Un sorprendente museo de mosaicos bizantinos, viajes en ferry para conocer otros barrios de Estambul, y un recorrido en barco por el Estrecho del Bósforo
Constantinopla tenía una enorme muralla defensiva que durante siglos logró frenar el asedio de los árabes. Pero en el año 1204 las tropas de la Cuarta Cruzada (en teoría amigas) saquearon la ciudad a instancias de la República de Venecia destruyendo innumerables obras de arte. El Imperio Bizantino nunca se recuperó del golpe y en 1453 el Imperio Otomano conquistó la zona. El sultán Mehmed II mantuvo su capital en Constantinopla, que vivió una segunda época dorada convirtiéndose en el epicentro del mundo Islámico, con elegantes palacios, mezquitas y mercados. Y alcanzó su cenit durante el reinado de Suleiman I el Magnífico. Tras la creación de la República de Turquía en 1923 se decidió cambiar el nombre de la ciudad a Estambul y se trasladó la capital del país a Ankara.
A parte de Sultanahmet, que concentra a la mayoría de turistas, Estambul cuenta con algunos barrios tradicionales como Eyup, Uskudar o Kadikoy donde no llegan los grupos organizados. Si no tienes problemas de tiempo y te has quedado con ganas de conocer más, aquí van 8 nuevos lugares que te mantendrán ocupado explorando esta ciudad llena de atractivos.

MUSEO DE CHORA
*Horario: 9h – 16.30h (miércoles cerrado)
*Precio: 45L
*Fotografía: ok
La iglesia de San Salvador de Chora fue construida durante el siglo XI, aunque tras la conquista otomana se transformó en la Mezquita Kariye. Más tarde, en 1945, el gobierno la convirtió en el Museo de Chora. El exterior del templo no tiene nada de especial. En cambio dentro sus muros y cúpulas están cubiertas de magníficos mosaicos y frescos financiados en el año 1321 por Theodore Metochites, un acaudalado general del emperador bizantino Andronikos II. La iglesia se divide en 3 partes:
1. Nártex (o vestíbulos): hay dos que preceden a la nave, decorados con elaborados mosaicos donde aparecen escenas de la Vida de la Virgen (Nacimiento, Anunciación) y la Infancia de Cristo (Natividad, Reyes Magos, Huida a Egipto). También destacan dos cúpulas con la Genealogía de Cristo. El grado de detalle es excepcional, con vivos colores sobre un fondo dorado.
2. Nave: solo se conservan 3 mosaicos con la Dormición de la Virgen (uno de los mejores de la iglesia); Jesús; y la Virgen y el Niño.
3. Parecclesion: una capilla lateral que se utilizaba para ceremonias funerarias. Además albergaba las tumbas de los fundadores de la iglesia. Está llena de frescos que representan el Juicio Final o la Resurrección de Cristo. Por desgracia el Parecclesion se encontraba cerrado por obras de restauración.
Me tiré más de una hora explorando el museo con total libertad, descubriendo imágenes fotogénicas en cada rincón. Estos mosaicos bizantinos son un complemento ideal a los de Hagia Sophia. Durante la visita me crucé con varios turistas, pero nada que ver con las multitudes que invaden el barrio de Sultanahmet.
El Museo Chora se encuentra en el distrito de Fatih, un tanto alejado del centro de Estambul. Para llegar en transporte público necesité las siguientes etapas:
1. Tranvía a Karakoy.
2. Ferry hasta Ayvansaray: desde la parada de tranvía fui al muelle de Karakoy y encontré el embarcadero de Sehir Hatlari. Esta compañía gestiona la línea de ferry que recorre el Cuerno de Oro entre Uskudar y Eyup, con salidas cada hora. Tras un rato esperando en una sala llegó el barco y me senté en la cubierta superior. El trayecto dura 20 minutos y finaliza en el muelle de Ayvansaray. Precio: 2,60L (gracias a mi Istanbulkart).
3. Paseo a Chora: de camino vi restos de las Murallas de Constantinopla, construidas por Theodosius II durante el siglo V para proteger la ciudad de sus enemigos (principalmente las tropas de Atila). Fueron las más grandes y resistentes de la época. Junto a las murallas se levanta el Palacio de Constantino Porfirogéneta, que data del siglo XIII y está muy restaurado. Me gustó el ambiente tradicional de la zona, con gallinas sueltas por las calles; ropa tendida; niños jugando; y casas de estilo otomano con balcones de madera.
Nota: en el año 2020 el presidente Erdogan transformó de nuevo en mezquita el Museo de Chora. Esto implica que ahora hay que descalzarse antes de entrar y vestir con decoro. Durante la oración los mosaicos y frescos se tapan con unas cortinas. La comunidad internacional protestó (en especial Grecia y la Unesco) pero no hubo nada que hacer.

EYUP
En el noroeste de Estambul, siguiendo el Cuerno de Oro, está Eyüp, un barrio tradicional al margen del turismo de masas. Para alcanzarlo caminé desde el Museo Chora, que acababa de visitar. Tardé media hora, primero cuesta abajo y después siguiendo una avenida con mucho tráfico. Desde el centro lo mejor es viajar en ferry de Karakoy al muelle de Eyup.
Una vez en Eyup me encontré con un gran ambiente porque era sábado y las familias se habían lanzado a la calle. Las mujeres llevaban el pelo cubierto con coloridos pañuelos, aunque otras iban tapadas bajo un shador negro. También vi niños disfrazados con ropa de época (parecían sultanes en miniatura). Y puestos de helados, algodón de azúcar, y barquillos. Me hicieron gracia unas patatas fritas cortadas en forma de espiral servidas alrededor de un palo. En Eyup hay dos lugares de interés:
1. Mezquita del Sultán Eyup: es el corazón del barrio. Eyup era un buen amigo de Mahoma y tras conquistar Constantinopla Mehmet II ordenó construir una mezquita en la ubicación donde supuestamente fue enterrado. El edificio actual es del siglo XIX pero aun así se trata de uno de los recintos más sagrados de Estambul. Mi llegada coincidió con la oración y no pude visitar el interior. A cambio me quedé paseando por la plaza, presidida por una fuente (los lugareños paran a hacerse fotos); y un recinto cuadrado con montones de palomas. Las familias les alimentan y hay tantas que los árboles anexos parecían una escena de la película “Los Pájaros”.
A la hora de comer entré en el Hangah Osmanli ve Karadeniz Mutfagi, un restaurante de la calle principal. Me senté en una mesa del piso superior y probé el Platican Kebab, que incluye trozos de berenjena y estaba muy rico. Vino acompañado de cebolla, tomate y pan Pide con una salsa bastante picante. Para beber pedí agua y un té. Los camareros me parecieron simpáticos, aunque su inglés era escaso. A mi alrededor solo había familias turcas mirándome de reojo con caras de curiosidad. Precio: 33,5L. Un local recomendable.
2. Pierre Loti Hill: esta colina se levanta junto a la mezquita y alberga el cementerio más grande de Estambul, con miles de lápidas esparcidas entre un bosque de árboles pelados. Para subir a Pierre Loti utilicé un telecabina que cubre el trayecto. Como era sábado había una cola enorme. Pero bueno, con paciencia fui avanzando poco a poco y al final llegó mi turno. Las cabinas tienen capacidad para 6 personas y el trayecto duró apenas 2 minutos. Desde la cima disfruté de una panorámica épica de Estambul, con el tramo final del Cuerno de Oro y la Mezquita de Eyup.
No quería aguantar otra cola en el telecabina y decidí bajar de Pierre Loti a pie. Fue un paseo agradable con un suave desnivel, cruzando el cementerio junto a lápidas musulmanas y graciosos gatos. Desde la mezquita caminé hasta el muelle de Eyup; y esperé un rato hasta que apareció el ferry que me llevó de vuelta a Karakoy. La tarde era fría y empezó a llover, así que viajé protegido en la cubierta inferior del barco.

USKUDAR
Un barrio ubicado en el lado asiático del Bósforo muy popular entre los vecinos de Estambul. Antiguamente era una población fundada por colonos griegos en el siglo VII AC y se llamaba Chrysopolis (ciudad dorada). Para llegar hay una línea de ferry que comunica Eminonu y Uskudar, con salidas cada media hora. Yo opté por el de las 16.30h pero tuve en cuenta que era domingo. La terminal estaba llena de lugareños y grupos de turistas y ni siquiera cabíamos en la sala de espera. Por suerte los barcos son grandes y entramos todos. Mientras nos acercábamos al muelle contemplé una bonita vista de Uskudar, con docenas de viviendas de colores distribuidas en diferentes niveles, y varias mezquitas. Destaca la elegante Mihrimah Sultan, que data de 1548.
Desde el muelle arranca un Paseo Marítimo que sigue el contorno de la costa hacia el sur. Durante mi recorrido vi un montón de cafés y restaurantes; familias y grupos de amigos; y vendedores de Simit (rosquillas de pan con sésamo), barquillos y algodón de azúcar. También evité a unas señoras muy pesadas que ofrecían flores a las parejas (obviamente a cambio de una propina). A mi derecha había ferries y buques de mercancías navegando el Estrecho del Bósforo.
En un punto divisé la Torre de la Doncella, también conocida como Torre de Leandro, que ocupa una isla cercana. La primera torre era de madera y fue construida en el siglo XII para controlar el tráfico del Bósforo y cobrar peajes a las embarcaciones. Más tarde los otomanos la utilizaron como faro. En el año 1721 ardió en un incendio y fue sustituida por una torre de piedra. Cuenta la leyenda que un emperador bizantino recluyó en la torre a su hija para protegerla de una profecía (sin éxito), de ahí su nombre. Se trata de una de las imágenes icónicas de Estambul. Es posible visitar la isla en barca e incluso comer en un caro restaurante anexo, pero yo me conformé con contemplarla desde la distancia.
La parte del Paseo Marítimo frente a la Torre de la Doncella cuenta con varios cafés que tienen mesas y cojines esparcidos por los escalones de cemento. Es un lugar inmejorable para ver la puesta de sol, con el cielo teñido de color naranja; la torre en primer plano; y la silueta de los minaretes en el lado europeo del Bósforo. Yo me senté a tomar un té (3,5L) y un chaval que se marchaba me regaló una bolsa de pipas (cuestan 1L). Todo un detalle. Me encantó el ambiente.

KADIKOY
Al sur de Uskudar se encuentra el moderno barrio de Kadikoy, una zona residencial y comercial con numerosos cafés y restaurantes, además de cines, librerías y pequeñas tiendas. En el pasado era otra colonia griega conocida como Calcedón (o Calcedonia) y al principio creció a la sombra de la vecina Chrysopolis. Un ferry conecta Kadikoy con Eminonu o Karakoy. El trayecto ofrece una panorámica espectacular de los principales monumentos de Sultanahmet (Hagia Sofia, Mezquita Azul, Palacio de Topkapi). Yo llegué caminando desde Uskudar.
Kadikoy destaca por su arte urbano y durante mi paseo descubrí varias pinturas murales. Algunas son enormes y ocupan fachadas enteras. Las mejores se encuentran en la calle Misaki Milli. También me gustó Piri Cavus, una avenida cubierta de paraguas de colores con tranquilas terrazas ideales para sentarse a tomar algo. En los alrededores de la calle Guneslibahce hay un mercado de alimentos, con puestos que venden pescado fresco (alguno todavía saltando en el mostrador); frutas; verduras; olivas; quesos… Es uno de los más grandes de Estambul.
Tras horas paseando decidí comer. Elegí el restaurante Ciya Sofrasi, recomendado por mi guía de viajes. Una vez allí me senté en el comedor y probé el Lahmacun, una pizza de masa muy fina elaborada con una mezcla de carne picada, cebolla, perejil y especias. Estaba deliciosa. Para acompañar pedí agua, un sherbet (bebida dulce de frutas) y un té. Precio: 31L. A continuación me dirigí al muelle y llegué justo a tiempo para subir al ferry que me llevó de regreso a Eminonu. Caía una fina lluvia y me despedí de Kadikoy con un fotogénico arcoiris que se elevaba sobre los edificios.
VISITA A UN HAMAM
Si viajas a Estambul te recomiendo pasarte por un Hamam o Baño Turco, una auténtica tradición en el mundo árabe. Hay dos opciones:
1. Hamams de lujo: están ubicados en edificios históricos orientados al turismo. Aquí los empleados hablan inglés y no tendrás problema para comunicarte. A cambio son caros y estarás rodeado de otros turistas. Los Hamams más conocidos se encuentran en el barrio de Sultanahmet.
2. Hamams locales: ocupan recintos sencillos donde el inglés brilla por su ausencia y cuesta orientarse. Aunque las tarifas son muy económicas, con una atmósfera más auténtica y ni rastro de turistas. Yo elegí esta segunda opción y la verdad es que acabé satisfecho.
Fui al Mihrimah Sultan, un hamam aconsejado por mi guía de viajes. Mustafa (el encargado de la recepción de mi hotel) me confirmó que era un buen sitio. Llegué en autobús desde la Terminal de Eminonu. Es un lugar caótico, con docenas de vehículos moviéndose en todas direcciones y montones de gente. Por suerte le pregunté a un hombre y resultó ser el conductor del autobús que necesitaba (el 37E). Así que le seguí; ocupé un asiento; y al cabo de unos minutos me bajé en la parada de Edirnekapi.
Una vez en el Hamam los empleados no hablaban inglés pero me trataron genial y me sentí muy a gusto. Primero me dieron unas chanclas y guardé mi calzado en una pequeña taquilla junto a la puerta. Después subí a una zona de habitaciones situada en el primer piso donde dejé el resto de mi ropa y me vestí únicamente con un pareo llamado Pestemal. La habitación quedó cerrada con llave. A continuación entré en una sala templada con pilas y dos grifos de agua fría y caliente; y me senté un rato, tirándome agua por encima con un recipiente de vez en cuando. Después accedí a una sauna húmeda y me dediqué a sudar. Y cuando ya no podía más volví a la sala templada para refrescarme con agua.
Más tarde solicité con un gesto los servicios de un empleado del Hamam. Era un tipo entrado en carnes y con bigote que fue muy eficiente, aunque no cruzamos ni una palabra. Para empezar me dio un baño exfoliante con un guante de esparto que me quitó un centímetro de piel. Y siguió con un masaje de aceite que hizo crujir hasta el último hueso de mi cuerpo, a veces de forma muy brusca. Eso sí, me dejó como nuevo. Al acabar me dio la mano y nos despedimos.
Tras el masaje me pegué una ducha de agua tibia en un compartimento privado con una pastilla de jabón. Por último salí al vestíbulo del Hamam con un Pestemal seco y dos toallas calientes para el cuerpo y la cabeza; me senté en un sofá a tomar té; y charlé unos minutos con un Indio. Precio: 30L (hamam) + 25L (baño exfoliante y masaje). Volví a la Terminal de Eminonu en el autobús 910, aunque este da un pequeño rodeo por Karakoy. Iba tan relajado que me quedaba dormido. Una experiencia imprescindible.
MERIENDA EN UN BAKLAVACI
Los dulces ocupan un lugar destacado en la gastronomía turca y para probarlos en Estambul nada mejor que visitar un Baklavaci o Pastane. Se trata de locales especializados en dulces. Yo fui a Karakoy Gulluoglu, ubicado cerca de la Terminal de Ferry de Karakoy, y pasé un rato agradable. Hay tres tipos de dulces:
1. Baklava: es el más popular de Turquía. Una masa de hojaldre rectangular bañada en miel y rellena de frutos secos. Normalmente se utilizan nueces (cevizli) pero también son habituales los pistachos (fistikli).
2. Lokum: conocidas como “Delicias Turcas”, son una especie de gominolas de gelatina y hay de dos tipos. Unas sencillas con forma de dado, elaboradas con almidón, azúcar y frutas. Y otras con forma de rollito que incluyen frutos secos.
3. Borek: una empanada rellena de miel y almendras, aunque también hay saladas (queso, carne, verduras).
Yo pedí una ración (porsyon) de 5 Baklava de nueces; y un té. El procedimiento fue sencillo: pagué en una caja; entregué el ticket en un mostrador donde me sirvieron los dulces en una bandeja; en otro me dieron el té; y ocupé una mesa del comedor. Los Baklava estaban deliciosos. Eso sí, son auténticas bombas. Aunque a mi lado dos abueletes se estaban comiendo 10 cada uno sin pestañear. Como anécdota, utilicé las manos pensando que era normal y más tarde observé que todos los clientes empleaban cubiertos. Precio: 20L.
EXCURSION EN BARCO POR EL BOSFORO
El estrecho del Bósforo tiene 32km de longitud y separa Europa y Asia, conectando el Mar de Mármara (sur) con el Mar Negro (norte). Su importancia estratégica es enorme y durante el día lo recorren docenas de ferries y buques de mercancías. La mayoría de agencias de viaje de Estambul organizan excursiones en barco para todos los gustos. Hay rutas largas y cortas; otras que permiten realizar paradas durante el trayecto con el mismo billete; y tours privados que a veces incluyen comida o cena. Si das un paseo por Sultanahmet no dejarás de recibir ofertas de excursiones y a priori es complicado elegir.
Yo contraté los servicios de Sehir Hatlari, la agencia oficial de Estambul (también gestiona el Autobús Turístico), y acabé encantado. Opté por una ruta larga que cubre buena parte del Bósforo, desde Eminonu hasta Anadolu Kavagi. Me costó solo 25L (apenas 4€), un precio insuperable teniendo en cuenta que algunas agencias ofrecen excursiones similares por 125L. A cambio no incluye guía pero a mí no me importó porque ya tenía información de los principales lugares de interés.
Compré el billete el mismo día en una taquilla del muelle de Eminonu, cerca del Puente Galata. A continuación esperé un rato y ocupé un asiento de la cubierta inferior, algo más protegida del viento. Te recomiendo llegar con suficiente antelación para conseguir un buen sitio en el barco. En mi caso era abril y había asientos de sobras pero en otras épocas del año las colas son importantes. Las mejores vistas se obtienen desde el lado izquierdo. El viaje de ida duró 2 horas y esto fue lo más destacado:
1. Panorámica de Estambul: nada más arrancar contemplé los principales monumentos de la zona, en especial la Torre Galata y la Mezquita Suleymaniye, con una luz perfecta para la fotografía. Además poco después pasó un grupo de delfines nadando a escasa distancia del barco. Y es que las aguas del Bósforo se mantienen muy limpias a pesar del tráfico constante de embarcaciones.
2. Palacio de Dolmabahçe: en el siguiente apartado del post comento este imponente edificio.
3. Rumeli Hisari y Anadolu Hisari: dos fuertes situados en el lado de Europa y Asia respectivamente que lucen espectaculares murallas y torres defensivas. Fueron construidos por los otomanos antes de la conquista de Constantinopla para impedir que los bizantinos recibieran ayuda a través del estrecho del Bósforo. Rumeli Hisari alberga un museo y está abierto al público.
4. Sariyer: un pueblo con docenas de edificios de vivos colores distribuidos en diferentes niveles, además de mezquitas y barcas amarradas. Durante el trayecto hay dos poblaciones de aspecto similar pero Sariyer es la más bonita. Mi cámara de fotos echaba humo.
5. Anadolu Kavagi: esta pequeña aldea de pescadores se ubica en el lado asiático del estrecho. Desde el muelle donde para el barco se ve el Castillo de Yoros coronando la cima de una colina. Data de 1262 y también se le conoce como Castillo de los Genoveses porque lo ocuparon durante 40 años en el siglo XV. La subida es dura pero me encontraba en buena forma y tardé media hora en llegar a el fuerte. Está en ruinas y solo conserva las dos torres cilíndricas de la entrada. Aunque había obras y no pude acceder al interior. Al menos las vistas compensaron el esfuerzo, con el final del estrecho del Bósforo; las aguas del Mar Negro; y el Puente Yavuz Sultan Selim, inaugurado en el 2016.
De regreso en el puerto decidí comer algo. Hay un montón de restaurantes turísticos que sirven platos caros. Aunque yo negocié con un simpático camarero; me senté en una terraza; y conseguí un bocadillo de pescado con ensalada y una Fanta por 20L. Tras 2,5 horas en Anadolu Kavagi subí al barco y volví a Eminonu. Ahora el trayecto duró hora y media porque avanzamos a buen ritmo. Yo mantuve la cámara enfundada y me relajé disfrutando del paisaje.
PALACIO DE DOLMABAHÇE
*Horario: 9h – 17h (lunes cerrado)
*Precio: 60L + 35 (incluyendo el Harén)
*Fotografía: ok
En el año 1853 el sultán Abdulmecid ordenó la construcción de un moderno palacio a orillas del Bósforo para disfrutar de los mismos lujos y comodidades que el resto de monarcas europeos y abandonar Topkapi. El resultado fue el Palacio de Dolmabahçe, un edificio monumental con 285 habitaciones y 45mil m2 de superficie. En las obras se utilizaron los mejores materiales de la época. Tanto que los costes dispararon la deuda soberana y el Imperio Otomano se acabó convirtiendo en el «enfermo de Europa». En 1924, tras la abolición del califato, Dolmabahçe fue la residencia de verano de Ataturk, primer presidente de Turquía. Hoy día está abierto al público. Yo me conformé con verlo desde fuera durante mi excursión en barco por el Bósforo, pero queda pendiente.
COMIDA EN ESTAMBUL
En Estambul las opciones para comer son ilimitadas, con montones de cafés y restaurantes. Estos fueron los 3 locales que visité sin contar los de Eyup, Kadikoy y Anadolu Kavagi:
Ikram Doner & Kebap
Un sencillo restaurante a una calle de mi hotel que visité en numerosas ocasiones. Cuenta con un amplio menú; platos abundantes y ricos; camareros simpáticos; y precios económicos. Yo casi siempre pedía un Durum, aunque a veces opté por algo más elaborado, como un Iskender Kebap. En función de las temperaturas me sentaba en la terraza o una mesa del comedor.

Meshur Filibe Koftecisi
Este local se encuentra en la calle Hoçapasa, una avenida peatonal llena de terrazas muy popular entre turistas y lugareños. Yo probé Kofte (albóndigas a la brasa), la especialidad de la casa. Me gustaron, aunque como tenía hambre las acompañé de una ensalada de lechuga y judías, y arroz blanco, y acabé a punto de explotar.
Karadeniz Aile Pide ve Kebap Salonu
Mi guía de viajes recomendaba este restaurante y me acerqué a comprobar su fama. Está cerca de la parada de tranvía de Sultanahmet. Al llegar me senté en una mesa del piso superior, junto a la ventana, y disfruté de un ambiente agradable. De nuevo probé el plato típico de la casa: Pide (una especie de pizza) de queso. Me pareció deliciosa. Otro sitio a tener en cuenta.
CONCLUSION
Mi estancia en Estambul fue realmente agradable. Los trayectos entre lugares de interés se convirtieron en una atracción en sí mismos, con viajes en tranvía, navegando el Bósforo, o recorriendo a pie barrios tradicionales. Además la ciudad está llena de gatos y la gente les trata genial, proporcionándoles comida, bebida y cajas para alojarse. Se ven por todas partes, durmiendo sobre los puestos de artesanía o paseando tranquilamente entre los vehículos. Y al final de cada jornada podía disfrutar de un plato típico turco en uno de los muchos locales de comida.
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