la atención y no la visité.

2. Furgoneta a Awassa: nada más llegar a la ciudad me subí a otro vehículo que en media hora me llevó a la Terminal de Autobuses de Awassa (5B).

3. Gari hasta el lago: en los alrededores de la Terminal hay numerosos garis (carretas tiradas por un caballo), pero yo me empeñé en llegar a pie al lago Awassa. Y tras un buen rato avanzando por calles polvorientas cargado con mi mochila, bajo un sol de justicia y todavía con las secuelas de mi ruta por el Parque Nacional Abiata-Shala… ¡acabé parando un gari! Encima me costó casi lo mismo que desde la Terminal (4R). Eso sí, mientras caminaba entré en un bar local a tomarme una Coke y acabé rodeado de lugareños que me miraban como si fuera un extraterrestre. La situación fue graciosa…

ALOJAMIENTO: UNIQUE PARC HOTEL – 45B/Noche

*Puntos a favor: habitación espaciosa; cama doble; baño privado; ubicación ideal, a escasos metros del lago Awassa; precio.

*Puntos en contra: mobiliario destartalado; limpieza mejorable (el inodoro olía fatal); ruidoso bar con un televisor comunal que emitía a todo volumen partidos de fútbol de la Premier League y vídeos musicales.

Un sencillo hotel recomendado por mi guía de viajes que me costó encontrar porque no tiene ningún cartel exterior. Al poco de instalarme salí a la calle en busca de algún bar porque me moría de sed. Al ser domingo la mayoría de locales estaban cerrados, pero al final di con el Bezatel Café, situado en la segunda planta de un centro comercial. Allí me senté en una terraza y cayeron una Pepsi y un zumo Espris (7B). Se estaba genial y me quedé un rato leyendo a la sombra con una suave brisa.

RECORRIENDO EL LAGO AWASSA

A continuación me acerqué al lago y seguí un sendero que bordea la orilla durante un par de horas, contemplando una gran cantidad de aves. Había imponentes águilas pescadoras, con su cabeza blanca y enorme pico amarillo; docenas de Marabúes; una pareja de Hornbills de plumaje blanco y negro; grupos de patos; garzas; Ibises de cabeza negra… Me encantaron los Martines Pescadores, que se quedaban como levitando sobre el agua a varios metros de altura y de repente se sumergían como dardos y aparecían con un pez en el pico.

El ambiente era animado, con gente a pie o en bicicleta; vendedores ambulantes; parejas de novios en los sitios más apartados; y críos pescando utilizando un simple hilo y un anzuelo. Aunque te recomiendo no poner un pie fuera del sendero porque la zona estaba llena de excrementos cubiertos de moscas de colores. En el lago un hombre navegaba con su barca tradicional hecha de cañas.

COMIDA: WABE SHEBELE HOTEL

Uno de los mejores alojamientos de Awassa, situado junto al lago. Yo me senté en una mesa de la terraza del restaurante. El lugar es una maravilla, con plantas frondosas; buenas vistas; y un grupo de graciosos monos Grivet jugando a escasa distancia. Me hubiera gustado pasar la noche pero una habitación costaba 160B. Lástima que dos escenas empañaran la experiencia. Por un lado tres abueletes occidentales acompañados de unas jóvenes etíopes en actitud cariñosa (el turismo sexual es un problema en esta parte de África). Y por otro un pobre perro que correteaba por el jardín y se llevó una pedrada de un empleado del hotel. En fin…

Tras examinar el menú pedí una ensalada; un plato de Siga Kutilet (finas tiras de carne rebozada con patatas y zanahoria); una botella de agua grande bien fría; y un café para rematar. La comida estaba rica, con raciones abundantes, aunque el café me pareció malísimo (una sorpresa teniendo en cuenta que Etiopía es uno de los principales productores del mundo). Precio: 34B.

Para acabar el día disfruté de una magnífica puesta de sol en el lago Awassa, con el cielo teñido de color naranja; barcas surcando las aguas; y las montañas de fondo. Todos los lugareños se detenían a contemplar la imagen a pesar de que la habrán visto cientos de veces. Mientras hacía fotos se me acopló un pesado ofreciéndome diferentes servicios (guía, excursiones). Al final me preguntó si me parecía ajustado a la realidad que su nombre significara «belleza negra«. Vaya tela… Por suerte un par de respuestas secas hicieron que se largara…

Ya en mi hotel me senté en el bar a tomar una Pepsi mientras un grupo de etíopes vivían un partido de fútbol West Ham – Arsenal como si se tratara de la final del Mundial. No paraban de gritar y cuando algún jugador fallaba una oportunidad de gol saltaban de sus sillas. Me hizo gracia tanta pasión por algo tan lejano. Después me marché a mi habitación. Al haber comido tarde solventé la cena con unas galletas. Y me estiré en la cama a leer y descansar hasta la hora de dormir con montones de perros ladrando.

EL MERCADO DE AWASSA

Al día siguiente me desperté tras una noche de sueño impecable. Una vez en pie me vestí; preparé la mochila pequeña; y me puse en marcha sin desayunar. El centro de Awassa se compone de amplias avenidas con edificios de grandes dimensiones, incluida una iglesia donde todo el mundo se santiguaba al pasar por delante. Pronto descubrí que sus habitantes son mucho más respetuosos con los viajeros occidentales. Recibí alguna mirada furtiva y un par de comentarios, pero nada que ver con el asedio de Ziway o el lago Langano.

El sol era cegador, hasta el punto de que había mujeres que caminaban protegidas con paraguas. Y descubrí detalles interesantes en cada rincón: un Hornbill picoteando la cabeza de una cabra muerta; un Babuino cruzando la calle; vacas campando a sus anchas; un edificio en obras rodeado de un precario andamio de madera; comercios de rótulos curiosos…

Mi visita a Awassa coincidió con un día de mercado, que tiene lugar los lunes y jueves. Se trata de una explanada al aire libre con docenas de puestos que venden todo tipo de productos: madera, carbón, bambú, cereales, carne, piezas de metal, objetos de plástico… La atmósfera era caótica, con bastante gente, garis, cabras… Un mendigo gritaba tirado en el suelo; un burro se negaba a continuar tirando de un carro cargado de sacos; y en el cielo volaban numerosos Marabúes a la espera de restos de comida. No había occidentales y atraje todas las miradas, así que decidí mantener la cámara de fotos enfundada y no llamar más la atención. Para acabar desayuné en la terraza de una elegante cafetería con camareros uniformados. Pedí un batido de aguacate y un dulce de almendras que me dejó como nuevo (7B).

VIAJE: AWASSA – WOSHA

De regreso en mi hotel desalojé la habitación y fui a la Terminal de Autobuses. Una vez más tenía la opción de utilizar un gari, pero en su lugar preferí caminar durante media hora y llegué empapado en sudor.

A continuación necesité 3 etapas para llegar a Wosha:

1. Furgoneta hasta Shashemene: en la Terminal pregunté a varios conductores pero ninguno iba a mi destino. Y después me subí a un autobús pero ya estaba completo y el encargado me hizo bajar. Al final encontré una furgoneta que se dirigía a Shashemene (5B). El trayecto duró media hora y transcurrió sin incidentes.

2. Autobús a Wosha: menos mal que esta etapa también fue breve porque si no me da algo (5B). El vehículo era un trasto de pequeñas dimensiones que se llenó de gente hasta que no cabía ni un alfiler. Además hacía un calor sofocante y los pasajeros mantenían las ventanas cerradas. Antes de partir entró un anciano vestido con harapos pidiendo limosna. A mi lado una señora agonizaba con un tremendo bulto en la frente (quiero pensar que su familia la llevaba al hospital). Y a través de las ventanas el paisaje era desolador, con chabolas, calles llenas de basura, niños tristes y humildes comercios.

A pesar de todo la gente se portó muy bien conmigo, dedicándome sonrisas reconfortantes. Además me avisaron al llegar a Wosha para que no me pasara de largo. Y cuando al bajar del autobús resbalé, los pasajeros que esperaban fuera hicieron piña para frenar mi caída, interesándose después por mi estado. La verdad es que agradecí este trato porque la situación era dura.

3. Gari hasta Wondo Genet: se trataba de 3km de distancia y esta vez no hice el tonto porque el camino era una subida interminable llena de piedras y baches que el pobre caballo recorrió a golpe de látigo. Hubo momentos de tensión cuando pasamos junto a un grupo de lugareños que se enfadaron con el chaval que conducía el gari. Desconozco los motivos pero no paraban de gritarle gesticulando mientras me miraban con caras de odio (uno de ellos con un enorme machete en la mano). Pero bueno, la cosa no fue a más y conseguí llegar sano y salvo a mi destino.

ALOJAMIENTO: WABE SHEBELLE HOTEL – 205B/Noche

*Puntos a favor: bungalow espacioso; cama doble muy cómoda; baño privado con ducha con agua caliente; limpieza extrema; ubicación ideal, rodeado de bosques; tranquilidad total por la noche; piscina de aguas termales; restaurante propio a tarifas razonables; personal realmente amable; abundante desayuno incluido en el precio.

*Puntos en contra: sin mosquitera.

Este hotel se encuentra en pleno corazón de Wondo Genet, con jardines de coloridas flores; ruidosos Hornbills volando entre los árboles; y grupos de monos Grivet jugando por los tejados. Un lugar paradisíaco que contrasta con la miseria que había visto de camino a Wosha. Una vez instalado en mi bungalow fui a comer al restaurante del hotel. De nuevo evité opciones exóticas y pedí un plato de Tagliatelle Carbonara; una botella de agua grande; y un café. Ya tendría tiempo de probar cosas raras. Precio: 28B.

Tras la comida me puse el bañador y me metí en la piscina de agua caliente que viene directa de los manantiales de la zona. En total me tiré 2 horas nadando con una sensación de relax indescriptible. La temperatura era perfecta y se estaba genial rodeado de bosques, con el sonido de docenas de pájaros. Además solo había dos turistas inglesas que charlaban en un rincón (me imaginaba más gente). Aunque me dio pena descubrir a dos niñas de puntillas mirando con caras de curiosidad desde el otro lado de la valla que separa la piscina del mundo exterior.

Cuando mi piel se empezó a arrugar me sequé y me senté en el bar del hotel a tomar una Coke y leer un rato. La mayoría de huéspedes eran occidentales, con un grupo de franceses y una pareja de alemanas además de las inglesas. De regreso en mi bungalow decidí solventar la cena con una barrita energética y dediqué el tiempo a recuperar fuerzas. En el exterior lucía una bonita luna llena y se respiraba una atmósfera muy agradable, con una sinfonía de grillos de fondo.

EXPLORANDO WONDO GENET

La jornada comenzó con mi alarma sonando a las 7h. A continuación me dirigí al restaurante del hotel para disfrutar del desayuno incluido en el precio. Mis expectativas eran altas y el menú no defraudó. Consistió en tostadas con mermelada; una tortilla francesa «especial» con carne, cebolla y pimientos (picaba mucho); un zumo de mango; y café.

Después fui a la recepción del hotel para contratar los servicios de un guía y dar un paseo por los bosques de los alrededores. Al momento apareció un chaval sucio, descalzo, con la ropa llena de agujeros y un inglés pésimo. Por suerte se nos unieron dos críos con los que me pude comunicar y acabaron aportando más información que el guía «oficial», que se limitó a caminar frente a nosotros. La excursión duró hora y media. Al principio avanzamos a buen ritmo por estrechos senderos y empinadas laderas, aunque más tarde el guía se relajó un poco y pude centrarme en la ruta. El contraste entre el verde de la vegetación y el color rojizo del terreno era llamativo.

El guía me llevó a un manantial de agua caliente del que brotaba un arroyo humeante. También vimos elegantes monos Black-and-White Colobus de larguísimo pelaje blanco y negro. Lástima que estuvieran en lo alto de los árboles y envueltos en sombras (era casi imposible fotografiarlos). A los críos les hacía gracia mi interés por los monos y me preguntaban: «¿es que en tu país no hay?». Una vez me situé debajo de uno y casi me orina. Además encontramos un águila sobre la rama de un árbol; y un curioso pájaro de tamaño mediano con el pecho de color naranja (los críos decían que era importante pero no logré identificar la especie).

En un punto descubrimos un enorme tramo de bosque recién talado con un grupo de trabajadores apilando troncos. La escena era muy triste. Los críos me aseguraron que eran pinos y los iban a sustituir por árboles autóctonos que atraerían más pájaros y revitalizarían el ecosistema local, pero no se qué pensar… En general fue una excursión agradable. Me gustó moverme por la vegetación exótica en busca de fauna, atento a cualquier sonido. De regreso en el hotel le di 60B al guía (tal y como me dijo el recepcionista) y 5B a cada crío. Y se marcharon contentos.

Acto seguido me puse el bañador y me lancé a la piscina, donde pasé 2 horas nadando. Aunque durante un rato se me acopló un chaval etíope que no paró de darme la lata para que le consiguiera una novia española y así poder salir del país. En fin… Después me cambié; me tomé un par de Sprites en el bar del hotel; y desalojé el bungalow. Más adelante echaría de menos este oasis de paz…

VIAJE: WOSHA – SHASHEMENE

Como tenía tiempo y era cuesta abajo decidí recorrer a pie la pista de 3km hasta el centro de Wosha. De camino vi lugareños que vendían aguacates y mangos; otro mono Colobus (perseguido por unos críos); y escuché infinidad de «you» o «hello», aunque si los ignoraba y seguía con paso firme se desvanecían.

Una vez en Wosha encontré un autobús a Shashemene y ocupé un asiento junto a la ventana (5B). Mientras se llenaba el vehículo me entretuve observando la actividad del pueblo. La avenida principal está flanqueada de casas con muros de adobe agrietados y tejados de chapa. Y entre nubes de polvo vi hombres vestidos con harapos; mujeres con sus bebés a la espalda o cargando pesados fardos de leña; una fuente de agua rodeada de lugareños con garrafas; vendedores ambulantes de caña de azúcar; carretas tiradas por burros; y vacas escuálidas. Por suerte el autobús arrancó con mucha menos gente que a la ida y tuve un viaje tranquilo.

ALOJAMIENTO: HOTEL LANGANO – 20B/Noche

*Puntos a favor: cama doble; ubicación a escasa distancia de la Terminal de Autobuses; precio (¡menos de 2 euros!).

*Puntos en contra: habitación mugrienta; gran cantidad de cucarachas; baño compartido que apestaba a cloaca; ruidoso bar en la planta baja con música a todo volumen y gritos hasta altas horas de la madrugada; mobiliario destartalado.

Para continuar mi ruta por el sur de Etiopía el trayecto hacia el siguiente lugar de interés duraba varias horas y el autobús no salía hasta el día siguiente. Así que muy a mi pesar tuve que pasar la noche en Shashemene. Mis guías de viaje avisaban sobre los índices de criminalidad de esta ciudad, con lo cual elegí el hotel más cercano a la Terminal de Autobuses ignorando las opciones de mejor calidad.

Cuando llamé a la puerta del Hotel Langano y me vio el encargado su cara era un poema. Le costaba creer que un turista occidental quisiera alojarse allí y no paró de ponerme pegas: las habitaciones no tenían ducha; el Bekele Mola era mucho mejor… Hasta le daba vergüenza enseñarme una habitación. Pero yo insistí y al final me ofreció una en el piso superior (imagino que la mejor que tenía). Tan mal me pintó las cosas que cuando vi la habitación me pareció aceptable. Total, solo la iba a utilizar unas horas…

COMIDA: BEKELE MOLA HOTEL

Tras dejar mi mochila caminé hasta este hotel y me senté en la terraza del restaurante. Por enésima vez decidí comer pasta y cayó un delicioso plato de Espagueti Bolognesa rematado por un café. Además pasé un rato agradable aislado del ajetreo de la ciudad. Precio: 31B. De vuelta a mi alojamiento me impactó el ambiente de Shashemene. Parece el escenario de una película del oeste, con siniestros buitres observando a la gente desde los árboles y tejados de las viviendas.

Y sus habitantes no son especialmente amigables con los occidentales. Cuando entré en una tienda a comprar agua y me quejé del precio (claramente inflado por ser extranjero) el dependiente se puso a gritarme a la cara «¡faranji!» con muy malos modos. Me tocó agachar la cabeza y largarme de allí para evitar problemas. A cambio con las últimas luces del atardecer pude contemplar montones de Hornbills que volaban de regreso a sus nidos. También aproveché para comprar una piña en un puesto callejero (4B) y me sirvió de cena. El encargado del hotel me dejó un cuchillo para cortarla.

Por la noche mi situación en el Hotel Langano empeoró. De repente comenzaron a salir cucarachas de cualquier rincón. No eran grandes, aunque lo suficiente para incomodarme (mi fobia a estos bichos es tremenda). Yo tenía insecticida y empecé a rociar la habitación, pero solo conseguí que aparecieran más cucarachas, así que maté un par y me resigné a convivir con ellas. Encima el bar del hotel entró en acción, con gritos y música a todo volumen. Durante una visita al baño compartido comprendí que aquel sórdido lugar era una especie de prostíbulo y ya no volví a salir de la habitación.

A la hora de dormir me estiré en la cama con el ruido del bar de fondo y la esperanza de descansar algo. Eso sí, completamente vestido. Ni siquiera me descalcé para evitar cualquier contacto con las cucarachas. Qué jornada de contrastes… En apenas unas horas había pasado de nadar en una piscina de aguas termales rodeada de bosques tropicales a una habitación sucia llena de bichos.

CONCLUSION

Awassa y Wondo Genet son dos lugares interesantes para hacer un alto durante una ruta por el sur de Etiopía siempre y cuando tengas bastante tiempo disponible. De lo contrario te recomiendo viajar directamente de Addis Ababa a Arba Minch. Necesitarás dos jornadas, una para Awassa (sobretodo si es día de mercado); y otra para Wondo Genet, alojado en el magnífico Wabe Shebelle Hotel, disfrutando de su piscina y los bosques de la zona. En cambio Shashemene es una ciudad a evitar por completo que no merece ni un minuto más de la cuenta.

 

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