Explorando un árido parque nacional bastante escaso de fauna alojado en un bungalow a orillas de un lago de aguas marrones ideal para bañarse
El Parque Nacional Abiata-Shala se encuentra en el Valle del Rift y fue creado en el año 1974. Tiene una superficie de 887km2 y en su interior destacan los lagos Abiata y Shala, separados por una estrecha franja de terreno. Antiguamente estaba habitado por una interesante variedad de fauna, pero en 1991 la caída del gobierno comunista (conocido como Derg) provocó una situación de caos que los agricultores y ganaderos locales aprovecharon para ocupar las reservas protegidas. En Abiata-Shala talaron árboles; acabaron con los grandes mamíferos; y redujeron el nivel de agua de los lagos ahuyentando a los pelícanos. Hoy día solo es posible ver una colonia de flamencos rosas; y un recinto vallado junto a la entrada con avestruces y gacelas de Grant.
Para visitar Abiata-Shale utilicé como base el Bekele Mola Hotel del lago Langano, situado a solo 3km de la puerta principal del parque. Se trata de un popular destino de fin de semana por su relativa proximidad de Addis Ababa y el placer de bañarse en unas aguas libres de Bilharzia, a diferencia del resto de lagos del Valle del Rift.
VIAJE: ZIWAY – LAGO LANGANO
Un trayecto de 45km que no tuvo mucha historia. Comenzó en el Bekele Mola Hotel de Ziway. Una vez en pie preparé las mochilas; desalojé la habitación; y desayuné en el Hill Café un zumo Espris y un trozo de tarta. Precio: 5B. A continuación busqué algún tipo de transporte para seguir mi ruta hacia el sur de Etiopía.

Tras unos minutos de indecisión me subí a una furgoneta que se caía a trozos. En ese momento no me imaginaba el show que estaba a punto de vivir. El vehículo no paró de dar vueltas por Ziway en busca de más pasajeros. Hubo peleas y discusiones entre mi conductor y los de otras compañías rivales. Y en una ocasión vi a una pasajera zarandeada mientras dos chavales tiraban de ella, uno de cada brazo. Al final en un furgoneta con capacidad para 7 pasajeros éramos más de 14. En fin… Yo aguanté con resignación y nos pusimos en marcha (10B).
Durante el viaje cruzamos aldeas tradicionales llenas de vecinos y campos de colores intensos. Aunque también fui testigo de la miseria más absoluta, con barrios de chabolas; niños vestidos con harapos; y ganado esquelético. El minibús me dejó en un cruce de carreteras a 3km del lugar que había elegido para pasar la noche. Llegué caminando tranquilamente por una pista de tierra entre casas de adobe y bosques de acacias. Y esquivé con éxito a los críos, que aparecían en cualquier rincón gritando «you you» y «faranji«, o pidiéndome regalos.
ALOJAMIENTO: BEKELE MOLA HOTEL – 170B/Noche
*Puntos a favor: bungalow espacioso; cama doble muy cómoda; baño privado; ubicación ideal, a escasos metros del lago Langano; mosquitera; restaurante propio (aunque a tarifas elevadas).
*Puntos en contra: mobiliario destartalado; sin generador propio (los cortes de electricidad son frecuentes); precio.
Tras mi buena experiencia en el Bekele Mola Hotel de Ziway decidí repetir en esta cadena. La verdad es que tuve suerte porque al ser sábado había muchos turistas de Addis Ababa y conseguí el último bungalow disponible.
Al poco de instalarme me acerqué a la orilla del lago Langano. Sus aguas de color marrón no invitan a bañarse pero es uno de los pocos lagos del Valle del Rift sin riesgo de contagio de Bilharzia. El origen de esta temible enfermedad está en unos gusanos parásitos que viven en el interior de unos caracoles que habitan las aguas estancadas. Los gusanos penetran en el cuerpo humano a través de los poros de la piel e infectan los intestinos o el aparato urinario, pudiendo provocar daños importantes en el hígado y los riñones. Los síntomas de la Bilharzia incluyen fuertes diarreas y sangre en la orina así que no es para tomársela a broma.
EXPLORANDO ABIATA-SHALA
Sin tiempo que perder recorrí de nuevo la pista de 3km hasta el cruce, donde está la entrada principal del Parque Nacional Abiata-Shala. Ya había leído sobre su precaria situación en cuanto a fauna; y encima era la parte central del día, con el sol pegando duro. Pero me pareció una buena oportunidad para estirar las piernas y disfrutar del paisaje. En el Centro de Visitantes de la reserva charlé con el simpático encargado. Allí pagué el billete de acceso (50B); rechacé los servicios de un guía; y expliqué la ruta que tenía pensado realizar. Un total de 15km sin agua ni comida. El hombre dio su visto bueno pero me advirtió que no iba a ser sencillo.

Nada más empezar a caminar viví momentos de confusión porque llegué a una verja cerrada con una cadena y alambres y pensé que me había equivocado. Mientras decidía qué hacer apareció una niña al otro lado que me intentaba decir algo pero no la entendí, así que di media vuelta y continué por otro sendero. El caso es que acabé perdido, hasta que pude preguntar a un lugareño y me confirmó que tenía que cruzar la verja (la niña me mostraba cómo quitar la cadena). Ya podían poner algún cartel con indicaciones…
A continuación pasé junto a un recinto vallado y vi dos avestruces; un grupo de gacelas de Grant; dos conejos que se marcharon saltando; y pájaros de colores. Me gustó la sensación de caminar completamente solo, atento a cualquier movimiento o sonido. Aunque también descubrí bastantes viviendas privadas en el territorio del parque; y se me abalanzaron varios críos muy pesados intentando hacerme de guías y pidiendo dinero o bolígrafos. Más tarde alcancé un Mirador que ofrece una panorámica épica de Abiata-Shala. Ante mí tenía una inmensa llanura con los lagos; el monte Fike entre ellos; y bosques de acacias.
El lago Shala es el más grande de los dos y en algunos puntos alcanza más de 260m de profundidad. Hace años era famoso por su abundancia de aves, sobretodo pelícanos blancos que criaban en una pequeña isla conocida como Pelican Island y se alimentaban de peces en el vecino lago Abiata. Pero la pérdida de agua destinada a los campos de cultivo ilegales situados dentro del parque incrementó los niveles de salinidad matando a la mayoría de peces, y los pelícanos emigraron a otros lugares de África. Una pena…

En el Mirador se me unieron 3 críos que querían ser mis guías. Eran más insistentes que los demás y no me los pude quitar de encima, con lo cual opté por un razonamiento práctico. Si les «contrataba» no correría el riesgo de perderme otra vez; ahuyentarían al resto de guías potenciales; y podríamos hacernos fotos juntos. Todo por una propina. Así que realicé el resto de la ruta acompañado. Fue una buena idea porque los críos estaban radiantes de felicidad y seguían mis instrucciones al pie de la letra.
Después bajé a la orilla oriental del lago Abiata y seguí su contorno durante un rato caminando por una llanura cubierta de sal (crujía bajo mis pies), con una acacia solitaria y el viento levantando nubes de polvo. El entorno era de una aridez sobrecogedora. Parecía un escenario de la saga Mad Max. Con la ayuda de mis prismáticos divisé en la distancia una colonia con cientos de flamencos rosas, pero cuando me intentaba acercar a ellos se movían con rapidez.
En un punto decidí comenzar el regreso a la entrada del parque. De camino tuve que sentarme unos minutos a la sombra de un árbol porque los kilómetros se empezaban a notar. Más adelante vi otro grupo de gacelas de Grant y pájaros exóticos. Y me crucé con un anciano que me dijo algo en un idioma indescifrable, me besó la mano y extendió la suya para que hiciera lo mismo. Cerca de la entrada me despedí de mis improvisados guías y les di 5B a cada uno. Pensaba que recibirían el dinero con alegría pero todo lo contrario. ¡Me pedían 100B! En Etiopía el que no corre vuela. En fin, no pasó de ser una anécdota graciosa porque me mantuve firme y se marcharon a casa con rostro serio.

Al pasar por el Centro de Visitantes entré a saludar al encargado para decirle que todo había salido bien. El tipo era muy gracioso y no paraba de decirme “you are a strong man!”. Aunque aun me faltaban los 3km de pista hasta mi alojamiento y este tramo final me acabó de matar. Estaba quemado por el sol; me dolían los pies; tenía una molesta rozadura en los muslos; y me moría de hambre y sed. Con lo fácil que hubiera sido llevarme mi mochila pequeña con agua y unas galletas…
CENA: BEKELE MOLA RESTAURANT
Una vez en el hotel fui directo a la terraza del restaurante, me senté en una mesa, y cayó una botella de agua grande helada que me devolvió la vida (14B). Se estaba genial con la suave brisa del atardecer. Ya hidratado me estiré en la cama a recuperar fuerzas. A eso de las 19h volví al restaurante; ocupé una mesa del comedor; examiné el menú; y pedí una ensalada y un plato de Espagueti Bolognesa. Precio: 46B. La atmósfera no podía ser más elegante. Los camareros iban en uniforme, y en las mesas los hombres lucían traje negro y las mujeres vestidos de lentejuelas. Aunque había escenas un tanto cómicas, como ver a un señor con esmoquin pedirle al camarero un plato de pasta con toda la pompa del mundo, como si estuviera encargando caviar. También había un par de grupos de turistas occidentales.

Después de cenar di un paseo por los alrededores del lago. El ambiente era mágico, con una luna llena; el sonido de las olas; docenas de fogatas encendidas con chavales hablando y riendo; y música de fondo. Mis guías de viajes recomendaban evitar el lago Langano en fin de semana por el ruido pero a mí no me molestó para nada. Después me fui al bungalow preparado para una noche de descanso más que merecida.
CONCLUSION
El Parque Nacional Abiata-Shala no consta entre los lugares imprescindibles de un circuito por el sur de Etiopía, donde hay atracciones mucho más interesantes. Pero si dispones de tiempo y te gustan los espacios naturales sin la presencia de turistas, este es tu lugar. Te recomiendo dedicarle una jornada completa, recorriendo Abiata-Shala por la mañana antes de que el sol apriete; y pasando la tarde de baño y relax en el lago Langano. De nuevo el Bekele Mola Hotel me parece la opción más interesante si decides alojarte en la zona.
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