Explorando un enorme cráter volcánico cubierto por un lago salado después de un maratoniano trayecto en coche lleno de incidentes
El cráter de Al Wahbah está ubicado en Harrat Kishb, un campo de lava que cuenta con numerosos conos volcánicos creando un paisaje espectacular. Tiene 2km de diámetro y 250m de profundidad, y en su interior hay un lago salado muy fotogénico. Durante décadas se pensó que Al Wahbah era el resultado del impacto de un meteorito pero en la actualidad la mayoría de geólogos afirman que se trata de un maar. Este fenómeno se produce cuando una masa de lava entra en contacto con un depósito de aguas subterráneas y provoca una explosión. Al Wahbah es un lugar remoto y se suele visitar desde las ciudades de Medina o Jeddah, situadas a unos 300km de distancia. Yo llegué desviándome de mi trayecto entre la costa del Mar Rojo y el sur del país.
A lo largo del borde del cráter hay varios miradores que permiten contemplar unas vistas geniales. Y existe un empinado sendero que conduce hasta el fondo en algo menos de 1 hora, aunque carece de señalización y me costó encontrarlo. Al Wahbah apenas recibe turistas y la sensación de aventura es total.
VIAJE: YANBU – AL WAHBAH
Este trayecto fue una auténtica odisea que llevó mi paciencia al límite. Google Maps me recomendaba una ruta de 480km pero daba un rodeo excesivo y pasaba muy cerca de Medina, donde el tráfico podía ser un problema. Así que opté por una ruta alternativa que tardaba un poco más (en total 5 horas) pero era más directa (me ahorraba 40km) y evitaba la ciudad. Yo arranqué a las 12.30h tras desalojar la habitación de mi hotel de Yanbu. Según mis cálculos llegaría a Al Wahbah alrededor de la puesta de sol. Ya anticipo que no fue así…
Antes de abandonar Yanbu llené el depósito de gasolina para evitar sorpresas (40R). El tiempo era perfecto, con cielo despejado y un sol radiante. Para empezar conduje hacia el sur cruzando la zona industrial de Yanbu (llamada Yanbu Al Sinaiyah). Es un tramo peculiar con numerosos semáforos que siempre estaban en rojo y me hacían parar a cada momento. Después me desvié al este y enlacé con la carretera principal de Medina. Aquí avancé a buen ritmo rodeado de un paisaje espectacular, con montañas de color ocre y llanuras desiertas.
Pasada la población de Husayniyah abandoné la carretera y continué hacia el este por una pista sin asfaltar en muy mal estado, con agujeros y pedruscos que me obligaban a prestar atención. Más tarde me lamenté de no haber dado media vuelta inmediatamente. O al menos preguntar a los dos vehículos que me crucé. Pero si Google indicaba esa ruta sería por algo. Yo pensé que se trataba de un trozo en obras y pronto regresaría el asfalto.
En la pista me esperaban todo tipo de obstáculos, como una fuerte pendiente que puso a prueba el motor del coche; o zonas llenas de piedras que golpeaban los bajos y amenazaban con pinchar una rueda. Al cabo de un rato llegué a una instalación industrial con tuberías y placas solares donde parecía que la pista acababa, aunque pude continuar. Y finalmente, después del esfuerzo tremendo, me encontré frente a una rampa imposible con un cartel advirtiendo que solo era transitable en 4×4.

Yo me quería morir porque tenía que retroceder pasando de nuevo por los obstáculos que había sorteado. Más kilómetros con el coche al límite; y otra vez la dura pendiente, aunque ahora cuesta arriba (me quedé clavado a media subida y ni sé cómo salí). Estaba indignadísimo con la situación y creo que mis gritos se escucharon en kilómetros a la redonda. Google me la había jugado bien…
Por fin en la carretera principal pisé el acelerador rumbo a Medina. Pero en los alrededores de la ciudad el acceso a la ruta hacia Al Wahbah estaba cortado (no para Google) y no había alternativas. Así que acabé perdido entre zonas en obras, peligrosos camiones y desvíos que no aparecían en el mapa. Fue un auténtico milagro que diera con el camino correcto. Eso sí, malgasté un tiempo valioso y viví momentos de tensión. Moraleja: Google Maps en Arabia Saudí no es ni mucho menos infalible.
Todavía me quedaba la mitad del trayecto y el sol comenzó a ocultarse tras las montañas mientras atravesaba un inmenso campo de lava con conos volcánicos y rocas de color negro. Al alquilar mi vehículo me propuse no conducir de noche por varios motivos: mal estado de las carreteras, nula iluminación, peligro de chocar con un camello, saudíes realizando adelantamientos suicidas… Pero por otra parte tenía ganas de quitarme de encima este viaje y seguí adelante tras una breve parada en una estación de servicio para completar el depósito de gasolina (28R) y picar unas galletas.

Afortunadamente el resto del recorrido hasta Al Wahbah transcurrió sin incidentes. Solo tuve problemas en una ocasión cuando me equivoqué de desvío y acabé en el casco urbano de Mahd Al Thahab. Me costó salir de allí, entre otras cosas porque la ruta propuesta por Google me llevó a una carretera cortada. Pero en general conduje a toda velocidad siguiendo rectas interminables. La oscuridad era total y mi táctica consistió en buscar vehículos que circulaban al mismo ritmo que yo y seguirles a cierta distancia. De esta forma me avisaban de la existencia de curvas, agujeros o cualquier otro obstáculo (como camellos). Por cierto, los coches no quitaban las luces largas y me cegaban al pasar en sentido contrario.
Una vez en el Centro de Visitantes del cráter de Al Wahbah me detuve en el aparcamiento, que estaba vacío. Eran las 21h y habían pasado más de 8 horas desde que salí de Yanbu, pero lo había conseguido. Menuda aventura… A mi alrededor la atmósfera era mágica, con una brillante luna llena, la silueta de varios volcanes y una soledad absoluta. Únicamente se escuchaba el ladrido de varios perros en la distancia.
Mi plan era acampar pero estaba tan agotado que no me compliqué la vida y decidí estirarme en los asientos traseros del coche. Solventé la cena con una ración de Kabsa del día anterior. Cuando acabé vi a uno de los perros a escasos metros y le di las sobras, que se llevó con bolsa y todo. A continuación me metí en mi saco y me preparé para una noche de descanso más que merecida.
EL CRATER DE AL WAHBAH
Al día siguiente me desperté antes del amanecer tras dormir bastantes horas. La falta de espacio me obligó a cambiar varias veces de postura pero no hizo nada de frío y recuperé fuerzas. Ya en pie desayuné galletas con zumo de naranja; metí en la mochila pequeña agua, las cámaras de fotos y mis bastones de montaña; y salí con ganas de explorar la zona. El Centro de Visitantes de Al Wahbah estaba cerrado. Yo pensé que todavía era demasiado temprano pero a mediodía seguía igual, así que desconozco qué hay en el interior.
No tuve que caminar mucho para llegar al borde del cráter y la imagen me dejó sin palabras. Está rodeado de paredes verticales con un lago salado en el fondo. Me encantó ver cómo los primeros rayos de sol iluminaban poco a poco la superficie del cráter. Yo visité todos los miradores de Al Wahbah, aunque el mejor momento para la fotografía es la parte central del día, cuando no hay sombras. Fue una gran experiencia contemplar esta maravilla de la naturaleza sin otros turistas.
Después decidí bajar al fondo del cráter. A priori parecía imposible pero había leído sobre la existencia de un sendero y me puse a buscarlo. No hay ningún tipo de indicación y reconozco que me hubiera costado dar con él. Por suerte vi dos vehículos aparcados junto al borde que me hicieron sospechar y a escasos metros estaba el camino, cerca de la base de una colina situada al norte. Así que desenfundé mis bastones de montaña y comencé el descenso.

El sendero se encuentra en buen estado y es relativamente sencillo, aunque con dos matices:
*Yo me despisté en un giro y perdí el sendero. Y de repente tenía que bajar por un fuerte desnivel agarrándome a las rocas. Menos mal que me crucé con un pequeño grupo de turistas que subían y me señalaron el camino correcto. Eran de la República Checa y viajaban con su guía en los dos vehículos aparcados. Charlamos un minuto y continuaron el ascenso.
*Si tienes miedo a las alturas hay un par de puntos que no te harán gracia donde el sendero se estrecha, con una pared de roca a un lado y el barranco al otro; y el terreno se compone de piedras resbaladizas. Un paso en falso es mortal. Lo mejor es centrarse en la ruta, avanzar despacio y evitar que la mente juegue malas pasadas.
Alcancé el fondo del cráter en 45 minutos y dediqué un buen rato a disfrutar del lugar. Eran las 11h pasadas, algo que en verano hubiera sido una locura porque Al Wahbah registra temperaturas que superan los 50ºC. Pero mi visita coincidió en invierno y el calor era llevadero, con una agradable brisa. Yo caminé sobre el lago salado e hice fotos desde todos los ángulos posibles. La anécdota del día se produjo cuando escuché un sonido extraño y descubrí una serpiente que se dirigía hacia mí. No sé si era venenosa pero me aparté de un salto y desapareció en un agujero. Menudo susto me llevé…
Más tarde subí al borde del cráter. El sendero avanza en zigzag sin desniveles pronunciados. Solo lo pasé mal en los puntos más aéreos; y cuando me tuve que desviar trepando por unas rocas para recuperar mis bastones de montaña (los había lanzado antes de intentar bajar por el lugar equivocado). A continuación volví al aparcamiento. Sin duda mereció la pena el esfuerzo para llegar hasta Al Wahbah.
CONCLUSION
En una región donde abundan los campos de lava y conos volcánicos, Al Wahbah es un cráter impresionante al que se puede acceder con un vehículo normal. Yo decidí conocer Al Wahbah durante mi recorrido hacia el sur del país y el trayecto fue un auténtico calvario, con carreteras cortadas y problemas de orientación. Para evitar lo que me ocurrió elige siempre carreteras principales aunque añadan más kilómetros al viaje; y duda de las indicaciones de Google Maps porque en este rincón remoto de Arabia Saudí la aplicación falla bastante.
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