Hipopótamos y cocodrilos, un accidentado safari, y cervezas junto a un grupo de lugareños hasta altas horas de la madrugada
Arba Minch es una ciudad moderna situada a 1.300m de altura que se divide en dos asentamientos conectados mediante una carretera de 4km. Por un lado Sikela, donde están la Terminal de Autobuses y la mayoría de comercios. Y por otro Shecha, con los mejores hoteles turísticos. Arba Minch significa «40 manantiales» en amhárico por la abundancia de estos y cuenta con una ubicación espectacular, en un punto elevado con vistas al Valle del Rift, rodeada de montañas y bosques. Entre sus principales lugares de interés destacan el Nechisar National Park, una zona de llanuras habitadas por cebras, antílopes y monos; los lagos Chamo y Abaya, llenos de hipopótamos y cocodrilos; y los curiosos poblados de la etnia Dorze, con sus casas tradicionales de tejados puntiagudos.
Además en Arba Minch tuve la suerte de conocer a un montón de gente, algo que agradecí tras varias jornadas viajando solo. Como Bingo y sus amigos, con los que disfruté del ambiente nocturno de la ciudad; Álvaro, un asturiano que recorría el sur de Etiopía por libre; Francis y Concha, una pareja de madrileños con luces y sombras; y dos amigas de Barcelona con guía y un 4×4.
VIAJE: SHASHEMENE – ARBA MINCH
Cuando me desperté a las 5h en el Hotel Langano de Shashemene con picores por todo el cuerpo sabía que me esperaba una dura jornada de desplazamientos. Pero no preveía un comienzo tan estresante… Mientras me vestía llamaron a la puerta y era el encargado del hotel que venía a avisarme de que ya eran las 6h. ¡Pero si mi reloj solo marcaba las 5,15h! Pues por lo visto se me había atrasado sin darme cuenta. Yo preparé mi mochila a toda prisa y corrí a la Terminal de Autobuses con las primeras luces del día, sin pensar en el peligro de caminar solo a esas horas por una población problemática. Vaya tela…

Menos mal que encontré un autobús con asientos libres que estaba a punto de partir hacia Arba Minch (30B). Ante mí tenía algo más de 250km siguiendo el Valle del Rift en dirección sur. Aunque una vez en marcha el viaje fue de todo menos tranquilo. En coche hubiera tardado 3,5 horas y al final fueron más de 6 horas por diferentes motivos. El vehículo era un trasto y a la que el terreno se empinaba no pasaba de 10km/h; el estado de la carretera era lamentable, con agujeros y zonas sin asfaltar; realizamos continuas paradas para dejar o recoger pasajeros; y había rebaños de vacas que invadían la calzada.
De camino subió al autobús una mujer con su bebé y me sorprendió que nadie le dejara sitio para sentarse. Incluso la miraban con mala cara. Así que decidí ser educado y le ofrecí hueco a mi lado. Pronto entendí los motivos de ese rechazo… En Etiopía los pañales son un artículo de lujo y al cabo de media hora la criatura se pegó una cagada tremenda sobre la madre con un olor horrible. La pobre se limpió como pudo con una servilleta de papel, pero tenía todo el vestido manchado y por el suelo quedaron trozos de excrementos. Encima cuando abrí una ventana para que entrara aire fresco un pasajero me empezó a dar golpecitos en la espalda para que la cerrara. En serio…
Otro error fue no aprovechar el alto que hicimos para comer. Tenía miedo de dejar mi mochila desatendida en el autobús y preferí no salir, pero después comprobé que el conductor cerraba las puertas por seguridad. Así que me tocó ver desde la ventana a mis compañeros de viaje engullendo plátanos. Yo en cambio acabé comprándole a un vendedor ambulante un paquete de Chips (una especie de masa de churro frita muy dura) y una Pepsi (todo 4B).

Durante el trayecto pasamos junto a casas de forma redonda con muros de adobe y techo de paja; grupos de críos jugando; lugareños que nos saludaban; mujeres cargando fardos de leña; plantaciones de banana; imponentes cebús con chepa y enormes cuernos; pájaros de colores; y un mono. Una vez en la Terminal de Sikela todavía me faltaban 4km hasta mi hotel, ubicado en Shecha, al final de una carretera cuesta arriba.
Para empezar caminé un rato sin saber la dirección correcta, solo para alejarme de la Terminal y evitar a los pesados que se abalanzaban sobre la gente. Cuando me conseguí situar en el mapa intenté subir a alguna furgoneta pero los conductores me ignoraban. Más tarde paró una y me senté con dos soldados armados con ametralladoras y un montón de pasajeros que me miraban con ojos llenos de curiosidad (3B). La furgoneta me dejó a medio camino y allí tuve que cambiar a otra para continuar.
Este segundo vehículo también se detuvo antes de llegar a Shecha y el conductor dio por finalizado el recorrido. Tenía que seguir a pie y mi cara era de resignación total… Pero una pasajera se encaró con él recriminándole su actitud. ¡Menuda bronca le cayó! Tanto que el chaval me hizo volver a la furgoneta a regañadientes y avanzamos un par de minutos hasta el centro de Shecha. Y la mujer me acompañó hasta la puerta del hotel murmurando palabras ininteligibles. Qué señora más maja…
ALOJAMIENTO: ARBA MINCH HOTEL – 40B/Noche
*Puntos a favor: habitación espaciosa; cama doble muy cómoda; baño privado; buena limpieza; ubicación perfecta, alejada de la carretera principal; tranquilidad total por la noche; mosquitera; encargado de la recepción realmente simpático (Getre); precio.
*Puntos en contra: inodoro estilo turco; ducha de agua fría con escasa potencia
En Shecha no abundan las opciones de alojamiento y este hotel ofrece una relación calidad-precio magnífica. Acabé muy satisfecho. Mientras realizaba el check in Getre me dijo que tenía otro huésped español y fue corriendo a avisarle. Se trataba de Álvaro, un asturiano de un pueblo remoto que había viajado bastante. Nos sentamos a tomar una Coke (3B) y la verdad es que me cayó muy bien. Compartimos nuestros itinerarios previstos y me propuso realizar juntos una ruta de 7 días por el Valle del Omo. No me hubiera importado pero él se marchaba al día siguiente y yo tenía cosas que hacer en Arba Minch, así que le dije que no.
UN PASEO POR ARBA MINCH
A continuación caminamos por una pista sin asfaltar hasta el Bekele Mola Hotel, situado a 1,5km. Nos cruzamos con grupos de chavales que salían del colegio con sus uniformes de vivos colores; y alguna chica cargando fardos de leña. El día amaneció bastante nublado y en ocasiones cayó una fina lluvia que oscurecía el entorno.
El Bekele Mola Hotel está situado al borde de un acantilado y tiene una terraza con unas vistas épicas del Valle del Rift. Ante mí se extendían los lagos Chamo y Abaya, separados por un estrecho tramo rocoso conocido como Egzer Dilday («Puente de Dios»); espesos bosques; y las montañas en la distancia. Una habitación cuesta 170B/Noche y es el lugar con más demanda entre los viajeros occidentales.
De vuelta a nuestro alojamiento una pareja nos escuchó hablando español y se acercó. Eran Francis y Concha, de Madrid. Y tras intercambiar unos comentarios nos sentamos los cuatro en la terraza del bar del hotel a tomar una Coke. La buena noticia fue que acababan de llegar a Arba Minch y estaban interesados en visitar los mismos lugares que yo, así que podría compartir con ellos transporte y guía ahorrándome bastante dinero. Aunque más tarde descubriría que nada es perfecto… A las 20h Francis y Concha se marcharon al Bekele Mola. Yo me moría de hambre después de casi todo el día sin comer y fui a cenar con Álvaro y Bingo (un chaval que le había hecho de guía por Arba Minch).
CENA: LEMLEM
Un local ubicado a escasa distancia del Arba Minch Hotel recomendado por Getre y Bingo. Después de unos días a base de pasta por fin me decidí a pedir el plato típico de Etiopía: la Injera. Se trata de una tortilla de gran tamaño, textura correosa y sabor ligeramente amargo a la que se añaden diferentes productos. Esta llevaba varias salsas ligeramente picantes, salata (ensalada) y patatas fritas. Me gustó. Comimos con la mano derecha cortando trozos de tortilla para utilizar a modo de cubiertos. Precio: 20B (pagué a medias con Álvaro incluyendo la cena de Bingo).

La jornada acabó de charla en la terraza del hotel. Bingo me pareció un chaval muy majo y nos contó un montón de historias de Etiopía. Como la situación política (el año anterior el ejército había disuelto a tiros una manifestación de protesta contra el gobierno provocando varios muertos). O la corrupción policial (alguna vez él o sus amigos habían sido detenidos sin motivo alguno y los agentes les golpearon). Pero al final llegó la hora de descansar y me despedí de Álvaro deseándole suerte.
UNA GRANJA DE COCODRILOS
Al día siguiente me desperté a las 7h tras una noche de sueño impecable. Ya en pie me vestí; preparé la mochila pequeña; y fui al Chocolet Pastry, una cafetería cercana donde pedí un zumo Espris y dos trozos de tarta deliciosos. Una forma inmejorable de empezar la jornada. Eso sí, me cobraron precio faranji (12B). Yo protesté tímidamente pero el camarero me ignoró por completo. En fin…
Después de desayunar aparecieron Francis y Concha. Y al poco lo hizo Bingo, que tras las buenas vibraciones que me dio y la positiva experiencia de Álvaro iba a ser nuestro guía en Arba Minch. El plan inicial era recorrer Nechisar National Park, pero como lo decidimos por la noche Bingo no tuvo tiempo suficiente para conseguir un 4×4. Así que pospusimos la excursión y en su lugar el chaval nos propuso dos actividades para rellenar la jornada.

La primera consistió en visitar una granja de cocodrilos. Primero subimos a una furgoneta que nos llevó hasta Sikela. Allí alquilamos unas bicicletas en una tienda (20B por 4 horas) y pedaleamos 7km por una pista de tierra. Durante el trayecto fui charlando con Bingo; y vimos un grupo de Babuinos que emergieron del bosque y cruzaron la pista a la carrera justo delante de nosotros.
Una vez en la granja y pagamos la entrada (20B). Tengo que reconocer que a priori no me apasionaba la idea. El lugar tiene un propósito exclusivamente comercial. Los cocodrilos se crían en cautividad por su piel, que una vez extraída se exporta a otros países para fabricar bolsos, zapatos y cinturones. Nada de reintroducirlos en la naturaleza o algo parecido. Pero bueno, un chaval nos explicó el funcionamiento de la granja; y vimos tres recintos donde se acumulaban docenas de ejemplares de diferentes tamaños. Había algunos enormes y conseguí buenas fotos.
El exterior también me impresionó. En un prado pastaba una manada de caballos enfermos (estaban sucios y tenían llagas). Bingo nos dijo que su triste destino era servir de comida a los cocodrilos. De hecho a escasos metros operaba un improvisado matadero, con cuatro tipos cortando trozos de carne a golpe de machete y un montón de buitres revoloteando. Etiopía es un cúmulo de imágenes impactantes…

Más tarde dejamos las bicicletas en la granja; atravesamos a pie unos campos después de pagarle entre todos 10B al dueño (¡?); y llegamos a la orilla del lago Abaya. Es un rincón idílico con un muelle de madera; pescadores navegando en sus sencillas barcas tradicionales (cada año mueren unos cuantos por ataques de cocodrilos); aguas marrones; y bosques de un color verde intenso. Bingo nos comentó que quizás teníamos suerte y veíamos hipopótamos, pero durante la parte central del día es complicado y no había ni rastro. Aun así mereció la pena acercarse.
De nuevo en la granja regresamos a Sikela; devolvimos las bicicletas; y continuamos a Shecha en furgoneta. Una mañana realmente agradable. Antes de comer Bingo nos presentó a Muna, un intermediario con el que negociamos el precio de la siguiente actividad. Y acordamos que nos vendría a buscar después.
COMIDA: LEMLEM
Bingo se marchó a realizar un par de gestiones y me quedé a solas con Francis y Concha. La situación distó mucho de mi cena con Álvaro. Francis era un tipo maleducado que trataba a los lugareños con desprecio y se burlaba de ellos (algo curioso teniendo en cuenta que él era de raza negra y orígenes keniatas, esperaba un poco de solidaridad). Además no paraba de quejarse por todo (los hoteles, los precios, las trampas para turistas). Y siempre estaba cansado (el breve trayecto en bicicleta fue para él una odisea). Concha parecía buena persona pero la tensión con Francis era evidente y a la mínima se ponían a discutir sin importarles que yo estuviera delante (no sabía dónde meterme). Vamos, un planazo…
En principio teníamos tiempo de sobras para comer, pero mientras que yo pedí una sencilla Injera la pareja optó por pescado a la parrilla, un plato especial que tardó una eternidad. Tanto que cuando llegaron Bingo y Muna todavía no habíamos empezado y les tocó aguantar un buen rato con caras de impaciencia (después entendí el motivo). El caso es que engullimos a toda prisa (Bingo me ayudó con la Injera) y salimos corriendo.
EN BARCA POR EL LAGO CHAMO
Muna nos subió a una furgoneta y fuimos a recoger a 4 turistas más: una pareja de ingleses (que estaban indignadísimos por la espera); y otra de la República Checa. No sabía que íbamos a tener compañía y esto explicaba la inquietud de Bingo y Muna al ver que nos retrasábamos. Primero recorrimos una pista de 9km hasta un muelle a orillas del lago Chamo. Y después subimos a una barca, con la que realizamos una excursión de hora y media en busca de fauna. Precio: 105B por persona.
Una de las atracciones del lago es una zona llamada Crocodile Market por la abundancia de estas criaturas. Había cocodrilos por todas partes. Algunos eran enormes y tomaban el sol con la boca abierta mientras unos pájaros les limpiaban los dientes de restos de comida. Otros flotaban en el agua y solo asomaba la cabeza, aunque a veces se sumergían desapareciendo durante unos segundos. Como para darse un baño…

A mí me gustó más ver hipopótamos. Era la primera vez que contemplaba en libertad estos magníficos seres y me quedé sin palabras. Se trataba de un grupo de unos 20 ejemplares y ocupaban la parte central del lago. Paramos un rato a observarlos bastante cerca y me impactó escuchar sus soplidos y gruñidos. Entre ellos destacaba una simpática cría que provocaba risas cada vez que emergía del agua. Reconozco que tras dos intentos fallidos en Etiopía no tenía muchas esperanzas de encontrar hipopótamos y fue toda una sorpresa. También descubrimos montones de pelícanos, flamencos y garzas. Solo había otra barca con turistas y la amósfera era tranquila. Hacia el final del recorrido el cielo se llenó de colores curiosos, mezcla del inminente atardecer y de unos nubarrones negros que anunciaban la proximidad de una tormenta (se escuchaban truenos). Y regresamos a buen ritmo a la furgoneta.
De regreso en Shecha estaba muy contento. Me esperaba un día aburrido de transición y acabé encantado. La furgoneta dejó a Francis y Concha en el Bekele Mola, y yo me bajé con ellos para disfrutar otra vez de las vistas. Cuando oscureció insistieron en que nos sentáramos en la terraza del hotel y me invitaron a una Coke (quizás conscientes de lo que había tenido que aguantar durante la jornada). A nuestro alrededor el cielo se iluminaba con constantes relámpagos. Después quedamos para el día siguiente y regresé caminando a mi hotel entre las primeras gotas de la tormenta, aunque fue una falsa alarma.

CENA: LEMLEM
Tras un rato descansando en mi habitación me vino a buscar Bingo y fuimos a cenar junto a Getre y otros dos chavales. Había uno muy gracioso que no paraba de enseñarme un colmillo que parecía de cocodrilo. Como los precios eran de risa pedí Injera y agua para todos. Invité yo porque Bingo no me había cobrado nada por sus servicios de guía. Aunque reconozco que este tema me tenía bastante confuso y no sabía qué esperaba de mí. Me equivoqué al no preguntárselo a Álvaro.
A continuación nos despedimos y me dirigí al hotel. Entonces un par de chicas me llamaron desde un bar para que me acercara y como aun era pronto acepté. Obviamente ellas esperaban otra cosa: pasar la noche conmigo (a cambio de dinero); o que al menos las invitara a una copa. Pero ni una cosa ni otra. Yo me tomé una cerveza y bromeamos unos minutos; y me fui a mi habitación. Una vez en la cama me quedé dormido al momento con una música de fondo procedente del bar del hotel (se mantuvo hasta tarde pero no me molestó).
SAFARI EN NECHISAR
La jornada comenzó con mi alarma sonando a las 5h y me puse en marcha sin tiempo para desayunar. El objetivo era visitar Nechisar National Park, una reserva de 514km2 creada en el año 1974. Para la excursión es imprescindible alquilar un 4×4 y no salía barato. Aunque por suerte volvía a compartir gastos con Francis y Concha; y con la pareja de la República Checa de la tarde anterior, que se nos unió de forma inesperada después del paseo en barca. Muna fue de nuevo el intermediario y negociamos que nos conseguiría un vehículo para un día entero en Nechisar por 950B.

Pero las cosas no salieron según lo previsto:
*Esa misma noche Muna nos dijo que solo había encontrado un 4×4 disponible para media jornada (de 6h a 12h). Según él tendríamos tiempo suficiente para explorar el parque, pero la sorpresa fue el precio: 800B en lugar de 475B. En fin, como no teníamos más opciones y ahora el importe se dividía entre 6 aceptamos a regañadientes.
*Un conductor pasó por los tres hoteles a recogernos con el 4×4 y pronto nos dimos cuenta de otro problema: ¡no había asientos para todos! Un turista podía ir delante; tres más en la fila trasera (bastante apretados); y el último estaba obligado a viajar en la parte de atrás que hacía las veces de maletero, sin ventanas y compartiendo espacio con la rueda de recambio del vehículo. Era ridículo pero de nuevo tragamos con la situación (los 3 chicos nos iríamos turnando).
*Se suponía que la excursión empezaba a las 6h. Pero entre los preparativos y las diferentes pruebas para ver de qué forma cabíamos, arrancamos con hora y media de retraso.
Para llegar a la entrada de Nechisar recorrimos 2km de carretera; compramos el billete (70B por persona); y avanzamos por Egzer Dilday, la porción de terreno que separa los lagos Abaya y Chamo. La pista estaba en unas condiciones pésimas, con agujeros y pedruscos que nos hacían saltar constantemente. Por suerte bajamos del 4×4 en un mirador y contemplamos una panorámica espectacular de los lagos rodeados de bosques.
Después alcanzamos Nechisar Plain, una extensa sabana donde se concentra la mayor parte de la fauna del parque. Aunque al igual que en el Abiata-Shala Park, aquí también son evidentes las secuelas del caos que vivió Etiopía durante la caída del gobierno comunista (conocido como Derg) y los grandes mamíferos han desaparecido. Es mejor venir prevenido para evitar las decepciones. A cambio la atmósfera de Nechisar es salvaje y apenas hay turistas.
Nosotros vimos varios grupos de Cebras; Babuinos; Gacelas; y tres hembras de Kudu que cruzaron la pista tranquilamente. Incluso el conductor nos permitió salir a estirar las piernas. Pero con ayuda de unos prismáticos comprobamos que la mayoría de animales estaban muy lejos, en la parte central de la sabana, donde no había pista para acceder en 4×4. Además a las 11h tuvimos que iniciar el regreso a Arba Minch para cumplir con el horario pactado (a pesar de comenzar más tarde).
El trayecto de vuelta fue duro. Una parte me tocó viajar en el maletero y fue una experiencia para olvidar, en una postura incómoda; con un calor asfixiante; zarandeado continuamente por los baches de la ruta; y sin poder ver nada. Reconozco que en algún momento me agobié bastante…

Pero bueno, al final llegamos a Arba Minch; dejamos a la pareja de checos en su hotel; y yo me quedé con Francis y Concha. Estaba seco, así que nos sentamos en la terraza del Chocolet Pastry y me tomé un zumo Espris. La pareja seguía en su linea, quejándose y discutiendo, pero al menos ya no tenía que compartir más excursiones con ellos.
Era evidente que no estábamos contentos con el safari a Nechisar. Antes de despedirse, los checos decidieron que el precio justo era de 600B no 800B (por el tiempo perdido y la falta de espacio), y nos dieron su parte. Algo nada ético porque nos dejaba al resto con el marrón. La verdad es que pecamos de tontos. Cuando apareció Muna para cobrar y le dimos solo 600B se enfadó muchísimo. Y el chaval en parte tenía razón porque si no nos gustaron los cambios teníamos que haber contactado con él antes de empezar el safari, no modificar el precio de forma unilateral. Aunque no hubo tiempo para hablar porque en cuestión de segundos Francis se le abalanzó con el puño levantado gritándole a escasos centímetros…
La situación fue penosa. Estábamos en medio de la calle rodeados de un montón de lugareños, con Muna y Francis a punto de llegar a las manos, y yo haciendo de mediador intentando separarles y a la vez convencer a Muna. Por suerte al final aceptó de mala gana cobrar 650B y asunto zanjado. Vaya tela…
EXCURSION A DORZE
Dorze es una aldea habitada por el grupo étnico del mismo nombre. Yo quería visitarla pero se encuentra a 30km de Arba Minch y llegar en transporte público es complicado. Entonces Bingo movió sus hilos; se enteró de que había dos amigas occidentales que estaban haciendo un tour guiado en 4×4; habló con su conductor el día anterior; y me permitieron unirme a ellas para conocer Dorze totalmente gratis. Este chico fue un gran descubrimiento…

Eso sí, las amigas estaban entre la gente que miraba la discusión de Francis y Muna, y sus caras eran de horror. Ni sé cómo me dejaron subir a su vehículo. Aunque pronto se relajó el ambiente porque resultó que vivían en Barcelona. ¡Qué casualidad! Y su conductor era un etíope realmente majo que durante el gobierno comunista emigró a Cuba para estudiar y hablaba un español perfecto.
El trayecto a Dorze duró una hora y viajé cómodamente en la fila trasera del 4×4 con un aire acondicionado que me devolvió la vida. Nada que ver con el trasto de Nechisar. Mientras, las chicas me explicaron el motivo de su visita. Una de ellas había adoptado hacía años a una niña etíope y ahora estaba allí con la amiga para recorrer su país de origen y llevarle fotos y recuerdos. Fue un momento emotivo y casi se pone a llorar durante el relato. De camino había bastantes niños que al vernos pasar se ponían a bailar pegando saltos en espera de dinero o caramelos.
Una vez en Dorze el conductor nos enseñó el pueblo, rodeado de una vegetación exuberante. El rasgo más característico de los Dorze son sus viviendas, con tejados en forma de cúpula que pueden alcanzar los 6 metros de altura. Se fabrican con cañas de bambú y hojas de Enset (conocida como «falsa banana», por su parecido con esa planta), y requieren de una técnica muy cuidadosa. Pudimos acceder a una casa y curiosear el interior. Además los Dorze destacan por la elaboración de tejidos de algodón y vimos a varias señoras trabajando.

Fue una visita interesante pero no me gustó nada el ambiente turístico que se respiraba. Al llegar nos encontramos con 5 vehículos de turistas holandeses invadiendo el pueblo. Las mujeres que tejían ofrecían sus productos de forma insistente. Y un grupo de niños nos dedicó un baile «tradicional». En la zona hay más lugares de interés, como la aldea de Chencha o la Toro Waterfall. Pero al ir de acoplado no tenía ni voz ni voto y regresamos a Arba Minch. Allí di un breve paseo hablando con las chicas y nos despedimos.
CENA: SOMA HOTEL
En el centro me reencontré con Bingo, Getre y otro chaval. Me moría de hambre y fuimos a cenar. Esta vez cambiamos de local y nos sentamos en el comedor del Soma Hotel. Yo pedí un plato de Espagueti Boloñesa con una botella de agua grande; y ellos una Injera. Tras la cena Bingo me dio un regalo que me habían comprado: una blusa tradicional etíope acompañada de un fular que los hombres lucen en la frente en ocasiones especiales. La verdad es que el detalle me tocó la fibra. Así que no dudé en ponerme la ropa y continuar el resto de la noche con ella.
UNA NOCHE DE FIESTA
A continuación salimos a la terraza del restaurante y cayeron dos cervezas Harar mientras charlábamos animadamente. De nuevo me sorprendieron las costumbres del país. Para llamar al camarero hay que dar 3 palmadas y se acerca al momento. Yo de entrada no me atrevía porque me parecía denigrante, pero al final me animé y nos partíamos de risa. Después se nos unió Muna (más relajado tras el incidente con Francis) y decidimos seguir la fiesta.
En total hicimos una ruta por los 4 bares de Arba Minch, sentados en la terraza o dentro del local, y fue una gran experiencia. Me bebí otras 5 cervezas y al final iba con una alegría importante. Quizás no era lo más prudente teniendo en cuenta donde estaba, pero bueno. Conecté muy bien con los chavales. Bingo era más reservado pero Getre estaba hecho un golfo, con amigas/novias por todas partes. No paramos de bromear y se reía de mi forma de bailar, completamente rígido, en contraste con los etíopes que parecen de goma. También me presentó a una chica (Biskut) que se mostraba más que cariñosa conmigo. En los bares sonaba música de Sean Paul, aunque también de Bob Marley… y hasta King Africa con su «Bomba». Además los grupos de amigos se ponían a bailar muy pegados creando escenas cómicas.
Yo no era consciente pero Bingo me explicó que vivimos un par de situaciones peligrosas. Por ejemplo, de camino entre dos bares tuvieron que hablar con un grupo de tipos que nos seguían con dudosas intenciones (un par armados con cuchillos) y les convencieron para que nos dejaran en paz. Parece que mi presencia despertó el interés de oscuros personajes. Pero bueno, yo en mi ignorancia me lo pasé genial. Hubo un momento donde salí a orinar al exterior de un bar (mejor no utilizar los lavabos) y me vi allí completamente solo, bajo un cielo lleno de estrellas, con la música de fondo… Un momento inolvidable…
Aunque la fiesta acabó de forma brusca a las 2.30h. Getre me dijo que un lugareño se empezó a meter con nosotros (de nuevo no me di cuenta), y Muna y él salieron del local. Yo me los encontré cara a cara discutiendo. Y en cuestión de segundos el tipo le rompió una botella en la cabeza y rodaron por el suelo dándose puñetazos. Por suerte conseguimos separarles entre todos y nos llevamos al pobre Muna con un corte en la frente que no paraba de sangrar llorando desconsoladamente. Entre esto y el enfrentamiento con Francis no fue su día…

Bingo y Getre me recomendaron que me fuera al hotel y les hice caso. Biskut se apuntó conmigo pero en un instante de lucidez recapacité y la acompañé a su casa. La chica era muy guapa aunque evidentemente aquello iba a tener un coste y no es mi ideal de relación (aunque sea por una noche). Eso sí, después me tocó volver solo y el consejo de Biskut fue claro: «run!». Reconozco que el corazón me iba a mil por hora mientras caminaba por las calles desiertas de Arba Minch. En cuanto al pago de los servicios de Bingo, a parte de las cenas y copas le prometí que cuando regresara de mi ruta por el sur del país le regalaría mi guía de viajes Bradt. Una vez en mi habitación caí muerto en la cama. No se le pueden pedir más emociones a un viaje…
CONCLUSION
Arba Minch es la principal atracción turística del Valle del Rift etíope y si viajas por tierra entre Addis Ababa y el Valle del Omo constituye una parada obligatoria. Está rodeada de unos paisajes de postal, con lagos y praderas habitadas por bastante fauna (siempre y cuando no esperes nada parecido a las populares reservas de Kenia y Tanzania), y grupos étnicos sorprendentes. Te recomiendo dedicarle a Arba Minch un mínimo de 2 jornadas completas para descubrir la zona sin prisas. Y si tienes la suerte de hacer amigos y te gustan las emociones fuertes, lánzate a vivir su ambiente nocturno.
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